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LA MEMORIA OLVIDADA DE UN PUEBLO: El Reino de Gallaecia

LA MEMORIA OLVIDADA DE UN PUEBLO:  El Reino de Gallaecia

  Irmáns no amor à Suevia

de lexendaria historia,¡en pé!

¡en pé dispostosa non morrer sin loita!

¡Xá está ò vento a bandeira azul e branca¡¡

A oliva nunca man, a fouce noutra,berremos alto e forte:

A Nosa Terra é Nosa¡ 

Ramón Cabanillas  

Para Helena, froito de nova seiva 

En el nº1 de esta publicación TIERRA Y PUEBLO, con su tema central “Ancha es Castilla”, la cual leí con agrado y atención, pude comprobar ciertas aseveraciones de nuestra historia medieval poco veraces en torno a la interpretación y formación del reino”astur-leonés”, y más concretamente en el artículo “León frente a la Historia”.

 

Las corrientes historiográficas de signo marcadamente “castellanista”, fenecen por si solas cuando el investigador o aficionado a la Historia consulta las fuentes de la época, fuentes tanto cristianas peninsulares como europeas así como las árabes. Si interpretamos la historia medieval de España en base a los textos de Menéndez Pidal, pues bien, a grandes rasgos nos quedaremos con la idea de que - la búsqueda de espacio vital o expansión natural de los reinos cristianos peninsulares- gracias exclusivamente a Castilla, se ha confeccionado la idea la Reconquista y de España, retomada de la época de los reyes visigodos. Y esta aseveración-interpretación “castellanista” es completamente errónea, que es la que hemos estudiado en el colegio durante la “transición” del régimen de Franco al actual.

 Ahora no sé la historia que se estudia en las escuelas, supongo- más mal que bien- que será la visión “progre”de Javier Tussel y aláteres, pero bueno, por lo menos ahí está Pío Moa y otros para rebatir esos falsos mitos sobre la guerra civil de 1936. El día que aparezcan más historiadores ayudando a demoler falsos mitos como, por ejemplo “la España de las 3 culturas” y que ello no sea tabú o dogma, será el síntoma de que realmente gozamos de buena memoria y por lo tanto de salud democrática real, no demagógica.

Pero vayamos a lo nuestro. Desde lo que ahora algunos políticos y sociólogos  (mal)denominan la “periferia”, argumentemos pues contra ciertas interpretaciones.

 GALLAECIA COMO PROVINCIA ROMANA Y REINO SUEVO 

Los ejércitos romanos en su última fase de dominación de Hispania, acometen durante 50 años la conquista del noroeste peninsular, habitados por diversas tribus célticas; vacceos, gallici, astures, cantabros, vettones, etc. Y a ese nuevo y extenso territorio que se incorpora como provincia al Imperio  lo denominan GALLAECIA. Y esta Gallaecia romana incluía lo que hoy es la actual Galicia, Asturias, Norte de Portugal, Cantabria, las amplias Tierras de Campos (denominadas antiguamente como Campos Góticos, “Campus Gallaeciae”, según el clérigo e historiador de época sueva Hidacio) y llegaría hasta Numancia (Soria)  y Coca (Segovia).

 

Para algunos este extenso territorio, Gallaecia, no era una unidad étnica, -cosa que se puede poner en duda-, puesto que la cultura de los Castros (Castrexa) no solo es propia de Galicia, oeste asturiano y norte de Portugal,  sino que también encontramos castros (lo que los historiadores denominan cultura celtibérica de las Cogotas) en Ávila, Zamora, Salamanca, y el tótem céltico de todas estas tribus, el Jabalí -Verrrôes, Verracos- así como símbolos (triskeles, rosaceas, esvásticas…) son más que frecuentes en todo el noroeste peninsular. Ahora no nos extenderemos más sobre si era o no una unidad étnica el noroeste peninsular a la llegada de los romanos, lo cierto es que ellos dieron a  la Gallaecia una función política y administrativa como provincia del Imperium.

 

Sabido es por todos que los “bárbaros” presionan ante las fronteras del Imperio Romano y toman posesión de diversas provincias. Aquí empieza nuestra Edad Media, desconocida, apasionante y mal denominada “época oscura, tenebrosa” etc.

