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A Coruxa de Minerva, por Guillaume Fayé

A Coruxa de Minerva, por Guillaume Fayé

Na nosa sección de ligazóns, recomendamos aos nosos leitores o blogue de Guillaume Fayé, onde poderán atopar textos en português, castelán, inglés, alemán, inglés, etc do grande intelectual nacionalista europeu.  http://guillaumefayearchive.wordpress.com/

  

Extracto de uma conferência de Guillaume Faye na Alemanha em 2006

Recordem as previsões do kali-yuga indiano relativas à idade de ferro, ou seja, aquela da decadência final:
Matarão as crianças no ventre das mulheres, os homens casarão com os homens, e as mulheres com as mulheres, alimentarão as vacas com carne, o herói e o guerreiro serão vexados e banidos, os reis serão ladrões e os ladrões tornar-se-ão reis.

- Uma civilização, uma nação, um povo, uma raça, assemelham-se a uma árvore. As raízes são o fundamento biológico, isto é, o substrato genético, num sentido mais amplo, de onde tudo procede. O tronco, a cultura, é o conjunto das manifestações étnicas de ordem mental e espiritual. A folhagem representa as manifestações exteriores da civilização, da economia, das técnicas, das artes, da potência material. Quando o tronco e a folhagem são feridos ou ficam doentes, a cura é possível enquanto as raízes forem sãs e puderem regenerar o conjunto. Mas se estas últimas forem atingidas pelo desmoronamento demográfico, pela mestiçagem, pela imigração alógena maciça, para além de um certo limiar, não se pode mais voltar atrás, a árvore cai, o povo de cepa e tudo aquilo que criou petrificam-se para sempre na morte, dado que o código identitário desapareceu, foi parasitado e alterou-se.

- Os recursos dos nossos povos feridos existem todavia, como a semente que insiste em viver no gelo e sob a neve, no frio invernal onde cresce a Edelweiss.
Temos a possibilidade de pertencer a uma civilização metamórfica, que sempre soube regenerar-se após crises graves, como a Fénix, a ave que renasce das suas cinzas. Não é no crepúsculo, quando tudo parece perdido, que levanta voo a coruja de Minerva?
É a partir deste momento que é necessário preparar o Renascimento e imaginar o mundo vindouro. Na História, são as minorias activas que vencem.

No seio da mentalidade dos povos de origem europeia, reside essa ideia fundamental de destino, o Fatum dos romanos e a Moïra dos gregos. O destino é aberto e imprevisível. Nada está escrito. O rio da História pode voltar o seu curso. Nenhum Deus pode fazer dobrar Prometeus.

No início do seu Fausto, Goethe dizia, invertendo o provérbio bíblico “ao início era o verbo”: não, ao início era a acção. Penso em boa verdade que ao início estão ao mesmo tempo o verbo e a acção. É necessário falar e escrever para ensinar e convencer, e agir para fazer avançar as coisas. Porque combatemos? Não tanto para nós mas pela herança dos antepassados e pelo futuro das nossas crianças.

Da Resistência à Reconquista, e da Reconquista à Revolução. Renascença e Revolução não são mais ou menos sinónimos?

Existencias agitadas (con notas sobre consumismo)

Existencias agitadas (con notas sobre consumismo)

    No es menester poseer un ojo demasiado avizor para percatarse del profundo estado de agitación y desasosiego que caracteriza el existir del hombre en el seno de esta alienante etapa de la humanidad que el pensamiento Tradicional conoce con la denominación de mundo moderno.  No va a ser el tema de este escrito el de tratar de explicar de qué manera y debido a qué procesos involutivos nuestro coetáneo hombre se ha visto abocado a este desnortado pulular por la vida. Defendemos, en otro orden de cosas, la idea de que más que verse abocado a ello -así, como si se tratase de un sujeto pasiivo- ha sido él el principal responsable de la situación existencial en la que se halla. Y defendemos esta idea porque tenemos la convicción de que, en última instancia, el hombre tiene la potestad de ser libre en la ejecución de todos y cada uno de sus actos,  por mucho de que cada vez más –a medida que discurre la deletérea modernidad- encuentre tremendas dificultades para hacer uso de dicha potestad.

     Sea como fuere el hecho palpable y constatable es el de que nuestro hombre actual ha perdido el norte y no parece dueño de sus actos. Ni de sus actos ni de sus pensamientos, pues si fuera el ordenador de estos últimos sus actos representarían la lógica plasmación de su voluntad e intencionalidad. Nuestro, antes que hombre, hombrecillo se mueve por impulsos. Es el plano irracional el que se ha adueñado de su ser y el que ha devenido en caprichoso y cruel dictador de sus incontrolados actos. Es su subconsciente el que lo tiraniza y lo aboca a actuar de la forma turbadora en que lo hace. Este hombrecillo tan sólo se mueve accionado por pulsiones. Su convulsionada existencia es la consecuencia de haber perdido la centralidad. Ya no conoce de la posibilidad de encontrarse con esa referencia Superior que anida, en forma aletargada, en su interior y que, de poder avivarla, le haría de polo y guía ordenadores de su cotidiano existir. Con la centralidad ha perdido, al mismo tiempo, la polaridad.

     Se debe, pues, colegir fácilmente que el problema principal que se halla en la base de la vida exabrupta del homo vulgaris es el de que éste dejó ha ya mucho tiempo de mirar para dentro de sí y optó, únicamente, por hacerlo hacia afuera de su ser. Decidió ignorar que en sus adentros es posible hallar un plano de la realidad que es de orden metafísico y que, al no ser de naturaleza física, el Identificarse ontológicamente con el mismo le libraría de cualquier tipo de apego y esclavitud hacia lo material; tanto hacia lo material presente en el mundo manifestado como hacia lo material representado por nuestro propio cuerpo cuando éste ha sido arrojado al dominio de lo irracional, de lo primario-instintivo y del descontrol de lo impulsivo.

     Ese apego hacia lo material presente en el mundo manifestado es el que provoca el afán –en términos del budismo- o sed de posesión que se encuentra en la base de cualquier tipo de explicación del fenómeno alienante representado por el consumismo. Y ese mirar exclusivamente ´hacia afuera de uno mismo´ que acontece cuando reina el apego hacia lo material presente en el mundo manifestado explica el contenido etimológico mismo del término existir, que no es otro que el de ´estar afuera´ (ex-sistere) de uno mismo y al que, pensando en la Reintegración y Transformación del homo vulgaris, se le debería de oponer (tal como ya señaló, en su momento, Julius Evola) el concepto de in-sistere: ´estar adentro´ de uno mismo.

    En el seno de las diferentes civilizaciones que, en diversas épocas, encajaron en los parámetros propios al Mundo de la Tradición fueron, básicamente, dos los tipos de hombres que en ellas coexistieron: por un lado, el de aquéllos pocos que eran capaces de (acudiendo a una ilustrativa expresión taoísta) ´ser señores de sí mismos´ y el de, por otro lado, los más: aquéllos otros que no conseguían autogobernarse enteramente, ya fuera por no tener la potencialidad necesaria para ello o ya fuera por no haber mostrado la voluntad necesaria para intentar arribar a esa meta. Los primeros conseguían esa (volviendo a citar al gran intérprete italiano de la Tradición: Evola) ´autarquía´ que no les hacía verse alterados por ningún tipo de condicionamiento inserido en la psique  por influjo del exterior ni ser, asimismo, mediatizados por las ´circunstancias´ (que diría Ortega y Gasset). Y llegaban a ser ´autarcas´  tras experimentar la transmutación (tradición hermética dixit) interior como consecuencia de un disciplinado, arduo y metódico proceso descondicionador (conocido como Iniciación) necesario para aspirar al Conocimiento de esa Realidad Trascendente a la que aludíamos párrafos más arriba y necesario, también, para la Integración ontológica con dicha Realidad Suprasensible. Sobra decir que el desasosiego y cualquier especie de inquieto y compulsivo afán provocador de ansiedades y angustias existenciales quedaban drásticamente extirpados en esas naturalezas propias de Hombres Superiores (de Hombres Absolutos, Verdaderos  o Integrales), pero cabe, asimismo, señalar que de entre los segundos tipos de hombres (el de los que eran incapaces de gobernarse totalmente a sí mismos) los había que también eran conscientes de que en su ser anidaba lo Absoluto Imperecedero aunque no pudiesen –por las dos diferentes causas ya señaladas- actualizarlo (hacerlo pasar de potencia o posibilidad a acto), mientras el resto de sus congéneres –dentro de este segundo tipo de hombres- se contentaban con la creencia en entes sobrenaturales y/o en divinidades pero no llegaban ni a vislumbrar la idea de un Principio Supremo ni            –siguiendo a Aristóteles- de un Motor Inmóvil que se hallara en el origen –y más allá- tanto de esas deidades como del mismo mundo manifestado. Pues bien, ambos grupos de hombres –aun incapaces del autodominio interior- hacían girar sus respectivas existencias, a pesar de sus limitaciones, en puntos de referencia Superiores –a través de la devoción a la divinidad- y esto les posibilitaba el que -aunque no hubieran roto las cadenas que los esclavizaba a pasiones, deseos, sentimientos sobredimensionados, pulsiones e instintos primarios- sus prioridades existenciales mirasen más frecuentemente a lo Alto que a lo mundano y a lo bajo e igualmente les ayudaba a comprender el escollo que, parar intentar acercarse a lo Alto o para estar a bien con ello, representaba –y representa- la obsesión por lo mundano. Así pues, por ejemplo, el deseo por poseer bienes materiales se minimizaba o, al menos, no se hacía obsesivo e insaciable tal como acontece al hombre común que monopoliza la tipología humana de los tiempos actuales.

