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El Ocaso del Lobo: Mitos y símbolos

El Ocaso del Lobo: Mitos y símbolos

Lobo, animal heráldico y legendario, sombra de este mundo y del otro en la noche negra, sombra que viene del ayer, último acento de poesía aldeana con emoción auténtica, última figura con misterio, con escalofrío mágico, con amenaza cósmica... Lobo, dientes blancos, ya he olvidado tu romance, ya he olvidado el poema en prosa de tu presencia antigua. Pero aún estás ahí ”             Vicente Risco 

                Existen en la Madre Naturaleza bellas y hermosas experiencias que nos inundan los corazones y los llenan pletóricamente de un gozo indescriptible. Entre dichas experiencias puede estar el contemplar el amanecer desde un bello bosque de carrascas y pinos con el fresco rocío de la mañana en la levantina sierra del Martés o bien fundirse en el ocaso del hermano Sol y aguardar al rayo verde en las costas de Finisterrae. La ascensión a una montaña de los Pirineos y alcanzar su cima en medio de un mar de nubes o bien pasear por un bosque atlántico otoñal y toparse con un  gran círculo de setas perfectamente dibujado sobre el caducifolio, lugar de reunión de hadas y elfos según nuestros cuentos populares europeos. Un día de tempestad desde un acantilado contemplando la furia de la mar océana o bien simplemente sentarse a la vera de un río, hasta olvidarse de uno mismo y quedar solamente ese eterno fluir del agua... contemplación en la acción, acción en la contemplación.

 

                En la alborada, en medio de la niebla oír aullar al lobo es otra experiencia que difícilmente se puede olvidar. Y es que alguien que ha escuchado al lobo aullar, y no digamos verlo frente a frente, también posee un bello e impactante recuerdo.  Este escritor, sensible a este tema que estamos tratando, lo ha expresado así: ”El aullar del lobo evoca, da cuerpo a un mundo de historias y consejas que viene de lo más remoto de los siglos hasta este momento mismo en que estamos viviendo. Viene de tiempos infinitamente lejanos, nos hace así como si quisiéramos recordar algo que no sabemos lo que es. No sabemos si es algo racial o algo cósmico, lo que se manifiesta en esta forma. ¿Qué almas o qué divinidades vengadoras animan las gargantas y los dientes de los lobos, centellean de noche en sus ojos, nos paralizan con su aliento e infunden en nuestro cuerpo escalofrío astral? El lobo es un enigma metafísico”[1] Lo cierto es que en el aullar del lobo, según etólogos y naturalistas, se juntan  varias necesidades internas del animal, pues le sirve como canto de guerra (de ayuda y auxilio) y de expresión colectiva de los sentimientos. Así nos describe un experto en la materia que estamos tratando, lo que realmente desde un punto de vista biológico es el aullido: “... cuando un lobezno o un animal joven de la manada se ha perdido, o cuando un miembro de la jauría se ve en peligro y necesita ayuda, pide auxilio con otras señales acústicas es el que llama y qué le ocurre. Los lobos le responden entonando a coro su canto de guerra y se apresuran a acudir en ayuda de su compañero para salvarlo del peligro. A partir de esa respuesta al compañero en estado de necesidad, se desarrolla el llamado “coro de la comunidad amistosa”.  El doctor Erik Zimen, un suecoalemán que se ha especializado en el estudio de los hábitos y costumbres de los lobos, informa: siempre en una manada se extiende un estado general de mal humor, un sentimiento de derrota o decaimiento y reina una época de rivalidad y enemistades acentuadas, que envenena el ambiente, el jefe de la manada entona ese “coro de aullidos”, como lo llaman los especialistas. De inmediato todos los demás miembros del clan intervienen en el coro. Aquellos que se encuentren alejados de la manda se aproximan a ella y, como en una danza social ritualizada, se establece un “contacto mutuo” entre los asistentes. Todos participan en ese contacto recíproco entre sí, pero al hacerlo se deben respetar de manera rigurosa todas las reglas de la etiqueta lobuna”[2]

 

                Desde que el ser humano es pastor y guardián de reses, el lobo siempre ha sido un gran rival, enemigo mítico y controvertido donde los halla, donde realidad y leyenda se entrelazan en complicidad.

He sido conocedor por tradición oral directa de un par de casos que han sucedido relativamente hace poco tiempo. Una historia contada por el familiar de un viejo amigo a orillas del padre Miño, en la “Raia” con Portugal y otra por una anciana a los pies de la sierra del Caurel (al sur de los Ancares). Ambas con grandes paralelismos, en puntos geográficos distantes entre sí, relataron encontronazos con un lobo cara a  cara, en medio de prados y bosques, donde al mirar a los ojos de este mítico animal, ambas personas quedaron como hipnotizadas, paralizadas, relatando ambas la belleza y el miedo que experimentaron. Al regresar a sus  lares pasaron cuatro y dos días sin comer ni hablar, respectivamente.

 

                De tradición oral ya escrita, recogida por amantes de la naturaleza y de la caza, en la mitad del siglo XX, conversaciones al calor de las lareiras del castillo de Doiras, de las pallozas  de los Ancares, así como en otros pazos y casonas galaicas, nos relatan casos prácticamente idénticos a los anteriormente descritos. Por ejemplo, un montañés a caballo se topó en medio de la niebla con un lobo, el caballo se quedó frío al igual que su jinete, que a golpe de tiros de escopeta, espantó al lobo. El caballo en dos días no comió nada y al montañés le blanqueó el pelo y se tiró dos días sin hablar. Así es una parte del relato que  un amante de la montaña y de la caza nos lo describe y  lo liga con otro testimonio de otro montañés: “ Fue en la montaña lucense. Se hablaba en torno al fuego de las eternas historias de lobos. Fuera fungaba el largo viento sobre el frío violín de la nieve, mientras la “palloza”[3] se estremecía por veces. -Una vez volvía desde Cabanas antiguas- dijo la voz de José Ramón do Quello- y hacía talmente una noche como la de hoy. En la revuelta de Degrada, que todos conocen, espantóse el caballo. Tenía los pelos como clavos y estaba todo él en un temblor, hasta que al fin se levantó de manos. Era el lobo.- ¿Cómo lo sabías, José Ramón?- No lo supe, en el entonces y creí que tenía la bestia algún mal grande, porque, como les dije, temblaba como una vara verde. Pero dime cuenta después, al llegar a aquel barranco grande que cae encima de Jantes. A la vuelta vide brillar los ojos del lobo y aún creo que había más de uno...Y tú, ¿sentiste algo?- Yo la verdad, como sentir no sentí más que el desasosiego del caballo, aunque algo me iba entrando también por el cuerpo. Era como un frío; aunque, hasta verlos, no supe que fuera debido al bafo del lobo...”Y prosigue:

“- Entonces, ¿se siente el lobo cuando éste se aproxima?- preguntó este último querido amigo. – Sí señor, que se siente – terció Pedro de Piornedo, que permanecía hasta entonces silencioso en un rincón del hogar, fumando su corta pipa montañesa y cortejando a la hija de Pepe do Quello.- A mí el pelo blanqueóme por ello. ¡P. Que los parió!” Y continúa el relato esta vez en boca de este último personaje: “...la tarde iba vencida cuando cogí el camino de Quindous. Había ya nieve en al sierra de Vilar y vino pronto la noche. Llevaba dos horas de caminar y de pronto sentí una friaxe que me hizo temblar los dientes y parecíame que la gorra se escapaba de la cabeza. Miré para atrás y no vi nada; a los lados, tampoco, pero cada vez tenía más miedo. (Una voz). -Talmente como si vieras la Santa Compaña... –Talmente. Hasta que, avistando ya Vilar, oí detrás como un soplido. Volvíme y eran dos lobos enormes que me seguían. Brillábanles los ojos y se iban acercando, uno por cada lado de la senda. Comenzaron a temblarme las piernas y no podía ya caminar, cuando me encontré a Sergio y a Eduardo de Degrada, que venían de la feria de Vega. Al acercarse, los lobos desaparecieron; pero yo ya no podía hablar y me tuvieron que ayudar a seguir hasta l aldea. Dos días estuve sin hablar y allí blanqueome el pelo, que antes no lo tenía... –Si no fuera por Sergio y Eduardo, comíante los lobos- sentenció Pepe do Quello, largándose otro trago- Fueron talmente enviados por Dios. -Los lobos cuando van tan sólo por las bestias, no son sentidos por los hombres. Éstos sí, porque iban malignos. Iban por devorarte –dijo un mozo de Suarbol”[4]

 

                 Hay otros ejemplos, en este caso de amistad lobo-hombre, donde un médico era acompañado por una manada de lobos en su asistencia a domicilio por los montes galaicos, así como de un maestro de escuela que siempre le acompañaba un lobo en su trayecto diario, espantándole a los perros salvajes...