 

Alanos, Vándalos, Suevos entran en la península celtibérica y se reparten dominios. En nuestro caso particular del cual estamos tratando, los suevos (en una estimación de unos 30-40.000 hombres y mujeres) ocupan  esa extensa provincia romana de la Gallaecia que les fue asignada  por el emperador Honorio en el año 411como un “foedus y toman como capital a Brácara Augusta, Braga (Norte de Portugal).

Estos germanos de religión arriana afianzan una aristocracia rural y crean el primer reino cristiano de la península y posiblemente del Imperio romano de Occidente. GALLICIENSE REGNUM  es su denominación según las crónicas de la época y el blasón del reino será ese animal de transfiguración -mitad águila, mitad león- el Grifo. Insisto, pues esto es crucial, el reino suevo-galaico es el primero y que tendrá una serie de reyes –que acuñarán moneda, organizarán el territorio en parroquias, levantarán castillos y monasterios, será el germen de una aristocracia rural –Fidalguia- etc.- que a lo largo de unos 175 años permanecerán independientes y buscando alianzas con Bizancio frente al poder  visigodo, que solamente dominó toda la península de Hispania por tan solo 80 años.

 

El primer rey suevo es Hermerico (409-438), que fue quien estableció un “foedus” con el emperador romano Honorio. Su hijo Requila (438-448), expandió el reino galaico-suevo aprovechando la flaqueza romana, extendiendose hasta Cantabria y la provincia romana de Lusitania. En el año 449 el rey Requiario (449-455) es el primer rey europeo cristiano en acuñar moneda propia y decidió la conversión de los suevos del arrianismo al catolicismo, religión “oficial” de los galaicos, si bien aun pervivían cultos paganos célticos entrelazados con los cristianos, de fuerte implantación priscilianista.

Cerca de Astorga, en 456, se perpetró la batalla del río Órbigo, entre tropas galaico-suevas y tropas romano-visigodas, estás últimas en apoyo a la traición de la aristocracia romana de Gallaecia, la cual había perdido privilegios.  

 

El rey Maldras(456-458) controló a la aristocracia traidora y varios conspiradores fueron ejecutados en Lugo en el año 460. Su sucesor, el rey Remismundo firma una paz duradera con los visigodos a cambio de que los galaico-suevos volviesen al arrianismo.

La vuelta al catolicismo se produce con el reinado del rey Carriarico, quien funda cerca de Braga el monasterio de Dumio (centro cultural y espiritual del reino), allá por el año 550 y es durante el reinado del rey Teodomiro(559-570) cuando alcanza su mayor esplendor cultural el reino. En el año 561 se reúne el 1Concilio bracarense del cual  el rey toma consejo. Es ya claramente establecida la paridad Autoridad espiritual-Poder temporal. Es durante el reinado de Teodomiro cuando se redacta el Parrochiale Suevum, donde se conforma a grandes rasgos la estructura administrativa y tradicional del país, que es la parroquia.

 

El rey Miro sigue los pasos de su padre Teodomiro, y de este rey es e destacar su personalidad estoica y sensible para con la cultura y el cultivo de las artes y virtudes.

El 2º Concilio bracarense (572) arremete contra los visigodos arrianos y el príncipe visigodo católico Hermenegildo pide ayuda al rey galaico-suevo. Leovigildo, rey visigodo arriano, padre de Hermenegildo derrota en la batalla de Sevilla (583) al rey galaico-suevo, que muere en la retirada a su reino. Entonces aparece le problema sucesorio entre Eurico (583-584) y Andeca. El rey visigodo Leovigildo, bajo pretexto de ayudar al primero, ocupa el reino galaico-suevo ante las facciones enfrentadas.

Termina así la sucesión de reyes galaico-suevos.

 

 Entre el año 578 y el 711, Galiza (o Gallaecia), forma parte como provincia del reino visigodo. La Gallaecia galaico-sueva mantuvo una entidad política después de hacerse los visigodos con este reino. Al realizarse un Concilio en Toledo en el 585, se invita a todos los obispos  de “totius Hispaniae, Gallie et Gallecie” .Aquí inequívocamente Gallaecia es distinguida de otras entidades políticas como Hispania y Galia.

 

  GALLAECIA COMO REINO CRISTIANO DURANTE LA RECONQUISTA 

Después de la invasión islámica en el 711, los árabes dominan  casi toda la península a excepción de toda la franja norte que va desde el Atlántico, Cantábrico hasta los Pirineos occidentales, así pues las tierras gallegas, asturianas, cántabras, navarro-vascas, permanecen libres del dominio musulmán, eso sí durante años pagando fuertes tributos al Califato cordobés[1].

