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De las Imágenes de los Dioses, por Stéphane Fèye

De las Imágenes de los Dioses, por Stéphane Fèye

 

 

Introducción

Desafortunadamente, sólo nos quedan fragmentos muy breves del tratado Peri Agalmaton de Porfirio. Le debemos al helenista J. Bidez, de la Universidad de Gante, el haberlos reunido en su Vida de Porfirio.(1) Su fuente principal proviene del tercer libro de La preparación evangélica de Eusebio de Cesárea. Este autor, a pesar de no estar alejado de Porforio más que una generación, está lejos de darnos una fiel transcripción del Peri Agalmaton, y ello por dos motivos:

En primer lugar, La preparación evangélica es una obra de polémica, destinada a denunciar el culto a la naturaleza sensible. En segundo lugar, el mismo Eusebio dice en varios lugares que ha abreviado el texto. Efectivamente, «se adivinan lagunas y las frases tienen una sequedad, una dureza, un ritmo entrecortado que, sin duda, no son debidos a Porfirio».(2)

Sea como fuere, le debemos a este apologista cristiano el haber transmitido a la posteridad una pequeña parte de una obra sin duda muy importante (según las dimensiones de sus demás libros) que, probablemente, fue quemada por el emperador Teodosio II en una época de sectarismo intolerante.

No es difícil entender el celo que los cristianos han puesto en censurar sistemáticamente la corriente neoplatónica que representa nuestro autor. En efecto, la religión pagana por sí misma no constituía ya en esta época (siglos II y IV) un gran peligro para las ideas cristianas, ya que, víctima de asfixia, moría por sí misma, hundida en la ignorancia y en una idolatría evidentes. Los únicos que podían comprometer seriamente la ascensión de un cristianismo de tipo popular(3) eran los eruditos, quienes, por medio de argumentos válidos se esforzaban en reanimar la religión de los antiguos y se arriesgaban a tranquilizar a los paganos en sus prácticas. Esto es lo que hace Porfirio a lo largo del Peri Agalmaton: devuelve a las imágenes de los dioses y a los ritos usados, la luz tradicional necesaria para su comprensión filosófica.

Era necesario, pues, que Eusebio llegara a demostrar que la enseñanza misma de Porfirio preconizaba la idolatría; esta tarea le era fácil, ya que en todos los fragmentos que cita, el autor del Peri Agalmaton no parece dar de los dioses y de sus atributos más que una interpretación astrológica; así pues, éstas sólo podrían significar la naturaleza sensible.

Dejarse convencer por tales argumentos sería hacer poco caso de la primera frase del tratado: «Hablaré a quienes está destinado: profanos, cerrad vuestras puertas.»

Por otra parte, sería inútil volver a abrir aquí el dosier de esta polémica estéril, que no tiene por origen más que un malentendido sobre unas palabras, si no fuera para situar correctamente el clima de la redacción de la obra. No obstante, añadiría que para tener una idea clara y objetiva de esta disputa habría que estar en posesión de la totalidad del Tratado contra los cristianos, que, -¿es necesario decirlo?- también fue destruido durante el reinado de Teodosio.

El Peri Agalmaton es de un interés considerable para el buscador. Lo guía con seguridad a través del laberinto inextricable de la antigüedad pagana.

Para ciertas palabras, las exégesis que propone son a veces sorprendentes y bastante alejadas de las etimologías racionales de la lingüística. Lo mismo ocurre en las interpretaciones de los símbolos. Sin embargo, como bien dice el mismo autor respecto a sus comentarios de Homero, «No se debe creer que tales interpretaciones sean forzadas ni ver en ellas más que hipótesis de espíritus sutiles, sino que hay que considerar la sabiduría antigua.»(4)

 

De las imágenes de los dioses, de Porfirio

 

1. «Hablaré a quienes está destinado; profanos, cerrad vuestras puertas.»(1) Pues desvelo nociones de una sabiduría teológica; es Dios y las potencias de Dios lo que los hombres han revelado mediante estas nociones.

Lo han hecho a través de imágenes apropiadas a los sentidos, imprimiendo las cosas invisibles en las otras visibles, para aquellos que han aprendido a descifrar en las representaciones lo que se encuentra grabado referente a los dioses, de la misma manera que se haría en los libros.

