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A CRISE ECONÓMICA: Bush, Sarkozy e as súas recietas
Alsina habla a los radioyentes de la crisis económica y explica lo que va a costar al contribuyente norteamericano el plan del Departamento del Tesoro de la Administración Bush -asunto del que informó El Semanal Digital-. Para ello recurre al argumento de dividir la suma total contemplada en el plan entre la población de Norteamérica. Aunque imaginamos que Alsina habrá recogido el dato de la prensa que nos inunda con noticias de este tipo, ese dato, da igual quién lo haya calculado, se ha obtenido de esa manera y, claro está, al periodista le parece indignante. A continuación pasa a exponer lo mismo para el caso europeo porque se rumorea que Nicolás Sarkozy va a proponer un plan para "rescatar las finanzas" del continente. Alsina retoma el mismo argumento y nos dice que en este caso costará a los contribuyentes una suma similar. Por supuesto, el tono crítico del periodista deja entrever que se muestra indignado con la medida y con la idea, en definitiva, de que sean los ciudadanos quienes paguen la crisis.Es de agradecer que Alsina muestre esta sincera preocupación por los ciudadanos porque en realidad él no ha hecho más que repetir ese tópico que nadie ha comprobado y que es absolutamente falso. De hecho, ni un solo centavo del plan de George W. Bush va a salir del bolsillo de los contribuyentes. La ignorancia de este dato es el resultado de la ignorancia, a su vez, de la naturaleza del dinero del siglo XXI y también de casi todo el siglo XX. Hace doscientos años, por ejemplo, o simplemente antes de la silenciosa revolución de los años 30 del siglo pasado, la emisión de moneda iba aparejada a la posesión de oro. Este procedimiento de anclar la emisión de moneda a las reservas de oro se conocía como "patrón oro", de ahí que la explotación de minas de éste metal implicara la riqueza del país explotador de las mismas. El valor del oro radicaba principalmente en que su posesión permitía emitir más moneda y, al haber más dinero, podía aumentar así mismo la actividad comercial. La paradoja de éste mecanismo es que si no había oro no se podían costear las necesidades, llegan al absurdo de que, podía hundirse un puente y, existiendo los obreros para construirlo, el material para levantarlo y los arquitectos para diseñarlo, el puente no se podía construir porque faltaba algo esencial: el dinero.
El absurdo alcanzó su zenit en la Primera Guerra Mundial, ya que de haberse mantenido el mismo esquema, los regimientos británicos no habrían podido salir de Plymouth hacia el continente por falta de dinero de modo que, para financiar la guerra, hizo falta suspender el mismísimo patrón oro.
Tras el final del conflicto en 1918 muchos intuyeron –el más famoso de todos pero no el único, John Maynard Keynes- que de la misma manera que se había financiado la guerra podría financiarse la paz, por lo que Ramsay McDonald anunció que la libra no volvería a su convertibilidad en oro. Esto suponía una tremenda revolución porque implicaba que los países ya no deberían de asesinarse entre sí por tener oro a fin de poder emitir más moneda. Más bien podrían emitir la moneda que precisaran a fin de financiar su actividad económica. Esto resultaba ser una tremenda bendición y es el esquema que se ha mantenido hasta hoy.
A este esquema es al que va a recurrir la Reserva Federal para emitir los célebres 700.000 millones de dólares. Conscientes de la falta de liquidez, la Reserva Federal va a introducir el dinero mediante subastas no solamente en el sistema económico norteamericano sino también en el europeo. El pasado 29 de septiembre la propia Reserva Federal anunciaba que "en respuesta a las presiones continuas en los mercados financieros a corto plazo, los bancos centrales han anunciado hoy más acciones coordinadas para extender significativamente la capacidad de proveer de liquidez en dólares americanos. Los bancos centrales continúan trabajando estrechamente y están preparados para adoptar los pases necesarios como requieren las presiones financieras". El dinero es creado ex nihilo, simplemente por la necesidad de que exista liquidez. Según la propia Reserva Federal el dinero será entregado a un tipo de interés del 2,82 por ciento para dar liquidez a los mercados de crédito y con ello el mencionado organismo espera que los mayores recursos disponibles animen a los bancos a seguir concediendo préstamos a ciudadanos y negocios, aliviando así la crisis crediticia que comenzó en agosto pasado. Pero, repetimos, nada de esto sale de "los bolsillos del contribuyente" sino que la FED ejerce con ello su función esencial de organismo emisor.
En Europa esto solo podría hacerlo el Banco Central Europeo aunque el mencionado periodista de Onda Cero crea que ello no es posible porque, al revés que los EEUU, Europa son más de veinte países. Alsina no se percata, como tampoco lo hace el hombre de la calle, que a efectos monetarios, la "zona euro" es tan "país" como los EEUU.
Pero, volviendo al tema que nos ocupa, si existe la crisis, ¿qué es lo que ha fracasado entonces? Lo que ha fracasado no es la iniciativa privada o el "libre mercado" bien entendido, sino el ultracapitalismo ultraespeculativo y ultracodicioso, que ha intentado desligarse completamente de la desregulación del Estado para obtener beneficios astronómicos sin producir absolutamente nada. De hecho, toda la crisis "subprime" ha venido por maniobras altamente dudosas como son la "titulización" –creación de paquetes de hipotecas de clientes solventes o menos solventes, con la esperanza de venderlos y sacárselos de encima- o la creación de "conduits" –trusts o fondos filiales de un banco matriz que no tienen obligación de consolidar sus balances con éste y mediante los cuales el banco matriz logra evitar los requerimientos de capital necesarios, para asegurar la protección de las entidades frente a los riesgos financieros y operativos, incluidos en el acuerdo de Basilea II. A todo este caos han ayudado sobremanera la ideología liberal y su persistencia por minar el prestigio de toda función reguladora de los mercados por parte del Estado.
La evidencia del fracaso del sistema es tan apabullante que incluso algunos de los más conocidos fundamentalistas del mercado españoles –quizás por perseverar en su línea acrítica con la Administración Bush- se parapetan en la idea de que el "Estado de Derecho" debe funcionar con reglas y por ello hay que reprender a los banqueros. En cambio otros –"sostenella y no enmendalla"- nos enumeran los posibles beneficiarios del plan previsto alegando que la medicina no es mala sino que es escasa y que vivimos en una especie de "capitalismo para ricos" en el que el intervencionismo del Estado solo beneficia a los hiper-ricos. Estos pasan de puntillas sobre el hecho de que ha sido precisamente la falta del control estatal y las andanzas de esos mismos hiper-ricos lo que nos ha llevado a esta crisis de proporciones aún por determinar. Resulta evidente que todos los adalides de la destrucción del Estado en nombre de la "libertad" están muy dispuestos a sacrificarnos a todos en el altar de un dogma según el cual lo público es intrínsecamente perverso. En el fondo se trata del mismo tipo de patología psicótica que declara "criminal y fascista" todo lo privado y que ha estado a punto hace un par de días de dar en tierra con los huesos del Consejero de Sanidad de la Comunidad de Madrid.