El linaje del primer rey, Don Pelayo (718-737), es de sangre visigoda-astur  (de la Gallaecia asturicense), casado con la hija del dux de Cantabria, su linaje  - Fávila (737-739)-será de sangre astur- cantabra. Se suceden Alfonso I (739-757) que retoma la habitada Lugo, Froilán (757-768), Aurelio(768-774), Silo (774-783), Mauregato(783-789) y Vermudo I (789-791).La base del reino como entidad política y administrativa será en base a lo que ya existía en aquellas tierras del noroeste que nunca fueron dominadas al completo por los islamitas y que nunca dejó de funcionar del período “suevo-galaico”, y no exclusivamente “visigodo” como comúnmente se nos ha hecho creer:

1º¿Cómo es posible pensar que la estructura organizativa de una nueva monarquía, un nuevo estado, se le pretende ligar a la monarquía que se desvanece en Toledo y que resurge en Oviedo, cuando por otra parte, los componentes étnico,político,religioso del Galliciense Regnum todavía pervivían en esa Gallaecia asturicense, lucense y bracarense?

 2º¿Acaso no es de nuevo la primera gran expansión de este nuevo reino “astur-leonés” (por llamarlo de alguna manera) hacia esos antiguos conventos administrativos, mientras que los reinos de Navarra, Aragón-Cataluña todavía se hallaban confinados en los Pirineos?

3º¿Acaso no era necesaria la separación eclesiástica de la Iglesia Mozárabe de Toledo (situada bajo poder islámico), justificada por el “descubrimiento” del Arca Marmórea con los restos del Apóstol Santiago y por consiguiente, la enorme relevancia de Compostela como nuevo centro religioso para los cristianos tanto de la Hispania cristiana como de la islámica, así como para Europa?

 

Los reyes de la Gallaecia sabían que necesitaban en su tierra una Autoridad espiritual independiente de Toledo para complementar su Poder temporal y así afianzarse, de ahí que surja Santiago de Compostela. Como dijo Goethe, Europa se forjó peregrinando a Compostela.

 

La capital altomedieval de los reyes de la Gallaecia fue cambiante. Oviedo, Santiago de Compostela, León. Sus restos descansan en la catedral de Oviedo, en la de Santiago, en San Isidoro, etc.

Prosigamos: En el año 813 Alfonso II (791-842) consolida esta joven monarquía y es el año del descubrimiento del sepulcro del Apóstol Santiago. Influido por Carlomagno, con esta maniobra política el reino empieza a tomar forma con sede de la corte en Oviedo y Compostela como centro espiritual (y no Covadonga). Alfonso II le otorga al obispo de Lugo la sede bracarense, siendo conquistada Coimbra en el 878 por el conde gallego Hermenegildo Guterres.

Ramiro I (842-850), constructor de bellezas arquitectónicas prerrománicas (iglesias-palacetes) en Asturias, fue aupado al poder por los condes gallegos, recelosos del poder de los nobles cántabros y satures. Con probabilidad fue nombrado rey en Lugo poco antes de morir su pariente Alfonso II.

El propio Sánchez Albornoz reconoce que en esta época, a los reyes de Oviedo en la España ocupada por el Islam y allende Pirineos, se les acostumbraba a llamar reyes de Galicia. Autores hispano-musulmanes como Ibn Al-Qutiya, IbnAl-Atir, Al-Maqqari llamaron Galicia a todo el noroeste peninsular, incluyendo en Galicia las ciudades de León y Astorga, así como Asturias y la sierra de Covadonga.

Ordoño II (850-866), consolida fuertemente las ciudades de Tui, Lugo, Compostela y León y es durante su reinado cuando comienzan los primeros ataques de los normandos en las costas galaicas, tanto atlánticas como cantábricas.