Otro caso curioso podría ser en las antípodas europeas, en Grecia, donde se nos relata otro verídico caso de encontronazo con una manada de lobos... y  este caso con algún paralelismo nos recordará al flautista de Hamelin,  “El día 20 de Enero de 1977, mientras hacía el recorrido entre dos aldeas del monte Epiro, el cartero rural griego Achilles Samaros fue rodeado por una manada de seis lobos hambrientos. En el mismo momento en que iba a ser atacado por las fieras se le ocurrió la idea salvadora; tomó el cuerno especial que forma parte del equipo de los carteros rurales griegos y con el que anuncian su llegada en el campo y las aldeas y comenzó a hacer sonar las notas oficiosas: “ta-ta-ra-rí, el cartero está aquí”, que resonaron por el aire helado de la montaña. Los lobos empinaron las orejas, se quedaron quietos durante un momento y después se alejaron de allí sin haber tocado un solo pelo del cartero” Y a continuación nos ofrece la moraleja el narrador:  “¿Confirma este suceso verídico el antiguo proverbio alemán que dice que “hay que aullar con los lobos” si  se desea escapar sano y salvo cuando uno se ve en peligro de ser atacado y devorado por esas fieras que tan peligrosas resultan cuando, hambrientas se lanzan a cazar en manada?”[5] Y es que hay para todo, hasta en la literatura, desde el lobo malo del cuento de Caperucita Roja[6], la figuración literaria lobuna que Hermann Hesse nos relató en su conocido Der Steppenwolf [7] hasta el lobo bueno Akela que adopta a Mowgli, según nos cuenta R.Kipling en su famoso y bello “Libro de la Selva.                 

 

                Lo cierto es que el lobo es un animal muchas veces más racional que el propio hombre. Es un animal con sentido de clan, de jerarquía, respetando al viejo de su manada, monógamo generalmente: se han dado casos de que cuando uno de los miembros de la pareja ha perdido al semejante, abatidos y cazados,  la loba permaneció en el lugar del crimen toda la noche aullando y gimoteando, así como al ser cazada una loba y su piel expuesta en el interior de un corral, llegar el macho y rescatar dicha piel de sus cazadores. Son igualmente capaces de adoptar lobatos huérfanos, alimentan comunitariamente a las hembras lactantes y crías y se reparten sin violencia sus presas, hechos que en otras especies no sucede, (incluyendo a algún que otro homo sapiens). Esto nos lo ha demostrado el etólogo y naturalista Rodríguez de la Fuente[8], gran apasionado de estos bellos animales... muchos recordarán su magnífica serie de TV El hombre y la tierra.

 

                Cada invierno que pasa, los lobos en el mes de Diciembre se aparean (por algo los antiguos odinistas conocían dicho mes como Wolfmoon, Luna del Lobo) y con la llegada de la primavera los rebaños vuelven a los pastos de montaña, así como los pastores a dar batidas, poner cepos y venenos, de manera ilegal la mayor parte de las veces, diezmando así a este depredador que no simplemente devorador. La desaparición del lobo en la Europa occidental es una  triste realidad, con la excepción de Portugal y España.  Hoy en día son pocas las montañas y selvas europeas donde habita.

 

                En Alemania, después de la 1ª Guerra Mundial, se podría decir que desaparecen por completo, siendo relegados los escasos ejemplares a los zoológicos.  

 

                Otro caso es el de Francia, zona de gran tradición ganadera y lobera, por ejemplo entre 1818 y 1829 fueron abatidos un total de 10.789 ejemplares. Ello nos da una idea de la importante población que albergaron las tierras de los galos. Se cree que el último lobo abatido dentro de territorio francés fue en 1952, en la frontera con Italia en la zona de la Alta Saboya.

                El caso de Inglaterra es mayormente sangrante para nuestros amigos. Ya en los tiempos del conocido Enrique VIII la población lobuna quedó diezmada por completo. Las cacerías eran un tiempo de divertimento y la víctima en este caso era el lobo. Hoy en día se siguen realizando estas “diversiones” pero con su “ hermano pequeño”, el bello zorro. A comienzos del siglo XVI sobrevivían algunos ejemplares en el condado de York.

                Los últimos ejemplares en Escocia, sobreviven en un siglo de diferencia a sus hermanos del sur de la isla, siendo abatidos en torno al año 1680. Igual suerte corren en Irlanda, donde su persecución se sistematiza ya en los albores del siglo XIV y entre los años de 1770  y 1821 se cree que desaparecen por completo.

                Caso diferente es la Europa oriental,  gracias a Dios, donde la población de lobos es considerable e importante en Bielorrusia, Rusia y Ucrania, estimándose en torno a los 25.000 ejemplares de canis lupus albus y canis lupus arctos.  Un dato curioso es que finalizada la 2ªG.M. estas poblaciones fueron muy fluctuantes, transitando las zonas fronterizas con Finlandia, Rumania y Polonia.

                En Rumania existen poblaciones estables en las montañas de los míticos Cárpatos así como en el delta de Danubio, siendo en esta zona de marisma del Mar Negro donde se ha formado una especie singular de lobo, recibiendo el nombre de zorro de cañaveral. En el norte de Grecia, así como en Italia, (Abruzzos y zonas montañosas del sur de la península) igualmente existen poblaciones estables del canis lupus italicus.

                En los países escandinavos la situación es doble: por un lado está el país de los mil lagos, Finlandia, con una población normal, y por otro  Noruega y Suecia, que entre ambos países no suman ni siquiera una población de 50 ejemplares. Los planes de ambos gobiernos por recuperar este animal no han sido fructíferos y a los ojos de todos está como los canis lupus albus se extinguen de los bosques de coníferas nórdicos.

 

                Ahora vamos a echar un vistazo de cómo está la situación en nuestra península, que por extensión comprende a varios reinos, con sus sierras, montes, prados y valles. Con ánimo y alma de amantes de la naturaleza, como enamorados de las montañas, he pensado que ahora que estás leyendo este artículo, podríamos hacerlo más interactivo, así pues si coges un atlas de nuestra península, con el cual ir recorriendo las múltiples serranías de esta Celtiberia, podrás situarte mejor y de paso repasar esa geografía  que puede tengas ya un poco olvidada, para ir siguiendo los actuales hábitats del hermano lobo, como diría el sabio San Francisco de Asís.

 

                No hay duda, como veremos mas adelante, que alrededor del lobo ha sido creada una leyenda negra,  por ser un animal totémico con orígenes paganos. Esta deformación se la debemos a los “intérpretes “  del Cristianismo (sería injusto y  poco veraz decir que la culpa es del Cristianismo), se forma una aureola negativa, la  superstición  y la leyenda lo convierten en animal infernal. Así lo confirma el etnógrafo Vicente Risco, quien ve al lobo como “uno de los primitivos tótems de la gran raza Arya”, que al cabo del tiempo pasará a ser un auténtico demonio, no sucediendo en tiempos antiguos lo mismo con otros animales tan fieros como el oso, el lince o el jabalí. Ninguna de estas especies ha causado tal temor a nuestros campesinos y montañeses... y es que “los dioses de nuestros padres son nuestros demonios”[9]  Lo cierto es que en la Edad Media los pastores asistían con impotencia a los ataques de dichos animales contra sus rebaños. En el Camino de Santiago, ya los peregrinos invocaban al patrón de las Españas para que no surgiesen esas temidas hordas, esa manada en medio de las tormentas[10], y el bordón del peregrino era considerado un arma con doble sentido en aquella época, como sustento para el andar y como defensa contra el lobo y perros asilvestrados que  igualmente transitaban las cercanías de la Ruta de las Estrellas.