     El ´señor de sí mismo´ era conocedor de los misterios del cosmos y sabía que todo el mundo manifestado tenía un origen común, pues derivaba, por emanación, de un  Principio Eterno e Indefinible (que René Guénon y cierta metafísica denominaron como el No-Ser o como la Posibilidad Universal) que al manifestarse pasaba de potencia (=de Posibilidad) a acto.  El Hombre Reintegrado concebía a la totalidad del cosmos de manera unitaria, ya que, no en vano, repetimos, el origen de éste era común. Así pues, para este Hombre Integral todo aquello que le rodeaba formaba un todo con él mismo. No existía, para sus certidumbres, una discontinuidad entre el yo y el tú o entre sujeto y objeto. Es más, él no concebía estas mismas categorías (yo/tú, sujeto/objeto) como dotadas –cada una de ellas, por separado- de una entidad autónoma, pues de concebirlas admitiría un dualismo disconforme con su visión unitaria del mundo manifestado. Es así que para este Hombre Absoluto lo que le circundaba no era disímil con respecto a él mismo, sino que, al contrario, formaba un todo con él y suponía una continuidad con su ser. Cualquier impulso de deseo de posesión quedaba, por absurdo, totalmente desvanecido; no tenía razón de ser. Y es que se desea lo que uno no tiene: lo que nos es diferente y, por tanto, ajeno a nosotros. No cabe, por el contrario, la sed posesiva hacia lo que forma parte de uno.

     En el Mundo Tradicional el hombre luchaba por construirse desde dentro. Lidiaba,  primero, por liberarse de los condicionamientos que dominaban a su psique y a su cuerpo. Bregaba, después, para que en su alma ya libre de escorias de lo irracional y de   instintos primarios se acabara por reflejar la Realidad Trascendente que, cual semilla que tiene que germinar, habita en cada uno de nosotros. Bregaba, así, para que su alma se convirtiera, de este modo, en una especie de limpio y reluciente espejo en el que se reflejara el Espíritu; para que su alma se espiritualizara y se hiciera, así, imperecedera. Luchaba, por ende, por conquistar la Inmortalidad (del alma).

     Por el contrario, en el mundo moderno el homo vulgaris se agita “construyéndose” desde afuera. A diferencia del Hombre de la Tradición, el hombre común no lucha por Ser –no lucha por Despertar a una Realidad Superior e Integrarse totalmente en ella- sino que se convulsiona con el objetivo de aparentar. No vive centrado en su Realización Interior sino que lo hace obsesionado en la imagen que de él pueden llevarse los demás. Su accionar sólo pugna por lo externo y por las formas y nunca por lo interno y la Esencia. En su afanarse por las apariencias, el hombre común se inquieta enfermizamente por adquirir todos los bienes materiales necesarios para poder mejor impresionar a sus semejantes. Se aboca, pues, al consumo descontrolado y compulsivo.

     Pero con la adquisición de nuevos productos -de todo género- y de bienes materiales no se muestra nunca conforme y satisfecho puesto que en el reino de la cantidad no existen los límites ni las metas liberadoras; justo al contrario de lo que acontece en el Reino de la Calidad en el que la Gran Liberación y la Gnosis de lo Trascendente representan la meta a lograr. La cantidad –el número- llama a más cantidad. El hombre moderno se agita insaciablemente por consumir más y más y, además, se apresta con urgencia a intentar compensar su vacío interior y su incapacidad de introito con sostenes externos (la imagen física, los ropajes y los enseres y bienes poseídos) que disimulen esa oquedad interna.

      El Hombre de la Tradición no hesitaba sobre la certidumbre de que en el desapego con respecto a las ataduras representadas por el subconsciente, lo telúrico y lo material se hallaba la base de su auténtica libertad. ¡Acaso resulta tan difícil el percatarse de que el apego a la materia y a las fuerzas irracionales tan sólo produce desdicha,  insatisfacción, infelicidad, ansiedad sin fin y dependencia esclavizante y de que dicho apego supone la gran causa de la actual avasalladora proliferación de existencias agitadas!

 

                                                                                  Eduard Alcántara

A crise de liderazgos na política galega

A crise de liderazgos na política galega

LA CRISIS DE LIDERAZGOS EN LA POLÍTICA GALLEGA
La crisis de liderazgos en la política autonómica gallega es bien patente desde el retiro forzado de dos grandes animales políticos, como fueron Manuel Fraga Iribarne, presidente fundador del PP y el nacionalista de izquierdas, Xosé Manuel Beiras Torrado, líder del Bloque Nacionalista Galego. Cuando el BNG era la segunda fuerza parlamentaria, los debates parlamentarios entre Fraga y Beiras, entre el entonces presidente de la Xunta y del líder de la oposición, eran sin duda auténticos combates de dos grandes pesos pesados, donde buena oratoria, ingenio y originalidad, así como vastedad de cultura se oían en el hemiciclo compostelano de San Caetano.

Eran tiempos donde el PP gobernaba holgadamente por mayoría absoluta. “Don Manuel” gobernaba cual virrey, el reino de Galicia, a golpe de públicas inauguraciones maratonianas y con su consiguiente auto-bombo retransmitido en los noticieros de la Televisión de Galicia. Fraga se olvidaba a conciencia de lo fundamental: fomentar desde lo público un tejido económico industrial, pero habría sido contradictorio con las políticas ultraliberales de Rato y Aznar. Y como rey absoluto era respetado en su partido. Con grandes dosis de cinismo, como si el PPdeG fuese monolítico a los ojos del electorado, las dos tendencias del PP gallego se apuñalaban mutuamente en los últimos años del fraguismo: Eran los tiempos de los de la “boina” y los del “birrete”.

Los de la “boina”, sector populista con algunos rasgos galleguistas y de implantación eminentemente rural, eran mal vistos en la madrileña sede de la calle Génova. El ya fallecido Xosé Cuiña era por entonces quien llevaba el bastón de Fraga, su “delfín” y por entonces máximo representante de esta facción de la “boina”. Fue un hombre peligroso a los ojos del equipo de Aznar, un sedicioso de las directrices “neocon” de FAES. Políticamente fue sacrificado cuando se destapó el beneficio y lucro que sus empresas habían obtenido a raíz de la desastrosa marea negra que asoló las costas gallegas el petrolero Prestige. Fraga, cual Saturno, devoró a su hijo político Cuiña, un hombre con rasgos caciquiles, pero también con un liderazgo entre el electorado rural. Aplacó así Fraga las ansias de poder de los barones-caciques de la facción de la “boina”, dando la sucesión al sector del “birrete”, al actual aspirante Núñez Feijóo, hombre del completo agrado de Madrid.

Otro gran peso pesado del PSdeG-PSOE, el ex alcalde de A Coruña, igualmente deja la política al perder su mayoría absoluta. También fue salpicado entre grandes sospechas de enriquecimiento personal con “empresas familiares” tanto en el ámbito inmobiliario como por concesiones con favoritismo dentro del sector energético. Francisco Vázquez Vázquez, pasó de su ciudad-estado A Coruña a otra ciudad-estado en su exilio dorado como embajador del Vaticano. Zapatero se sacaba del medio a un “barón guerrista” y crítico a su política de concesiones a nacionalistas al mismo tiempo que daba el espaldarazo al candidato del PSdeG-PSOE, a un hombre gris y sin carisma alguno como es Touriño.

El PSOE nunca ha poseído líderes destacables como aspirantes a presidentes de la Xunta. Siempre ha contado con candidatos sin liderazgo, a diferencia del BNG. ¿Quién se acuerda del tecnócrata González Laxe o de Sánchez Presedo? El único político con carisma y liderazgo que ha tenido el PSOE gallego ha sido el ya citado Paco Vázquez. Un político que se limitó, se acobardó y que huyó ante cualquier combate electoral con Fraga. Paco Vázquez si hubiese tenido vocación de líder, habría organizado y liderado para la comarca de Coruña, una gran área metropolitana junto con ayuntamientos limítrofes y con Ferrol. Habría dado así lugar a la creación de una de las más importantes ciudades del noroeste atlántico, similar al grande Oporto portugués o al gran Bilbao. Paco Vázquez, no se atrevió acometer esa magna empresa y retirar a Fraga antes de lo previsto. Prefirió Paco Vázquez la política fácil: rivalizar aldeanamente con Vigo y reclamar la L de La Coruña. Paco Vázquez no logró invertir los estatus de las tres grandes ciudades-motor del eje atlántico gallego: Santiago como capital administrativa y espiritual, Vigo como capital industrial y Coruña como capital de servicios así como capital masónica (o liberal).

F.Traspedra

Reflexións sobre as autonómicas galegas do 2009

Reflexións sobre as autonómicas galegas do 2009

¿NOS MIENTEN DELIBERADAMENTE?
Leíamos con atención una entrevista realizada el 14.12.08 en el diario La Voz de Galicia, donde el presidente de la Xunta Emilio Pérez Touriño, nos ofrece un titular insulso en el que pide solapadamente mayoría socialista para gobernar sin el BNG, algo por otra parte imposible: “Quiero un cambio con más fuerza para que Galicia no quede varada”… Lejos de este mediocre titular, el resto de la entrevista es insulsa y propia de un periodista cortesano, con poca sagacidad para que sean tan flojas y melifluas las respuestas por parte de un dirigente político.

Touriño, fue un hombre que antaño ocupó cartel electoral del Partido Comunista de España. Estuvo más preocupado en su día por las teorías sobre la supraestructura económica explicada por el materialismo histórico y por encontrar cobijo en un PSOE prometedor en los años 80 que por la auténtica cultura espiritual explicada por los viejos identitarios galleguistas.

La entrevista, por supuesto, se realizó en castellano. El pésimo nivel oral de lengua gallega que posee el candidato socialista -al igual que Pepiño Blanco- no da para más que unas cortas declaraciones. Y la fobia al idioma gallego se hace más que patente en un Mariano Rajoy. Rajoy ha demostrado que solo es gallego para beber buen vino albariño y comer marisco. ¿Alguien le ha escuchado hablar en gallego, al menos en la intimidad como a Aznar? ¿O bien padece ese auto-odio propio de los señoriítos de la burguesía galaica?

¿ESTÁ LA COMUNIDAD GALLEGA VARADA?
Los males endémicos de la economía gallega se perpetúan y el tejido productivo gallego merma por diversos factores: envejecimiento de la población, abandono total de sectores primarios como los sectores de la pesca, ganadería y agricultura, deslocalización por causa de la globalización de sectores industriales como el textil, cortapisas al sector naval, etc.

Sin duda ésta comunidad está varada. Lo estuvo con Fraga y el PP y lo sigue con el bipartito PSOE-BNG. En el periódico más joven de la comunidad gallega, proclive al PSdeG-PSOE, Xornal de Galicia, podíamos leer en su primera cabecera un titular, que era como mínimo para no volver a comprarlo:”Galicia medra mália crise”. Parece que Touriño y Quintana no leen las encuestas del paro en Galiza. Porque si Galiza crece a pesar de la crisis, seguro que seremos objeto de estudio por algún seminario sesudo de alguna universidad estadounidense. Sin duda, nos mienten abiertamente.