Además, nada hay de extraño en que los más desprovistos de instrucción tomen a las estatuas por bloques de piedra o de madera, exactamente como aquellos que no saben leer no ven en las estelas, las tablas o los libros más que piedras, maderas o papiro f

2. Ya que la Divinidad es parecida a la luz, que permanece en un derramamiento circular de fuego etéreo y que es invisible a los sentidos que se ocupan de la vida mortal. Era mediante una materia brillante y transparente, como el cristal, la piedra de Paros o el marfil, que hacían concebir su luz; por otra parte, a través del oro daban la noción del fuego y de su pureza, ya que el oro está exento de toda mancha. Pero muchos han empleado también una piedra negra a fin de expresar la invisibilidad de su esencia.

Y si representaban a los dioses bajo forma humana es porque la Divinidad está dotada de logos, logicon; si los formaban bellos es porque la belleza en ellos está intacta. Si les han dado apariencias, tamaños o vestiduras diferentes, si los han hecho sentados o de pie, masculinos o femeninos, muchachas, adolescentes o bien casados, es para señalar sus diferencias.

Por ello, todo lo que es blanco se ha atribuido a los dioses celestes; la esfera y lo esférico fue reservado al cosmos, al sol y a la luna pero también en muchas ocasiones a la fortuna y a la previsión; el círculo y lo que es circular al eón y al movimiento del cielo así como a los cinturones y a los círculos celestes; las porciones de círculo a las fases de la luna; las pirámides y los obeliscos a la esencia del fuego y por consiguiente a los dioses del Olimpo, al igual que el cono al sol y el cilindro a la tierra mientras que se ha atribuido el falo a la semilla y a la generación y también el triángulo a causa del sexo femenino.

3. Pero veamos la sabiduría de los griegos examinándola bajo este aspecto. Por ejemplo, los autores de los poemas órficos. En efecto, está sobreentendido que Zeus es el alma, nous, del mundo, que, conteniéndolo, ha creado lo que contiene, y en sus teologías han transmitido, refiriéndose a él, lo siguiente:

Zeus fue el primer engendrado, Zeus del rayo resplandeciente de blancura es el último.

Zeus es la cabeza, Zeus es el centro, todo ha recibido el ser de Zeus.

Zeus nació macho, Zeus inmortal nació Ninfa.

Zeus es el fundamento de la tierra así como del cielo estrellado(2)

Zeus es rey, Zeus mismo es el primer genitor de todas las cosas.

Ha nacido fuerza única, daimón único, gran jefe de todo.

Cuerpo real único, en el cual giran todas las cosas:

el fuego, el agua, la tierra y el éter, la noche y el día

y la Sabiduría, primera genitora y el Eros encantador.

En efecto, todo esto se halla en el gran cuerpo de Zeus.

Al verlo, su cabeza y su bello rostro

son el cielo resplandeciente en el que flotan por todas partes

las magníficas cabelleras de oro de los astros brillantes.

Son dos cuernos de toro de oro por una y otra parte,

son el levante y el poniente, caminos de los dioses celestes.

Sus ojos son el sol y la luna que están frente a él.

Su Nous verídico y real es el éter incorruptible,

al cual todo obedece y por el cual todo se expresa.

No hay ningún sonido, ninguna voz ningún ruido, ningún oráculo

que escape a la oreja de Zeus Omnipotente, hijo de Cronos.

Así, inmortal es su cabeza al igual que su pensamiento.

Su cuerpo, ¡oh, cómo irradia a su alrededor!, es inmenso, y no es compacto.

Intrépido, de miembro robusto; por esto es omnipotente.

Los hombros, su amplio pecho, la ancha espalda del Dios, es una aire vital

que se esparce a lo lejos; le han crecido unas alas con las cuales vuela a todas partes.

Su vientre sagrado, es la tierra madre de todo, con las cimas elevadas de las montañas.

Su cintura es el medio, es la hinchazón del mar sonoro y pesado océano.

Su base extrema son las raíces en el interior de la tierra,

el Tártaro enmohecido y los últimos confines de la tierra.

Después de haber escondido allí todas las cosas, proyectó producirlas

de nuevo de su seno hacia la alegre luz, realizando cosas semejantes

a los dioses.

Así pues, Zeus es el cosmos entero, ser vivo entre los seres vivos y dios entre los dioses; Zeus, en tanto que Nous, produce todas las cosas y las crea mediante sus pensamientos.

Tal como los teólogos exponían la doctrina relativa al dios, no era, evidentemente, posible confeccionar una imagen equivalente a la que indicaba el discurso, y aun admitiendo que se hubiera pensado en ello, no se habría podido expresar con la esfera los aspectos vivificante, pensante y providencial de dios.

Pero hicieron la representación de Zeus antropomórfica, ya que creaba según el Nous y por medio de palabras espermáticas perfeccionaba todas las cosas.(3) Además, está sentado, lo cual hace alusión a la estabilidad de su potestad. Su parte superior está desnuda porque es luminoso(4) en los [seres] pensantes, noerois, y en las partes celestes del cosmos, mientras que su parte anterior está cubierta porque es invisible en las cosas de abajo.