 

                Se cree que hasta el siglo XVI, los lobos habitaban la práctica totalidad de la península y podemos decir que sucede así hasta la primera mitad del siglo XIX, donde ya es excepción la fachada de la costa mediterránea. Ello tiene una lógica, por decirlo de alguna manera, ya que hasta esas fechas las armas de fuego, la aplicación de venenos y cepos no se empleaban generalmente. Anteriormente su persecución era realizada en formas de batidas y cacerías organizadas, levantando muros y fosos (loberas, cortellos, fojos,... diversos son los nombres que se les dan en la península) donde poder abatir al animal ya extenuado por la persecución de los hombres y sus canes.

 

                En el Levante, en la Sierra del Martés, el uso de los venenos terminó con los lobos, dándose incluso el caso de ser muertos 6 lobos en un mismo cepo. Hacia el año 1918 se cree que desaparecen por completo del Reino de Valencia.

 

                En los Picos de Urbión (Soria), entre 1950 y 1967 se dan los últimos avistamientos, creyéndose que entre esas fechas se produce su ocaso total. Igual suerte corren nuestros míticos animales en los Montes Universales y en la Serranía de Cuenca, donde se cree que alrededor del año 1910 fenecen.

Y en la Serranía de Albarracín  lo mismo sucede alrededor de 1945.

 

                Caso curioso es el de los Pirineos. Siempre imaginamos que son considerados espacios privilegiados de  bio-reservas, pero ello dista mucho de la realidad. Sabido es el reciente caso del exterminio del bucardo, por parte de la inconsciencia de cazadores y las autoridades pertinentes que lo consienten... ahora pretenden recuperarlo por medio de la clonación, y contra ello no tenemos nada que objetar, pero sí que reflexionar, ya que es muy, pero que muy triste, tener que recurrir a soluciones extremas cuando ello se pudo haber evitado... y es que es lo de siempre, mejor es prevenir que curar. 

Caso también escandaloso ha sido la desaparición del urogallo, en este caso en las montañas gallegas de los Ancares, donde han desaparecido casi por completo debido al infame y despreciable deporte (como lo quieren denominar algunos) de la caza. Pero volvamos a esos maravillosos paisajes de los Pirineos. En los Occidentales, o de Navarra a comienzos del siglo XX ya desaparecieron por completo, mientras que en los Centrales, o Aragoneses, en 1890 se daban por completo desaparecidos, siendo visto el último en las cercanías del Monte Perdido por el año de 1930. En los Orientales, o Catalanes perviven igualmente hasta principios de la primera década de siglo XX. Datos curiosos son que dada la abundancia de lobos en esta

zona de Catalunya, no solamente se combatía al lobo  materialmente con  el empleo de grandes mastines con “collares de punxes”,  sino que también espiritualmente se hacía con el rezo colectivo del  “Parenostre del llop”.

 

                En el Sistema Central, el empleo de venenos ya a finales del siglo XIX, hace que en las sierras de Madrid, Avila y Segovia, merme seriamente la población, dando por desaparecido el último ejemplar entre la década de 1950 al 60, mientras que idéntica suerte corren los caminantes de la noche en el Macizo de Gredos, entre 1960-69.

 

                Euskadi fue una tierra lobera por excelencia, incluso así lo atestigua la heráldica de Vizcaya, con el árbol de Guernika y los lobos.  Recordemos que a finales del siglo XIX habitaban por todo el territorio, a excepción de la zona costera. Se efectuaban misas propiciatorias en aquellas épocas para realizar las batidas organizadas. En el valle de Aránzazu ha sido observado el último allá por el año 1957 y hoy por hoy podemos decir que han desaparecido por completo de las montañas y valles vascongados.  

 

                Hasta aquí hemos visto la agonía de esta especie a lo largo y ancho de la península. A partir de ahora, podremos ver los actuales hábitats de nuestros amigos los lobos, que si bien no son muchos, por lo menos son considerables.

                Según el naturalista Ramón Grande del Brío[11], existen en la actualidad siete poblaciones considerables y  más o menos definidas, que a continuación exponemos:

 

1ª- Población gallega.- En casi todo su territorio hay lobos, si bien donde menos se encuentran es en las zonas costeras, especialmente en las Rías Baixas. Las montañas de los Ancares (oriente de Lugo, oeste  del Bierzo)  y del Caurel (al sur de los Ancares), la Sierra de San Mamede  y los Montes do Invernadeiro (al sur y este de Ourense), así como en la sierra galaico-portuguesa de Peneda-Gerês, son los actuales refugios y santuarios de este bello y feroz animal.

                 

                Siguiendo al sur del Reino de Galiza, entramos en el de Portugal, tierra lobera igualmente por excelencia hasta nuestros días, ya que incluso en la primera mitad del siglo XX era un animal común y habitual en toda la fachada atlántica (a excepción de la zona de Lisboa), que iba desde la desembocadura del río Minho hasta la del Guadiana. A partir de 1930, la fortuna se torció y este animal fue relegado a las sierras del interior del país y ya en 1960 se produjo un desmembramiento de la población, siendo ahora las zonas de Trâs-Os-Montes, Alto Douro y Minho las zonas más numerosas. Viseu, Vila Real y Bragança cuentan con pocos ejemplares y los hábitats actuales son con zonas fronterizas de Pontevedra, Ourense, Zamora, Salamanca, Cáceres, Badajoz y Huelva

 

Población astur-leonesa.- Comprende la zona sudoeste del Principado (Somiedo), compartiendo extensión hacia los Ancares. Al norte y oeste de León, Picos de Europa y estribaciones (Valle de Liébana y Saja-Nansa) y hacia el este con esporádicas visitas hacia Palencia.

 

                Hoy en día, como he podido comprobar personalmente en una reciente visita a las montañas de los Picos de Europa, la problemática del lobo sigue vigente, celebrando los pastores y ganaderos sus reuniones para presionar ante la administración y así conseguir batidas.  Parece que los gobiernos no son realmente conscientes de que la solución no está en el tema de indemnizar a los ganaderos, sino que es un problema mayor, de que los lobos no tienen ciervos, corzos, gamos, jabalíes,... presas suficientes como para que el ecosistema sobreviva de por sí.     

 

Población burgalesa.- Al norte de la provincia de Burgos, en zonas de páramos y valles de difícil acceso, con abundantes poblaciones de jabalí, corzo, es donde habitan nuestros amigos. En el valle de Arlanza y en la Sierra de la Mencilla, el lobo cohabita con otras especies como el buitre.

En Cantabria ha sido brutalmente perseguido.

  

Población zamorano-portuguesa.- Sin duda la población más numerosa, la zona más amplia geográficamente hablando de toda la península. Ello se puede deber a que es una zona con poca población de humanos y a la contra, existen considerables poblaciones de corzos, así como una importante cabaña ganadera. Comprende la espectacular comarca de Sanabria (antaño parte de Galiza... y es que la demarcación de “España dividida en provincias e intendencias” al igual que el modelo de Francia, allá  por el año 1833, por un Borbón nefasto, (como casi toda esta dinastía),siempre se “equivocaron” al demarcar a favor de Castilla, nunca de Catalunya o Galiza,...y perdón por este lapsus)  la ourensana comarca de O Bolo, Sierra de la Culebra, Monte Teleno y montes Aquilianos (estos últimos en la comarca de O Berzo,  igualmente antaño gallega)

 

Población salmantino-portuguesa.- La Sierra de Gata posee una población precaria y residual y en la Sierra de Tamames se cree que entre 1950 y 1976 se extinguió la población, dándose incluso casos curiosos, como jabalíes destruyendo camadas de lobos.

 

                Hoy en día la población estable se sitúa entre el sudoeste de Salamanca  y Beira Alta.