Y NADA CAMBIARÁ para la mayoría silenciosa.
El 1 de Marzo, ciertamente poco o nada cambiará en la actual configuración del hemiciclo compostelano de San Caetano. De nuevo la artillería del PP, nos machacará con tópicos típicos sobre un bipartito PSdeG/PSOE-BNG mal avenido e ineficaz y viceversa. “Gracias por nada y adiós al bipartito”, “Crisis, paro, despilfarro=bipartito”, son algunos de los eslóganes elegidos por los Populares para ir pre-calentando motores y empezar a lanzar torpedos bajo línea de flotación al gobierno de Emilio Pérez Touriño y Anxo Quintana.

El gasto desmesurado sobre la cacareada reforma de 2 millones de euros del despacho de Touriño y su nuevo Audi A-8 blindado son ejemplos de los ataques que la derecha ultraliberal ha empezado a descargar contra sus rivales. El despilfarro en tiempos de crisis es una buena arma a utilizar, piensan ellos. Y ciertamente este mensaje puede calar entre el electorado.

La memoria es frágil. Desde las páginas de Identidad siempre recordamos el dúctil manejo de las conciencias. Y en elecciones más todavía. Quien mejor engatusa y mejor ilusiona, tiene como resultado mayor aceptación entre el electorado. ¿Se acordará el electorado de otros despilfarros en tiempos de Fraga, como el proyecto de la Cidade da Cultura del monte Gaiás o el regalo reprivatizado (a manos estadounidenses) por completo de la autopista A-9 Ferrol-Vigo?

Tanto al PP, como al PSdeG o al BNG, no sería desacertado el diagnosticarles un cuadro patológico de demagogia pura y crónica. Un ejemplo: al “virrey” Fraga le criticaban los del BNG que hacía “Festas dos Maiores”, para captar votos entre la 3ªedad a precio de día de baile, bocadillos y tazas de vino. Ahora es el líder del BNG Anxo Quintana quien las organiza desde su Consellería de Benestar… ¿Será esto un ejemplo de simbiosis entre un actual Fraga senador y un ex-senador Anxo Quintana?

Al electorado nos gustaría saber más cosas de nuestra clase política. Y no solamente que los altos cargos y demás personal de la Administración autonómica tienen a su disposición 355 coches oficiales y suponen un gasto mensual de 166.157€, añadiendo unos 2.230€ diarios de combustible. Sería una delicia amarga, el saber más cosas que la prensa y tertulianos callan y otorgan tanto a socialistas como a populares, así como a bloqueiros.

¿Ganará el PP y gobernará el bipartito PSOE-BNG?
Mariano Rajoy, en su día denominado sagazmente como “el señor de los hilillos” por sus patéticas declaraciones con el desastre del petrolero Prestige, irrumpe en la precampaña gallega diciendo que “algo huele a podrido” cuando la Consellería de Industria ha decidido favorecer a unos empresarios frente a otros en el mayor concurso de reparto de energía eólica en Galiza.

Si “algo huele a podrido” a Rajoy, será porque así le huele su futuro al propio Rajoy. También cambiará el status del candidato popular Núñez Feijóo, que habiendo heredado el título de líder de la oposición de su padre político Fraga, verá cómo teniendo más votos que los otros dos aspirantes Touriño-Quintana, seguirá siendo líder de la oposición gallega. Un Partido Popular con mayoritaria implantación rural no logrará sacar a su electorado de casa para votar a Núñez Feijóo. Una cosa era votar por un tipo autoritario y carisma como Fraga, pero ¿movilizarse por un “triste funcionario” como Núñez Feijóo? La esperanza de Mariano Rajoy para reiniciar el improbable camino hacia la Moncloa por tercera y última vez, se verá truncado en ese fatuo Núñez Feijóo. En resumen, no hay esperanza para Rajoy con Núñez Feijóo… ¿tendrá Rajoy otra Esperanza?

EL BNG HA TOCADO TECHO HACE TIEMPO.
El BNG hace tiempo que tocó techo electoral. Son en torno a 225.000 los votos fijos para la formación nacionalista izquierdista. Pasaron los tiempos que fueron la segunda fuerza política durante la oposición eterna al fraguismo.
Habiendo propiciado ellos desde su entorno del NUNCA MÁIS la caída del PP, paradójicamente quien sacó mayor provecho fue el PSOE. Desde hace 2 legislaturas, el BNG no es alternativa política dadas sus perennes luchas internas. Solamente aspira a ser la bisagra del PSOE y ser la tercera fuerza política. Con mantener contenta a su parroquia así como de colocar en la Administración y dar de comer a sus parroquianos tiene más que suficiente. Y así será mientras no hagan su propia “perestroika”.

La gestión de las consellerías por parte del BNG no son en absoluto deslumbrantes. La Consellería de Cultura se convirtió un tour-operador y como guía la conselleira Anxela Bugallo. Se congratulaba llevándose y pagando los favores a los escritores y artistas vinculados al NUNCA MÁIS a la Cuba “libre” de Fidel. Espléndido ejemplo de promoción de la cultura gallega… 1 millón de euros el gasto. Y ciertamente es lamentable ver a una Consellería de Cultura que no se preocupa por el patrimonio de urgente conservación. Solo citaremos un ejemplo: decenas de megalitos en la comarca de A Costa da Morte siguen en el olvido, sin contornos y conservación adecuada. He aquí una muestra del nulo interés por la etnohistoria de nuestro pueblo, por parte de la izquierda falsificadora del galleguismo tradicional e identitario.

Otra Consellería dirigida por la izquierda nacionalista, es la de Medio Rural. Publicitó su conselleiro, Suárez Canal, la creación de un “Banco de Terras” para poner a producir la fértil tierra galaica. Idea buena, pero pequeño parche a un gran mal en un marco de economía ultraliberal dictada desde Bruselas. ¿No iban también a dar solución al enorme problema de los ganaderos gallegos con respecto al sector lácteo? Sobre el sector lácteo así como de otros temas de interés, informaremos desde Galiza en próximos números de IdentidaD.

F.Traspedra

A Loita interior

A Loita interior

LA LUCHA INTERIOR



A menudo, cuando, desde determinadas posiciones, se pretende ofrecer una alternativa al mundo decrépito que nos ha tocado”vivir”, son planteadas una serie de soluciones económico-político-sociales que se piensa que darían al traste con el armatoste que nos oprime exteriormente y nos olvidamos de que también existe otro género de opresión, mucho más profunda, que nos impide ser LIBRES en el sentido menos formal y más existencial de este término. Y es que a lo largo de siglos de decadencia de nuestra civilización el hombre ha ido, paulatinamente, embruteciéndose, por un lado, y, por otro, sometiéndose a los influjos caóticos del submundo emocional que irrumpe desde los estratos más abismales de nuestra mente.
Si se quiere plantear una alternativa integral a los corrosivos tiempos que nos denigran y esclavizan se ha de empezar por librar la gran batalla: la batalla interna que conduzca a la victoria de lo inmutable, de lo fijo, de lo inmóvil y de lo eterno frente a lo variable, frente al marasmo que fluye sin rumbo fijo, frente a lo perecedero y frente a lo mutable y mutante. Que haga vencer a lo impasible y estable frente a lo inestable y contradictorio. Que consiga el triunfo del Espíritu, del Anima de los romanos, del Atman del hinduismo, del Nous de los griegos, de lo Alto frente a los bajos impulsos e instintos, frente a lo emocional, lo pasional, los sentimientos descontrolados y cegadores, frente a lo bajo.
Hemos de aspirar a podernos servir de todo lo sugerente, embriagador y sugestivo que nos “ofrece” maliciosamente el ruinoso mundo que nos rodea como si se tratase de pruebas a superar que nos robustezcan interiormente. Hemos de aspirar a recorrer nuestra vía, nuestro camino transmutador enfrentándonos a los monstruos y titanes, miedos y flaquezas que anidan en nuestro interior y que son despertados, soliviantados, azuzados y espoleados por este plano de la realidad que nos llega a través de los sentidos. Hemos de convertir el veneno en remedio. ¡Que lo que no nos destruya nos haga, cada vez, más fuertes! ¡Que el héroe solar derrote a la bestia, al animal primario que llevamos dentro! ¡Cavalguemos el tigre de nuestras debilidades! ¡Dominémoslo! ¡Que él no nos someta! ¡Que no nos despedace con sus terribles garras! ¡Que no nos destroce! ¡Cavalguémoslo hasta que reviente de cansancio y desista en sus propósitos! ¡Hasta que caiga sumiso ante nosotros; ante y bajo nuestros pies! ¡Destruyamos en nuestro foro interno lo que él simboliza y, así, nuestro Espíritu se enseñoreará de nosotros! De este modo nuestra alma será un espejo del Espíritu y no un receptáculo de lo inmundo que nos subyuga y nos convierte en enanos míseros que se arrastran a lo largo de una pútrida existencia. ¡Seamos caballeros invencibles y héroes indómitos! ¡Hagamos guardia perpetua! ¡Seamos guerreros de ademán impasible! ¡Que nada consiga alterarnos! ¡Tengamos robustez marmólea! ¡Renazcamos a lo Suprasensible a través de una voluntad granítica! La lucha encarnizada contra el tigre existe sólo para los hombres combativos que quieren alcanzar la Inmortalidad; aun en vida. ¡Trepidante combate interior!:
El del Bien contra el Mal. El de lo Solar contra lo lunar. El del Espíritu contra la materia. El de lo vertical contra lo horizontal. El de lo Uránico contra lo telúrico, contra lo pelásgico, contra lo ctónico. El de lo olímpico y heroico contra lo titánico. El de los Asen contra los Gigantes. El de lo aristocrático contra lo que emerge del demos –lo demónico-. El de lo diferenciado contra lo igualitarista. El de lo orgánico contra lo inorgánico. El de lo jerárquico contra lo anárquico. El de la calidad frente a la cantidad. El de lo que tiene forma frente a lo informe, amorfo e indiferenciado. El del Hombre diferenciado frente al individuo-masa gregario. El de la medida, el equilibrio y la proporción frente a la desmesura, el desequilibrio y lo desproporcionado. El de lo lacónico frente a lo ampuloso y farragoso. El de la sensatez frente a la insensatez. El de la constancia frente a la inconstancia. El del vigor frente la abulia. El del valor frente a la cobardía. El de lo viril contra lo afeminado. El de lo inasequible al desaliento frente a lo derrotista y a la molicie. El de la firmeza frente a la pusilanimidad. El de la cordura frente a lo impulsivo. El de la templanza frente a la concupiscencia y el desenfreno. El de la serenidad frente a la voluptuosidad. El de la línea frente a la curva. El de lo recto frente a lo torcido. El de la sobriedad frente a la ebriedad. El de lo impertérrito frente a lo voluble. El de la ética, el estilo y la rectitud frente a la doblez y la corrupción. El de lo señorial frente a lo zafio. El de la franqueza y la sinceridad frente a lo taimado y al engaño. El de la nobleza frente a la ruindad. El de la austeridad frente al lujo. El de la Idea frente al capricho. El de lo patriarcal frente a lo matriarcal. El del Imperium frente a lo tribal. El de lo gibelino frente a lo güelfo. O el de lo de Arriba frente a lo de abajo. O el de lo Suprasensible frente a lo sensitivo. O el de lo Metafísico frente a lo físico. O el de la Conciencia Superior frente a lo inconsciente y a lo subconsciente. O el del Superhombre contra el hombrecillo moderno. O el de la Luz del Norte contra la luz del sur.
¡Ésta ha de ser nuestra más trascendental lucha!

