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CULTURA, HISTÓRIA E PENSAMENTO

ALMAS ARDIENDO, por León Degrelle

ALMAS ARDIENDO, por León Degrelle

 

Sen dúbida, o melhor livro escrito por León Degrelle. Agora podes encomenda-lo em http://www.edicionesnuevarepublica.com  

Jamás fue el universo tan rico, ni estuvo tan colmado de comodidades, gracias a una enorme y fecunda industrialización. Jamás hubo tanto oro.

Pero el oro está escondido en los cofres blindados, más seguro que en las más profundas cavernas.Los bienes materiales, monopolizados, sirven para matar a los hombres y no para socorrerles. Son una razón más para odiar.Han convertido en garras, las manos que los tocan, y en jaguares Los cuerpos humanos que los utilizan.

Sin amor, sin fe, el mundo se está asesinando a sí mismo. El siglo ha querido, ciego de orgullo, ser tan sólo el siglo de los hombres.

Este orgullo insensato le ha perdido. Ha creído que sus máquinas, sus "stocks". Sus lingotes de oro, le podrían dar la felicidad. Y sólo le han dado alegrías, pero no la alegría, no esa alegría que es como el sol, que nunca se apaga en los paisajes que antes ha llenado de ardiente esplendor. Las tristes alegrías de la posesión se han endurecido como púas y han herido a los que, creyéndolas flores, las acercaban a su rostro.

El corazón de los vencedores del siglo, vencedores de un día, está lleno de melancolía, de acritud, de una horrible pasión de apoderarse de todo, enseguida, de una cólera brutal, que se eriza frente a todos los obstáculos.

Millones y millones de hombres se han batido y se han odiado. Un huracán les arrastra, cada vez más desencadenado, a través de los aires encendidos. La lengua seca, frías las manos, adivinan ya, en medio de su delirio, el instante próximo en que su obra de locos será aniquilada. Desaparecerá, porque era contraria a las leyes del corazón y a las leyes de Dios.

El solo, Dios, daba al mundo su equilibrio, dominaba las pasiones, señalaba el sentido de los días felices o desgraciados. ¿Para qué haber sido ambicioso, cuando el verdadero bien se ofrecía sin límites, generosamente, a todos los corazones puros y sinceros?

EL mundo ha renegado de esta alegría, sublime y orgullosa, como los chorros de una fuente. Ha preferido hundirse en los pútridos mares del egoísmo, de la envidia y del odio. Se asfixia en la ciénaga. Se debate en medio de sus guerras, de sus crisis, en medio de los lazos resbaladizos de su egoísta pasión. Aunque se reúnan todas las conferencias del mundo y se agrupen los jefes de Estado y los expertos, nada podrán cambiar. La enfermedad no está en el cuerpo.

El cuerpo está enfermo porque lo está el alma. Es el alma la que tiene que curarse y purificarse. La verdaderamente grande y única revolución que está por hacerse es ésa: aun tan sólo las almas, llamadas por el amor del hombre y alimentadas por el amor de Dios podrá devolver al mundo el claro rostro y una mirada limpia a los ojos purificados por el agua serena de la entrega generosa.

No hay opción: o revolución espiritual, o fracaso del siglo. La salvación del mundo está en la voluntad de las almas que tienen fe.

Extraído del libro "Almas Ardiendo"

Ediçôes Réquila

Ediçôes Réquila

Un novo proxecto editorial nasce en Portugal, Edições Réquila.

Até o de agora, textos de Alfredo Pimenta, António José de Brito ou Julius Evola –entre outros autores- , son algúns dos títulos publicados.

 Para visitar a súa páxina, clicar  http://edicoesrequila.blogspot.com/

O seu enderezo electrónico é  edicoesrequila@gmail.com

A Coruxa de Minerva, por Guillaume Fayé

A Coruxa de Minerva, por Guillaume Fayé

Na nosa sección de ligazóns, recomendamos aos nosos leitores o blogue de Guillaume Fayé, onde poderán atopar textos en português, castelán, inglés, alemán, inglés, etc do grande intelectual nacionalista europeu.  http://guillaumefayearchive.wordpress.com/

  

Extracto de uma conferência de Guillaume Faye na Alemanha em 2006

Recordem as previsões do kali-yuga indiano relativas à idade de ferro, ou seja, aquela da decadência final:
Matarão as crianças no ventre das mulheres, os homens casarão com os homens, e as mulheres com as mulheres, alimentarão as vacas com carne, o herói e o guerreiro serão vexados e banidos, os reis serão ladrões e os ladrões tornar-se-ão reis.

- Uma civilização, uma nação, um povo, uma raça, assemelham-se a uma árvore. As raízes são o fundamento biológico, isto é, o substrato genético, num sentido mais amplo, de onde tudo procede. O tronco, a cultura, é o conjunto das manifestações étnicas de ordem mental e espiritual. A folhagem representa as manifestações exteriores da civilização, da economia, das técnicas, das artes, da potência material. Quando o tronco e a folhagem são feridos ou ficam doentes, a cura é possível enquanto as raízes forem sãs e puderem regenerar o conjunto. Mas se estas últimas forem atingidas pelo desmoronamento demográfico, pela mestiçagem, pela imigração alógena maciça, para além de um certo limiar, não se pode mais voltar atrás, a árvore cai, o povo de cepa e tudo aquilo que criou petrificam-se para sempre na morte, dado que o código identitário desapareceu, foi parasitado e alterou-se.

- Os recursos dos nossos povos feridos existem todavia, como a semente que insiste em viver no gelo e sob a neve, no frio invernal onde cresce a Edelweiss.
Temos a possibilidade de pertencer a uma civilização metamórfica, que sempre soube regenerar-se após crises graves, como a Fénix, a ave que renasce das suas cinzas. Não é no crepúsculo, quando tudo parece perdido, que levanta voo a coruja de Minerva?
É a partir deste momento que é necessário preparar o Renascimento e imaginar o mundo vindouro. Na História, são as minorias activas que vencem.

No seio da mentalidade dos povos de origem europeia, reside essa ideia fundamental de destino, o Fatum dos romanos e a Moïra dos gregos. O destino é aberto e imprevisível. Nada está escrito. O rio da História pode voltar o seu curso. Nenhum Deus pode fazer dobrar Prometeus.

No início do seu Fausto, Goethe dizia, invertendo o provérbio bíblico “ao início era o verbo”: não, ao início era a acção. Penso em boa verdade que ao início estão ao mesmo tempo o verbo e a acção. É necessário falar e escrever para ensinar e convencer, e agir para fazer avançar as coisas. Porque combatemos? Não tanto para nós mas pela herança dos antepassados e pelo futuro das nossas crianças.

Da Resistência à Reconquista, e da Reconquista à Revolução. Renascença e Revolução não são mais ou menos sinónimos?