En la Serra da Estrela, en Portugal (donde encontramos las cotas más altas del vecino país), se conserva población considerable, que está siendo combatida por medio de la estricnina.

 

Población extremeña.- Hay una serie de últimas poblaciones en las sierras de San Mamed y San Pedro.

Debemos tener en cuenta de que cuando se habla de “ultimas poblaciones”, se refiere hasta 10 camadas conocidas y localizadas por diversos naturalistas y aficionados a este tema.

Igualmente en la comarca de las Hurdes, zona de  gran tradición lobera, existe al día de hoy una población muy exigua. En estas duras tierras de los hurdanos, al lobo se  le considera un animal portador de misterio, al igual que en otras muchas comarcas de la península.

 

Población andaluza.- Ya han pasado años desde que los Duques de Medina Sidonia reclutaban con ordenanzas  (voluntaria e involuntariamente) hombres capaces de empuñar armas para dar batidas en sus enormes fincas y cotos para barrer de lobos esas zonas... rondaba el año de 1585. Comienza a declinar la población lobuna en la Serranía de Ronda a principios del siglo XX y hasta el primer cuarto del XX en Sierra Nevada. Las constantes  batidas y los cepos  han exterminado la población... y es que ya queda para la anécdota y el  recuerdo los tiempos de cuando los lobos estaban a las puertas de la ciudad de Granada, allá por el invierno del año 1492, cuando los Reyes Católicos derrotaban al subsidiario reino nazarita. 

 

                Existen poblaciones estables en la Sierra de Santos (entre Córdoba y Sevilla), al oeste de Huelva lindando con el Algarve, en Jaén en la  Sierra de Cazorla y al este ya en Murcia, en la Sierra de Alcaraz, fundamentalmente, así como grupos que realizan incursiones en las abundantes reservas cinegéticas que sirven como “cotos de caza”, en donde hay importantes poblaciones  de corzos, jabalíes y ciervos.

 

                Según las conclusiones del 1ºCongreso Hispano-Luso sobre la situación y conservación de las poblaciones de lobo en la Península Ibérica, celebrado en Soria en noviembre del año 1997, nuestro hermano lobo tanto en Portugal como al sur del río Duero, es especie estrictamente protegida, mientras que al norte del río Duero, es especie cinegética. Y este al parecer es  parte del último censo que se ha realizado que a continuación os ofrecemos:

.-En Sierra Morena no existe constancia de grupos reproductores ni de la presencia de ejemplares. En Extremadura, igualmente hay ausencia de grupos reproductores.

.-En Galiza, hay una generalizada tendencia a la baja constante, en Asturies, datan la estabilidad hasta el año 1995 y en el Parque Nacional de Covadonga solo hay un único grupo reproductor.

.-En el norte de Portugal hay unas 45 manadas estables, mientras que al sur del Duero, solamente 8 manadas distribuidas en dos núcleos poblacionales.

.-En Aragón se han observado lobos, pero no existen constancias fiables.

.-En la Sierra de la Culebra (Zamora) hay unos 35 grupos reproductores.

.-En Euskadi se han observado en la franja occidental, limítrofe con Burgos.

 

                Y este es un breve repaso del actual panorama celtibérico del canis lupus signatus, nuestro lobo ibérico. Como dato a tener en cuenta es la presencia en la toponimia peninsular de múltiples referencias a este bello y enigmático animal. Con una  considerable dosis de paciencia podemos bucear  y rastrear en un buen mapa para descubrir que existe fundamentalmente al norte y  noroeste de  las Hispanias  un montón de topónimos que hacen alusión directa al lobo. He aquí algunas muestras de dicho rastreo: En el Pirineo oriental, encontramos por ejemplo el pico Serrat des Loups;  cerca de Los Monegros tenemos Cantalobos;  en Soria está el río Lobos, en cuyo espectacular cañón moran buitres; en Cáceres, cerca de Monfrague está la Casa del Lobato; en Sanabria la aldea de Lobeznos; y es particularmente en Galiza y norte de Portugal donde encontramos mayor número de topónimos referentes al lobo, bien derivados del latín, bien derivados del germánico. Recordar que wolf  es lobo en alemán (así como en inglés) y su plural es wölfe (y se pronuncia la  ö como u), o sea, lobos, manada de lobos. Esta aportación con casi  absoluta seguridad se debe a la presencia sueva en esta esquina del noroeste peninsular, donde conformaron reino independiente de los visigodos por un periodo de 150 años. Así pues tenemos al  norte de Portugal en el parque natural  de Montezinho  la aldea de Fresulfe; en el distrito de  Viana do Castelo, tenemos Fojo Lobal y Gondufe; en el de Viseu, Labo do Lobo y Nandufe y en A Guarda, Pena do Lobo; ya en tierras galaicas propiamente dichas tenemos en Ourense el  ayuntamiento de Lobeira; en el concello de Castrelo do Val, Gondulfes; en la Ribeira Sacra, Gulfaríz; en el concello de Taboada, Gondulfe; en de Valadouro, Frexulfe; en A Estrada, Matalobos; en Barbadás, Cova do Lobo; en Aranga, Barranco da Loba... otros topónimos  de origen suevo son Vilargundurfe, Aldurfe, Ulfe, Friolfe... Y esta abundancia de topónimos no es extraña, algún autor  ha sugerido la hipótesis de que Galicia es país de lobos, ”GALYCIA, puede con mayor probabilidad significar Tierra Lupina o Lobosa, de Ga, en dialecto dórico tierra, y Lycia, adjetivo de terminación femenina, lobosa o de lobo”[12]        

 

                 En la heráldica de nuestra península, aparece en varios escudos de armas, así como otros animales tótem como el jabalí, el oso, el toro, el cuervo y el águila, principalmente. Evidentemente que a lo largo de las hidalguías  vasca, navarra, gallega, portuguesa, aragonesa, catalana, valenciana, castellana, leonesa, extremeña, andaluza, asturiana, cántabra... hay claras muestras de representaciones del animal que estamos tratando, para ello y como curiosidad, decir que en heráldica el lobo significa ferocidad, inteligencia, valor, camaradería... A ello podríamos añadir que es devorador de espíritus malignos.

 

                Ahora iremos haciendo un breve repaso por el simbolismo del lobo[13] a lo largo de diversas tradiciones europeas, aunque no se debe olvidar que como símbolo y tótem también lo encontramos, dentro de la tradición de los Pieles Rojas así como a lo largo de la  interesante tradición chamánica siberiana. Así pues podemos decir que es un principalmente un símbolo propio de Eurasia.   

 

                Comenzaremos pues diciendo que en nuestra península desde tiempos remotos y lejanos, el lobo es considerado como en el resto de los pueblos indoeuropeos, un animal con una faz dual, positiva y negativa, por motivos totalmente lógicos y comprensibles. Por un lado se le admira y respeta y por otro se le teme. Desde Cantabria hasta Jaén, desde Trâs-Os-Montes hasta Murcia, para los pintores de las cuevas rupestres, el lobo es un animal al que dignan representándolo junto a otros animales. Ejemplos de ellos son representaciones en cuevas de la Aquitania, así como de Andalucía (Los Arcos en Jaén y Tajo de las Figuras en Cádiz). Las antiguas tribus y clanes de celtíberos, igualmente lo representan en sus monedas, escudos y vasijas de cerámica, tal es el ejemplo de que los ilegertes así lo hicieron en sus  escudos y  en monedas de plata (siglo II a.C.) en cerámicas numantinas los guerreros se cubren con pieles de lobos, así como en otras de Teruel (s. III y II a.C.) También han aparecido representaciones en urnas cinerarias encontradas en Albacete. Mientras tanto dentro de las tribus del norte de la península, los representan en estelas pétreas, por ejemplo en Ponga (Asturies) y en Zurita (Cantabria).