Eduard Alcántara

René Guénon o la madre de todas las confusiones

René Guénon o la madre de todas las confusiones

Reproducimos o interesante artigo de Ernest Milà, extraido do seu blogue INFOKRISIS. A ligazón para os interesados, está no noso blogue . :

¿El "mito inmovilizante"? Es una de las desembocaduras posibles del pensamiento tradicional: si vivimos en la actualidad en una "edad oscura" que responde a la etapa final de un ciclo cósmico, cualquier cosa que hagamos nosotros, pobres mortales, no conseguirá jamás remontar la pendiente de la decadencia y, por tanto, lo más adecuado es replegarnos en nosotros mismos, evitar cualquier "acción exterior" (la actividad política, entre otras cosas) y esperar a que las propias leyes cíclicas del cosmos generen, automáticamente, un nuevo ciclo áureo... Así pues, nada puede hacerse, por que nada se conseguirá... ¿entienden por qué aludimos a que el "mito inmovilizantes" es una de las desembocaduras más perversas del pensamiento tradicional? Sin embargo, existen otras desembocaduras, igualmente, paralizantes. La primera de todas es la indefinición de las propias posiciones. Algunos guenonianos niegan las implicaciones políticas de la obra de René Guenon...


¿IMPLICACIONES POLÍTICAS EN LA OBRA DE RENÉ GUÉNON?

Faltaría más. El artículo que circula hace varios años, firmado por Pietro Nutrizio, nos sitúa ante el gran problema de los guenonianos de estricta observancia: su falta de compromiso con la realidad y su adhesión, muy con mucha frecuencia exclusivamente teórica e intelectual, a lo metafísico en detrimento de lo real y como alternativa a lo cotidiano, sellando una escisión esquizofrénica entre lo vivido y lo deseado, lo pensado y lo realizado. Una de las situaciones menos “tradicionales” que pudieran darse.

Defender que la obra de Guénon carece de implicaciones política equivaldría a decir que la ley de la gravedad no tiene implicaciones físicas. Cuando se tiene tendencia a asomar más de medio cuerpo fuera del balcón, antes o después se cae, tal es el fatal determinismo de la física. Cuando se realiza una crítica al mundo moderno, desde luego, lo que no se está defendiendo son posiciones “progresistas”. Evola, que en esto de asumir compromisos políticos no tiene problemas, define en “Los hombres y las ruinas”, en términos políticos, el “tradicionalismo integral” como “revolución conservadora” y, desde luego, es la clasificación que mejor le cuadra.

Ahora bien, cuando se pretende estar por encima del bien y del mal, de lo divino y de lo humano, está claro que todas las clasificaciones “mundanas”, huelgan. E incluso son negativas porque permiten las simplificaciones: Guénon sería una forma de pensamiento conservador situado en el mismo saco que Evola y, probablemente, que Jünger. Mal asunto para quienes han tenido tendencia a adornar a Guénon con la aureola de la infalibilidad. Frecuentemente, los guenonianos han tenido tendencia a ir más allá de donde el propio Guénon llegaba.

Si el mundo tradicional era un mundo integrado en el que religión, sociología, historia, política, sexualidad, trabajo, se situaban en distintos planos, pero todos partícipes de la misma realidad, resulta evidente que el “tradicionalista integral” tendrá una opinión sobre cada uno de estos planos, resulte cómodo o incómodo formularla. Una doctrina es la suma de una interpretación de la historia, una sociología, una política, una sexología, etc. Está claro que, por ejemplo, Guénon no aportó absolutamente nada sobre sexualidad, pero no por ello, el “tradicionalista integral” está forzado a eludir la materia. Hubo de llegar Evola para reunir materiales sobre este tema en “Metafísica del Sexo”. La opinión de Guénon sobre la alquimia y el hermetismo, fue particularmente hostil y limitada; Evola desarrolla el tema en “La Tradición Hermética” desde un punto de vista tradicionalista irreprochable que parte de la distinción guenoniana entre civilizaciones tradicionales y civilizaciones modernas. La masonería y el rosacrucianismo, es analizada por Evola en la última parte de “El Misterio del Grial y la Tradición Gibelina del Imperio” y luego, desarrollada, en varios artículos refundidos en un volumen único sobre la masonería. Ningún lector de Evola se llama a engaño: ha sido vacunado y no se aproximará a una logia con la esperanza de adquirir algo que allí precisamente no encontrará, una iniciación tradicional efectiva.

Incluso en el terreno de la metafísica y la acción tradicional, hace falta “mojarse”; mojarse implica comprometerse. Y un intelectual debe comprometerse, so pena de crear la confusión entre sus lectores.

Los libros de Guénon se han traducido a todos los idiomas y hoy son accesibles en Internet para quien quiera leerlos. Guénon ha tenido discípulos notables que se han inspirado en sus escritos y, a su vez, han escrito otros textos no menos inspirados. Incluso en ambientes masónicos es de buen tono realizar alguna cita de Guénon. Frecuentemente, los seguidores de Guénon se han reclutado en la vieja extrema-izquierda trotskysta, la que mejor se ha aproximado, por el paroxismo dogmático y la sistematización obsesiva propia del ambiente ideológico del que procedían. Lo sorprendente, en realidad, es la multiplicidad de formas e interpretaciones diferentes que han surgido de las distintas lecturas de Guénon: la falta de concreción hace que cada cual, en medio de una subjetividad absoluta que tiene mucho que ver con las imprecisiones de la obra guénoniana, asuma aquel aspecto que le interese más o que esté más predispuesto a asumir. Ciertamente, la obra de Guénon predica la objetividad, pero es, en sí misma, subjetiva (a este respecto los contenidos de las “Recensiones” de Guénon son de una dureza difícilmente igualable que destila poca serenidad).

Desde 1945, toda doctrina que no se considere políticamente progresista está desacreditada de partida. Los guenonianos de estricta observancia consideran que es mejor huir de cualquier definición política –aunque el pensamiento de Guénon lleve directamente a orientaciones “conservadoras” y no, precisamente, al progresismo más acrisolado- para lograr un cierto “reconocimiento” que facilite la difusión de su pensamiento. Dice Pietro Nutrizio: “la doctrina que se expresa en la obra Guénoniana escapa por su naturaleza propia a cualquier contaminación política en el sentido moderno -sean cuales sean, por otra parte, sus tendencias y "coloraciones"". Al parecer, “contamina” todo lo que obliga a pronunciarse, a tomar partido, a llegar a las últimas consecuencias “físicas” de un pensamiento planeante en las altas esferas de lo “metafísico”.

Los Guenonianos y el propio Guénon, sitúan su pensamiento a tal “altura” que resulta imposible realizar un engarce con la realidad contingente. Cualquier intento de “restauración tradicional” debe, pues, realizarse en el “plano metafísico” y, por tanto, debe contar con la colaboración de fuerzas “trascendentes”. Nutrizio explica: “su puesta en acción, para que sea verdaderamente eficaz, debe provenir de una fuente intelectual trascendente y universal que sea al mismo tiempo su justificación y su garantía”. Dicho de otra manera: para que valga la pena intentar un esfuerzo tradicional, habrá que contar con una “élite” inspirada por “lo divino”. No es nada original. El pensamiento católico tradicional lo sostiene desde la más remota antigüedad y la teología católica lo ha explicado en distintas épocas.

Si existía un medio capaz de entender este mensaje eran precisamente los medios católicos y, probablemente, si el pensamiento guénoniano se hubiera formulado de una manera más inteligible, no se habría diferenciado mucho de una teocracia sacerdotal, pura y simple. Y en los años en los que Guénon formulaba todas estas ideas, existían grupos monárquicos que sostenían, precisamente, lo mismo. Evola lo entendió sin dificultades y lo mantuvo hasta el final de su vida. Eran los monárquicos tradicionalistas quienes mejor podían entender el mensaje del tradicionalismo integral. Ahora bien, estos sectores estaban, políticamente, implicados en batallas perdidas. De hecho, en el siglo XX eran ya arcaísmos que, cuando intentaron “adaptarse” se rompieron en mil pedazos (en este sentido, las vicisitudes del carlismo español son significativas de lo que ocurrió en este sector). Los jacobitas ingleses, los legitimistas franceses, los monárquicos italianos, el Herrenklub prusiano, no estuvieron en condiciones de reformular sus principios haciéndose atractivos para la sociedad moderna y no advirtieron a tiempo la velocidad asindótica con la que cambiaba el mundo desde principios del siglo XX.