Unos y otros no son capaces de entender –porque se lo impiden sus orejeras ideológicas- que lo que importa es la eficacia en el servicio al pueblo y que, sin embargo, no importa en absoluto ni que se perpetúe una casta de funcionarios inútiles y parasitarios ni que aumente un diez por ciento el beneficio de los que ya son ultra-ricos. Sin duda, entre el intervencionismo soviético y el mercado aupado a los altares, existen multitud de posiciones intermedias, integradoras o superadoras de ambos extremos, muchas de ellas muy razonables. Por desgracia se prefiere acudir a las consabidas recetas decimonónicas para no hablar de nada que sea verdaderamente útil a la comunidad nacional en su conjunto.
EDUARDO ARROYO
Galiza sen Galegos, Asturies sen Asturiáns

Artigo de interese sobre o problema do desastre demografico na Galiza e Asturies, publicado na revista IdentidaD nº 8.
Sabemos que España es la suma –y nunca la resta- de la diversidad de las identidades culturales que coexisten en nuestro estado y gracias a ello disfrutamos de una riqueza en costumbres y lenguas, que sin duda alguna es envidiable. El respeto y fomento de dichas identidades que cohabitan en España con el firme objetivo de una Europa fuerte y consolidada, es el único futuro viable en un mundo cada vez más homogéneo, globalizado e híbrido. Nunca olvidemos que en la resta está la debilidad, la flaqueza y la merma. La suma da la fortaleza, la calidad y la riqueza.
Pero no debemos confundirnos, con esto de las Identidades. Porque lo que no es envidiable es la actual apariencia de reinos de taifas, con un exceso -la mayor de las veces- de funcionarios que no funcionan y dormitan en Administraciones autonómicas y parlamentos diversos con políticos que se dedican a azuzar entre comunidades de vecinos. No olvidemos que esos jerarcas y todo su séquito de cortesanos de estómagos agradecidos, en su gran mayoría son como sabemos de esa raza superior que ¡desayuna dos veces al día!
¿Acaso no elegimos a los políticos para la mejora de nuestra sociedad? ¿O bien no votamos para que gestionen correcta y razonablemente nuestros impuestos? ¿O por desgracia somos unos ilusos que pensamos que nuestros gobernantes, al servicio de eso denominado “sector público”, quieren lo mejor para nosotros, para nuestros mayores y nuestros hijos?
Con esta pequeña introducción queremos denunciar el desequilibrio dentro del Estado, entre las diferentes comunidades, que lejos de ser solventado, cada vez se agrava más y más, sin paliar las grandes diferencias que cada vez se perciben de manera más nítida.
Las diferencias entre la “España atlántico-cantábrica” y la “España mediterránea”, no solo se circunscriben al paisaje y al paisanaje. A algunos “nacionalatas” se les debería caer la cara de vergüenza en sus reivindicaciones frente a comunidades más pobres, con mayores “deudas históricas”, cuando gracias a ellas, bien por importación de mano de trabajo gallega, asturiana, andaluza etc., bien por incentivos a las burguesías locales, se fomentó en tiempos de su denostado “Caudillo” los planes de desarrollo en la década de los años 60. Por poner un ejemplo, la industria textil en Catalunya. Y a nadie se le escapa que la “producción textil incentivada” de Catalunya en la época franquista, ha cambiado sus factorías por otros lugares de producción. Por el contrario, Inditex, con su buque insignia, la multinacional Zara, nació en Galicia, merced a la idea de unas pocas personas y gracias al trabajo -“como chinos”- de muchas cooperativas de mujeres gallegas y del norte de Portugal. Y no tuvo los grandilocuentes apoyos de los planes de desarrollo del franquismo, ni del felipismo, ni del aznarismo, a diferencia de las burguesías catalana o vasca.
Así pues nos encontramos con una España con un eje claramente orientado con su peso hacia el este del país, donde la España mediterránea ha sido objetivo preferente ya desde tiempos del Anterior Régimen, frente a la España atlántico-cantábrica, salvo la excepción del caso vasco-navarro.
A nadie se le escapa, que el problema “gordo” actual de la inmigración, se concentra claramente en esa denominado eje centro-este, la España mediterránea que va desde Catalunya, Valencia y Murcia, hasta Madrid, pasando por Euskadi y Navarra. En la economía de mercado, lógicamente a mayor desarrollo y mayor crecimiento económico, mayor flujo de inmigrantes en busca de oportunidades.
Mientras tanto, las zonas del noroeste español, como Galiza, Asturias, León o Zamora, que venían sufriendo una devaluación planificada desde ministerios centrales de sus autárquicas economías, reciben con la entrada en la UE en 1982 enormes recortes de sus tejidos productivos, dándoles su definitivo golpe de gracia.
La crisis de la minería asturiana y leonesa, los recortes de la flota pesquera gallega así como el cierre de los astilleros, la imposibilidad de producción de la asfixiante cuota láctea para los pequeños y medianos ganaderos, han dado como resultado que la población activa del sector rural paulatinamente se vaya mermando y marchando a las urbes, con una consiguiente pérdida demográfica alarmante. En algunos pueblos, personas en edad de trabajar, vive de las prejubilaciones (minería astur-leonesa).En otros, solo quedan los mayores al cuidado de sus casas y sus terruños. Los jóvenes tienen que emigrar a otras zonas del estado. En Asturies o Galiza la sangría ya se venía produciendo desde principios y mediados del siglo XIX y prolongándose durante todo el XX. Parece que en el siglo XXI, con la progresión aritmética que llevamos, no solo el oso pardo o el lobo ibérico estarán en peligro, quizás asturianos y gallegos serán “especie en peligro de extinción”.
Quizás suene a alarmismo o a catástrofe, pero los datos, las cifras y las predicciones no las inventa quien esto escribe. Son datos oficiales y no ocultados, recogidos de organismos oficiales y publicados en prensa. Parece que no preocupan en exceso a nuestros políticos, sean del PSOE como un Touriño o Areces, como tampoco parece que preocuparon en exceso a los del PP, como a un Manuel Fraga, porque a día de hoy el problema sigue sin solución, sin incentivos ni nada que se le asemeje. A lo sumo parches de “cheques-bebé”, auténticos sucedáneos de una política real a favor del aumento de la natalidad. Parece que hay miedo al incentivo y fomento de la natalidad, a una protección real de la familia. Medidas reales existen en diversos países de la Comunidad Europea, (Irlanda, Suecia, Finlandia, por ejemplo) auténticamente progresistas. ¿Dónde está la conciliación de la vida laboral y familiar de los padres, ayudas en tramos de edad, etc.? ¿Para algunos de esos privilegiados que como decíamos antes, “desayunan dos veces al día”?. Es precisa la justa causa de la conservación de la población autóctona en nuestras tierras de origen. Es lo que necesitamos en Galiza y Asturias, de manera urgente e inminente. Nuestro mayor capital son nuestras gentes, nuestros hijos, que queremos reciban la sabia herencia ancestral de sus abuelos.
Nuestros antepasados hicieron este país. Los gallegos y asturianos, que trabajaron en su tierra y los que salieron de sus aldeas para mejorar sus condiciones de vida, reinvirtieron de nuevo su prosperidad entre los suyos, sin necesidad de ayudas de los de fuera.