 

                Ya en la Grecia clásica, el lobo también tiene su importancia dentro de la Tradición Helénica, y casi siempre será como animal relacionado con Apolo, el dios que se retira al país de los hiperbóreos durante los meses de invierno en un carro tirado por cisnes y flanqueado por cuervos y lobos (curiosa analogía con Wotan - Odín, como veremos después). Su madre, Leto, tiene dos mellizos con Zeus. La esposa del Gran Dios, Hera, llena de celos, los persigue con cólera. Apolo (el Sol) y Artemisa (la Luna), conseguirán junto con su madre Leto, refugiarse en el país de Licia (el país de los lobos). Posee Apolo entre sus varios epítetos, el de Licógenes, o sea, el nacido de lobo. Hay una leyenda en la que un lobo es señal del dios hiperbóreo, (por ejemplo en la de Celanor y Dánao), otra en la que el dios aparece transformado en lobo (por ejemplo en la de Cirene, la ninfa de Tesalia) y una en la que el dios envía a una loba a alimentar al héroe Mileto, (fundador de la ciudad que lleva su nombre) ya que éste es hijo del dios y su madre Acacálide lo abandona en el monte por temores. Y existe una leyenda con gran similitud a otra que todos conocemos: Parrasio y Licasto eran hijos gemelos de Zeus y de la ninfa Filónome. La madre los abandonó en un monte y una loba los amamantó hasta que un pastor los recogió, al crecer los gemelos obtuvieron el trono de Arcadia.   

 

                Y esta leyenda griega nos trae grandes paralelismos con la de Rómulo y Remo, los fundadores de la Urbe Eterna. Dentro de la Tradición Romana, ya desde sus orígenes primordiales la loba tiene una importancia más que trascendental, pues es ella la que ampara, amamanta y protege a los hijos gemelos del dios Marte (cuyo animal consagrado es el lobo) y de la vestal Rea Silvia. El rey Amúlio, por temores a la diosa Vesta, ordena que sean abandonados a las orillas del Tíber. El resto de la historia ya la conocemos. La loba capitolina  fue enseña, tótem y símbolo de Roma con la Monarquía y la República, y ya con el Imperio fue sustituida por el águila imperial. En la Tradición de Roma existían las Fiestas de la Lupercalia, que eran fechas dedicadas a la purificación, donde se celebraban ritos y ceremonias en las cuales el espíritu del lobo tenía su presencia. En torno al 15 de Febrero, aproximadamente, 2 jóvenes se introducían en la cueva “Lupercal”, insuflándoseles el espíritu del animal, para alejarlo de los  fecundos rebaños y así preservarlos de peligros. Es un dato curioso a tener en cuenta, pues lupa es loba en latín, y los Padres de la Iglesia de entonces, para menospreciar y censurar dichas fiestas, dieron el sentido vulgar del término, relacionándolo con lupanar, el lugar donde las  prostitutas o lobas ejercían el oficio más antiguo del mundo (según se dice). Así se dilapidaba al lobo como animal pagano. Esta idea es recogida de otro pueblo del Mediterráneo, en este caso los hebreos, que solamente ven en él una criatura infernal puesto que así es tratado en el Antiguo Testamento[14]. 

 

                En la Tradición Céltica el lobo también tiene su protagonismo: “Los druidas aseguraban, según Cesar, que los galos descendían de un dios infernal o nocturno, que llevaba a la espalda una piel de lobo. Este dios fue, casi seguro, originariamente un lobo, pues además, en el tiempo de los romanos  lo identificaron con Silvanus, cazador de lobos y antiguo lobo por lo tanto. Y también parece que el nombre del héroe irlandés Cuchulainn viene del nombre de lobo”[15]  Esta idea la recoge V.Risco de otro estudioso del mundo céltico, como es H.D´Arbois de Jubainville. Efectivamente, el lobo es considerado por los antiguos celtas como un ser procedente del  Otro Mundo, ya que para ellos primero fue la noche y luego el día, tal como nos relata Julio Cesar en su “De Bello Gallico”, la muerte precede a la vida, así como el padre precede al hijo e igualmente los dioses oscuros y tenebrosos preceden a los dioses luminosos.  La leyenda del héroe CuChulainn, recogida dentro del ciclo del Ulster, nos cuenta que es hijo del dios Lugh (que por cierto, este dios se hace acompañar por dos cuervos) y se le conoce por ser el guerrero más poderoso de todo el Éire ya que de pequeño, se enfrentó al lobo con poderes del herrero Culann. “Siendo niño accidentalmente se enfrenta con el monstruoso perro del herrero Culann, animal con poderes sobrenaturales capaz de enfrentarse a cien guerreros a la vez”.[16] Y de ahí su nombre, Cu (perro) y Chulainn (de Culann). Aunque si  bien es cierto que los animales de los celtas por excelencia son el jabalí, el ciervo, el águila, y el salmón (como así lo atestigua la leyenda de Tuan McCairill[17] ), además del buey y del perro, el lobo no deja de tener su importancia como animal sagrado. En el caldero de Gundestrup, vaso celta-ligur hallado en Dinamarca, se nos describe una serie de iniciaciones  por diversos dioses (Cernnunos, Dagdé,...) en el cual el dios Cernnunos es acompañado por un ciervo y un lobo mientras porta en sus manos un torques y una serpiente[18]. Otra representación de un dios céltico, esta vez hallado en la antigua Galia, Sucellus, el dios del martillo, porta en su mano una cabeza de lobo.

 

                Pero es en la Tradición Germano-Nórdica  donde el lobo alcanza un protagonismo más que relevante. El dios Wotan-Odín es acompañado por sus dos cuervos (Hugin y Munin, reflexión, pensamiento y memoria, recuerdo) y por sus dos lobos (Geri y Freki, valor, coraje y espíritu, libertad) a los cuales el mismo Odín alimenta de su propia mano. Los antiguos odinistas creían que un buen augurio era el encontrarse con un lobo. Así como es compañero del rey de los dioses del panteón escandinavo y germano, igualmente es el enemigo que acabará con el mundo, a través del dios maléfico y tenebroso que es Loki (representación de la envidia-avaricia, el odio, la ceguera espiritual-ignorancia) y un hijo de este es el Lobo Fenrir (junto con la serpiente del Mitgard y Hel). Es conocida la leyenda o profecía del fin del mundo para los nórdicos, tal como nos lo relata la Edda[19]: “Pérfidos hijos tuvo Loki. Y todos esos hermanos son poderosos, pero ¿por qué no mataron los Ases al lobo, si esperaban daño de él?...En tanto respetan los dioses su santuario y sus lugares de tregua que no quisieran ensuciarlo con la sangre del lobo, aunque digan las profecías que será quien mate a Odín”. Todo ello desencadenará en el Ragnarök, el lobo Fenrir se librará de sus ataduras, la serpiente del Mitgard subirá a la tierra y hará compañía a su hermano. Se quemará el cielo y la tierra después de la muerte de Odín y de toda la humanidad, pero habrá regeneración. A esta época actual se le conoce como la Edad del Lobo. De nuevo encontramos aquí el  concepto profundamente indoeuropeo de la doctrina cíclica de los tiempos, frente a la lineal de las religiones monoteístas. He aquí la explicación de un autor versado en estos interesantes temas: “... la Edad del Bronce de Hesíodo, que en una cierta medida corresponde a la “Edad del Lobo”, no sólo en la Hélade, sino también entre los celtas y en las razas nórdicas, ha tenido un doble significado. La similitud, tanto inconsistente etimológicamente, como interesante en tanto que señal, entre lobo y luké, luz, ya hace referir al lobo al principio luminoso y también a Apolo, el dios hiperbóreo. Por otra parte, el Lobo expresa una naturaleza feroz, salvaje, “inferior”. En tal sentido, en la Edda la época del Lobo se relaciona con el Ragna-Rökk, es decir, el período en el cual el poder de los Asen, de los héroes divinos, declina... El paso del Lobo del significado (luminoso) a otro (inferior) expresa por lo tanto la involución... Los símbolos aluden, de nuevo, a la profunda dinámica de las fuerzas de la raza que ascienden, caen, se unen o chocan en vicisitudes prehistóricas” [20] Otra función “maléfica”, simbólicamente “involucionista” por parte de los lobos dentro de la mitología nórdica, es la de ser los perseguidores y devoradores del Sol y de la Luna, tal como se acaba de explicar e interpretar. Así es como nos lo relata la Edda: “Entonces dijo Gangleri: Rápido viaja Sol, y parecía que está asustada, y no apresuraría más su marcha si temiese la muerte. –Entonces responde Hár: No es extraño que vaya deprisa; cerca va quien la persigue, y no tiene más salida que escapar. –Entonces dijo Gangleri; ¿Quién le causa tantas fatigas?- Hár dice: Hay dos lobos, y el que va tras ella se llama Skoll; la asusta y quiere cogerla. Y se llama Hati (que significa, “el que odia”) hijo de Hródvitin, el que corre delante de ella y quiere coger a Luna, y así habrá de ser. -Entonces dijo Gangleri: ¿De que linaje son los lobos? - Hár dice: Una giganta llamada Gýg vive al este del Midgard en el bosque que llaman Járnvidur (que significa, “Bosque de hierro”) La vieja giganta engendra muchos hijos de gigantes, todos ellos en figura de lobo, y de ahí vienen éstos. Y se dice que el más poderoso de ese linaje se llama Mánagarm (que significa “Lobo de Luna”), se alimenta con la vida de todos los hombres que mueren, y tragará la luna y rociará su sangre el cielo y todo el aire. De ahí que el sol perderá su brillo y los vientos estarán intranquilos y rugirán aquí y allá”[21]. Sobre este pasaje en particular, algún autor lo ha asociado con el solsticio de invierno, con un período que acaba y otro que se inicia, con las Tinieblas que dejan paso a la Luz: “En la tradición escandinava, cuando el Ragna-rok, el lobo Skoll devora al Sol, antes de ser devorado, sin embargo, el astro diurno da a luz un nuevo sol para continuar su obra vital”[22]  Un poco más delante de este trabajo, veremos que no solo en la mitología nórdica aparece esta figura de los lobos como perseguidores de Helios y de Selene.