La obra de René Guénon, claro que tiene implicaciones políticas, sólo que Guénon fue el primero en huir de este terreno, pero no puede eludirse reconocer la realidad tanto de su contenido como de ciertos contactos. Guénon no colaboró jamás con “L’Humanité” órgano del Partido Comunista de Francia, ni con la “Pravda”, del Partido Comunista de la Unión Soviética, ni siquiera con el “New York Times”, pero pudo publicar sus artículos en la revista “Il Regime Fascista”. Evola lo introdujo, aun a pesar de que él tampoco era fascista, valoraba los aspectos del fascismo y sus posibilidades para favorecer la extensión de las ideas tradicionalistas, de la misma forma que luego se adhirió –sin ser fascista- a la República Social Italiana, cuando la guerra estaba perdida y quienes asumieron esa opción eran, seguramente, los elementos más sinceros: una “élite” que resistió hasta los últimos días de la guerra los bombardeos americanos, las exacciones y crímenes de los partisanos, la indiferencia y la traición.

Y es que si estamos hablando de “élites”, la prueba del fuego es la mejor de todas. Lo más dramático para los medios guenonianos es que, frecuentemente, las élites tradicionales se forman al margen suyo, incluso desconociendo sus tesis, mientras que, los grupos que responden a las líneas guénoniamas (véase la difusión del budismo tibetano en Occidente, por ejemplo) ha resultado catastrófica, incluso para los propios tibetanos. No hay élite sin prueba, no hay prueba que no implique compromiso, no hay compromiso en la ambigüedad. La obra de Guénon al desconsiderar sus desembocaduras prácticas, introduce un peligroso elemento de ambigüedad y duda. Para colmo, algunos de sus partidarios de estricta observancia, al negar la ubicación del pensamiento guénoniano en la “derecha cultural” y al evitar tomar partido, han tendido a acentuar los aspectos teóricos, las discusiones intelectuales sobre el sexo de los ángeles, sobre la práctica (¿qué practica?, a todo esto) tradicional.

Si no se recomienda ninguna vía práctica, lo que se está induciendo es a permanecer en el terreno de la intelectual y libresco y en lo meramente especulativo. El narcisismo propio de lo humano hace que, acto seguido, aparezca la noción de “élite”. “Domino la casuística guénoniana, luego pertenezco a una élite intelectual”. Cuando en realidad el concepto debería ser “Practico una vía tradicional, luego aspiro a formar parte de una élite espiritual”.

La figura de Guénon, no lo olvidemos, surgió del magma de los medios ocultistas franceses. Llama la atención algunos contactos de su juventud y algunas de sus iniciativas en aquella época, que pueden ser calificados, pura y simplemente, de pueriles y resulta difícil explicar cómo logró tomarse en serio a algunos de los personajes que aparecieron en su vida en aquellos momentos. Así mismo, hay que leer el “Dossier Reyor” para advertir que, también en él, existía una diferencia notable entre los principios que sostenía y la realidad de quien lo sostenía. El Guénon, adicto al tabaco, dice muy poco de las técnicas que utilizó para ejercer un dominio sobre sí mismo. La violencia con la que ataca en sus recensiones, a algunos de quienes no compartían exactamente su posición, aun situándose en el mismo terreno, dice menos sobre su serenidad interior. Lo ambiguo de algunas de sus consideraciones sobre temas capitales (la “contrainiciación”, por ejemplo y sus formas de manifestarse, las famosas “desembocaduras prácticas”, por citar unos ejemplos) dan la sensación de que, en el fondo, existe una debilidad teórica. Reyor explica en su dossier que en sus conversaciones con Guénon nunca llegó más allá de lo que se decía en sus libros.
En la cuestión de la “forja de la élite”, Guénon y Evola están de acuerdo: es preciso reunir a una “élite espiritual” para acometer un trabajo de “reconstrucción tradicional”. Bien, pero ¿cómo se forma esa élite? O dicho de otra manera: ¿cómo la élite demuestra que es tal? En la realidad, no en el platónico “mundo de las ideas”. De ahí que Evola recomiende la vía de la acción política como forma de voluntarismo, activismo, renuncia a uno mismo, entrega, sacrificio, voluntad y fortaleza para construir el propio destino. De las muchas vías posibles, la política es la que entraña más dificultades y riesgos. Ahí la “prueba” es mayor. Y es ahí, precisamente, en donde la élite se forja con mayor dureza.

Lo que dice Guénon en torno a esto, sin embargo, es descorazonador e implica altas dosis de idealismo y optimismo: "En suma, la élite trabajará primero para sí misma, puesto que, naturalmente, sus miembros obtendrán de su propio desarrollo un beneficio inmediato y que no podría faltarle, beneficio que constituirá por otra parte una adquisición permanente e inalienable; pero, al mismo tiempo, y por ello mismo, aunque menos inmediatamente, trabajará también necesariamente para el occidente en general, pues es imposible que una elaboración como ésta de la que se trata se efectúe en un medio cualquiera sin producir más tarde o más temprano considerables modificaciones; además, las corrientes mentales están sometidas a leyes perfectamente definidas, y el conocimiento de estas leyes permite una acción de una eficacia muy distinta a la derivada del uso de medios totalmente empíricos". Traducido a términos más comprensibles: una élite dueña de sí misma y dotada de conocimiento metafísico, primero se forjaría a sí misma y luego intervendría para rectificar el rumbo de “el occidente en general”; al conocer las leyes que dominan las “corrientes mentales”, tendría de una eficacia inigualable… o no, vaya usted a saber. El narcisismo propio de las pretendidas élites suele hacer perder perspectiva.

Comentando este texto, Nutrizio añade: “Lo que acabamos de decir nos parece suficiente como para que se comprenda que la obra de R. Guénon no puede en absoluto integrarse en acción o "cultura" alguna que tenga relación directa o indirecta con un tipo cualquiera de "política". Vamos a ser claros: la frase de Guénon que se acaba de citar, extraída de “Oriente y Occidente” y a la que Nutrizio otorga tanto valor, apenas es un compendio de vaguedades de tal manera que resultaría difícil ser más ambiguo. Porque ni hay élite, ni hay estructuras para alumbrar esa élite inencontrable, ni hay “pruebas” para demostrar que quien se pretende miembro de la élite, verdaderamente lo es. Es famoso que Theodor W. Adorno era capaz de elaborar una teoría completa sobre la sexualidad y el comportamiento sexual de los adolescentes… pero murió tras recibir la impresión de que una alumna se le desnudara en clase. Una cosa es enunciar una tesis coherente, otra muy diferente vivirla a dos metros de distancia. Adorno falleció en el intento. Guénon se tuvo que ir a El Cairo.

Las querellas intestinas –hasta lo ridículo, hasta lo absurdo, hasta la carcajada, hasta la payasada- que han protagonizado los medios Guenonianos (insistimos, hay que leer detenidamente el texto de Jean Reyor para hacernos una idea de lo que ocurría en los medios guenonianos, incluso con Guénon vivo) no dicen mucho a favor de la “élite” Guénoniana.

A decir verdad, en el medio guénoniano, se huye de la prueba. La “élite” se confirma en la práctica, sin embargo la práctica guénoniana, no confirma la existencia de una “élite” guénoniana, sino, como máximo, la existencia de unos guenonianos dispersos que tienen respuestas diferenciadas en muchos órdenes de la vida; el polític,o por ejemplo. Y dicha diversidad es hija directa de la calculada ambigüedad, las medias palabras en las que no se sabe si se sabe más de lo que se dice o, simplemente, es una forma elegante de decir algo sin decir nada, las frases en las que se deja en el aire lo que verdaderamente se ha querido decir y, por tanto, posibilitan distintas interpretaciones.

Para que haya “élite intelectual” debe de haber “iniciación regular”. Tal es la tesis de Guénon. Evola lo acepta esto, pero añade: “Dado que los ritos de iniciación se han alterado y la transmisión regular es discutible, los ritos iniciáticos han perdido eficacia, por tanto las ceremonias iniciáticas no son ni necesarias, ni suficientes para forjar una élite”. El ritual del tantra de Kalachakra, administrado por el Dalai Lama, teóricamente, sirve para preparar a la élite que formará en el momento de la batalla final contra las fuerzas del mal en defensa de Shamballa. Todo esto está muy bien… pero cuando se asiste a la ceremonia del tantra de Kalachakra y se mira al personal sentado en la postura del loto, uno está en su derecho de dudar de la eficacia de la iniciación e incluso de la inadecuación de algunos de quienes lo reciben, aptos sólo para cualquier otra cosa que no sea para liar porros. Y otro tanto habría que decir en relación a los obispos del Palmar ordenados por un obispo católico de forma “regular pero ilegítima” que, a su vez han ordenado a docenas de obispos, en ceremonias no menos “regulares” y no menos “ilegítimas”. Detrás de todo esto lo que se encuentra es un obispo católico vietnamita, bellísima persona, engañado por un grupo de aventureros sectarios. Nada más. Pretender ver en la ceremonia de ordenación del conocido homosexual sevillano conocido como “La Vespa”, hoy elevado al rango de anti-papa, algo más que un error, nada más que un error y solamente un error, es “cogérsela con papel de fumar” y caer en discusiones ridículas ante una enormidad tan evidente como la del Palmar; en síntesis, la mejor forma de desacreditar por vía del absurdo, la doctrina que se pretende defender sobre la “regularidad iniciática”.

¿Hay que recordar que en los medios de los que salió Guénon –y a los que pronto superó ampliamente- este tipo de majaderías estaban en el ambiente y cualquier especie de “obispo” gnóstico, ordenado “regularmente” por cualquier obispo o seudo-obispo, a su vez iniciado por algún obispo “regular” de los márgenes de la Iglesia Ortodoxa, repartía dignidades eclesiásticas? Hasta 1909 u 11, Guénon frecuentó estos medios. A la muerte del patriarca de la Iglesia Gnóstica, le propusieron que asumiera la dirección del grupo. Guénon se excusó, educadamente.

El idealismo de Guénon y de los medios guenonianos es, en ocasiones, una lacerante muestra de ingenuidad a toda prueba. En especial en este terreno de la “iniciación”… que es precisamente el eje central de la temática Guénoniana y, precisamente, donde anida su eslabón más débil en tanto que el más alejado de la realidad.

EL REFUGIO DE LO IDEAL COMO FORMA DE RUINA ENTRE LAS RUINAS

Entre el mundo ideal y el real existe un abismo. Guénon debía de saberlo. Evola siempre lo tuvo presente, de ahí que su teorización sobre la realidad y su análisis fuera mucho más coherente y detallado que el de Guénon. Se puede decir, gráficamente, que Guénon acierta en la lejanía, aludiendo a grandes períodos y ciclos históricos y apunta las líneas de tendencia, pero elude el “cuerpo a cuerpo” con la realidad del momento. Evola, por el contrario, está permanentemente en guardia: cada momento histórico-político le sugiere una vía de la acción. La de ayer no será igual a la de mañana, por que algún elemento de la situación ha cambiado.