Leíamos recientemente en “La Voz de Asturias”: En el caso del Principau d´Asturies, la alerta demográfica no es ninguna novedad y tampoco lo es que el Principado registre la tasa de natalidad más baja de todo el país, pero las proyecciones y estimaciones del Instituto Nacional de Estadística (INE) comienzan a arrojar otras explicaciones para la sostenida pérdida de población que todos vaticinan para la región. Las estimaciones de población actual realizadas por el INE para el periodo 2002 al 2007 reflejan que en el último año 5.215 jóvenes de 20 a 30 años se marcharon del Principado. Las proyecciones sobre índices de natalidad ratifican al Principado como la comunidad con la tasa de nacimientos más baja de todo el país (0,97 hijos) y además sitúa a las asturianas dentro de las madres más tardías porque la media de edad para dar a luz a su primer hijo se sitúa en 31,46 años.
También apareció la noticia, de características análogas, en el diario “La Voz de Galicia” (23.04.07).Podíamos leer que en la última década, la población gallega sólo ha aumentado en 29.211 habitantes, pasando de los 2.742.622 censados en 1996, a los 2.772.533 recogidos en el Padrón del Instituto Nacional de Estadística (INE) a 1 de enero de 2007.Y si a ello descontamos la afluencia de inmigrantes tanto a Galiza como a Asturies, diremos que nuestro crecimiento es deficitario. Si nuestros jóvenes emigran a otras zonas de la península o de la UE, y en falsa compensación, es decir, en detrimento de gallegos y asturianos, recibimos inmigrantes, parece que nuestros políticos quieren desviar nuestra atención sacando de la chistera que nuestra demografía no es tema en exceso preocupante. La inmigración para ellos es la solución. Y nada más falso y alejado de la realidad. Las soluciones a esta crisis demográfica pasan por varios factores, complejos desde luego, pero en absoluto irrealizables. Falta sobre todo voluntad política de incentivo empresarial tanto en el sector rural, como en el industrial. Falta el hacer justicia con unas comunidades agraviadas con la entrada en la UE, con su tejido productivo desestructurado merced a políticas de corto alcance y electoralismo galopante. Falta la revitalización del sector rural, con cuotas lácteas injustas. Recordemos que mientras que a ganaderos asturianos, gallegos, leoneses o cántabros, no se les deja producir leche, quedamos obligados a comprar excedentes de Francia, Dinamarca u Holanda. ¿Entonces que es lo que nos queda a la población rural del norte? ¿Si se abandonan las tierras y no producen, si no se puede producir calidad y competir con nuestro sector ganadero? ¿Cual es el futuro del tejido social del rural? ¿Simplemente el turismo del silencio y naturaleza, el turismo rural?
“Galicia y Asturias organizan un frente común de autonomías envejecidas”. Bajo este título grandilocuente y propagandístico- como es costumbre- leíamos en el diario “El País” (20.04.08) que dado el carácter de comunidades envejecidas, dispersas y orograficamente complicadas, los presidentes autonómicos Emilio Pérez Touriño y Vicente Álvarez Areces, se han reunido. ¿Para que era la reunión que decía el titular de “El País”? Se reunieron para ver como va la autovía transcantábrica, para concretar e impulsar al Reserva de la Biosfera de Terras de Burón-Oscos-Eo. Pero ni rastro de abordar el problema de envejecimiento, de la crisis demográfica. No se mojaron en criticar a sus compañeros de partido, como el bandolero Montilla, con respecto a la financiación blindada de su nuevo estatuto. Eso sí, parece que comieron a buen mantel en el Hostal de los Reyes Católicos en Compostela. Y no sabemos si desayunaron dos veces.
FEDERICO TRASPEDRA
Imos cara à 3ª Guerra Mundial?

Para os U.S.A., ainda o Iraque e Afghanistán non son temas plenamente "solucionados". Existen algúns "retrasos" dado a insurxencia islámica, pero en "vías de solución". Na súa "re-organización" según os principios da Nova Orde Mundial, é un segredo a berros, que na zona do Oriente Meio o vindeiro obxetivo militar será Irán. As ameazas dos USA e Israel cara à República islámica de Irán son avisos para tomar moi en serio... é o posível inicio -según expertos en xeopolítica- da 3ª Guerra Mundial.
É a guerra inevitável? Non para os USA e Israel. É preciso para os USA controlar un Irán que é segunda reserva do petróleo e do gas mundiais, emprazado nun dos enclaves máis xeoestratéxicos do planeta (control do tráfico marítimo de grande parte do petróleo polo Estreito de Ormuz), subministrador do 40 % das necesidades enerxéticas da súa grande potencia rival, China–, e de neutralizá-lo na rexión para consolidar a hexemonía de Israel. Despois da destrución total do Iraque, a alianza dos USA e do estado de Israel, ollan cara Irán como o único escollo para consolidar a súa supremacía. Desaparecido un Iraque ameazador para Israel, só resta o "perigoso" Irán para a "existencia tranquila" dos xudeus e das reservas petroleras para as empresas norteamericáns.
E ten algo que decir à consolidación da "hexemonía planetaria de USA-Israel", paises como Rusia ou Europa? Pouco ou nada por separado e baixo a influencia da OTAN. Sen unha Euro-Rusia identitária, o camiño da dominación para Israel-USA é cousa de tempos medidos e marcados.
Pode ser entón o inicio da 3ª Guerra Mundial? Que é o que fará China? Países islámicos de Asía xunto con China por un lado, fronte á estructura militar da OTAN, Israel e USA por outra banda?... Quen non teña claro que o dominio militar dos USA sobre toda a superficie do planeta son unha obviedade, ollen para o deseño onde poden observar-se as bases militares na rexión.
Semella que todo está-se a preparar!!
Ariadna Andrade
A Globalización das Castástrofes

Por primera vez en la historia, la Humanidad en su conjunto está amenazada por una convergencia de catástrofes: el deterioro del tejido social con el tráfico de drogas y el crimen organizado a escala internacional como telón de fondo, el temor permanente al crack económico por las fluctuaciones en los mercados financieros mundiales, el polvorín de los países pobres del Sur y su enfrentamiento con el rico Norte, el aumento constante de la violencia y el fanatismo, el deterioro progresivo del medio ambiente, el caos sanitario que convierte las enfermedades en pandemias a escala planetaria (SIDA, los nuevos virus, la enfermedad de las "vacas locas"), la fragilidad de los sistemas cibernéticos, etc., son algunos ejemplos de la irracionalidad con la que convivimos a diario.
Como afirma G. Faye en su libro "El Arqueofuturismo", "estas catástrofes anunciadas son el fruto directo de la creencia en los milagros de la modernidad: pensemos en el mito del posible alto nivel económico para todos y a escala planetaria, y en la generalización de las economías de fuertes consumos energéticos. El paradigma del igualitarismo materialista dominante -una sociedad de consumo "democrático" para diez mil millones de hombres en el siglo XXI sin saqueo generalizado del medio ambiente- es una pura utopía". Más que utopía, pura creencia onírica.