Sostiene un cetro con su mano izquierda, lo que quiere decir que entre las partes del cuerpo, la que predomina más y la que tiene que ver más con el Nous: noerotaton, o sea, el corazón, se esconde en sus entrañas. Pues el Nous creador es rey del mundo.

En su mano derecha extendida, sostiene o bien un águila, ya que domina sobre los dioses que andan en el aire, como el águila sobre las aves de las alturas, o bien una victoria, pues él mismo ha vencido todas las cosas.

4. Se considera a Hera la compañera de Zeus, dominando Hera la potestad del éter y del aire. Pues el éter es el aire más sutil.

5. Pero es en general la potestad del aire, la que ha recibido de la palabra «aire» su nombre, Hera. Mientras que el aire iluminado y oscurecido por la luna tiene como símbolo a Leto: es, en efecto, olvido, letho, dicen, a causa de la ausencia de los sentidos durante el sueño y porque el olvido de lo divino acompaña a las almas nacidas bajo la luna. Es también por este motivo que Leto es la madre de Apolo y Artemisa, causantes de la iluminación de la noche.

6. En cuanto a la principal de las potestades subterráneas, la han denominado Hestia; su estatua de muchacha está instalada sobre el fuego del hogar, estias. Al ser su potestad fecunda se representa con los rasgos de una mujer de pecho desarrollado, mientras que Rea es el nombre que daban a la potestad que fabrica las piedras y el suelo de las montañas, y Deméter es la potestad de la tierra fértil de las llanuras. Deméter es, sin embargo, parecida a Rea en todos los aspectos, con la diferencia de que Zeus engendra a Core, o sea el germen, koron, que proviene de las semillas de la maleza. Por esta razón su estatua ha sido coronada de espinas; en cuanto a las amapolas que le rodean, simbolizan su fecundidad.

7. Y ya que en las semillas sembradas en la tierra hay también un poder que es atraído por el sol cuando en el momento del solsticio de invierno llega al hemisferio inferior, esta potencia seminal es precisamente Core; pero el sol que va bajo tierra y que da la vuelta al mundo invisible en el solsticio de invierno es Plutón, y dicen de él que se apodera de Core y que Deméter la añora porque está escondida bajo tierra.

La potestad de los frutos y de los vegetales en general, se denomina Dioniso.

Pero veamos también cuáles son las imágenes de estos dioses:

Core, efectivamente, lleva los símbolos de la germinación de lo que crece y se cosecha sobre la tierra. Dioniso, al igual que Core, lleva cuernos; además, tiene aspecto femenino, lo cual indica la potencia hermafrodita de la generación de los frutos.

Plutón, el raptor de Core, lleva un casco, símbolo del hemisferio invisible, y su cetro truncado es el signo de su realeza sobre las cosas de abajo. Su perro (kuon), muestra la formación (kuesin) de las plantas dividida en tres partes, a saber, las siembra (katabolen), la recepción (upodochen) y la digestión (anadosin). Si es llamado kuon, ‘perro’, no es porque tenga los destinos (keras) por alimento (boran)(5), lo que indica las almas (psuchas), sino a causa del verbo «llevar en su seno» y a lo que hace Plutón, el Corego, cuando rapta a Core.

Atis y Adonis se refieren ambos a las plantas. Pero Atis simboliza las flores que aparecen en primavera y se disipan antes de llegar a la madurez; desde entonces se le ha atribuido la castración, ya que estas plantas no consiguen acabar su maduración seminal.

Adonis, por el contrario, es el símbolo de la cosecha de los frutos maduros.

En cuanto a la agitación del aire que se mezcla con el todo en una gran proporción, es simbolizada por Sileno. Su calvicie y el brillo de su cabeza significan la bóveda celeste y, en cambio, los pelos que recubren su parte inferior demuestran la opacidad terrestre con respecto del aire.

Y por fin, sabiendo que existía un poder que participaba en la potestad adivinatoria, se ha denominado Temis a esta facultad de decir lo que ha ocurrido y ocurre a cada uno.