Existencias agitadas (con notas sobre consumismo)

Existencias agitadas (con notas sobre consumismo)

    No es menester poseer un ojo demasiado avizor para percatarse del profundo estado de agitación y desasosiego que caracteriza el existir del hombre en el seno de esta alienante etapa de la humanidad que el pensamiento Tradicional conoce con la denominación de mundo moderno.  No va a ser el tema de este escrito el de tratar de explicar de qué manera y debido a qué procesos involutivos nuestro coetáneo hombre se ha visto abocado a este desnortado pulular por la vida. Defendemos, en otro orden de cosas, la idea de que más que verse abocado a ello -así, como si se tratase de un sujeto pasiivo- ha sido él el principal responsable de la situación existencial en la que se halla. Y defendemos esta idea porque tenemos la convicción de que, en última instancia, el hombre tiene la potestad de ser libre en la ejecución de todos y cada uno de sus actos,  por mucho de que cada vez más –a medida que discurre la deletérea modernidad- encuentre tremendas dificultades para hacer uso de dicha potestad.

     Sea como fuere el hecho palpable y constatable es el de que nuestro hombre actual ha perdido el norte y no parece dueño de sus actos. Ni de sus actos ni de sus pensamientos, pues si fuera el ordenador de estos últimos sus actos representarían la lógica plasmación de su voluntad e intencionalidad. Nuestro, antes que hombre, hombrecillo se mueve por impulsos. Es el plano irracional el que se ha adueñado de su ser y el que ha devenido en caprichoso y cruel dictador de sus incontrolados actos. Es su subconsciente el que lo tiraniza y lo aboca a actuar de la forma turbadora en que lo hace. Este hombrecillo tan sólo se mueve accionado por pulsiones. Su convulsionada existencia es la consecuencia de haber perdido la centralidad. Ya no conoce de la posibilidad de encontrarse con esa referencia Superior que anida, en forma aletargada, en su interior y que, de poder avivarla, le haría de polo y guía ordenadores de su cotidiano existir. Con la centralidad ha perdido, al mismo tiempo, la polaridad.

     Se debe, pues, colegir fácilmente que el problema principal que se halla en la base de la vida exabrupta del homo vulgaris es el de que éste dejó ha ya mucho tiempo de mirar para dentro de sí y optó, únicamente, por hacerlo hacia afuera de su ser. Decidió ignorar que en sus adentros es posible hallar un plano de la realidad que es de orden metafísico y que, al no ser de naturaleza física, el Identificarse ontológicamente con el mismo le libraría de cualquier tipo de apego y esclavitud hacia lo material; tanto hacia lo material presente en el mundo manifestado como hacia lo material representado por nuestro propio cuerpo cuando éste ha sido arrojado al dominio de lo irracional, de lo primario-instintivo y del descontrol de lo impulsivo.

     Ese apego hacia lo material presente en el mundo manifestado es el que provoca el afán –en términos del budismo- o sed de posesión que se encuentra en la base de cualquier tipo de explicación del fenómeno alienante representado por el consumismo. Y ese mirar exclusivamente ´hacia afuera de uno mismo´ que acontece cuando reina el apego hacia lo material presente en el mundo manifestado explica el contenido etimológico mismo del término existir, que no es otro que el de ´estar afuera´ (ex-sistere) de uno mismo y al que, pensando en la Reintegración y Transformación del homo vulgaris, se le debería de oponer (tal como ya señaló, en su momento, Julius Evola) el concepto de in-sistere: ´estar adentro´ de uno mismo.

    En el seno de las diferentes civilizaciones que, en diversas épocas, encajaron en los parámetros propios al Mundo de la Tradición fueron, básicamente, dos los tipos de hombres que en ellas coexistieron: por un lado, el de aquéllos pocos que eran capaces de (acudiendo a una ilustrativa expresión taoísta) ´ser señores de sí mismos´ y el de, por otro lado, los más: aquéllos otros que no conseguían autogobernarse enteramente, ya fuera por no tener la potencialidad necesaria para ello o ya fuera por no haber mostrado la voluntad necesaria para intentar arribar a esa meta. Los primeros conseguían esa (volviendo a citar al gran intérprete italiano de la Tradición: Evola) ´autarquía´ que no les hacía verse alterados por ningún tipo de condicionamiento inserido en la psique  por influjo del exterior ni ser, asimismo, mediatizados por las ´circunstancias´ (que diría Ortega y Gasset). Y llegaban a ser ´autarcas´  tras experimentar la transmutación (tradición hermética dixit) interior como consecuencia de un disciplinado, arduo y metódico proceso descondicionador (conocido como Iniciación) necesario para aspirar al Conocimiento de esa Realidad Trascendente a la que aludíamos párrafos más arriba y necesario, también, para la Integración ontológica con dicha Realidad Suprasensible. Sobra decir que el desasosiego y cualquier especie de inquieto y compulsivo afán provocador de ansiedades y angustias existenciales quedaban drásticamente extirpados en esas naturalezas propias de Hombres Superiores (de Hombres Absolutos, Verdaderos  o Integrales), pero cabe, asimismo, señalar que de entre los segundos tipos de hombres (el de los que eran incapaces de gobernarse totalmente a sí mismos) los había que también eran conscientes de que en su ser anidaba lo Absoluto Imperecedero aunque no pudiesen –por las dos diferentes causas ya señaladas- actualizarlo (hacerlo pasar de potencia o posibilidad a acto), mientras el resto de sus congéneres –dentro de este segundo tipo de hombres- se contentaban con la creencia en entes sobrenaturales y/o en divinidades pero no llegaban ni a vislumbrar la idea de un Principio Supremo ni            –siguiendo a Aristóteles- de un Motor Inmóvil que se hallara en el origen –y más allá- tanto de esas deidades como del mismo mundo manifestado. Pues bien, ambos grupos de hombres –aun incapaces del autodominio interior- hacían girar sus respectivas existencias, a pesar de sus limitaciones, en puntos de referencia Superiores –a través de la devoción a la divinidad- y esto les posibilitaba el que -aunque no hubieran roto las cadenas que los esclavizaba a pasiones, deseos, sentimientos sobredimensionados, pulsiones e instintos primarios- sus prioridades existenciales mirasen más frecuentemente a lo Alto que a lo mundano y a lo bajo e igualmente les ayudaba a comprender el escollo que, parar intentar acercarse a lo Alto o para estar a bien con ello, representaba –y representa- la obsesión por lo mundano. Así pues, por ejemplo, el deseo por poseer bienes materiales se minimizaba o, al menos, no se hacía obsesivo e insaciable tal como acontece al hombre común que monopoliza la tipología humana de los tiempos actuales.