Pero esta es la lógica de un sistema que camina hacia la Globalización como culminación de la ideología moderna, que nos ha hecho creer que es "necesaria" la creación de una economía y de una sociedad globales que haga depender la vida cotidiana de fuerzas globales. Los poderes económicos buscan la globalización de la producción, del conocimiento y de las finanzas para maximizar sus beneficios. Y para ello es necesario, por un lado, la retirada del Estado nacional como poder de regulación y por otro, la globalización del poder político en la forma de una estructura de autoridad plural asociada con las Naciones Unidas. La Globalización ha ’resuelto’, de algún modo, las crisis de acumulación capitalista, ha dejado atrás ’las relaciones sociales entre la gente’ y, por ende, disuelto la resistencia al sistema. Para los globalizadores, la libertad de mercado neoliberal es incapaz de generar aceptación y recomiendan la ’democratización’ en un nivel transnacional como un remedio para asegurar un capitalismo de mercado a escala global. Es decir, se busca salvaguardar la libertad del mercado a través de reformas institucionales y así garantizar el liberalismo económico. Por tanto, todo lo que podemos hacer es recuperarnos de la pérdida de los valores democrático-liberales transnacionalizando el gobierno, es decir: construyendo el Gobierno Mundial. Se sugiere que sólo de esta manera se asegurarán los derechos de los ciudadanos del mundo.
En pocas palabras, la teoría de la Globalización conduce a un proyecto político que celebra esponsales con el espectro del capitalismo. Sin embargo, mientras los mundialistas se despiden de la clase obrera, la burguesía permanece fiel a sus principios. La idea de que las relaciones sociales burguesas se construyen a partir de relaciones entre propietarios nunca ha sido olvidada por la burguesía. Se amarran fanáticamente en hacer que ’su’ riqueza se expanda, y nunca han dejado de pensar que el trabajo humano no sea otra cosa que un simple coste empresarial, lo que significa el tratamiento de la humanidad como un recurso que es sacrificado sobre las pirámides de la acumulación. ¿Cómo extrañarnos que a lo largo de la última década haya habido un aumento en el tráfico de mujeres y de niños, esto es, de prostitución y esclavitud? Simplemente, han surgido nuevos mercados especializados en órganos humanos, reduciendo a los propietarios de la fuerza de trabajo no sólo a ser un recurso explotable, sino también un recurso a ser operado y vendido.
Este sufrimiento humano no es de ninguna manera reconocido por los teóricos de la Globalización. La ortodoxia de la Globalización fracasa en ver la miseria de nuestro tiempo, y al contrario, proyecta la reorganización capitalista global como un desarrollo inevitable. La Globalización del capital está mal equipada para comprender las vastas implicaciones de los sucesos actuales y es incapaz de captar que su dinámica lleva a la convergencia de catástrofes a escala mundial. La Globalización nos instala en la crisis permanente.
Sobre todas estas cuestiones los mundialistas guardan silencio. Para ellos el Hombre es solamente un ciudadano provisto de derechos abstractos, una mercadería que obtiene un salario destinado al consumo para mantener en funcionamiento la maquinaria de la acumulación capitalista. Da igual si la máquina nos conduce al abismo.
Como profetizó el etólogo Robert Ardrey en 1973: "El mundo moderno es semejante a un tren cargado de municiones que arremete en la niebla, en una noche sin luna y con todas las luces apagadas". ¿Las catástrofes se han hecho globales? Responder a esta pregunta es correr el riesgo de confundir los efectos con la causa. Más bien, todo induce a pensar que la Globalización es la catástrofe.
Juan A. Aguilar
Un informe "progre" sobre la inmigración, por E.Arroyo

Había decidido escribir acerca de cuestiones positivas –como ha sucedido con los dos últimos artículos sobre el deber y sobre el heroísmo- pero un documento que ha caído recientemente en mis manos me devuelve a la perspectiva crítica para con lo establecido.
En octubre de 2007 fue publicado en Washington D.C., dentro de la iniciativa diseñada por el "Pew Research Center" y denominada "The Pew Global Attitudes Project" bajo la presidencia de la ex secretaria de Estado norteamericana Madelaine Albright, un informe de 144 páginas titulado World wellcomes international trade but not immigration (El mundo acepta el comercio internacional pero no la inmigración). Los autores han realizado un total de 45.239 encuestas en 47 países de todo el planeta para estimar la percepción de los ciudadanos acerca del fenómeno migratorio.
El resultado no puede ser más sugestivo para la crítica política y social, pese a que sabemos de sobra que es la típica noticia que no saldrá nunca en los medios usuales. El caso es que la mayoría de los países perciben de manera positiva el comercio internacional y las empresas multinacionales si bien casi la mitad de los 35 países que fueron encuestados en 2002 y 2007 han expresado un creciente pesimismo acerca de las bondades del libre comercio. De entre todos estos países, la perspectiva más negra corresponde a los ciudadanos de los Estados Unidos, un lugar donde cada vez son más escépticos acerca del comercio internacional.
Pero si esta tendencia es ligeramente a la baja, y en general muchos países consideran positivo el comercio entre países, únicamente 3 países de entre los 47 encuestados en 2007 –Corea del Sur, Perú y los territorios palestinos- parecen mostrarse en desacuerdo con la afirmación "debemos controlar y restringir más la inmigración". El resto oscila entre un acuerdo a la afirmación anterior que ronda el 90% (Costa de Marfil, Malasia e Indonesia) y valores algo inferiores característicos de los países occidentales (España 77%, Italia 87%, Gran Bretaña 75%, Francia 68%, Alemania 65%, Estados Unidos 75%, Canadá 62%). Incluso China muestra su acuerdo a la anterior afirmación (52%), bastante por encima de los contraopinantes (39%).
Obsérvese que nadie ha preguntado a los encuestados acerca de sus preferencias nacionales o de sus prejuicios étnicos, sino acerca de un fenómeno que puede ser rechazado por razones que nada tienen que ver con dichos prejuicios. Al parecer, para más inri, según el informe (pág. 27), en la mayoría de los países el rechazo a la inmigración tiene que ver con el miedo a perder su identidad cultural. Este punto es recalcado varias veces a lo largo del texto.
Por lo tanto podríamos decir que existen sólidas razones para creer que el mundo entero es "xenófobo" y que los pueblos no quieren la inmigración; más bien la consideran una amenaza. Esta expresión de la "voluntad general" –en puridad democrática jamás puesta de relieve por ningún partido- contrasta con la apabullante unanimidad con la que medios de comunicación y clase política pretenden educar a la población en las bondades de dicho fenómeno. Esta sorprendente filosofía de interpretar a priori la "voluntad popular" y cambiar las opiniones de la gente, a golpe de propaganda reiterativa y abrumadora, en el sentido de lo que de antemano –y desde el poder- se juzga perjudicial, parece estar bastante extendida entre la clase política. En lógica democrática, debería perseguirse desde los medios a quienes defienden la inmigración –desde los neoliberales hasta la extrema izquierda, pasando por toda una constelación de ONGs neopoliciales- y no a los detractores sensatos del fenómeno.