Con Alfonso III (866-910) los límites del reino son prácticamente los del reino galaico-suevo, desde Cantabria hasta Lisboa.  Alfonso III es denominado como “Adefonso Regi Galleciarum” con motivo de la consagración de la catedral de Santiago mientras que la historiografía castellanista nos lo presenta como rey astur-leonés, mientras que para el papa de Roma lo denomina como Rex Galletiae. Su hijo Ordoño II (910-924) instala la corte en León, alejándose del poder de la iglesia compostelana. Se suceden los breves reinados de Froilán II (924-925), Sancho ordoñez (925-929), Alfonso IV (929-930), Ramiro II (930-950) y Ordoño III (950-955). Sancho I (955-967) tropieza con la conspiración del conde Fernán González y su hijo Ramiro III sufrió los ataques de los normandos y apenas reinó puesto que no se le reconoció su autoridad. En el 982 los gallegos proclamaron rey a Vermudo II en León y este reinado tuvo las incursiones de castigo del moro Al-Mansur (Almanzor), saqueando Coimbra, Astorga, León y Compostela. “Afírma-se Galiza no período que remata  en Almazor. Frente ò Sur musulmán e frente ò Norde normando…Os normandos fracasaron, non pudieron enraizar nin nos esteiros de Arousa nin de Tui porque atoparon, coma os árabes, un pobo dono do seu solar histórico[2]

Alfonso V restauró los burgos y relanzó su despegue para su conversión en ciudades, concediendo la Carta Foral a León en el año 1020. Muere el rey reconquistando la ciudad de Viseu y le sucederá su hijo Vermudo III el cual tuvo graves conflictos con el rey Sancho III de Navarra por anexionarse este tierras que van desde el Pisuerga hasta el Cea. Sancho III entró con los vascones en Lugo y tomó León, obligando al rey-emperador gallego a replegarse a la Galiza occidental. El conflicto se resolvió casando a la hermana del rey gallego con Fernando, hijo del rey navarro y concediéndoles Vermudo III el condado de Castilla. Así pues vemos que Castilla no nace precisamente como fruto de la rebelión del conde Fernán González, sino como reino amortiguador entre las dos potencias de Gallaecia y Navarra, (paradojas de la Historia). “Ego Sanctus rex, tenens culmen potestatis mee in Aragone et in Pampilonia et in Sobrarbi et Ribagorza et in Nagera et in Castella et in Alava; et comes Sancius Guillelmus in Gasconia, et Belengarius comes in Barcelona, et imperator dommus Vermudus in Gallaecia”.  Año1030. Así pues SanchoIII es rey, con potestad en Aragón, en Pamplona, en Ribagorza, en Castilla y Álava. Sancho Guillermo es conde de Gasconia y Berenguer conde en Barcelona y Vermudo III es Emperador de Galiza-Gallaecia. Pues bien, Menéndez Pidal, no dice que Vermudo III sea emperador de Galicia, sino que es de León, pero esta contradicción no tiene sentido puesto que “Civitate vocatur Legione, in Gallaecia” (la ciudad llamada León, en Gallaecia), ya que León era una ciudad gallega de aquellos tiempos, sede de la corte, pero no la capital económica ni administrativa, que era Compostela.

 

  Vermudo III igualmente morirá en la guerra contra su cuñado Fernando I (1º rey de Castilla). A partir de aquí se unen la corona del reino galaico (o astur-leonés según la historiografía castellanista) con la corona castellana, ya que Fernando I  estaba casado con Sancha, como ya hemos dicho anteriormente y aquí se da la paridad “tanto monta, monta tanto” . Sancha, como hermana de Vermudo III es la heredera del reino de Gallaecia, hija de Alfonso V y nieta del conde Mendo Gonzalvez. Fue criada en Betanzos, en Sta. María de Piadela y aquí la historiografía castellanista nos presentará a Fernando I como rey, mientras que en la realidad histórica del momento no fue así. Sancha fue de pleno derecho reina-emperatriz de la Gallaecia: “Fredernandus Legionensis rex pariter cum coniuge mea regina dna. Sancia et filiis meis vobis donno Cresconio episcopo” El carácter galaico del reino de Sancha se hizo visible en Compostela, relanzando su papel político, religioso y cultural. De esta época es la Escuela de Santiago donde se formará la élite galaica tanto política como religiosa. Cancilleres del reino como Obispos serán formados en Compostela y sus linajes son gallegos como Pelayo, obispo de León, Diego Xelmírez, obispo de Compostela y Pedro Suárez de Deza, obispo de Salamanca.