     El ´señor de sí mismo´ era conocedor de los misterios del cosmos y sabía que todo el mundo manifestado tenía un origen común, pues derivaba, por emanación, de un  Principio Eterno e Indefinible (que René Guénon y cierta metafísica denominaron como el No-Ser o como la Posibilidad Universal) que al manifestarse pasaba de potencia (=de Posibilidad) a acto.  El Hombre Reintegrado concebía a la totalidad del cosmos de manera unitaria, ya que, no en vano, repetimos, el origen de éste era común. Así pues, para este Hombre Integral todo aquello que le rodeaba formaba un todo con él mismo. No existía, para sus certidumbres, una discontinuidad entre el yo y el tú o entre sujeto y objeto. Es más, él no concebía estas mismas categorías (yo/tú, sujeto/objeto) como dotadas –cada una de ellas, por separado- de una entidad autónoma, pues de concebirlas admitiría un dualismo disconforme con su visión unitaria del mundo manifestado. Es así que para este Hombre Absoluto lo que le circundaba no era disímil con respecto a él mismo, sino que, al contrario, formaba un todo con él y suponía una continuidad con su ser. Cualquier impulso de deseo de posesión quedaba, por absurdo, totalmente desvanecido; no tenía razón de ser. Y es que se desea lo que uno no tiene: lo que nos es diferente y, por tanto, ajeno a nosotros. No cabe, por el contrario, la sed posesiva hacia lo que forma parte de uno.

     En el Mundo Tradicional el hombre luchaba por construirse desde dentro. Lidiaba,  primero, por liberarse de los condicionamientos que dominaban a su psique y a su cuerpo. Bregaba, después, para que en su alma ya libre de escorias de lo irracional y de   instintos primarios se acabara por reflejar la Realidad Trascendente que, cual semilla que tiene que germinar, habita en cada uno de nosotros. Bregaba, así, para que su alma se convirtiera, de este modo, en una especie de limpio y reluciente espejo en el que se reflejara el Espíritu; para que su alma se espiritualizara y se hiciera, así, imperecedera. Luchaba, por ende, por conquistar la Inmortalidad (del alma).

     Por el contrario, en el mundo moderno el homo vulgaris se agita “construyéndose” desde afuera. A diferencia del Hombre de la Tradición, el hombre común no lucha por Ser –no lucha por Despertar a una Realidad Superior e Integrarse totalmente en ella- sino que se convulsiona con el objetivo de aparentar. No vive centrado en su Realización Interior sino que lo hace obsesionado en la imagen que de él pueden llevarse los demás. Su accionar sólo pugna por lo externo y por las formas y nunca por lo interno y la Esencia. En su afanarse por las apariencias, el hombre común se inquieta enfermizamente por adquirir todos los bienes materiales necesarios para poder mejor impresionar a sus semejantes. Se aboca, pues, al consumo descontrolado y compulsivo.

     Pero con la adquisición de nuevos productos -de todo género- y de bienes materiales no se muestra nunca conforme y satisfecho puesto que en el reino de la cantidad no existen los límites ni las metas liberadoras; justo al contrario de lo que acontece en el Reino de la Calidad en el que la Gran Liberación y la Gnosis de lo Trascendente representan la meta a lograr. La cantidad –el número- llama a más cantidad. El hombre moderno se agita insaciablemente por consumir más y más y, además, se apresta con urgencia a intentar compensar su vacío interior y su incapacidad de introito con sostenes externos (la imagen física, los ropajes y los enseres y bienes poseídos) que disimulen esa oquedad interna.

      El Hombre de la Tradición no hesitaba sobre la certidumbre de que en el desapego con respecto a las ataduras representadas por el subconsciente, lo telúrico y lo material se hallaba la base de su auténtica libertad. ¡Acaso resulta tan difícil el percatarse de que el apego a la materia y a las fuerzas irracionales tan sólo produce desdicha,  insatisfacción, infelicidad, ansiedad sin fin y dependencia esclavizante y de que dicho apego supone la gran causa de la actual avasalladora proliferación de existencias agitadas!

 

                                                                                  Eduard Alcántara

César Pérez de Tudela e a visión mítica sobre a montaña

César Pérez de Tudela e a visión mítica sobre a montaña

Recentemente podíamos ler na nosa revista "TIERRA Y PUEBLO" adicado ao mundo da Montaña, uns artigos de enorme interese.
Hai tempo que algúns de nós,- namorados e camiñantes dos  nosos modestos cúmios dos Ancares- seguimos de perto as experiencias do montañeiro navarro César Pérez de Tudela. Eís unha curta reflexión da súa caneta, extraido da súa páxina web http://www.cesarperezdetudela.com/ "La mística, la filosofía y el arte en la Montaña"

"Desde el origen del mundo, las grandes religiones tuvieron a las montañas como lugar de refugio. El mito de Khrisna, siete años en la cima del monte Meru, en lo alto del Himalaya, meditando sobre la inmortalidad del alma y el dominio de las pasiones. El Budismo, el Cristianismo, Moisés profeta desde el Sinai, el monte Kailas, lugar de peregrinación de hindues, taoistas, sintoismo... las profundas creencias nacieron en el templo de las montañas, que también fue su primer reducto. “La puerta de las montañas me abren una vida que no tendrá fin”, dijo Ruskin. Después de él han sido inumerables los humanos que han tenido las cimas como escenario. Zaratustra, el viejo profeta y legislador del siglo V. antes de Cristo, “Así habló Zaratustra” de Nietzsche, descendió de las soledades alpinas después de diez años de meditación para divulgar generosamente su sabiduría entre los seres humanos: , ,

Mi personal experiencia es reveladora. Entré en las montañas cuando era un adolescente que sentía miedo ante la vida, lleno de temores y debilidad. Buscaba en ellas mi dimensión, saber quién era, y un conocimiento más hondo de la realidad. Enfrentándome a ellas descubrí la belleza, la alegría y la responsabilidad. Me atrajo su ambiente, su paisaje y sus canciones, con el reto permanente de la escalada que me causaba curiosidad y miedo. Me hice deportista y fuerte por necesidad, cuando solo quería poder seguir a mis compañeros. Años después, iniciada la lucha, quise ser uno de los mejores y sentí la provocación del orgullo. Fui campeón del esfuerzo en la dificultad. Viví con orgullo escalando en todas las regiones de la Tierra arriesgadas montañas. Ahora 50 años después sigo ascendiendo y escalando con fervor las cimas. Ya no busco ser sino pensador de sentimientos. He descubierto por fín que las cimas son el camino de la luz y el sendero vertical que conduce a la cumbre, el mejor lugar para la meditación profunda. Debía de intuirlo desde muy joven, cuando era un entusiasta de la agilidad y del valor, pero he tardado decenas de años en descubrir, que las montañas son fundamentalmente aventura mística y meditación transcendental, el camino que puede llevarnos a la bondad. En este camino largo, peligroso y agotador, me he sentido protagonista de mi vida y también mi propio espectador. ¿No es acaso sorprendente? He accedido a estados superiores de conciencia, sobrepasando el ámbito de lo normal. Estoy vivo después de haber vivido trances que estaban muy próximos al misterioso , del que no es fácil retornar. Dejé el orgullo juvenil, el odio y la ira, tratando de comprender a todos, buscando la humildad que nos aleja de la ignorancia. ¿No es la ascensión y la escalada de las montañas el camino de la juventud inmarcesible, que conduce hacia las grandes preguntas? La cima, en su soledad, misterio y altitud, es metafísica, la relación simbólica de la ascensión física con la ascensión moral, ascensión a las cimas de este mundo, que son las cimas de la vida.