Es exactamente la misma situación que se da en las elecciones americanas, en las que el creciente descontento con la "economía globalizada" y el capitalismo rampante no tiene ni un solo defensor entre los candidatos en liza, que hacen como oídos sordos a lo que ya es un clamor sobre todo entre las clases trabajadoras más desfavorecidas.
Y es que parece como si en algún lugar donde descansa el verdadero poder se hubiera decidido lo que hay que pensar y lo que no, y se hubiera así mismo impuesto a golpe de terrorismo mediático la idea de que la deslocalización de activos económicos en carne –que eso es la inmigración- es algo positivo y deseable que todos debemos aceptar practicando una "tolerancia" suicida. El lavado de cerebro es tan intenso que, de vuelta a casa, contemplo el anuncio de una revista "cristiana" que, en la torre de una Iglesia anuncia que "ningún cristiano es racista". Suponemos que por "racista" se entenderá el mismo pandemonium que divulga la propaganda oficial del ultracapitalismo, y que comprende desde el señor que rechaza la inmigración porque se siente amenazado por mafias de países exóticos hasta el psicópata que se divierte ejerciendo la violencia contra extranjeros. Frívolamente, la Iglesia pretende sustraer la dimensión social del fenómeno que el capitalismo manipula para destruir la identidad y la libertad de los pueblos, y convertirlo exclusivamente en una especie de drama de "reality show". Esta mezcolanza irracional e interesada muestra hasta que punto ciertos sectores de la Iglesia han alcanzado un conformismo tácito con la modernidad y, en consecuencia, hasta que punto parte de la Iglesia ha renunciado a luchar contra la visión economicista del mundo que está por igual en la base del capitalismo y de la inmigración.
Por suerte, quedan aún rescoldos de la sabiduría instintiva de los pueblos. Unos pueblos que quieren seguir siendo lo que son y que continúan siendo un tremendo enemigo a batir por los Señores del Dinero. Ello demuestra que la afirmación de la conciencia nacional y las tradiciones son el valladar más fuerte que existe ante los que quieren convertir la vida de los hombres en mero objeto de comercio.
El deber, una vieja idea que todos quieren olvidar, por E. Arroyo

Se habla tanto de "ética" y de "principios" en los mentideros de los políticos que las dos palabras han perdido por igual su gravedad y su calado. Sin embargo, casi nadie objetará a la afirmación de que no por ello debe dejar de hablarse de ética o de principios. Algo similar sucede con el "deber", una palabra que parece relegada a los discursos funcionariales de la Pascua Militar o, en el peor de los casos, a la sempiterna monserga del politicastro de turno.
Pese a ello, la idea del deber –o mejor la idea de que hay que cumplir con el deber- puede constituir un buen comienzo para iniciar una regeneración del hombre capaz de alterar el estado de cosas existente, ya que seria ingenuo pensar que ese estado de cosas puede modificarse desde las puras normas de la burocracia estatal o partidista. Así, el deber tiene una primera acepción en el sentido de "deuda". Efectivamente, y aunque casi nadie repare en ello, cuanto tenemos lo debemos en un grado u otro a los que nos precedieron. Solo el hombre moderno, cegado por un individualismo irrespirable, ha llegado a pensar que no debe nada a nadie. De esta presunción surge la apología del "mérito" y del "esfuerzo", absolutizados en el olimpo liberal, como simples coartadas para encerrar más y más al hombre en su egoísmo. Por el contrario, a veces se hace difícil comprender la cantidad de ideas y esquemas mentales que manejamos heredados del pasado, de la experiencia acumulada de las generaciones que nos precedieron. Más difícil aún es comprender el estado de regresión y barbarie en el que entraríamos de prescindir de ese tesoro de sabiduría: la lengua, la cultura, incluso la misma estructura social en la que vivimos provienen todas de aquellos que se dejaron la piel por que el futuro fuera mejor.
Otra acepción del "deber" recae en la obligatoriedad de lo que sin más nos obliga a comportarnos de una determinada manera. Es el origen de la ética que, desde hace trescientos años, el hombre occidental moderno pugna por asentar sobre la propia racionalidad que reniega de la Trascendencia. Para nuestra desgracia, la historia demuestra que resulta sobremanera difícil anclar la ética en la mera prestidigitación racionalista de silogismos, tal y como revela la lucha incesante por fundamentar la ética en la inmanencia del aquí y del ahora.
Dentro de esta segunda acepción, el deber obliga primero a cada uno en su esfera más íntima -porque el deber de cara a la galería no es autentico deber-, y nos obligan en todo cuando somos y hacemos: desde nuestro "yo" más interior, limando asperezas y errores de nuestra personalidad, hasta la vida social donde el hombre tiene como objeto primordial servir a la terna platónica de la belleza, la verdad y la justicia. En las dos dimensiones el hombre se sirve a sí mismo sirviendo a lo que le trasciende e, inversamente, incurre en la esclavitud cuando da rienda suelta al puro deseo sobre objetos contingentes. A este respecto, el trabajo del desaparecido Gonzalo Fernández de la Mora, Sobre la felicidad (Nobel, 2001), demostraba que en multitud de culturas y a lo largo de todas las épocas, ha sido constante la creencia de que la felicidad siempre está ligada a la renuncia a uno mismo. Dicho de otra manera, el hombre es o será feliz cuando cumple con su deber para con sí mismo y para con el orden del mundo.
En palabras de Baltasar Gracián, lo bueno y lo justo son conceptos eternos que se remontan sin más a la noche de los tiempos y por eso en todo momento, hombres de muy diferente condición y en circunstancias incluso opuestas a las actuales, han defendido lo bueno por sentido del deber. Incluso al margen del éxito momentáneo, combatir y esforzarse por el bien y la justicia han aportado al hombre un sentido para con una vida que, sin ellos, quedaría absolutamente vacía. Esta es la razón por la cual solo podemos estar en deuda con lo bueno que hemos heredado del pasado y solo puede obligarnos en el presente aquello que de positivo nos han legado los que nos precedieron. Por lo tanto, el deber como "deuda" y el deber como "norma" que obliga, son dos modos de expresar que aquellas cosas a las que el hombre tiene que servir se proyectan a través de los tiempos, en el curso de las generaciones. Cada generación está en deuda con la anterior y se debe a ella. Debe tomar lo mejor de aquella para proyectarlo hacia el futuro y, si no es así, la comunidad muere.