 

Muerto Fernando I se reparte el reino, tocando a su hijo García la Gallaecia occidental (Galiza-Norte de Portugal) en el año 1072. Su reinado fue breve y dramático ya que su hermano Alfonso VI le hizo morir en prisión cargado de cadenas para apoderarse del reino gallego-portugués. Su túmulo reza así: “Hic requiescit dominus Garcia Rex Portugallie et Gallecie…Hic ingenio captus a frate suo in vinculis obiit”  Fue para algunos nuestro último rey “independiente”, si bien la lengua de los reyes aún siguió siendo el gallego-portugués  ya que Alfonso VI (1072-1109) se lamentaba así a la muerte de su hijo: “Ay meu fillo! Ay meu fillo! ¡Alegria do meu coraçon e lume dos meus ollos, solaz de mia velheze! Ay meu espello, en que me soía ver, e con que tomaba gran prazer! Ay meu herdeiro mor! Cavaleiros, u me lo leixastes? Dade-me meu fillo, Condes!”La lengua culta de los reyes, bien con corte en León o Compostela, fue el antiguo gallego-portugués y no el bable o “astur-leonés” y una reflexión sobre esto. ¿No será el bable una variante oriental del arcaico galaico-portugués más que un dialecto del latín? Me inclino por lo primero, la extensión del gallego no se limita a la actual Galiza, sino que se expande por el otrora territorio y comarca del Bierzo, perteneciente a los antiguos condes de Monforte de Lemos, así como por la Asturias occidental, además de la Sanabria “zamorana”. Con razón dijo don Álvaro Cunqueiro que el Bierzo y Sanabria eran para los gallegos lo mismo que para los alemanes son Alsacia y Lorena.[3]

 

Alfonso VI reinó sobre ambos reinos y él se reservó el gobierno de León y castilla, mientras que la actual Galiza se la entregó a su hermana Urraca, casada con Raimundo de Borgoña y el condado de Portugal a su otra hija Teresa, casada con Enrique de Borgoña. Así pues a partir de este momento se diferencian tres pueblos, el gallego, el portugués y el castellano-leonés.

 

Culturalmente hablando Galiza vive su apogeo durante los reinados de Alfonso VII (solemnemente coronado rey de Galiza en la catedral compostelana en el 1111), Fernando II , Fernando III y Alfonso X el Sabio, escribiendo este último “Cantigas” en loor a la Virgen en lengua galaico-portuguesa.

 

Urraca queda viuda de Raimundo de Borgoña y su hijo Alfonso VII es proclamado rey en Compostela. Es la época gloriosa del arzobispo Diego Xelmírez, que tuvo el derecho a acuñar moneda propia, estableció grandes relaciones con los Francos y el apogeo de las peregrinaciones.  “Puro guerreiro e político, atoparía a forma do reino galego”[4] Su archidiócesis se extendía hasta Ávila, Lisboa, Évora, Guarda, Salamanca, Coria, Plasencia y Ciudad Rodrigo.

 

La aristocracia del condado de Portucale preocupada por el poder tanto del nuevo rey-Emperador Alfonso VII (1135) así como del poder compostelano, con el apoyo papal se independiza del reino galaico-leonés en 1139 tomando por rey a  Afonso Henriques.

Durante los reinados de Fernando II (1157-1188) y de su hijo Alfonso VIII[5] (1188-1230) los reyes titulados como de Galicia y León, Galiza florece culturalmente. Se construyen las catedrales de Mondoñedo, Tui, Lugo y Ourense. Ambos reyes mantuvieron su corte en León pero fueron enterrados en la catedral compostelana, en el Panteón Real (donde yacen también Raimundo de Borgoña, la reina Berenguela (esposa de Alfonso VII el Emperador), el importante conde de Traba y la reina Xoana de Castro -mujer de Pedro I).

Se suceden Fernando III el Santo(1230-1252) y Alfonso X el Sabio (1252-1284) y el centro de gravedad político se va desplazando hacia el centro de la península  a medida de que se recuperan ciudades y territorios a los musulmanes. Con ello el Norte, Galiza, León pierden su peso en detrimento de Toledo. El reino de Galiza reaparecerá por unos años más como entidad independiente después de Sancho IV (1284-1295), Fernando IV(1301-1312), Alfonso XI (1312-1350) y Pedro I (1350-1369). Pedro I favoreció a las ciudades frente al poder de la iglesia galaica y en 1366 la aristocracia de Castilla y los obispos gallegos se sublevan contra el rey. En Castilla propugnaban por Enrique de Trastámara y Pedro I no contaba con muchos adeptos en Galiza. Los nobles gallegos llamaron al rey Fernando I de Portugal para ocupar el trono del reino de Galiza, apoyado por insignes nobles gallegos como Fernando de Castro, Xoán Fernández de Andeiro (el conde de Andeiro, que hizo de embajador en Inglaterra para lograr apoyos a este proyecto de nación) y el todopoderoso conde Nuno Freire de Andrade.