He regresado tantas veces de las altas montañas agotado de cuerpo, enfermo de la altitud, pero con una agudeza en los ojos propia del visionario que ha penetrado en la metáfora de la existencia. Los Alpes nevados llenos de grandiosas paredes, quizás las más difíciles de la Tierra, Andes luminosos sobre las selvas verdes, Andes cárdenos, ocres, blancos... obeliscos de la Patagonia, impresionantes como catedrales de fe, torres inverosímiles de magma en los desiertos de Africa, volcanes de fuego sobre páramos infinitos, Himalayas asfixiantes de la pasión... La verdad la bajó del Himavat (Himalaya) Zaratustra, el profeta oriental, en el que Nietzsche se ocultó, para enseñar al pueblo.

El sendero de las cimas: la enjundia de la vida sin el temor a la muerte, la peripecia vital, el viento del olvido, la soledad del camino, las promesas al regreso de la aventura féliz, Aconcagua, Ruwenzori, Huascaran, Alpamayo, Huayna Potosi, Illimani, Denali, Annapurna, Eiger, Cervino, Lavaredo, Uschba, Elbruz, Trikora, Cotopaxi, Chimborazo, Tirich Mir, Jebel Tubkal, M`Agoum, Bernina, cerro Torre, Olivia, Naranjo de Bulnes... han acaparado mi espíritu, montañas que han encauzado los pasos del hombre recorriendo los distintos caminos de la vida, cambiando nuestra mentalidad, abriéndola al aire y a la luz, llegando a la cima, esa cúspide de verdad, en la que somos y estamos a la vez en el pasado y en el futuro, dándonos cuenta de lo que cuesta recorrer el camino de la cima ¿también de la vida? sintiendo el cuerpo, recreándonos en el cansancio...

La soledad en el camino de la vida me hizo, a mi y a tantos otros, pensador, quizás contradictorio y asistemático, como dicen que fue Cioran. Fui, como Evola, reflexionando hasta edificar una poesía de la existencia sobre las montañas del mundo, y ello me hizo, algunas veces -solo circunstancialmente- ser ese privilegiado que abandonaba el envoltorio físico de lleno de petulancia e imperfección, para acercarme al místico que toca a la , como un profundo que nunca puede llegar a alcanzar.

Las cimas de la tierra me han hecho rico. Me han enseñado la permanente necesidad de La luz de la vida sigue viniendo de lo alto".

CRISE OU O FINAL DUN MUNDO? por Pierre Vial

CRISE OU O FINAL DUN MUNDO? por Pierre Vial ¿CRISIS O FINAL DE UN MUNDO ?
Observadores, exégetas y “expertos” de todo tipo hacen sus análisis y comentarios sobre la evolución caótica de la finanza internacional y sus consecuencias económicas. Se pueden oír muchos tópicos y algunos puntos de vista originarles. Evidentemente, sólo estos últimos merecen algún interés.

Ante todo, estamos frente a una crisis ligada a la naturaleza misma del sistema capitalista especulativo, basado en las máximas ganancias de los detentadores del capital (no confundir con el capitalismo productivo, basado en las inversión de las ganancias en el aparato productivo, tanto el lo que concierne a salarios como a los equipamientos).


¿Qué debemos entender por la expresión “el fin de un mundo” utilizada por Sarkozy?..., precisamente que ese mundo es el suyo y que, por lo tanto, él hará todo lo posible por salvaguardarlo y perennizarlo. Alain de Benoist (en una entrevista para L´Esprit européen publicada el pasado 10 de octubre), estima que “con la actual crisis financiera, no hay ninguna duda de que estamos ante una crisis coyuntural, que corresponde a una ruptura de la lógica y de la coherencia dinámica del conjunto del sistema”. Pero precisamente, ¿una “ruptura de la lógica y de la coherencia dinámica del conjunto del sistema” no es el síntoma de un fracaso debido a la esencia misma del sistema, el cual debe ser acusado des los efectos perversos de su funcionamiento, y, más aún, de las causas no menos perversas que dan lugar a tales consecuencias?

Dicho de otro modo, la crisis, estructural y no coyuntural, ¿no es la demostración de la profunda nocividad del capitalismo especulativo en sí mismo, en razón de su propia naturaleza? En todo caso, éste es nuestro punto de vista. Lo que lleva, sin duda, a un combate sin concesiones, total y permanente, contra ese capitalismo especulativo destructor del destino de las personas, las comunidades y los pueblos.

Lo que es fundamental en la crisis actual, es que obliga, se quiera o no, a lo que Daniel Cohen llama un “revisionismo” de los dogmas del liberalismo tal como se han conocido hasta la actualidad. Cohen, profesor de economía en la Escuela superior y autor, entre otros libros, de Trois leçons sur la société post-industrielle (Seuil, 2006), lanzó la señal de alarma el pasado mes de marzo, después del rescate de la banca de negocios Bear Stearns, en pleno naufragio, por la banca JP Morgan. Declarando: “el castillo de naipes se cae (...), La desconfianza engendra desconfianza y el sistema financiero entra en un ciclo vicioso”. Constatando el derrumbe del edificio ideológico liberal (“el dogma de la mano invisible y de la autoregularización del capitalismo, la liquidación del Estado, el “laissez-faire”, en los mercados financieros”). Le Monde 2 (18 de octubre 2008) preguntó a Cohen cómo interpretaba él la crisis.

A justo título, éste recordó antes que nada, cómo el mundo económico occidental funcionaba, desde 1980, sobre el modelo de la “revolución financiera” (la desregularización del mercado financiero) querida por Ronald Reagan y Margaret Thatcher (dos personajes adulados por ciertos altos responsables de la “derecha nacional” en Francia...). La elección de esta orientación evidentemente tiraba al olvido las políticas de Keynes que, después de la tormenta del 29 habían permitido remontar la pendiente, fundamentándose en principios claros y simples: “La política económica, la política monetaria, la política presupuetaria, pueden regular los ciclos económicos, sostener el consumo y la demanda y por lo tanto la producción, tender al equilibrio y al pleno empleo”. Principios que, sea dicho entre paréntesis, se aplicaron en la Alemania nacional-socialista y en la Italia fascista, algo que evidentemente los economistas se olvidan de recordar.

La línea keynesiana exige que la función política juega su papel de poder soberano para controlar y guiar a la función económica a fin de que ésta mantenga su función de útil al servicio de la comunidad. Esta concepción fue desplazada en los años 80 por las tesis de Milton Friedman y la escuela de Chicago, que preconizaban la inactividad del Estado como principio de la regularización de la economía porque “el mercado sin ninguna regulación es entendido como infalible, el paro como natural”. “Es seguro” apunta Cohen, “que la obra de estos teóricos, este “fundamentalismo del mercado” (...) ha jugado un papel importante en el desarrollo de un capitalismo financiero dejado a su libre albedrío”.