En estas circunstancias, resulta imprescindible para el hombre interrogar a la tradición para dotar a su vida de un sentido. Frente al hombre moderno, esclavizado por deseos efímeros y desensibilizado por una oferta incesante -agobiante y prescindible-, de posibilidades nuevas, el hombre libre toma posesión de su vida –y por ende gana su libertad- cuando descubre el sentido de cuanto acontece, en conexión con aquellos a los que tanto debemos. Paradójicamente para el hombre de hoy, la conciencia del propio deber es el presupuesto ineludible de la libertad y supone una revalorización del principio de autoridad hoy tan denostado por trescientos años de Ilustración y pensamiento supuestamente "emancipatorio". En palabras de Hans Gadamer (Verdad y método, Sígueme, 1977), "la autoridad de las personas no tiene su fundamento último en un acto de sumisión y de abdicación de la razón, sino en un acto de reconocimiento y de conocimiento; se reconoce que el otro está por encima de uno en juicio y perspectiva, y que en consecuencia, su juicio es preferente o tiene primacía respecto al propio. Esta autoridad no se otorga, sino que se adquiere, y tiene que ser adquirida si se quiere apelar a ella. Reposa sobre el reconocimiento y, en consecuencia, sobre una acción de la razón misma que, haciéndose cargo de sus propios límites, atribuye al otro una perspectiva más acertada. Este sentido rectamente entendido de autoridad no tiene nada que ver con una obediencia ciega".
El reconocimiento de la autoridad en sí, como principio liberador, en vez de la falacia del pensamiento crítico individualista, cierra el círculo que se extiende desde la pregunta por el deber, pasando por el bien, la justicia y la belleza, hasta culminar en la liberación del hombre capaz de alcanzar ya una vida dotada de sentido.
De ahí que todo cuanto de valioso se ha construido en este mundo se haya realizado sobre la idea del deber, antes que sobre un derecho abstracto que en el fondo no es sino la manera sibilina de exigencia sistemática a los demás mucho antes que a uno mismo.
EL TSUNAMI DE LA ESCLAVITUD
por Eduardo Arroyo
Desde la ultraizquierda más retro hasta la ultraderecha de Anson, pasando por todos los gobiernos que hemos tenido, escuchamos siempre el mismo argumento: la inmigración es necesaria para mantener el sistema de pensiones. Así, cuando algún político, enfeudado a los intereses del capital, quería hacer valer su poltrona entonaba el mantra de que los inmigrantes venían aquí a salvar nuestras pensiones.
Desgraciadamente, el Banco de España (BE) ha informado de que, pese a la inmigración, el impacto del envejecimiento de la población y la escasa natalidad provocará el déficit del sistema, de no adoptarse nuevas medidas, especialmente entre 2020 y 2050. Para llegar a esta brillante conclusión el BE no ha elaborado simulaciones con superordenadores precisamente; tan sólo ha constatado, con información del Instituto Nacional de Estadística, que los inmigrantes envejecen también y que, en el futuro, demandarán derechos.
En el diario neoconservador La Razón (2/4/06), una tal Rosa Carvajal afirma que "es indudable que su entrada [de inmigrantes] a nuestro país ha potenciado nuestra expansión económica y ha favorecido la creación de empleo". Pero si hubiera leído el informe del Servicio de Estudios Económicos de la fundación BBVA (3/3/05) sabría que la mano de obra inmigrante "favorece la moderación salarial", por exceso de oferta, y "facilita la contención de precios". A salarios más baratos corresponde menor poder adquisitivo y es un hecho que el empobrecimiento de las familias es una causa directa de la disminución de la natalidad. ¿Beneficia esto al país? Indudablemente no.
Joaquín Almunia, comisario europeo de Asuntos Económicos, ha avanzado ante el Colegio de Economistas que hace falta "reformar el sistema de pensiones". Ya sabemos de qué va eso. Por ejemplo, en EE.UU., según el diario El País (02/04/06), "cada vez más empresas congelan los planes corporativos tradicionales, creados tras la II Guerra Mundial, mientras se promueven con entusiasmo los fondos de ahorro para la vejez, los llamados fondos 401(k), que permiten a las compañías hacer aportaciones más flexibles y trasladan al empleado los riesgos de su gestión... Los expertos aseguran que en un futuro muchos mayores trabajarán por la fuerza para evitar caer en la pobreza".
Así las cosas, el capital global está a punto de consumar el negocio del siglo. Cuando hace falta, vende la inmigración como la panacea para sanear el sistema de pensiones. Pero si quiere destruir el sistema público de pensiones a fin de recabar los beneficios de los planes privados, entonces dice que las pensiones no se salvarán ni con inmigración masiva. Al final tendremos inmigración masiva para garantizar los sueldos esclavistas y no tendremos pensiones públicas porque habrá que pagar religiosamente el plan de pensiones del banco de turno. Y luego dicen que no existe el crimen perfecto.
Así las cosas, mientras nos machacan los oídos con la última memez del bufón Otegi o con las cuitas de la alcaldesa de Marbella, el tsunami de la esclavitud desplegado por el demoliberalismo avanza imparable.
Reflexiones sobre nuestro mundo rural frente a la globalización
Nos dice un “ilustre filántropo”, acérrimo defensor de la globalización y corrector del libre mercado como es George Soros, que el actual sistema capitalista puede compararse con un imperio cuya cobertura es más global que la de cualquier imperio anterior. Es un imperio casi invisible, dado que carece de una estructura formal y sus súbditos supuestamente no saben que está sometido a él. Llevamos años sabiendo y comprobando que los gobiernos nacionales están al servicio más o menos intenso de determinados grupos de presión e influencia económica y que dichos grupos organizan a su antojo la feria, o sea, el mercado. Quizás exista algún necio que argumente a día de hoy que la invasión de Irak era para llevar la democracia y para liberar al pueblo de un tirano. A ningún ser inteligente se le escapan los verdaderos motivos: control de las reservas de petróleo, aumento del muy lucrativo negocio de armas, “reconstrucción” de infraestructuras del país y por supuesto y lo más importante, la consolidación en Oriente próximo del poder “globalizador” de los grandes defensores de su sistema como USA e Israel…Ay Señor, Señor! aquellos periodistas que en nuestro país tienen por máxima “La Verdad os hará libres”, todo esto lo obvian en sus delirios “neocon” tan contrarios a la esencia de los valores de su hipócrita Cristianismo. De nuevo los mercaderes están dentro del Templo.
Todos, absoluta y ciertamente, todos somos potenciales consumidores: desde el nuevo rico de Hong Kong ávido de un último coche deportivo hasta el “tolerante” saudita comprador de lujosa y “coránica” moda parisina. Desde el inmigrante de Quito con su hipoteca inmobiliaria en Europa hasta el obeso “cosmopolita” y desarraigado neoyorkino, sin olvidarnos del por desgracia caduco europeo. De acuerdo, hasta aquí nada nuevo. Sabemos que el mundo desde hace bastante tiempo se rige por las leyes del comercio y cuando no es así, por otra similar que es la de la guerra... Cuando “El Arte de la Guerra” de Sun-Tzú se convierte en libro de cabecera para yuppies, podemos temer lo peor.