 

                Los guerreros germano-nórdicos y célticos, según  diversos testimonios que sabiamente recogió y estudió Georges Dumézil,  poseían una auténtica naturaleza animal, que bien podía ser merced al don de la metamorfosis o bien debido a una herencia monstruosa, a una maldición. “Los berserkir cuyo nombre significa “con envoltura (serk) de oso” son aquí el ejemplo clásico. Correlatos terrestres de los einheriar que rodean a Odinn en el otro mundo, los primeros berserkir míticos le servían  cuando gobernaba el Upland sueco”.[23] Esta “imposición” de pieles de lobo para atemorizar al enemigo, no solo era conocida entre los pueblos celtas, sino también entre los pueblos germánicos, que eran denominados “úlfhednar”. “Al igual que otros tantos pueblos (indoeuropeos) al parecer los antiguos germanos no apreciaron dificultad alguna en atribuir a un mismo hombre diversas almas y por otra parte, la forma exterior sería considerada como la característica más neta de la personalidad”[24]  Los métodos de metamorfosis de estos guerreros, solían ser al atardecer con el fin de entrar en combate.  

                                Ulfila, el  primer traductor de la Biblia al gótico, también debe su nombre al lobo. Adaptó el futhark antiguo, o sea el  alfabeto rúnico según su conveniencia. Para algunos este Ulfila es un personaje mítico, y así como Fenrir era el “antiguo lobo” del ciclo pagano, Ulfila sería el “nuevo lobo” del ciclo cristiano. De nuevo según la teoría evoliana, la “Luz del Norte” era vencida por la “Luz del Sur”. Y por último anotar que no debemos de olvidarnos del héroe Beowulf, conocida obra épica anglosajona del siglo VIII, que debe su nombre al lobo, este príncipe de Jutlandia que lucha contra el dragón.  Recientemente ha servido el nombre de lobo como seudónimo literario a Heinrich  Himmler, como Wulf Sorensen.  

 

                Creo que podemos observar e intuir que nos encontramos ante un animal muy particular, con una gran significación simbólica exotérica y esotérica que otros animales no poseen (excepto el águila, el búho, el toro, el jabalí, el oso...)[25]. El lobo es al mismo tiempo un animal solar y lunar, luminoso y tenebroso, un auténtico símbolo que es capaz de conducirnos y transmitirnos una determinada creencia según la tradición en que nos introduzcamos y procuremos lo incognoscible.

 

                Igualmente dentro de la Tradición Cristiana Europea, el lobo tiene su particular simbolismo y su característica significación hermética. El cordero (Agnus Dei), símbolo por excelencia del Cristianismo Medieval, así como la figura del Pastor, tienen como lógico antagonista al lobo. De hecho en su interpretación exotérica, el lobo es considerado como animal infernal. Prueba de ello son por ejemplo las interpretaciones en la Divina Comedia de Dante Alighieri, donde un lebrel arrojará a una loba a  los infiernos, que simbólicamente el traductor de la obra al castellano la representa con la avaricia: “Perseguirá a la loba de ciudad en ciudad hasta que la haya arrojado al Infierno, de donde en otro tiempo la hizo salir la Envidia”[26]. J.Evola al respecto nos ofrece otra interpretación más de carácter esotérico que exotérico: “...la loba y la prostituta representarían a la Iglesia Católica... la loba y la prostituta se referirían a una involución o degradación correspondiente sobrevenida en el principio de la autoridad espiritual”[27].

                La figura del lobo devorador, es general en toda la Europa del Medioevo, imagen alegórica que representarán los maestros canteros (cagots) en  los capiteles de nuestras iglesias románicas. Por ejemplo,  cerca de A Coruña, en Santa María de Cambre, una joya de románico galaico, tiene un par de magníficas cabezas de lobo devorando a hombres en la puerta de la nave derecha (hoy ocultados a la vista por una puerta que da paso a la sacristía). Y caso curioso es que en las provincias de Burgos, Palencia y Santander, hay una multitud de iglesias románicas que poseen  curiosas representaciones de este polémico animal en actitudes devoradoras: Frómista, Santillana del Mar, San Millán de Lara, Jaramillo de la Fuente, Santa María del Valle, San Pantaleón de Losa, Santa María de Piasca y San Pedro de Tejada, siendo esta última ermita, la que posee los capiteles más enigmáticos. “Por nuestra parte pensamos que la serie de representaciones escultóricas en que aparecen lobos en actitud de devorar a seres humanos o a animales guarda relación con el código esotérico de los maestros canteros de todas las épocas, desde los druidas hasta los tiempos modernos"[28] Más que interesante anotación de este naturalista y biólogo, pues deja puertas abiertas a la profunda comprensión de este mítico animal. El ser devorado por el lobo, no deja de ser una muerte ritual y alegórica que conducen al Ser a estados de conocimiento de orden superior. Así pues tendría una lógica todo lo que hemos leído hasta ahora: para que exista la luz en el interior, primero hay que reconocer que estamos en tinieblas y para adquirir el Conocimiento, hay que aplastar la ignorancia y asumir nuestro propio infierno, primero somos devorados y lógicamente morimos, para posteriormente renacer a la vida real y libre de falsas ilusiones.  Sabemos que las representaciones esculpidas en piedra en nuestras iglesias y catedrales románicas, son libros abiertos y cerrados, que están para ser leídos y comprendidos por aquellos  que puedan comprender. “...los maestros canteros de obras levantadas a lo largo del Camino de Santiago, asociados en gremios y cofradías, recibían el nombre de Hermanos de Jacques mientras estuvieron vinculados al quehacer constructivo de los caballeros templarios... se constituían en depositarios del saber de la piedra o técnica de la arquitectura de iniciación. Y no olvidemos que aquellos sé autodesignaban con el nombre de lobos. Y por lo demás, en uno de nuestros viajes a Bretaña, recogimos una leyenda en la que se habla de lobos asociados al levantamiento de los megalitos de Carnac y Locmariaquer; se consideraba a los lobos como seguidores de un antiguo mago, maestro cantero. Allí en el ámbito de los dólmenes y alineamientos y en otros lugares de Bretaña, descubrimos indicios de un posible culto al lobo”[29] El lobo se convierte pues a través de la piedra en un catalizador de energías cósmicas y de un profundo significado iniciático.  