 

Fernando I de Portugal tuvo gran recibimiento en A Coruña, Tui y corte en Lugo. En 1369 la casa de Trastámara hostigó al rey Fernando y este regresó a Portugal si bien A Coruña y Tui permanecieron bajo su jurisdicción hasta 1372-73.

La nobleza galaica no se dio por vencida y en 1386 desembarcó en A Coruña Xoán de Gante, duque de Lancaster (hijo del rey de Inglaterra y yerno de Pedro I) que fue coronado rey en Compostela. De nuevo las tropas de los Trastámaras vencieron y redujeron a la nobleza autóctona, a su vez que introdujeron aristocracia alóctona.

Por último, los nobles gallegos (Pero Älvarez Osorio, Henriquez de Castro, Sueiro Gómez de Soutomaior, Pardo de Cela y los Condes de Lemos) tomaron partido por Juana la Beltraneja en su disputa con Isabel la Católica, siendo estos represaliados por su equivocada opción dinástica. En 1483, en tierras de Mondoñedo fue ejecutado cortándole la cabeza a Pedro Pardo de Cela, último intento del reino de Galiza por conservar su realidad soberana.

A este noble se le  han dedicado muchas alabanzas por parte de intelectuales y poetas del Rexurdimento gallego, como símbolo de la auténtica “edad tenebrosa” que nació y surgió a partir de su decapitación, con la consiguiente Doma y Castración del Reino de Galiza tal como se le ha denominado.

 IDENTIDAD DE UNA TIERRA Y  PUEBLO 

 

Como colofón a este breve repaso por la historia medieval de un reino, dejar simplemente constancia del espíritu céltico-nórdico de la identidad gallega a través del Rexurdimento con poetas como  Eduardo Pondal, o con historiadores como Murguía; el paisaje y el alma con Rosalía de Castro, el pueblo campesino con Valentín Lamas Carvajal o la política con Alfredo Brañas y Antolín Faraldo.

La revolución conservadora gallega nació al calor de las lareiras de los pazos y casas de labranza y a sus reflexiones  en los bosques de robles, entre ríos, en los cruceiros, en los castros y dólmenes  con Otero Pedrayo, Vicente Risco, Ramón Cabanillas, Florentino López Cuevillas, Antón Losada Dieguez, Álvaro Cunqueiro, López Abente, entre muchos. La identidad y la recuperación de la memoria así como de la soberanía fueron objetivos de muchos gallegos a  lo largo del siglo XIX y del XX. Su visión identitaria galeguista y europeísta siempre ha estado presente en sus obras. Este también es un gran legado para vivirlo y del cual nunca olvidarnos: “Disfrutou Galiza desde o amencer dos tempos históricos dunha conciéncia orixinal. Esa conciencia pervive aínda hoxe. Ela inspirou os períodos vitais da Galiza. Os períodos calados, mortos, significan un recollemento, un silèncio da conciencia galega. O feito de que segui-se exisitindo à espera de mellores tempos non dubidaremos en explicá-lo pola feliz e total adaptación da raza à terra” [6]    FEDERICO TRASPEDRA (Janeiro 2004)    

              



[1]  “España en la Alta Edad Media”  Roger Collins. Ed. Crítica.  Barcelona. 1986
[2] R. Otero Pedrayo. “Ensaio histórico sobre a Cultura galega” Ed.Galaxia, Vigo1982, Pág.119
[3] Hacer referencia del gallego hablado en Extremadura, reducido a unos tres-cuatro pueblos, que descendientes de colonos gallegos de la época de a Reconquista todavía conservan lo que ellos llaman y denominan la “Fala”
[4] Op.cit. Otero Pedrayo, Pág.127
[5] “No podemos dejar de comentar que este Alfonso VIII fue arbitrariamente y malintencionadamente llamado Alfonso IX por la historiografía española, pues en su tiempo había otro Alfonso en Castilla” = Reino de Galiza, Anselmo López Carreira. Ed. A Nosa Terra, Vigo 1998, pág.42
[6] Op.cit. Ramón Otero Pedrayo
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