Dicha tendencia ha sido claramente favorecida por la llegada de Alan Greenspan a la dirección de la Reserva Federal Americana “El va a autorizar el dinero fácil, liberar considerable liquidez que favorecieron las operaciones de alto riesgo financiero a crédito. La finanza de mercado va a fabricar una nueva intermediación financiera totalmente al margen e las reglas que pesaban sobre el sistema financiero clásico”. Se ha construido todo una mitología entorno a Greenspan y sus epígonos, financieros y comerciantes de Wall Streer, presentados como los genios de las finanzas, los héros de un capitalismo triunfante, imbuidos de una cínica autosatisfacción “Se comportaba con la arrogancia de los nuevos ricos”, constata Cohen, conjugando “avidez” e “inconsciencia”. Digamos a este respecto que, teniendo en cuenta los orígenes de Friedman, de Greenspan y de varios de los principales actores de la vida financiera americana e internacional (incluyendo al FMI con Strauss-Kahn) ciertos miembros de la comunidad judía, tanto en Estados Unidos como en Francia, se inquietan al ver resurgir una eventual oleada de antisemitismo, como ha ocurrido en ocasión de cada gran crisis.

Desde luego, los apóstoles de una aceleración de la mundialización sacan provecho de la situación, que podría -según ellos, el poder hegemónico, sobre todo el planeta, de las instituciones mundialistas. Estando en primer lugar entre las mismas el FMI (Fondo Monetario Internacional) creado, recordémoslo, como Banca Mundial, en 1944 en Breton Woods (Estados Unidos). Su actual director general, Strauss-Kahn, desveló su plan en previsión de la reunión programada para el 15 de noviembre en Washington: “En el G20 propondré un nuevo plan de gobierno mundial (...) Más allá de su función de bombero y de albañil, el FMI también puede tener, por un tiempo, un papel de arquitecto”

Los primeros resultados de la crisis son fácilmente previsibles. Si algunos esperan una rápida Apocalipsis golpeando al sistema capitalistas, y otros una resorción rápida y completa de la crisis, la evolución más probable es una deteriorización progresiva de la situación económica, social y política, la recesión provocará un bloqueo de los créditos, por lo tanto la axfisia de numerosas empresas, quiebras, fuerte aceleración del parto, con las consecuencias desastrosas que eso implica sobre las familias. Estructuras de producción y de distribución desfallecientes, tanto en el plano energético (electricidad y carburantes) como alimentario, instituciones en quiebra (necesidades en el dominio de la sanidad y de la seguridad no estarán ya aseguradas), afirmación creciente de las identidades étnicas y de los comunitarismos dirigidas contra una Francia percibida como enemiga (ver la Marsellesa silbada en las banderas africanas blandidas como signos de reconocimiento), una situación pre-revolucionarias de grades oportunidades se abre en los próximos meses y en los próximos años.

¿Cómo será vivida esta realidad por los galos que hayan perdido su estatus de consumidores encerrados en su tranquilo egoísmo?

Pierre Vial


Doma y castración del Reino de Galizia.

Doma y castración del Reino de Galizia. Con la llegada de los Reyes, que luego se llamaron Católicos, en el año 1474, al trono de Castilla, se formaron dos bandos en Galicia. Uno que amparaba los derechos al trono de doña Juana, que llamaban la Beltraneja, supuesta hija de Enrique IV y cuyo abanderado en Galicia fue don Pedro Álvarez de Sotomayor, Conde de Camiña, con el apoyo del rey de Portugal, don Alfonso; y otro que seguía a doña Isabel, hermanastra del rey Enrique IV, entre los que estaban el Mariscal don Pedro Pardo de Cela, el Arzobispo de Santiago don Alonso de Fonseca, el Conde de Lemos don Pedro Álvarez Osorio, el Conde de Ribadavia don Bernardino Pérez Sarmiento, el Conde de Monterrey don Sancho Sánchez de Ulloa y don Diego de Andrade. Otros linajes se mostraban renuentes a pronunciarse a favor de uno u otro pretendiente, como el Mariscal don Suero Gómez de Sotomayor y el Conde de Altamira don Lope Sánchez Moscoso.

En las Cortes de Madrigal, de 1476, fue constituida la Santa Hermandad de los pueblos, integrada como una milicia civil, que se reclutaba por villas y aldeas. Estaba destinada a conservar la paz y el orden en los caminos del reino, pero en la realidad se vino a utilizar en Galicia, como el tiempo demostró, para dar cumplimiento a los intereses de los reyes. En tierras gallegas inició su andadura en 1480 y estaba regida por el Arcediano de Camaces, don Antón de Paz y comenzó a actuar bajo la protección de don Diego de Andrade y del Conde de Lemos. A finales de dicho año entraron en Galicia fuerzas de invasión castellanas, al mando de don Fernando de Acuña, hijo del Conde de Buendía, como Gobernador del Reino y Justicia Mayor, integradas por más de trescientas lanzas a caballo y algunos miles de infantes, todos mercenarios, y de la que era Capitán un sanguinario morisco, que se hacía llamar Mossen Luis Mudarra. Como Alcalde Mayor del reino vino el Licenciado don García López de Chinchilla.

Tanto la Santa Hermandad, o Hermandad Nueva como también se le llamaba, como las tropas de invasión, tenían la misión de lo que pasó a denominarse la doma y castración de Galicia. En verdad la situación gallega, en aquél entonces, era de anarquía producto de los continuos choques, dialécticos y armados, que entre sí mantenían los principales señores.
Galicia, pocos años atrás, había padecido una cruenta guerra civil, la gran guerra irmandiña que tuvo lugar entre los años 1467-69, en la que campesinos y villanos, armados, formando Hermandad y dirigidos por algunos hidalgos: Alonso de Lanzós, señor de Louriña; Pedro Álvarez Osorio, señor de Navia, Burón y Valle de Lorenzana, hijo del Conde de Trastámara; y Diego de Lemos, señor de Sóber y Amarante, arrasaron los castillos y fortalezas de la nobleza, que huyó del desastre refugiándose, los más, en Castilla, pero pudieron reponerse y capitaneados por Gómez Pérez das Mariñas, Fernán Pérez de Andrade, O Mozo, el Mariscal Pardo de Cela, el Conde de Monterrey, el Conde de Lemos y, como principal de todos ellos, el Conde de Camiña, les derrotaron en varias batallas, siendo las más importante ante el castillo de La Framela (cerca de Tuy); en Balmalige (próximo a Compostela); y en el castro de Gundián, y más tarde, les obligaron a levantar de nuevo los castillos derrocados. Pedro Osorio murió prisionero en las mazmorras de don Diego de Andrade –hijo y heredero de Fernán Pérez de Andrade–, quien también ordenó ahorcar a Alonso de Lanzos y se apoderó de todos sus bienes. Diego de Lemos parece que pudo huir de la quema.