Para algunos historiadores el fenómeno de la globalización arranca desde el comienzo de la Edad Moderna, con el denominado Renacimiento. Los fundadores del socialismo científico ya profetizaban dicha globalización. Marx y Engels en su Manifiesto Comunista, refiriéndose a la burguesía, decían que “por la necesidad de dar cada vez mayor salida a sus productos, la burguesía recorre el mundo entero. Necesita anidar en todas partes, establecerse en todas partes, crear vínculos en todas partes”
A la gente, al pueblo en general, siguiendo el viejo adagio romano, se le sigue ofreciendo día tras día, tertulia radiofónica tras tertulia, programa de TV tras programa el conocido “pan y circo”. Se le entretiene en el caso de nuestro estado, con sus reyertas orquestadas bien desde grupos mediáticos de tendencia izquierdista –léase el todopoderoso grupo PRISA- bien desde las coordenadas neoconservadoras de la FAES o sectores de los “pobres de Dios”, también conocidos como Opus Dei. Y descendiendo de nivel, cuando llegamos a las reyertas entre los “vividores” del erario público, igualados en su aferramiento al poder con cualquiera de los anteriores ministros del anterior régimen, ese poder igualmente “caciquil” que sustentan y que supuestamente les perpetua en las urnas, desgraciadamente es para llorar. Esos auténticos reyezuelos de taifas, -léase en este caso por algunos presidentes de las “autonosuyas”- que ahora quieren perpetuar él y su partido de “taifa” un supuesto “legado perenne” en base a erróneas concepciones pseudo-identitarias, parece que se olvidan de algo fundamental: Siguiendo al “vía goda” a la inversa, es decir, en vez de sumar fuerzas y construir algo grande en beneficio de sus contribuyentes , lo que hacen la mayoría de las veces es disgregar dichas fuerzas sin preocuparles que sus irredentos pueblos o neo-naciones igualmente serán fagocitadas e impregnadas “por el mercado que se autorregula”, por ese cosmopolitismo que todo lo nivela y acaba con las diferencias humanas, que es base y riqueza de todos los pueblos del planeta. Son totalmente actuales las palabras autocríticas respecto al actual hombre occidental, con las que denunciaba el futuro de nuestra caduca sociedad el maestro identitario galleguista, Don Vicente Risco. Allá por el primer tercio del siglo XX, V. Risco denunciaba que “…el cosmopolitismo, el internacionalismo, el mundialismo, el universalismo, he aquí otro aspecto del sueño babélico, de la bárbara soberbia de Nemrod, constantemente resucitada en la búsqueda del dominio imperial sobre el planeta, motor y carantoña a un tiempo de la avidez del hombre occidental … Los pueblos occidentales quieren hacer a todos los demás partícipes de su desgracia y el mundialismo único que realmente existe es ese imperialismo que va matando todas la culturas autóctonas y estandarizando la tristeza gris, uniforme, mecanizada, artificial y asquerosa del mundo de la gran industria”[1]
Y la revolución industrial, como hemos aprendido en las lecciones de Historia, supuso el inicio del éxodo masivo de la población rural a la gran urbe, pasando de campesinos a proletarios. Cumple recordar que en los años 30, alrededor del 75% de la población vivía en el campo y su sustento lógicamente se basaba autárquicamente en la explotación de sus recursos. Los montes con árboles autóctonos se explotaban y los valles con sus tierras fértiles producían, aunque no lo suficiente como para mantener a tanta población. No vamos a hacer aquí una elegía bucólica de aquella situación de penuria económica que sufrieron nuestros abuelos y bisabuelos. No descubrimos nada nuevo cuando decimos que la situación actual de nuestros campos es totalmente diferente. Las tierras están en algunos casos, bien abandonadas, bien llenas de pesticidas. Los montes con sus árboles autóctonos desaparecen y en su defecto son suplantados por “plantaciones de eucaliptos”.
El ingreso de España en el Mercado Común Europeo cuando transcurría el año 1982, sin duda alguna fue el ingreso total de nuestra economía en esa denominada globalización. Los ajustes estructurales como es sabido, afectaron por doquier a los más variados sectores de nuestro tejido productivo: desde la industria naval o el textil hasta acabar en sectores primarios como la agricultura y la ganadería.
Lo cierto es que para nuestra actual clase política, la mal denominada “liberalización del mercado” impuesta por la CEE en algunos de nuestros sectores, le ha venido de perlas. Nunca imaginaron “sociatas” y “peperos” ser tan generosamente retribuidos por sus servicios prestados al partido y a lo que no es el partido… y no al interés general de nuestro estado y sus ciudadanos. Recordemos simplemente algunos que ahora nos vienen a la memoria .La “privatización” de la estatal empresa de telecomunicaciones y el conocido pelotazo de su ex-presidente ,”amiguete” de Aznar y sus stock-options de Telefónica, o de eléctricas como Endesa (al “pepero” Martín Villa), o el dorado retiro de múltiples políticos en “suculentos” consejos de administración como el “sociata” Narcis Serra en Caixa Catalunya, por no hablar del “carismático” mister X, Felipe González, conocido por múltiples negocios y empresas en Íbero América. Estos sólo son unos ejemplos a vuela pluma.
¿Quién no se acuerda del funesto euro-comisario Fischler, famoso por sus “ajustes estructurales en el sector agro-ganadero” en nuestro estado, probando las aceitunas directamente arrancadas de un olivo? Como se sabe, la industria olivarera pasó prácticamente a capital italiano y el sector lácteo (especialmente en Galiza, Asturias y Cantabria) se vio condenado a recortes totalmente abusivos. Países diminutos como Dinamarca y Holanda casi tienen tanta cuota láctea como todo el norte de España. Y es justamente en estos sectores agro-ganaderos donde queremos centrarnos. Se puede entonar un réquiem por nuestro campo, por nuestros sectores agrícolas y ganaderos, especialmente en el norte de España, totalmente desproporcionado con respecto a otras zonas del estado lleva a pasos agigantados a este sector hacia el abandono total de nuestros pueblos y también hacia la pobreza de nuestros productores agro-ganaderos. La desarticulación de nuestro mundo rural es una evidencia y sin ningún alarmismo puede ser considerado una desastrosa realidad. Del sector primario se le ha querido llevar al sector servicios, con su “turismo rural”. Y al paso que vamos será más fácil ver a población alóctona celebrando el sacrificio del cordero por su fiesta del Id, que a nuestros paisanos celebrando una tradicional matanza del cerdo en los fríos días del San Martiño.
Tanto latifundios como minifundios han sido y serán una lacra para la explotación de nuestros sectores. Hablar de una reforma agraria, de una “revolución pendiente” en este sector, para algunos sería trasnochado y propio de ideologías caducas, para otros fruto de un desconocimiento del sector. Pero lo cierto es que la descompensación en diferentes zonas del estado es algo patente. Pesa más la región mediterránea frente a la denominada España verde. Para este siglo XXI, el del mercado global, si nuestros políticos no son conscientes del valor empresarial de la identidad, nos veremos abocados ya de forma completa, absoluta y totalitaria (palabra esta última que algunos solo ven en actuaciones del pasado pero no en el presente o futuro) hacia ese imperio invisible y en mano de solo algunos pocos oligarcas.