El Evola de 1926, propone vías de acción muy diferentes al Evola de 1949 y al Evola de 1968. En Evola hay un permanente esfuerzo por estar en guardia que evidencia un gran sentido de la realidad y un esfuerzo de percibirla tal como es, sin idealismos, sin adulteraciones, sin esquemas interpretativos rígidos que, finalmente, hay se terminan encajando a martillazos.

Se suele decir que Evola completa a Guénon, algo que los Guenonianos de estricta observancia rechazan en bloque: Guénon es, en sí mismo, completo y es a partir suyo y solamente a partir suyo, en donde se encuentran todos los recursos necesarios para entender lo que es “la tradición”. Esos mismos, en el ejercicio pleno de su ortodoxia, opinan que Evola adulteró a Guénon, lo hizo discurrir por canales peligrosos (las proximidades del fascismo), que Evola no tiene en cuenta el “hecho iniciático” y que, finalmente, su doctrina sobre la “Luz del Norte” y la “Luz del Sur” no es tradicional.

En el fondo de sus diferencias, el hecho es que Guénon era un espíritu, en realidad, más teórico que contemplativo, mientras que Evola tiene un perfil llamado a la acción. Ni Evola ni Guénon buscaban discípulos, pero lo cierto es que todos los jóvenes que entre 1950 y 1972, acudieron a visitarlo, recibieron consejos, enseñanzas en forma de cursos y pudieron conversar ampliamente con él. Y siempre, en todo caso, quedaron muy claras cuáles eran las “desembocaduras” que recomendaba. Y estas variaron, por que el tiempo era cambiante.

En 1949, Evola redacta “Orientaciones”, un verdadero manifiesto para el combate. Esa pequeño documento fue utilizado por las últimas generaciones de combatientes de la República Social y por los primeros militantes del Movimiento Social, para movilizarse contra el sistema surgido de la derrota del 45, la masacre que siguió y la ocupación de Europa por la URSS y EEUU. Para Evola, en aquel momento, el combate político era el marco en el que se debía de forjar una nueva aristocracia. De hecho, él mismo veía en el Comandante Borghese un ejemplo a seguir para las jóvenes generaciones: aristócrata, combatiente, militante político.

El desarrollo de las ideas de “Orientaciones”, “Los hombres y las ruinas”, siguen siendo hoy obras fundamentales del pensamiento de la Derecha posterior a la guerra mundial. Se abordan los temas claves del momento. Se apuntan ideas, problemas, planteamientos, soluciones, elementos de programa. Pero la penetración del estilo de vida americano en Europa, fue demasiado profundo como para que este planteamiento pudiera triunfar. Si bien es cierto que miles de jóvenes leyeron “Los hombres y las Ruinas”, se identificaron con su análisis, encontraron una idea para vivir y una solidez ideológica en “Revuelta contra el mundo moderno”, lo cierto es que, en 1969, este ambiente no había podido sobreponerse a la corriente de la decadencia europea y la contestación abrió una nueva brecha. Evola lo había previsto antes, cuando publicó “Cabalgar el Tigre”.

El Evola de “Cabalgar el Tigre” es una corrección del Evola de “Los hombres y las ruinas”. Mientras éste llamaba a la acción contra el sistema, el “último Evola”, el de “Cabalgar el Tigre”, crea otra vía. Percibe en los procesos de disolución más avanzados, verdaderas “ayudas” para la restauración tradicional. Cuando analiza la familia, dice: no es la familia tradicional la que se ha hundido, sino la familia burguesa. O cuando examina el nihilismo contemporáneo y concluye que la grandeza de estos tiempos es que nos obligan a ir más allá del nihilismo por que ya no existe nada a lo que agarrarse, como a un clavo ardiendo. Mientras quedaba alguna esperanza (incluso la esperanza Guénoniana en la “iniciación”) el nihilismo no era absoluto, se permanecía “más acá” del mismo. A partir del reconocimiento de que ya no hay estructuras tradicionales de ningún tipo capaces de remontar la pendiente de la decadencia, a partir de la enumeración de los procesos disolventes que se producen a partir de mediados de los años 60, teniendo todo esto claro y bien presente… si se sigue permaneciendo en pie entre las ruinas, es posible situarse más allá del nihilismo. No hay ni un clavo ardiendo al que asirse: ni iniciación, ni organizaciones tradicionales, ni Estado digno de tal nombre, ni modelo histórico, ni referencia, nada, es el nihilismo absoluto que hay que superar para llegar a la otra orilla.

Evola es consciente de que la política preconizada en “Los hombres y las ruinas”, planteando un combate frontal contra el sistema, es, a partir de ahora, inviable. Si uno intenta detener un alud –y la crisis del mundo moderno, tiene las características de un alud imparable- es arrastrado, inevitablemente, por él. Ahora bien, si la sociedad moderna se percibe con otros ojos, es decir, como la inevitable profundización en la noche oscura que aproximará al nuevo amanecer, entonces, la actitud correcta consiste en no dramatizar en exceso la importancia de los procesos disolventes, encuadrándolos como momentos inevitables de un sistema que tiende a sus consecuencias últimas: la crisis de la familia burguesa, abre el paso a formas de reconstrucción de la familia tradicional; la crisis de los Estados-Nación abre las puertas a la idea de Imperium; la decadencia de “lo político”, permite pensar que, en el límite, volveremos a recuperar la noción de Gran Política; el callejón sin salida de las filosofías existencialistas llevará a una recuperación de la metafísica, no en tanto que especulación, sino como método para adentrarse en el mundo situador más allá de lo físico; la crisis del ejército de leva, permite hablar de nuevo del “guerrero”; y así sucesivamente. Si bien es difícil remontar una pendiente mientras se produce la caída, cuando se ha tocado fondo es más fácil “reaccionar” asumiendo el modelo más alejado de las consecuencias y formas terminales de la última etapa de decadencia.

El Evola próximo al final de su vida, es el Evola que mantiene íntegro el entusiasmo de su juventud. La idea es que estamos ante un “sálvese quien pueda”, las formas tradicionales se hunden, la vida moderna no facilita el seguimiento de una vía tradicional, así pues, es necesario “asomarse al interior”, cada ser humano es una fortaleza, un castillo, que tiene a su alcance los mecanismos suficientes como para alcanzar el límite de sus posibilidades humanas (poco importa si Guénon lo llama “Pequeños Minsterios”). El Zen es una vía desprovista de cualquier aditamento superfluo, una vía desnuda en su pura esencialidad: un ser humano, sentado ante un muro, pero también permite la práctica en la vida cotidiana; mientras se camina, mientras se come, mientras se duerme, y es posible adaptarlo a cualquier forma de vida moderna: el zen en las ventas, el zen en el arte del mantenimiento de la motocicleta, el zen en el arte de la informática, el zen en el tiro con arco, el zen en el arreglo floral, el zen en la lucha con espada, el zen en las artes marciales… Por lo demás, el zen es compatible con cualquier religión: no exige creer ni en Yavhé, ni en Mahoma, ni en la Trinidad. Los ateos no tienen obstáculos en seguir la vía del zen, pero tampoco ninguna religión interfiere con su práctica. No es una creencia, es una práctica. A decir verdad, es una serie de trucos para alcanzar la plena conciencia de sí mismo, el despertar. Demasiado simple para la escolástica guénoniana.

LAS “DESEMBOCADURAS” EN LA OBRA DE RENÉ GUÉNON O LA RUTA DE LA IRREALIDAD

No existe “vía tradicional”, sin “práctica tradicional”. Una teoría tradicionalista que no tenga aplicación práctica, conduce directamente al intelectualismo, esto es al cultivo del ego, a su refuerzo y a su saturación, por no hablar de la pedantería, el snobismo y la fatuidad. Así pues, la obra de Guénon solamente tiene sentido si, a partir de ella, se accede a algún tipo de prácticas concretas. Y aquí empiezan los problemas, por que Guénon soluciones, lo que se dice soluciones, no ofrece. O lo que es peor, sus “desembocaduras” son impracticables y, en cierta medida, desdicen la teoría.

Se conocen las “desembocaduras” propuestas por Guénon: una sería la masonería… la otra la Iglesia Católica. Lo cual resulta sorprendente, habida cuenta de la ruptura histórica, ciertamente brutal, entre masonería e iglesia. Y mucho más significativo es la ausencia de consideraciones sobre la Iglesia Ortodoxa que, en muchos sentidos –la doctrina sobre los iconos, por ejemplo, y la liturgia- está más próxima a los orígenes y que, por lo demás, es perfectamente accesible a los europeos.

Sobre la masonería cabe decir que, efectivamente, en la segunda parte del siglo XX, ha aparecido en el interior de las logias europeas, algunos masones inspirados por Guénon que han llevado su análisis a las “planchas” realizadas en las logias. Pero hace falta ser claro: se ha tratado de elementos aislados, cuyos trabajos han servido para dar cierto “empaque” intelectual a algunas publicaciones y webs masónicas… pero que apenas interesan al grueso de los afiliados atraídos a la masonería por otros motivos muy diferentes.

Hoy no puede afirmarse que, en rigor, exista una masonería “próxima a las tesis de Guénon”. Ni mucho menos. Basta conocer el ambiente que se respira en las logias de Europa Occidental para advertir que, hace ya décadas que dejaron de “elaborar ideas” y que, de ahí ha derivado la crisis de la masonería moderna. No hay que olvidar que la masonería tuvo la iniciativa cultural en Europa y América durante dos siglos. Las logias masónicas están relacionadas directamente con la difusión de la ideología burguesa que llevó a las revoluciones democráticas en todo Occidente. Puede decirse que las logias fueron el “partido de la burguesía revolucionaria”. En las logias se fraguaban las “conspiraciones democráticas y liberales”, pero también las ideas que después ilustraban los regímenes construidos. Cuando en la segunda mitad del siglo XX, este impulso cesó, la inercia hizo que la crisis de la masonería tardase en manifestarse, pero finalmente, en las dos últimas décadas del milenio, apareció en toda su brutalidad: si las logias habían dejado de producir ideas, sólo quedaba la fraternidad masónica, pero esa fraternidad quedaba atenuada y rectificada por la entrada masiva de gentes que, más que identificación con los ideales de “libertad, igualdad y fraternidad”, lo que buscaban era el “apoyo mutuo”, es decir, entrar en una red de tráfico de influencias que, en sus peores momentos, ha transformado la “fraternidad masónica” en “complicidad”. La logia P-2 es buena muestra de lo que decimos, como episodios de amiguismo, corruptelas y estafas puras y simples que han acompañado la andadura de todas las Grandes Logias europeas en los últimos veinticinco años.