La nobleza gallega, en aquellos años, estaba agrupada en bandos irreconciliables y se combatían encarnizadamente unos con otros, en una permanente guerra. De un lado, estaban el Arzobispo Fonseca, apoyado por el Conde de Monterrey y el Mariscal Pardo de Cela, que combatían contra el Conde de Altamira, sostenido por don Diego de Andrade. Por otra parte, el Conde de Camiña, con la colaboración del Mariscal Suero Gómez de Sotomayor y el Conde de Altamira y el Andrade, atacaba los intereses del Arzobispo. Además el Conde de Lemos tenía su guerra particular contra el Conde de Benavente y el Marqués de Astorga. Pero estas enemistades no son más que una regla general, pues a las veces vemos al Altamira combatiendo contra el Conde de Camiña y otras, el Lemos, juntamente con el de Camiña, ayudando al Conde de Benavente a conquistar La Coruña, defendida por el Andrade. Era aquella una maraña de batallas, tomas de tierras y fortalezas, matanzas de vasallos y destrucciones masivas de bienes sin fin. Se unían unos con otros para seguidamente enemistarse y luchar entre ellos.

Señoreaba una nobleza compuesta de hombres fieros y belicosos, que a la sazón estaban más levantiscos que nunca. La tierra era poca y las rentas escaseaban por lo que, a título de encomienda, se apoderaban de bienes de los monasterios y de la mitra compostelana. En aquella época podemos decir que todos, en mayor o menor medida, estaban en guerra. Esta guerra no había cesado desde el último levantamiento de las Hermandades de villanos y campesinos, que había resultado aplastada por esos mismos señores que ahora combatían ente sí. Contra aquel desorden, y con el fin de acabar con la nobleza gallega, combatió Fernando de Acuña y sus mercenarios, hasta aniquilarlos.

El que ofreció más resistencia fue Pardo de Cela, yerno del Conde de Lemos, al estar casado con su hija, doña Isabel de Castro, que se había convertido en un poderoso y temerario noble con importantes posesiones en tierra gallega y, lo que aún lo hacía más temible, heredero natural del estado del Conde de Lemos, a la muerte de éste en 1482, que no dejaba más heredero varón que un nieto bastardo, lo que le convertiría en el amo y señor de Galicia.

El día 17 de diciembre de 1483, rodaba en la Plaza, ante la Iglesia Mayor catedral de Villamayor de Mondoñedo, (Galicia) la cabeza del Mariscal don Pedro Pardo de Cela y dos de los hidalgos que le apoyaban.

Como consecuencia de estos acontecimientos, pasado un tiempo, empezó a divulgarse entre los moradores de Galicia un bello "romance popular" que se hizo llamar O lamento da Frouxeira , para una muerte tan injusta que, más o menos, decía así:

Por treisón tamén vindido
Xesús nosso Redentor,
e por aquestes treidores
Pedro Pardo, meu Señor.

Vinte e dois foron chamados
os que vindido o han
non por fame de sustentos,
de carne, viño nen pan.

Nen por outro minister
que falezcan de bondá,
senón por sua vilaicía
e mais por má intençán.

Eles quedan por treidores
e seu amo por leal,
por os reys a sua filla
sendas terras mandan dare.

A Deus darán conta delo
que lles queira perdoar.
Aquí acabou a Frouxeira
e a vida do Mariscal.

Hoy la figura del Mariscal, en Galicia, es reivindicada y monopolizada por un determinado ideario político y vilipendiada y desdeñada desde la otra ideología contraria. Y ello es injusto, pues ni fue un héroe de la independencia de Galicia frente al trono de Castilla, como pretenden algunos –lo que era incomprensible en aquella época, en el sentido que hoy concebimos la independencia–, ni un asaltador de caminos que se dedicaba a ahorcar a los vasallos como desearían otros, simplemente fue un noble fiel a la reina Isabel de Castilla, y uno de sus principales valedores en Galicia, que se enfrentó al Gobernador Fernando de Acuña y la Hermandad y tropas mercenarias castellanas que dirigía, para doblegar a la nobleza gallega, y perdió la partida después de una resistencia heroica. Por ello la figura del Mariscal debe de ser ajena a las batallas entre los políticos y patrimonio de todos los gallegos sin distinción de credos.

A pesar de los notables esfuerzos realizados por los historiadores Mayán y Lence-Santar, echo de menos hasta la fecha -al menos que yo sepa no existe-, un estudio actualizado, tal como se merece, sobre el Mariscal, cuya andadura tuvo lugar cuando muere la Edad Media y un mundo de mitos y héroes se derrumba y comienza impetuosa una nueva era, la Moderna. Afloraba el Renacimiento, caía el imperio Bizantino, nacía la imprenta, se descubría el Nuevo Mundo y se gestaba el imperio español. Pardo de Cela es una de los héroes más fascinantes y entrañables, principalmente por su trágico final, de nuestro brillante y épico pasado histórico. Creo que ya es hora de que se debata en profundidad su trayectoria vital que, en mi opinión, ha sido machacada por una leyenda negra fruto tanto de los cronistas castellanos al servicio de la Corte –Hernando del Pulgar y el inquisidor Jerónimo Zurita– como los gallegos sumisos a los dictados de la Casa de Andrade –Vasco da Ponte– llegando hasta tal punto las falsedades sobre su persona que llegó a decirse que había sido ejecutado en la Plaza Mayor de Mondoñedo a medio de “garrote”, como si fuera un vulgar ladrón, lo que es insostenible, pues sabemos que, por aquel entonces, nobles e hidalgos no podían sufrir torturas ni penas infamantes. Hay que resaltar que, como siempre, la historia la escribieron, acomodándola a sus propios intereses, los vencedores.

Desgraciadamente hasta hoy la mayoría de los estudiosos de la historia gallega, y los hay ilustres, como García Oro y Pardo de Guevara, siguen bebiendo de esas fuentes como si fueran artículos de fe, con olvido de que la verdadera, la auténtica Historia (con mayúscula) la escriben los poetas, la imaginación de los pueblos –que solemos denominar el inconsciente colectivo– que levanta mitos y héroes en los cuales se apoya ese pueblo para hacer cristalizar una tradición y seguir avanzando. Y clara prueba de ello es el romance O Lamento da Frouxeira. Creo que toda obra que refleja el pensar y el sentir del pueblo va construyendo los cimientos, los arcos, las dovelas y la bóveda del complejo edificio nacional y puede ser un testimonio definitivo y de valor incalculable.

El Mariscal fue un paladín de la resistencia gallega, junto con otro caballero contemporáneo suyo, el Conde de Camiña don. Pedro Alvarez de Sotomayor, también llamado Pedro Madruga, frente al trono de Castilla y los nobles que apoyaban el poder absoluto y centralizador de los Reyes Católicos. Ambos lucharon contra las tropas castellanas de invasión mandadas por Fernando de Acuña y ambos murieron ejecutados por orden de los reyes: el Mariscal en Mondoñedo y Pedro Madruga en Alba de Tormes, unos pocos años más tarde. Los demás nobles gallegos de aquella época salvaron el pellejo al replegarse a los dictados de la Corte castellana. Si la nobleza gallega del s. XV se hubiese unido contra la invasión castellana de la denominada doma de Galicia sin duda hubiera vencido y entonces la Historia de Galicia, y aun la de España, hubiera sido muy diferente. Cada uno puede sacar sus propias conclusiones.