Creemos que los productos de primera necesidad, con identidad territorial se transforman en productos de una cualidad distinguida, en ambos sentidos de su significado y esta identidad aplicada en el sector agrícola de una manera racional, es decir, ecológica tanto como en el sector ganadero, sin duda generaría empleo y riqueza en nuestros campos y valles, evitando así el despoblamiento de nuestros pueblos, de la pérdida en gran parte de nuestra identidad. Y lo más importante en estos tiempos de los cuales todo el mundo “urbanícola” habla sin descanso del cambio climático. ¿No será mejor la “calidad” de los pequeños y medianos productores frente a los grandes, que solo ofrecen “cantidad”? ¿Se deben de controlar los precios a los mega-distribuidores como Carrefour? ¿Necesitamos forrajes transgénicos, llenos de antibióticos y con ingredientes animales para nuestras herbívoras vacas, para que no se nos conviertan en Locas? ¿Se podría incentivar a los nuestros a retomar una vida mejor en el campo en unas condiciones dignas, que la vida de un infeliz ciudadano que no llega a “mileurista” en una gran urbe? ¿Evitaremos los incendios de nuestros bosques con un aprovechamiento más racional y ecológico de nuestra riqueza maderera? ¿O acaso nosotros y nuestros hijos tendremos que visitar un museo etnográfico para saber como era las vidas en el mundo rural de nuestros abuelos y bisabuelos? ¿Será cierto finalmente que los PC´s, móviles o ladrillos se comen? Porque si no valoramos en su injusta situación a nuestros productores de alimentos, que será lo que comeremos en el futuro, ¿productos del incipiente Magreb o bien de la empresas norteamericanas establecidas en Sudamérica? Y a los africanos con el conocido “dumping”, ¿a que les avocan los defensores del “libre mercado”? ¿A la pobreza perpetua y como solución la inmigración a Europa?
No sería utópico pensar que frente a los tiempos de la globalización, se deben de imponer los tiempos de la Identidad, para nosotros como europeos, como para los diversos pueblos centro y sudamericanos, africanos o asiáticos, puesto que si queremos lo mejor para nosotros, lógicamente lo queremos para el resto… solo así, evitando la imposición de ese imperio invisible pero real que es la globalización y sus tratados de “libre comercio”, se podrán evitar tantas injusticias tanto entre los nuestros como entre los mas pobres del mundo. No olvidemos que la lucha contra esa dictadura del “mercado que todo lo regula”, es de carácter local y nacional, siendo su efecto de carácter internacional y nunca a la inversa como piensan algunos “rojiverdes”.
Escribía un ministro de agricultura alemán del pasado siglo, con mucha razón, que frente a los valores en decadencia de los hombres de la ciudad, los hombres del campo con su sencillez y rectitud son los que realmente hay que valorar: “La ciudad produce gentes en serie, con muy raras excepciones…El hombre de ciudad bañado en todas las aguas de la gran urbe, es ciertamente, “listo y despierto”, o por lo menos tal es al impresión que produce al primer golpe de vista, pero es raro que aporte los dones que garantizan al jefe en los grandes momentos de la Historia, esta rectitud que le mantiene en el buen camino”
Y ese mundo rural se está perdiendo, los jóvenes ante la falta de expectativas se marchan y solo los mayores, una población sumamente envejecida es la que pervive. Un ejemplo, en Galiza, en el Concello de Monforte de Lemos, en el año 1996 el padrón municipal ofrecía este panorama. Población de derecho: 19.180, población activa 5.215, población desocupada 9.912, jubilados 3.405 y residentes ausentes 651. Pues bien, ¿decidme en que economía desarrollada en nuestro mundo rural, trabaja uno por cada cuatro? ¿Y luego nos hablan los políticos de problemas en las cuentas de la Seguridad Social? ¿Y sus suculentas pensiones y dorados retiros, también peligran o solo tienen el riesgo los autónomos del campo, para esos trabajadores que no tienen ni fines de semana ni vacaciones?
Cuando los montes y los labradíos se abandonen por casi completo, la población envejecida vaya desapareciendo, ¿qué panorama nos encontraremos? ¿Si se produce un colapso del sistema –que sin duda se producirá- cómo se alimentará a la población? No somos profetas, pero la evidencia del desfase y la desarticulación que existe en nuestro mundo rural, es como para prever el peor de los augurios. Mientras tanto, que se consuelen los habitantes de las urbes con el “pan y circo” mediático, “consume y consume, que no te pueda la presión social”, “ya es primavera en el Corte…”
Para nosotros los identitarios, la revitalización de nuestros campos va unida a la revitalización de nuestros pueblos, siendo un freno a la desertización por completo de nuestras comarcas y por consiguiente de nuestra íntima arquitectura rural tradicional, además de costumbres ancestrales que día a día se olvidan. Creemos que el sistema actual utilizado no puede sostenerse ya por más tiempo. Estamos convencidos de que el empleo de alternativas ecológicas y racionales frente al “industrialismo” aplicado a estos sectores, en su suma son respuestas a la explotación de energías limpias (biomasa, solar, etc.) nos llevarían a no tener una dependencia exclusiva de energías fósiles, tal y como preconiza la actual sociedad de consumo. La agricultura y ganadería ecológica no deben ser competidores en nuestros mercados, sino la opción prioritaria a regular por nuestros políticos. Debemos acabar ya con la pérdida de la calidad natural de nuestros alimentos y su valoración por su aspecto externo, olvidándonos sus cualidades organolépticas y sus efectos sobre la salud humana. Debemos apreciar nuestra biodiversidad sin fomentar monocultivos y variedades de alto rendimiento, donde se abusan de fertilizantes químicos y de pesticidas, eliminando la rotación en el cultivo de las tierras y posterior empobrecimiento. Nuestros labradores y ganaderos no deben estar sometidos a intereses industriales ajenos al campo (fitosanitarios, simientes, abonos, maquinaria….) porque así el mercado escapa su control y los precios no son reales, basados estos en criterios políticos y económicos neoliberales impuestos desde organismos como la CEE, el FMI o la Organización mundial del Comercio.
Con el actual sistema de explotación “industrializado”, lo vegetal y lo animal dejan de estar interrelacionados, frente a lo tradicional, racional y ecológico donde ambas actividades eran interdependientes y suma de un todo. Y la progresiva regularización de nuestra ganadería y agricultura ecológica a través de sus consejos reguladores (que no deben ser organismos ineficaces ni policiales poblados de vagos funcionarios, sino de apoyo, fomento y difusión de nuestra tradicional cultura agro-ganadera) será importante fuente de riqueza y salud para todo el conjunto de la población. Así pues creemos que “el reino de la cantidad” debe ser vencido por la calidad y la identidad, expresión magna de la biodiversidad y como fórmula de retorno racional y regeneracionista a nuestro maltratado hábitat rural.
Quienes combatimos en el terreno de las ideas y no en el del voto, quienes creemos que la política es un arte de transformación y mejoramiento de nuestro entorno y no de enriquecimiento rápido y “concesión de favores”, sabemos que estamos en gran desventaja, al igual que nuestra conservadora gente del pueblo, frente a la autodenominada “ciudadanía” e igualmente creemos que en su efecto mejorando lo natural que es nuestro entorno rural, cual arte alquímico, en su causa se mejorará lo artificial, que es nuestro entorno urbano. Ese será uno más de los múltiples y grandes retos que tendremos que afrontar por la pervivencia de nuestra Identidad en este siglo XXI, un siglo de cambio climático y esperemos que de putrefacción y caída del “imperio globalizador”.
Federico Traspedra