 

               

Relacionado con el Camino de Santiago está el lobo, como podemos leer y precisamente desde el origen de la leyenda jacobea: esa figura ahora es la mítica Raiña Lupa (la Reina Loba), reina pagana que se opone a que los restos de Santiago el Mayor descansen en tierras galaicas. Así interpreta a breves rasgos un historiador la leyenda del Apóstol Santiago: “En la leyenda del Apóstol son visibles los rastros del culto al sol. La reina Lupa (el lobo es símbolo del sol que devora a la luna, representada a su vez por la loba) aconsejó a los discípulos del Apóstol fuesen a Duio (Finisterre) a pedir licencia a Filotro, gobernador de la tierra, para enterrar el sagrado cadáver. Concédele éste y les envía en son de burla al Pico Sacro en busca de los bueyes –otro símbolo del astro diurno- que guarda el dragón, que debe destruirlos y que sin embargo los respeta. Por fin, vencidos todos los obstáculos, los discípulos del Apóstol dejan a los bueyes que indiquen el sitio en que debe dársele sepultura”[30] Y curiosamente, la Puerta Santa  de la catedral de Compostela está orientada con aguda y extrema precisión hacia el Pico Sacro (relacionada igualmente con dicha reina, posible puerta de acceso al interior de una montaña sagrada) y la fachada de la catedral está orientada con idéntica precisión hacia los Montes del Pindo (Olimpo céltico y lugar mítico de enterramiento de la Raiña Lupa,  dentro del castillo o castro en el que ella moraba, montaña sagrada donde se realizaban ritos de fertilidad. En uno de sus riscos, justamente en el de Penafiel, hay una inscripción hecha por mandato de la Curia compostelana, que advierte del riesgo de ser excomulgado por realizar ritos de origen pagano)  y justamente en la misma dirección está Finisterre, fin de la Ruta de las Estrellas y ocaso del Astro Rey, donde según la creencia druídica, iban a parar las almas de los muertos.

 

                Y concluyendo, no podemos por menos afirmar que este símbolo pagano y cristiano al mismo tiempo, se ha entrelazado en sugestiva complicidad de una forma tan mítica y misteriosa, que hasta ha producido en nuestra mitología popular e incluso en la realidad un fenómeno más que curioso  y digno de estudio como el de la licantropía. Desde antaño los hombres a lo largo y ancho de Eurasia, en diversos ritos de pasaje, ora en solsticios, ora en ceremonias propiciatorias se han cubierto con pieles de lobos, han querido insuflarse de su espíritu, de valor, de buena y sana camaradería, de ferocidad, de sagacidad... El hombre ha querido parecerse al enigmático caminante de la noche y también ha temido sus aullidos bajo la luna llena (conjurándose con oraciones especiales para tales ocasiones, tal como se han podido recoger en diversas partes de la península: en la región portuguesa de Tras-Os-Montes, Euskadi, Catalunya, Galiza...) y el hombre al final en la soledad y profundidad del bosque, se transforma en lobo: en Euskadi se le conoce como el Guizotso (gran enemigo del benévolo  genio del bosque Basajaun); en Asturies es el llobusome; en Extremadura es el lobisón; en Galiza y Portugal es el lobishome(y en algunas zonas de Galiza, concretamente en A Costa da Morte, el vakner[31])en Castilla es el hombre-lobo; en Francia es el loup-garou; en Alemania es el werwolf; en Grecia es el lycocantzari... Lo cierto es que han existido realmente registrándose varios casos  en determinadas zonas de nuestra península así como de otras partes de Europa (sobre todo en Francia (Lyon) y en Alemania (Worms), por citar dos casos más que conocidos). El último caso conocido y mayormente difundido sucedió en la comarca da Límia (Ourense) donde Manuel Blanco Romasanta, asesinó a varias personas, no sabemos si realmente por ser enfermo mental o bien por ser un auténtico licántropo... recogido en su sumario del juzgado de Alhariz está la historia acontecida en 1932. De dicho suceso se realizó la película llamada “El bosque del Lobo”.

 

                 Otra figura,  mal relacionada con el  mundo de la licantropía es la de los encantadores de los lobos. Quizás estos hombres y mujeres hayan tenido la facultad de transformarse en lobos, de vivir y cohabitar con ellos, de amansarlos y a veces se les haya identificado con licántropos (lejos de la imagen poco certera que nos han ofrecido llena de sangre y terrorífica la industria del cine americano con sus versiones clásicas y modernas del hombre-lobo)  ya que en realidad la figura del encantador de lobos ha existido y se le ha conocido en diversos lugares cómo: saludadores en Euskadi; saludadoras en Andalucía; loberas en Castilla; peeiro dos lobos en Galiza; pijeiras en Portugal... Mujeres y hombres que se les ha relacionado con la magia negra, de que los demonios intervenían  a través de los animales y estos eran azuzados contra los rebaños de ovejas, pero que en realidad lejos de creencias supersticiosas, no dejaban de ser personas con poderes ocultos y en gran relación con ese tótem tan fuerte y tan vivido por otras muchas personas que es el lobo... siempre al llegar la noche. Esa “maldición”, a veces se transmitía de forma biológica, de padres a hijos, a veces a través de u hechicero/a. Estas son las dos clases de personas que tienen el poder, la desgracia, la divinización, el malfario o maleficio, según se mire, de “conectar con su tótem”. Aquí la sangre tiene su importancia, como se describe a continuación: “... la sangre es donde reside el alma, y la sangre es donde obra la fuerza mágica, ese poder difuso y misterioso... fuerza que reside en las ceremonias mágicas, en los encantamientos, en los maleficios, en el mal de ojo, en el enmeigamiento, en el sacrificio, en el tabú, en el fetiche, en el amuleto, en el tótem y por estar en el tótem, por eso tiene tanta fuerza aplicada por el padre para punir su propia sangre  cuando su propia sangre se revuelve contra él, contra el representante actual del tótem. Entonces el padre libra esta fuerza poderosa e irresistible, que hiere como una centella y en este caso en particular, cambia la naturaleza por ser “hadado”, le muda la especie y lo convierte en una bestia feroz como echándolo fuera de la casta, no solamente de su sanguinidad, sinó de la casta humana por indigno de pertenecer a ella... De ahí que se rediman los hombre-lobo por la efusión de la sangre, porque en la sangre era donde estaba el encantamiento lurpio...”[32]    

 

                Espero que este pequeño estudio sobre tan controvertido animal ayude a las personas que lo lean, a tener una concepción más profunda, inclusive mítica y de un símbolo profundamente indoeuropeo, y que piensen que no existe una protección tan especial para especie tan polémica, sino más bien “una guerra fratricida entre el bípedo pensante y nuestro magno símbolo terrestre llamado lobo”, como decía un viejo amigo.

 

                Creo que fue Nietzsche quien dijo que “en un mundo de borregos prefería ser lobo”, y también “sed como lobos: fuertes en solitario y solidarios en la manada” …  no dejan de ser unas grandes sentencias razonables y certeras...  que cada uno interprete como mejor le parezca.

 

                Y para concluir os ofrezco esta bella y reivindicativa prosa para meditar y reflexionar, llanto por una naturaleza que poco a poco algunos destrozan por culpa de su gran ignorancia... y es que nunca comprenderán que hijos de la tierra son todos los seres vivientes, absolutamente todos y de poco fiarse son las ideologías y también alguna que otra religión, que sobreponen y anteponen al hombre y sus ficticias necesidades por encima de los animales (sean divinos o infernales) sea al precio que sea... y esperemos que algún día llegue a comprenderse que el ser humano es el Hermano mayor que debe respetar, cuidar y aprender de sus otros hermanos, solamente así puede volver a ser humano.