Y con esa ejecución acabó la Historia de Galicia como reino autárquico que siempre había sido, para pasar a ser y formar parte de una región o provincia más de España. A partir de entonces la nobleza gallega se fue a servir y a morar en Castilla (no debemos olvidar que quien ostenta hoy los mas ilustres títulos nobiliarios gallegos como son los Condados de Andrade, de Villalba, de Lemos, de Monterrey y de Salvatierra es Dª Cayetana, la actual Duquesa de Alba) y el idioma gallego fue decayendo aun más y poco a poco se desterró su uso, sirviendo tan solo para comunicarse entre sí los campesinos.

Los gallegos ignoramos casi por completo nuestra grandiosa Historia y tan solo poseemos un somero conocimiento de la más reciente, de los sucesos menos importantes, lo que supone un pobre bagaje cultural que nos distancia de otros pueblos de España como los catalanes, vascos o andaluces que propagan a diario, en letra impresa y por medios audiovisuales, su pasado, las más de las veces ficticio o inventado, ensalzando sucesos y héroes.

La Historia es la memoria de un pueblo. Es el orgullo de ese pasado común lo que sirve como elemento aglutinador, lo que nos hace participar y compartir un sentimiento uniforme a la pluralidad de gentes que habita en Galicia y nos identifica de los demás –nunca frente a los demás–. Sus hombres bravos o depravados los hacemos propios, porque fueron nuestros ancestros, nuestros padres, que han conformado los vicios y virtudes que hoy poseemos. Un pueblo que desconoce su pasado histórico está destinado a extinguirse y es como un expósito que ignora de donde procede y quienes fueron sus padres.

Debemos recuperar la memoria.



Xoâo de Golmar

Radicales (de izquierda), genocidios (comunistas) y dobles morales. por E. Arroyo

Radicales (de izquierda), genocidios (comunistas) y dobles morales. por E. Arroyo Una de las cosas más repugnantes del mundo en que vivimos es el cinismo y la cara dura de la que hace gala el pensamiento "políticamente correcto". Hoy día, cada hijo de vecino intenta colgarse una medalla alegando que él mismo está contra el pensamiento políticamente correcto. Más concretamente esta posición es característica de la izquierda y del progresismo rampante, que tienen la inmensa jeta de ir de rebeldes por la vida y de atacar lo "políticamente correcto" como si no fuera una consecuencia directa de su dictadura ideológica.

Pero la verdadera seña de identidad del ataque a lo "políticamente correcto" radica en que es capaz de unir a derechas e izquierdas en contra del osado que se atreve a cuestionar los fundamentos de ideas y conceptos que sostienen el entramado mismo de la ideología dominante. Por ejemplo, han sido Cayo Lara, secretario general del Partido Comunista de España, y un tal Mikel Arana, un mediocre aparatchik de Ezker Batua, quienes han echado en cara al rey de España su petición de hacer frente juntos a la crisis. Independientemente de que en sus declaraciones concretas puedan tener razón, la rebeldía frente al pensamiento "políticamente correcto" cuestionaría muy seriamente que alguien que es secretario general de un partido comunista pueda tener autoridad moral para recriminar algo a alguien.

Del mismo modo que a todo el mundo le parece muy mal que existan partidos fascistas alegando que "justifican" el genocidio, ignoro en base a qué la existencia de un partido comunista no es en sí misma una "justificación" del genocidio. Al fin y al cabo el comunismo tiene en su haber el genocidio más brutal, sanguinario y metódico que registra la historia con un centenar de millones de muertos en su haber. Sin ir más lejos, el pasado 23 de noviembre de 2008, tras el rezo del Angelus, Su Santidad el Papa Benedicto XVI recordó a los siete millones de víctimas del "Holodomor" –en ucraniano, "matar de hambre"-, todas ellas víctimas directas de la implementación de los dogmas marxistas en la tierra tradicional y cristiana de Ucrania, durante los años 1932-1933. Así, todo el mundo conoce el monumento a las víctimas del Holocausto en Berlín pero nadie conoce el monumento a las víctimas del "Holodomor" en Lubny, cerca de Poltava, en Ucrania. Esto se debe al dogma no escrito, admitido a izquierdas y derechas, de que la izquierda es moralmente superior y posee siempre la última palabra en cuanto a sentencias históricas se refiere. Podrá alegarse que un comunista español de 2008 queda muy lejos de sus colegas soviéticos, asesinos sanguinarios, de los años 30. Pero el caso es que estas disquisiciones no se hacen en los estereotipos que la izquierda difunde y defiende ad nauseam, de manera que al final para nuestra inefable y cínica izquierda, desde Hitler a Guantánamo, desde Franco hasta el PP, desde Benedicto XVI hasta Mussolini, todo es lo mismo o, por lo menos, nunca se definen líneas de demarcación claras.

La consecuencia es que una ideología asesina y genocida como el comunismo goza de una normalización política e ideológica que le permite ir por ahí dando lecciones de moral a todo el mundo. Esta, y no otra, es la razón por la que se pretende, en nombre de la "memoria histórica", un "proceso" al franquismo, mientras que un criminal de guerra como Santiago Carrillo es agasajado por rectores de universidad, entrevistado por periodistas ignorantes y protegido por la psicosis egomaniaca de ciertos jueces. La razón es que lo "políticamente correcto" es la defensa a ultranza, mediante la coacción de los medios de comunicación o del poder del Estado, de la ideología dominante que debe pervivir a fin de que nadie cuestione los fundamentos mismos del poder. Esta ideología de lo "políticamente correcto" coincide en su mayoría con los presupuestos de la izquierda, aunque no siempre.

El secreto de todo radica en un imaginario histórico hecho a medida, donde se define quienes son los "buenos" y los "malos". Es posible que para una cierta tendencia, unos "buenos" sean menos "buenos" que otros. Pero lo cierto es que el terreno de juego está bien delimitado y a algunas ideas y argumentaciones se responde, no con otros argumentos, sino con la indignación e incluso con el Código Penal que, sorprendentemente, en la época de la racionalidad y de la tecno-ciencia, se ha convertido en el garante de algunas versiones históricas de hechos recientemente acontecidos. Pase lo que pase, el debate siempre ha de transcurrir entre las opciones homologadas por lo "políticamente correcto": se puede sr socialdemócrata o anarquista o liberal, pero no otra cosa.

