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A crise de liderazgos na política galega

A crise de liderazgos na política galega

LA CRISIS DE LIDERAZGOS EN LA POLÍTICA GALLEGA
La crisis de liderazgos en la política autonómica gallega es bien patente desde el retiro forzado de dos grandes animales políticos, como fueron Manuel Fraga Iribarne, presidente fundador del PP y el nacionalista de izquierdas, Xosé Manuel Beiras Torrado, líder del Bloque Nacionalista Galego. Cuando el BNG era la segunda fuerza parlamentaria, los debates parlamentarios entre Fraga y Beiras, entre el entonces presidente de la Xunta y del líder de la oposición, eran sin duda auténticos combates de dos grandes pesos pesados, donde buena oratoria, ingenio y originalidad, así como vastedad de cultura se oían en el hemiciclo compostelano de San Caetano.

Eran tiempos donde el PP gobernaba holgadamente por mayoría absoluta. “Don Manuel” gobernaba cual virrey, el reino de Galicia, a golpe de públicas inauguraciones maratonianas y con su consiguiente auto-bombo retransmitido en los noticieros de la Televisión de Galicia. Fraga se olvidaba a conciencia de lo fundamental: fomentar desde lo público un tejido económico industrial, pero habría sido contradictorio con las políticas ultraliberales de Rato y Aznar. Y como rey absoluto era respetado en su partido. Con grandes dosis de cinismo, como si el PPdeG fuese monolítico a los ojos del electorado, las dos tendencias del PP gallego se apuñalaban mutuamente en los últimos años del fraguismo: Eran los tiempos de los de la “boina” y los del “birrete”.

Los de la “boina”, sector populista con algunos rasgos galleguistas y de implantación eminentemente rural, eran mal vistos en la madrileña sede de la calle Génova. El ya fallecido Xosé Cuiña era por entonces quien llevaba el bastón de Fraga, su “delfín” y por entonces máximo representante de esta facción de la “boina”. Fue un hombre peligroso a los ojos del equipo de Aznar, un sedicioso de las directrices “neocon” de FAES. Políticamente fue sacrificado cuando se destapó el beneficio y lucro que sus empresas habían obtenido a raíz de la desastrosa marea negra que asoló las costas gallegas el petrolero Prestige. Fraga, cual Saturno, devoró a su hijo político Cuiña, un hombre con rasgos caciquiles, pero también con un liderazgo entre el electorado rural. Aplacó así Fraga las ansias de poder de los barones-caciques de la facción de la “boina”, dando la sucesión al sector del “birrete”, al actual aspirante Núñez Feijóo, hombre del completo agrado de Madrid.

Otro gran peso pesado del PSdeG-PSOE, el ex alcalde de A Coruña, igualmente deja la política al perder su mayoría absoluta. También fue salpicado entre grandes sospechas de enriquecimiento personal con “empresas familiares” tanto en el ámbito inmobiliario como por concesiones con favoritismo dentro del sector energético. Francisco Vázquez Vázquez, pasó de su ciudad-estado A Coruña a otra ciudad-estado en su exilio dorado como embajador del Vaticano. Zapatero se sacaba del medio a un “barón guerrista” y crítico a su política de concesiones a nacionalistas al mismo tiempo que daba el espaldarazo al candidato del PSdeG-PSOE, a un hombre gris y sin carisma alguno como es Touriño.

El PSOE nunca ha poseído líderes destacables como aspirantes a presidentes de la Xunta. Siempre ha contado con candidatos sin liderazgo, a diferencia del BNG. ¿Quién se acuerda del tecnócrata González Laxe o de Sánchez Presedo? El único político con carisma y liderazgo que ha tenido el PSOE gallego ha sido el ya citado Paco Vázquez. Un político que se limitó, se acobardó y que huyó ante cualquier combate electoral con Fraga. Paco Vázquez si hubiese tenido vocación de líder, habría organizado y liderado para la comarca de Coruña, una gran área metropolitana junto con ayuntamientos limítrofes y con Ferrol. Habría dado así lugar a la creación de una de las más importantes ciudades del noroeste atlántico, similar al grande Oporto portugués o al gran Bilbao. Paco Vázquez, no se atrevió acometer esa magna empresa y retirar a Fraga antes de lo previsto. Prefirió Paco Vázquez la política fácil: rivalizar aldeanamente con Vigo y reclamar la L de La Coruña. Paco Vázquez no logró invertir los estatus de las tres grandes ciudades-motor del eje atlántico gallego: Santiago como capital administrativa y espiritual, Vigo como capital industrial y Coruña como capital de servicios así como capital masónica (o liberal).

F.Traspedra

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