Pero Guénon no podía llamarse a engaño en los años 20. Por entonces, era evidente, demasiado evidente que la militancia en la masonería francesa tenía profundas “implicaciones políticas”. La masonería influyó particularmente en la República francesa de las entreguerras y no puede decirse que fuera un gran ejemplo para la sociedad de su tiempo. En los grandes escándalos de la República (como por lo demás en el affaire del “estraperlo” en España), la masonería fue omnipresente.

Para Guénon todo esto no es significativo: “un principio no puede confundirse con la aplicación que del mismo hace una estructura organizativa”. Bien. El comunismo es un gran avance, pero Pol Pot era extraordinariamente perverso. La masonería era una institución “tradicional” y, por tanto, su iniciación era “válida”… a pesar de que algunos de los máximos dirigentes de las Grandes Logias estuvieran implicados en aquellos momentos en escándalos en sus países respectivos. Ahora bien, también es posible que el GULAG y Pol Pot estuvieran implícitos en el minucioso análisis de Marx y Engels y que en la ideología burguesa de las logias, estuviera implícito que el “libertad, igualdad y fraternidad” fiera lugar a Estados inestables, corruptelas sin fin, descontrol, injusticias sociales, un sistema de producción canalla, etc.

La letra pequeña es lo que cuenta: la masonería especulativa creada en 1717 es una degradación de la masonería operativa o de los oficios. Esta tenía un sentido tradicional y específico: hacer del trabajo una vía de acceso a la trascendencia, utilizar el trabajo para vehiculizar sobre él unos símbolos que eran, instrumentos del oficio, pero también y sobre todo, expresiones sensibles de altas ideas éticas y morales. La práctica del oficio templaba el carácter. Existía una iniciación (que todavía hemos podido conocer en los últimos “compagnons” franceses) equiparable a los “pequeños misterios”. Cuando los gremios entran en decadencia, los “comités de patronato” de algunas logias inglesas, formados por “masones adoptados” que no ejercían el oficio de cantero, se fusionan y crean la Gran Logia de Inglaterra. Primero sólo para católicos. Luego abierta para protestantes; poco más tarde, a judíos (no tanto por “liberalidad” como por incorporar a gentes con influencia y medios económicos). Se crean nuevos rituales. Es discutible, incluso, que entre los primeros miembros de la Gran Logia de Inglaterra existiera una “transmisión regular” de la iniciación procedente de los gremios. Pero, aún en el supuesto de que así fuera, desde entonces esos rituales han sido alterados en tantas ocasiones que, finalmente, se han convertido en irreconocibles. Esto sin contar con que, frecuentemente, en los últimos años del siglo XIX y principios del XX, abundaron los personales relevantes elevados en un solo día de Aprendiz a Grado 33… ¿De qué “transmisión iniciática” estamos hablando incluso en el tiempo en el que Guénon escribía sus libros?

Cuando algún masón intenta encontrar justificaciones intelectuales a su presencia en la masonería, inevitablemente llega a Guénon. Y tiene gracia, por que, los dos libros de crítica de Guénon a la modernidad (La Crisis del Mundo Moderno y El Reino de la Cantidad y los Signos de los Tiempos) lo que están denunciando, ante todo y sobre todo, es… el mundo moderno, creado, precisamente, por la ideología masónica.

Resulta curioso que Guénon terminara convirtiéndose al Islam y siguiendo una vía que, como mínimo, debería calificarse de “exótica”, especialmente en aquella época, especialmente cuando tenía en su propio país, una Iglesia Católica en la que hubiera podido comprometerse, como mínimo, con la misma seguridad de que era una “religión tradicional”, tan legítima como el Islam… y además, con raíces profundas en Francia.

En el fondo, lo que ocurrió fue que el propio Guénon fue víctima de la propia rigidez de sus teorías.

Guénon sostenía la necesidad de compartir el anverso y el reverso de la misma moneda, el esoterismo y el exoterismo de cualquier formación tradicional. En la medida en que no percibía en la Iglesia Católica huellas de doctrina esotérica (solamente “rastros” en la doctrina de los sacramentos), y en la medida en que no quiso, pudo o creyó en la naturaleza del compromiso de su amigo Charbonneau con la “Estoile Internele”, una sociedad esotérica católica… terminó convirtiéndose al Islam. Mejor no entrar en las vicisitudes de los discípulos que siguieron su ejemplo. Jean Reyor ya ha aludido ampliamente en su “Dossier” [ver zona de Descargas] a su evolución. En cuanto a Schuon, francamente, mejor aludir solamente a sus primeros escritos y evitar seguir su evolución en los últimos años y, desde luego, cerrar los ojos a los últimos capítulos de su biografía.
Si “todo lo que sube, converge”, según la fórmula de Schuon, la práctica de un “exoterismo” católico, unido a prácticas de meditación zen, no debería de ser desaconsejable. Por ejemplo. Es más, ayudaría a entender mejor el sentido de algunas escuelas de meditación cristianas, desde “La Imitación de Cristo” hasta los “Ejercicios Espirituales” de San Ignacio de Loyola. E incluso, la práctica de un esoterismo, desprovisto de exoterismo, también debería de ser aceptable, pues, no en vano, es la práctica interiorizada lo que abre las puertas de la experiencia espiritual.

En nuestra modesta opinión, las valoraciones de Guénon sobre las “desembocaduras prácticas” fueron extremadamente subjetivas y parciales y generaron pérdidas de tiempo, sino destrozos auténticos en algunos guenonianos. Ignoró o quiso ignorar, o simplemente no le interesó, que en la Iglesia Católica y en la Iglesia Ortodoxa, se encuentran técnicas de meditación que todavía hoy se practican en algunas órdenes religiosas (y mucho más en la época en la que Guénon redactaba sus obras). Ciertamente, no se alude a “esoterismo” pero, es evidente, que se está aludiendo a lo mismo. Si ahora, resulta que los textos clásicos del Siglo de Oro, de nuestros grandes místicos, no pueden ser tomados en consideración y toda la literatura mística cristiana medieval, y hay que ir acudir al Islam para encontrar una puerta de acceso al esoterismo… eso supone ignorar los contenidos del catolicismo en el terreno de la realización interior y de la espiritualidad. Harina de otro costal es que Guénon se “sintiera mejor” fuera de Francia, pero incluso allí en Egipto, existían misioneros católicos y estaban presentes órdenes religiosas con las que pudo contactar sin necesidad de romper con lo que era su Tradición de origen, el catolicismo.

Y en cuanto a la crítica según la cual el catolicismo francés había caído en el mero culto exterior, sin raíces espirituales profundas, haría falta preguntarse, a la vista de las grandes masas ululantes y despersonalizadas que acuden a la Meca o a la vista del formalismo ritual extremo de las corrientes mayoritarias del Islam, sino era como mínimo idéntica la situación. Guénon estaba casado, por tanto, no tenía acceso a los altos lugares de la meditación católica, la vida conventual, pero estas órdenes no están cerradas al mundo: Guénon hubiera podido acceder fácilmente, especialmente a los franciscanos, o frecuentar los conventos del císter. Esto lo hubiera mantenido dentro de su tradición originaria y cultural.

Por que, no nos engañemos: nada más fácil que convertirse al budismo tibetano en estos momentos de rebajas espirituales por fin de temporada, pero nada más difícil que asumir íntegramente una tradición que corresponde a otros condicionamientos étnico-culturales, lingüísticos y sociológicos. Tenemos la sensación –muy experimentada, por lo demás- que, salvo en el caso del Zen, a causa, sin duda de su simplicidad y esencialidad, el resto de tradiciones religiosas son difícilmente exportables a otros horizontes geográficos, con otros idiomas de raíces lingüísticas muy diferentes y con otros modelos mentales. La espiritualidad del desierto de la que hace gala el Islam, por lo demás, no es, precisamente, el modelo propio de nuestro entorno étnico-cultural, en donde la multiplicidad de dioses paganos, fueron readaptados en el santoral y en las fiestas cristianas, manteniéndose una frondosidad de matices que está completamente ausente en el Islam.

Guénon no vio, no quiso ver, que el camino más directo hacia la Tradición en la Francia de los años 10-40, era… el catolicismo, como, por lo demás, era completamente evidente. Y si bien en el grueso del catolicismo es posible que existiera una inercia ritualista y un mero culto exterior sin mucho contenido, si existían órdenes que se mantenían próximas a la pureza originaria y cercanas a las fuentes de la Tradición. En lugar de eso, cometió el error –víctima de su propia rigidez conceptual y de un subjetivismo absolutamente incomprensible- de sugerir indirectamente aventuras espirituales de dudosa desembocadura (la masonería) o, simplemente, exóticas (el Islam). De todos sus discípulos y lectores, solamente una minoría, se reincorporó a la tradición católica. A decir verdad, estos fueron sus lectores más coherentes.

EL ISLAM REINVENTADO POR LOS GUENONIANOS

Algunos medios Guénoniamos procedentes de los medios de la extrema-derecha realizaron una conversión sorprendente hacia el islam en la que aparecen distintas fases:

1. Inicialmente, llama la atención que los medios árabes apenas disimularon sus simpatías hacia el Eje en los años 30-40. Hubo islamistas y árabes en las SS y el Gran Mufti de Jerusalén se mostró partidario acérrimo del régimen nazi. En Irak, pero también en el Cairo, se cantaba: “En el cielo Alá y en la tierra Hitler”.