Lo malo es que el imaginario histórico de referencia es cada vez más dudoso. Cuando escribo estas líneas, hace días que Tim Shipman, el enviado especial del británico The Daily Telegraph en Washington, ha publicado una escandalosa noticia sobre el asesinato del general George S. Patton (21.12.2008). Después de 10 años de investigaciones, el historiador militar Robert Willcox ha hecho público su trabajo Target Patton (Objetivo Patton) en el que explica como el antecesor de la CIA, el Office of Strategical Services (OSS), por medio de su director Wild Bill Donovan, envió a un brillante miembro de las fuerzas especiales, el varias veces condecorado Douglas Bazata, a asesinar al más reputado general del ejército de los EEUU. Willcox explica al Telegraph que, en su entrevista con Bazata, fallecido en 1999, éste se encontraba "luchando consigo mismo a causa de todos los asesinatos que había cometido".

Como se sabe, la version oficial dice que el general Patton falleció a causa de un accidente de coche, pero Bazata confesó a Willcox que él había organizado el accidente por orden de Donovan. Al parecer Donovan afirmaba con ese cinismo que caracteriza a los sinvergüenzas, que "tenemos un terrible problema con este patriota. Está fuera de control y debemos salvarle de él mismo e impedir que arruine todo lo que los Aliados han hecho". Según explica Willcox, tras su entrevista con Stephen Skubik, oficial de la contrainteligencia norteamericana, Donovan organizó el accidente de Patton y, dado que el general estaba en la lista de negra de Stalin, los soviéticos finalizaron el trabajo en el hospital. Esta es la razón por la que nadie más de los accidentados junto a Patton resultó herido de gravedad y el motivo de que su cadáver no fuera autopsiado. ¿La razón de todo ello? Pues que los EEUU -la democracia numero uno- iban a entregar a ciento cincuenta millones de europeos a la tiranía comunista, mientras que Patton era partidario de llevar el tercer ejercito hasta Praga precisamente para evitarlo. Estos datos se compadecen bastante mal con la versión oficial de que los EEUU "salvaron" a Europa de la tiranía y de que luchaban por "la democracia".

Como el mes de diciembre ha sido prolijo en historias, diremos también que Sam Greenhill ha escrito en The Daily Mail que el célebre barco "Lusitania", hundido en 1915 por un submarino cerca de la costa irlandesa y que precipitó la entrada de los EEUU en la Primera Guerra Mundial, ha podido ser finalmente inspeccionado por buzos. ¿Qué es lo que han encontrado? Pues resulta que el equipo de buceo estima que, junto a las 1.198 vidas que se perdieron, el barco transportaba por lo menos cuatro millones de lotes de balas Remington de fabricación norteamericana. La propaganda aliada explotó el hundimiento alemán como si fuera un acto de barbarie, en contra de la versión alemana que siempre mantuvo que fue un acto de guerra en defensa de su bloqueo a Inglaterra. Al final, casi un siglo después resulta que los alemanes tenían razón y las angelicales democracias buscaron un casus belli utilizando escudos humanos de manera deliberada.

Por eso nada de lo que nos cuenta debería suscitarnos confianza. Ahora resulta que el establishment británico de la BBC se escandaliza porque el presidente iraní, Mahmud Ahmadineyad, por el canal británico Channel 4, ha dicho que "si Cristo estuviese en la tierra hoy sin duda estaría con la gente que se opone a los abusos, el mal humor y las potencias expansionista" y que a su juicio, Jesucristo "combatiría las políticas tiránicas que prevalecen en la economía global", lo que se ha visto como una alusión a EEUU y sus aliados. Después de la estafa y la manipulación organizada en torno al célebre discurso en el que supuestamente Ahmadineyad pedía "borrar del mapa" a Israel, la diputada laborista y jefe del Movimiento Judío de este partido, Louise Ellman, condenó la decisión de Channel 4, que en su opinión dio espacio a un "fanático peligroso". Así, Ellman se pregunta si el próximo año el "mensaje alternativo" lo dará el historiador británico David Irving o el presidente de Zimbabue, Robert Mugabe. Hace falta una cara dura impresionante para equipar a David Irving con Robert Mugabe o simplemente equiparar la afirmación de Ahmadineyad con los estudios del controvertido historiador británico. Solo si se mete todo en el difuso, polivalente y peligroso saco del "antisemitismo" tiene base la afirmación de Ellman

. Pero lo importante es que Ahmadineyad es un malo oficial y lo que diga siempre debe ser reinterpretado por los bienpensantes en la clave que el poder necesita. Solo de esta manera es justificable ante esa hipócrita y cínica conciencia universal la gigantesca cárcel que la complicidad occidental sostiene en la franja de Gaza o la absurda guerra que succiona nuestra sangre, nuestra credibilidad moral y nuestro dinero en Afganistán e Irak, mientras que hay quien conspira para meternos a todos en otra guerra con Irán.

Por todo ello, a nadie le extrañe que si usted asesina a doce personas se convertirá en un serial killer y será examinado por sesudos psiquiatras. Incluso puede que figure en alguna publicación del ranking mundial de la biomedicina. Pero si esas mismas doce personas son asesinadas al amparo de una organización inspirada en los principios del marxismo leninismo, como sucede con ETA, puede llegar a ser un "hombre de paz". Si organiza batustanes como en la extinta República Sudafricana, los que combaten tal situación mediante el terror y el crimen se verán justificados hasta transmutarse en freedom fighters pero si tiene la mala suerte de haber nacido en los territorios ocupados de Oriente Próximo, esos mismos crímenes serán solo simple terrorismo. Y si, naturalmente, usted es un simple padre de Huelva al que la negligencia de un juez ha ocasionado el asesinato de su hija, siempre tendrá un ministro que tendrá la cara dura de justificar o atenuar lo grave de la situación. No así si se trata de un juez que sobre la base de sus creencias ha "demorado" la dudosa adopción de un niño por una pareja de lesbiana. La diferencia es que en el primer caso hay que justificar la inoperancia de un Ministerio de Justicia y en el segundo hay que darle la razón a un "lobby" que practica la persecución de los que discrepan de sus ideas, con la bendición de, esta vez sí, todo el pensamiento políticamente correcto en pleno.

Para variar, es un lugar común que la violencia en Occidente es, en el mejor de los casos, repartida por igual entre todos los "extremistas", pese a que son precisamente los extremistas de izquierda quienes han organizado media docena de grupos terroristas, con varios centenares de asesinatos en los países más industrializados del mundo y, recientemente en nuestro país, han arrasado varias veces los humildes comercios del centro de Madrid protegidos por la cobertura mediática que, a fin de excluir del debate su motivación ideológica izquierdista, insiste en denominarlos con el ambiguo calificativo de "radicales".

Por todo ello, mientras no se tenga la determinación clara de llamar a las cosas por su nombre y de considerar que no existe ningún derecho superior a la verdad, seguirá habiendo muertos de primera y de segunda clase, agredidos mediáticos y víctimas semiclandestinas. Solo la verdad a ultranza pondrá de nuevo las cosas en su sitio y solo ella traerá al mundo esa paz interior que tanto necesitamos y de la que tanto se habla en estas fechas.