 

                Frente al “Pragma”, ante la acción enfebrecida que devora como Saturno a sus hijos, ha venido a posarse en torno a la ciudad la lección del “Mythos”. El águila y el lobo abatidos han querido portar el ejemplo de la fábula, ligada a la ágil y eterna naturaleza en cuya república, afortunadamente no existe vulgo. ¿No querrían anunciarnos el águila y el lobo, con su vuelta antigua a la antigua tierra, la necesidad de ciertas permanencias por el camino sin sosiego de nuestros atroces días? Frente a las tremendas ciudades de hoy que crecen verticalmente sin cuidado ni reposo, sin fuentes y sin cánticos, águila y lobo traerían de consumo el parte de la naturaleza ultrajada. La primera desde las nubes con la embriaguez que da el azul del aire, transportaría en sus poderosas alas un crisma para la alegría ausente y para la hermosura muerta de las apretadas y tristes ciudades de hoy. La loba soturna que brúa a la luna su libre canto de amor y de sangre, traería desde la hondura de las edades el severo mensaje de la tierra que el pobre hombre de hoy ha olvidado. El pobre hombre de hoy aprendiz de brujo que quiere destruirla en nombre de la civilización y de la técnica, en la hora apocalíptica cuyo solo nombre hace estremecer a los ángeles. Traería su mensaje aquilino y celeste antes que el ardor de la vida se convierta en una llaga purulenta: antes de que la savia se cuaje y de que la canción se trueque en inútil sollozo desgarrado”[33]

Federico Traspedra

 

 

 



[1] “Obras Completas”, Vicente Risco. Ed.Galaxia 1994 (Vigo). “Libro de las Horas”, pág. 226

[2] Hay que aullar con los lobos, Vitus B. Dröscher, Ed. Planeta, (Col. Al filo del tiempo), 1984, Barcelona. Pág. 12-13

[3] Las pallozas son construcciones de origen prerromano, célticas. Su localización se encuentra en las antaño remotas e inaccesibles montañas lucenses de Os Ancares y de O Caurel. Son construcciones de planta ovoide (como los castros), de dimensiones considerables como para albergar una familia en la planta superior de la vivienda y los animales en la inferior. La última familia que habitó una palloza en Os Ancares, data del año 1974.

[4] Viaje por los montes y chimeneas de Galicia de J.M. Castroviejo y Álvaro Cunqueiro. Colección Austral, Espasa Calpe, 1986. Madrid. pág. 143-145.

[5] Op. cit. Vitus B. Dröscher, pág. 11.

[6] Alguien ha sugerido la hipótesis de que el cuento de los hermanos Grimm, tiene una interpretación “hermética”, “velada”, “esotérica”. Al parecer el lobo en el cuento, representaría la noche que devora al sol (la niña rubia, die  Sonne, el Sol en alemán es femenino, con su capa roja –y el rojo con todo el significado hermético que posee-). Igualmente el lobo sería el invierno que devora la era solar, la primavera –las viandas que porta Caperucita son las ofrendas de Mayo- para luego ser rescatada del interior del lobo, de su estómago -¿... será una iniciación?

Para ello se puede consultar el libro de J.C. Cooper, Los Cuentos de Hadas.  Alegorías de los mundos interiores. Ed. Sirio, Barcelona, 1986.

[7] “... ¿Y el lobo estepario eres tú? ¿Eso eres tú? – Sí, soy yo. Yo soy un ente que es medio hombre y medio lobo, o que al menos se lo figura así”  El lobo estepario”, de Hermann Hesse, Alianza Editorial, Madrid, 1976.

[8] “Enciclopedia Salvat de la Fauna”, Felix Rodríguez de la Fuente. Tomo 6/Eurasia y Norteamérica (Región Holártica). 1970. (Madrid)

[9] Op.cit., Vicente Risco, pág.787 y 785.

[10] Curiosa es la comparación entre el dios Thor y Sant-Yago, al cual se invocaba en medio de las tormentas. Para ello, se puede consultar el magnífico e interesante libro de Antonio Medrano, La Lucha con el DragónEd.YataY, 1999, (Madrid), pág-311

[11] Todos los datos de carácter estadístico están extraídos de su libro “El lobo ibérico: Biología y Mitología”  Ed.Hermann Blume, 1984. (Madrid)

[12] Domingo García de Robles, artículo “Galicia, Etimoloxía do seu nome”, incluido en el libro “Pensamento Galeguista do Século XIX”, de Francisco Fernández del Riego, Ed.Galaxia, 1983 (Vigo), pág.49.

[13] Para ampliar conocimientos sobre este tema, ver “Il Simbolismo del Lupo” de Christhope Levalois. Ed. Arktos. (Carmagnola)

[14] En las profecías de Isaías (Cap. XI) sobre el carácter de la llegada del reino del Mesías, dicho profeta para explicar con parábola la instauración del espíritu de conocimiento y temor de Yavé, determinados animales “demoníacos” ya no causarán más daño ni harán mal. “El lobo habitará con el cordero, la pantera se acostará junto al cabrito; ternero y leoncillo pacerán juntos, un chiquillo los podrá cuidar”

[15]Op.cit. Vicente Risco, pág.787

[16] “Los grandes mitos celtas y su influencia en la literatura” de R. Sainero, Edicomunicación, 1988. (Barcelona) pág.10

[17] Ver de H.D´Arbois de Jubainville “El ciclo mitológico irlandés y la mitología céltica”, Edicomunicación, colección Visión Libros, 1986. (Barcelona)

[18] Op.cit. A.Medrano, pág.54.

[19] “Gylfaginning” en “Textos Mitológicos de las Eddas”  de Snorri Sturluson, Ediciones Miraguano, 1987. (Madrid)

[20] Julius Evola, en el artículo “La Tradición Nórdico-Aria”, editado en la colección HIPERBOREA, nºVII, pág. 59-60.

[21] Snorri Sturluson,  Op. cit. pág. 24.

[22] Christophe Levalois, La Tierra de Luz. Simbolismo del Norte y del Origen Ed. Obelisco, Barcelona 1989, Pág.67.

[23] Georges Dumézil. “El Destino del Guerrero. Aspectos míticos de la función guerrera entre los indoeuropeos” Siglo XXI editores.  México 1990. Pág.171

[24] Op.cit. Georges Dumézil, pág.172

[25] Este significado ambivalente igualmente lo poseen  otros animales. Cabe aquí  destacar lo siguiente: “...el paralelismo que la figura del dragón en cuanto símbolo del ego presenta con otros animales reales o fabulosos; el tigre, el cocodrilo, el jabalí, el lobo, el oso, el león, el toro o el búfalo, por lo que hace a los primeros; el grifo, el minotauro, el cancerbero, la medusa y otros por el estilo, en lo que se refiere a los segundos. Pues evidentemente el dragón no es el único animal representativo del ego”. Op. cit. Antonio Medrano. pág.204  

[26] “Divina Comedia” de Dante Alighieri, Espasa Calpe, colección Austral, 1999. (Madrid)  pág. 96

[27] “El Misterio del Grial” de J.Evola, Plaza&Janes, colección Otros Mundos, 1975. (Barcelona) pág. 78

[28] Op.cit. R. Grande del Brío, pág. 274.

[29] Op.cit. R. Grande del Brío, pág. 273.

[30] “Galicia (I)” de Manuel Murguía. Ed. Xerais de Galicia, 1982. (Vigo) pág.133

[31] “El vakner era un ser que estaba al acecho, y tal  y como vemos en el antiguo nórdico, la voz varar, lobo pudo ser el origen del vakner. Ahora bien, no podemos descartar tampoco la raíz indoeuropea wagh; su significado no parece corresponder, en principio, con la características de un lobo; este animal ni grita, ni retumba ni lloriquea, a no ser que se entienda por lloriqueo su aullido lastimero…No podemos rechazar que el vakner fuera un lobo; la etimología propuesta es sensata, aunque no concuerda plenamente con la descripción que tenemos. Por otro lado, no se nos ocurre una explicación clara de cómo una palabra de origen nórdico era utilizada por la zona de Finisterre y alrededores para r4eferirse al lobo ¿Será quizá un arcaísmo germánico que se conservó en las creencias populares? Fernando Alonso Romero “Historias, leyendas y creencias de Finisterre” Briga Edicións, Betanzos 2002. Pág.61  

 

[32] Op. cit. V. Risco. Pág. 785-786.

[33] Op.cit. J.M.Castroviejo, en el capítulo “La muerte del Mythos”, pág.159-160.

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