2. Estos medios de extrema-derecha se nutrían en los años 60-70 de una consigna: “Ni Washington, ni Moscú”. Primero Nasser en Egipto (régimen “socialista” laico que contó en los primeros momentos con asesores italianos y alemanes supervivientes del Eje), luego Al Asifa y Al Fatah, la resistencia palestina (en tanto que antisionista, recibió el apoyo y el asesoramiento de excombatientes de la RSI y de las SS), más tarde, el régimen “antiimperialista” de Ghadafi (que fue contactado por diversos medios de la extrema-derecha europea) y,

3. Finalmente, la explosión chiita de Jhomeini en 1978, fueron observados por los medios Guenonianos de extrema-derecha con una admiración creciente. Estos regímenes, hicieron gala de una mezcla de “antiimperialismo” y de teocratismo que fueron reconocidos como propios por los medios de la extrema-derecha guenoniana. Dado que Guénon mismo se había convertido al islam, algunos de sus seguidores, militantes políticos de la derecha, pasaron a hacer otro tanto por convencimiento ideológico, como por la esperanza de que el “antiimperialismo” de Jhomeini diera una salida real al “Ni Washington ni Moscú” que estos medios sostenían en Europa.

Así estaba el panorama a principios de los años 80. En el I Congreso del Frente de la Juventud (1980), un miembro de los “estudiantes islámicos” manifestó su adhesión a la trilogía que entonces defendía Fuerza Nueva: “Dios, Patria, Justicia”. La teocracia antiimperialista de Jhomeini, que no ahorraba invectivas hacia las tres bestias negras de la extrema-derecha de la época (el sionismo, el comunismo y el capitalismo), era mirada con admiración por estos medios y si bien no se produjeron “conversiones” masivas, si es cierto que existió un apoyo real a su causa.

Estos conversos se integraron rápidamente en la vida de las mezquitas, habitualmente frecuentadas por estudiantes procedentes de países árabes, personal diplomático y élites comerciales en tránsito. Existía cierta sofisticación cultural, discusiones de buen nivel sobre aspectos doctrinales y una práctica correcta. A partir de 1995, todo esto iba a cambiar en España con la llegada masiva de inmigrantes procedentes del mundo árabe. La masificación vino pareja al cambio de ambiente en las mezquitas, ya no se trataba de élites culturales y sociales, sino de legiones de inmigrantes, frecuentemente iletrados, con una carga más supersticiosa que religiosa, habitualmente odiando a Europa y a todo lo que Europa era y representaba, no como resultado de una reflexión doctrinal, sino simplemente por rechazo social, étnico y visceral, imanes sin preparación, prácticamente analfabetos, fanatizados y que habían asumido el islam más radicalizado, visceral y supersticioso. Pues bien, ese es el clima que hoy impera en la mayoría de mezquitas de la Vieja Europa. El islam se ha convertido en vehículo del odio social y el facto de cristalización de estos núcleos de inmigrantes.

Hay que recordar a los guénoniamos islamizados que son europeos, viven en Europa y, étnicamente, son europeos; a partir de ahora van a tener que tragar muchos sapos, doctrinales en primer lugar: por que el islam que se está predicando en una mayoría de mezquitas es el islam rigorista, wahabbita, con apelaciones constantes a la guerra santa. Y aquí no estamos hablando en el terreno teórico de la “gran guerra santa”, de carácter espiritual e interiorizado, sino de las “pequeñas miserias” de una guerra de conquista contra Europa.

El “islam real” ha terminado por interferir con el “islam ideal” sólo existente hoy en la mente de los guenonianos islamizados. El drama para estas pobres gentes es que Guénon no les enseñó a definirse… pero la vida les va a obligar a hacerlo: y van a tener que demostrar, si tocan con los pies a tierra, o si son los pies los que vuelan en las etéreas nubes del idealismo más contradictorio con la realidad; van a tener que definirse o por Europa o por el Islam. Van a tener, en definitiva, que diferenciar entre “amigo” y “enemigo”. Es decir, realizar una opción política, ante la cual, las especulaciones metafísicas guénonianas no van a servir de mucho. Lo gracioso es que, a lo peor, de esa elección, depende la propia supervivencia del pensamiento guenoniano.

Qué triste es el mundo de lo contingente que no responde nunca a las especulaciones formuladas en el mundo de las ideas.

© Ernesto Milà – infokrisis – infokrisis@yahoo.es

César Pérez de Tudela e a visión mítica sobre a montaña

César Pérez de Tudela e a visión mítica sobre a montaña

Recentemente podíamos ler na nosa revista "TIERRA Y PUEBLO" adicado ao mundo da Montaña, uns artigos de enorme interese.
Hai tempo que algúns de nós,- namorados e camiñantes dos  nosos modestos cúmios dos Ancares- seguimos de perto as experiencias do montañeiro navarro César Pérez de Tudela. Eís unha curta reflexión da súa caneta, extraido da súa páxina web http://www.cesarperezdetudela.com/ "La mística, la filosofía y el arte en la Montaña"

"Desde el origen del mundo, las grandes religiones tuvieron a las montañas como lugar de refugio. El mito de Khrisna, siete años en la cima del monte Meru, en lo alto del Himalaya, meditando sobre la inmortalidad del alma y el dominio de las pasiones. El Budismo, el Cristianismo, Moisés profeta desde el Sinai, el monte Kailas, lugar de peregrinación de hindues, taoistas, sintoismo... las profundas creencias nacieron en el templo de las montañas, que también fue su primer reducto. “La puerta de las montañas me abren una vida que no tendrá fin”, dijo Ruskin. Después de él han sido inumerables los humanos que han tenido las cimas como escenario. Zaratustra, el viejo profeta y legislador del siglo V. antes de Cristo, “Así habló Zaratustra” de Nietzsche, descendió de las soledades alpinas después de diez años de meditación para divulgar generosamente su sabiduría entre los seres humanos: , ,

Mi personal experiencia es reveladora. Entré en las montañas cuando era un adolescente que sentía miedo ante la vida, lleno de temores y debilidad. Buscaba en ellas mi dimensión, saber quién era, y un conocimiento más hondo de la realidad. Enfrentándome a ellas descubrí la belleza, la alegría y la responsabilidad. Me atrajo su ambiente, su paisaje y sus canciones, con el reto permanente de la escalada que me causaba curiosidad y miedo. Me hice deportista y fuerte por necesidad, cuando solo quería poder seguir a mis compañeros. Años después, iniciada la lucha, quise ser uno de los mejores y sentí la provocación del orgullo. Fui campeón del esfuerzo en la dificultad. Viví con orgullo escalando en todas las regiones de la Tierra arriesgadas montañas. Ahora 50 años después sigo ascendiendo y escalando con fervor las cimas. Ya no busco ser sino pensador de sentimientos. He descubierto por fín que las cimas son el camino de la luz y el sendero vertical que conduce a la cumbre, el mejor lugar para la meditación profunda. Debía de intuirlo desde muy joven, cuando era un entusiasta de la agilidad y del valor, pero he tardado decenas de años en descubrir, que las montañas son fundamentalmente aventura mística y meditación transcendental, el camino que puede llevarnos a la bondad. En este camino largo, peligroso y agotador, me he sentido protagonista de mi vida y también mi propio espectador. ¿No es acaso sorprendente? He accedido a estados superiores de conciencia, sobrepasando el ámbito de lo normal. Estoy vivo después de haber vivido trances que estaban muy próximos al misterioso , del que no es fácil retornar. Dejé el orgullo juvenil, el odio y la ira, tratando de comprender a todos, buscando la humildad que nos aleja de la ignorancia. ¿No es la ascensión y la escalada de las montañas el camino de la juventud inmarcesible, que conduce hacia las grandes preguntas? La cima, en su soledad, misterio y altitud, es metafísica, la relación simbólica de la ascensión física con la ascensión moral, ascensión a las cimas de este mundo, que son las cimas de la vida.

He regresado tantas veces de las altas montañas agotado de cuerpo, enfermo de la altitud, pero con una agudeza en los ojos propia del visionario que ha penetrado en la metáfora de la existencia. Los Alpes nevados llenos de grandiosas paredes, quizás las más difíciles de la Tierra, Andes luminosos sobre las selvas verdes, Andes cárdenos, ocres, blancos... obeliscos de la Patagonia, impresionantes como catedrales de fe, torres inverosímiles de magma en los desiertos de Africa, volcanes de fuego sobre páramos infinitos, Himalayas asfixiantes de la pasión... La verdad la bajó del Himavat (Himalaya) Zaratustra, el profeta oriental, en el que Nietzsche se ocultó, para enseñar al pueblo.

El sendero de las cimas: la enjundia de la vida sin el temor a la muerte, la peripecia vital, el viento del olvido, la soledad del camino, las promesas al regreso de la aventura féliz, Aconcagua, Ruwenzori, Huascaran, Alpamayo, Huayna Potosi, Illimani, Denali, Annapurna, Eiger, Cervino, Lavaredo, Uschba, Elbruz, Trikora, Cotopaxi, Chimborazo, Tirich Mir, Jebel Tubkal, M`Agoum, Bernina, cerro Torre, Olivia, Naranjo de Bulnes... han acaparado mi espíritu, montañas que han encauzado los pasos del hombre recorriendo los distintos caminos de la vida, cambiando nuestra mentalidad, abriéndola al aire y a la luz, llegando a la cima, esa cúspide de verdad, en la que somos y estamos a la vez en el pasado y en el futuro, dándonos cuenta de lo que cuesta recorrer el camino de la cima ¿también de la vida? sintiendo el cuerpo, recreándonos en el cansancio...

La soledad en el camino de la vida me hizo, a mi y a tantos otros, pensador, quizás contradictorio y asistemático, como dicen que fue Cioran. Fui, como Evola, reflexionando hasta edificar una poesía de la existencia sobre las montañas del mundo, y ello me hizo, algunas veces -solo circunstancialmente- ser ese privilegiado que abandonaba el envoltorio físico de lleno de petulancia e imperfección, para acercarme al místico que toca a la , como un profundo que nunca puede llegar a alcanzar.

Las cimas de la tierra me han hecho rico. Me han enseñado la permanente necesidad de La luz de la vida sigue viniendo de lo alto".

As autonómicas galegas do 1º de Marzo, motivos para botar fóra ao Touriño

As autonómicas galegas do 1º de Marzo, motivos para botar fóra ao Touriño

Despois de ollar este vídeo en YouTube (e mais outros), se precisan un diccionário (galego-touriño, touriño-galego) para entender ao actual presidente da Xunta de Galiza , poden consultar: http://touripedia.wikispaces.com/
http://es.youtube.com/watch?v=88Bwl9rAkmU