Así pues, es sin lugar a dudas la potestad terrestre que, enseñada a través de todos estos símbolos, es objeto de culto. Bajo los rasgos de virgen Hestia se honra a la potestad central; como madre, es la potestad nutritiva; cuando Rea, produce piedras y montañas; cuando Deméter, aporta el verdor; cuando es Temis, es la potestad adivinatoria, y el logos fecundante que desciende en ella está representado por Príapo. Logos, del cual lo que se refiere a las plantas secas se llama Core y lo que se refiere a las plantas jugosas y a las frutas se llama Dioniso. Core, raptada por Plutón, el sol que va bajo tierra, simboliza la siembra, mientras que Dioniso representa la joven fuerza generadora que empieza a germinar bajo tierra. Atis simboliza la frágil fuerza de floración y Adonis la de la cosecha cuando todo está maduro; la virtud neumática que penetra todas las cosas está modelada en Sileno. Y la fuerza que provoca el extravío del espíritu fuera de sí mismo hasta el éxtasis tiene como símbolo una Bacante. También existen los Sátiros, que representan la excitación del ardor en los placeres del amor. Se ve que a través de estos símbolos es desvelada la potestad terrestre.

8. En cuanto a la potestad que produce el agua, considerada en su conjunto, se la ha llamado Océano, y se ha dado a su símbolo el nombre de Tetis. De esta potestad general, la que compone las aguas potables es llamada Aqueloo, la de las aguas del mar Poseidón y, de nuevo, la que produce el mar, en tanto que generadora, es Anfitrita. También hay las virtudes particulares de las aguas dulces denominadas Ninfas y las de los mares llamadas Nereidas.

Por otra parte, se ha denominado Hefaistos la potestad del fuego y el ídolo que se ha hecho de él es antropomórfico; se le ha atribuido un gorro azul oscuro para simbolizar la bóveda celeste, allí donde se encuentra lo principal y lo más puro del fuego. Pero el fuego que desciende del cielo a la tierra es más lánguido y necesita un sostén y un soporte material (ules). Esta es la razón por la cual Hefaistos cojea, ya que necesita la materia como apoyo.

El sol, sobreentendiendo su gran potestad, ha sido denominado Apolo, a causa de la vibración, palsis, que viene de palloo, de sus rayos. Para acompañarle cantando, tiene nueve musas, es decir, la esfera sublunar más las siete esferas de los planetas, más una para los fijos. Le ha sido atribuido el laurel en primer lugar por que este vegetal está lleno de fuego y por consiguiente es odiado por los demonios, luego porque al quemarse balbucea, para significar la profecía divina.

Además, al ser el sol el conservador de las cosas terrestres, se le ha llamado Heracles, ya que con el contacto del aire (aera: era) se debilita, kilasthai, yendo del oriente al poniente. Según el mito, soporta doce pruebas; este símbolo proclama el reparto en el cielo de los doce signos del Zodíaco. De sus atributos, la maza y la piel del león, siendo uno el símbolo de la desigualdad, anomalias, y el otro el de la fuerza de este signo del Zodíaco.

En cuanto a su virtud salvadora es representada por Asclepios. Le ha sido otorgado el bastón, símbolo del apoyo y de la resurrección de los enfermos; alrededor de este bastón se enrolla una serpiente, que significa la salvación del cuerpo y del espíritu, puschen; pues este animal es muy espiritual, pneumaticotaton, y se deshace de la enfermedad de su cuerpo. Parece ser el más apto para curar, pues ha encontrado el remedio de la vista aguda y la leyenda dice de él que conoce una hierba que hace resucitar.

A la virtud ígnea que causa el movimiento de danza circular y periódica, y que por este medio hace crecer los frutos, se le ha llamado Dioniso, por otro motivo que la potestad sobre los frutos jugosos; proviene o bien del verbo dinein, ‘hacer girar’ o bien porque el sol acaba, dianuein, su revolución en el cielo. Además, al girar el sol alrededor de las estaciones, oras, del mundo y al hacer los tiempos y los instantes, kairon, se le ha denominado Horus, Oros. Además, el símbolo de su potestad sobre los cultivos, por los cuales otorga la riqueza, ploutos, es Plutón. Sin embargo, al tener también una fuerza destructora, por este motivo se asocia Plutón a Sarapis, cuya túnica púrpura se escoge para simbolizar la luz enterrada bajo tierra. Su cetro mutilado significa la potestad infernal y su signo de la mano, el paso hacia lo invisible.

En cuanto a Cerbero, si tiene tres cabezas es porque el sol tiene tres posiciones en el cielo: el levante, el mediodía y el poniente.

9. Sobreentendiendo que la luna, Selene, viene de la palabra, selas, ‘luz’, se le ha dado el nombre de Artemisa, que se parece a Aerotemisa, ‘partiendo el aire’; y si Artemisa, aunque sea virgen, gobierna los partos, es porque es la virtud de la luna nueva la que favorece el parto.

Lo que Apolo es al sol, Atena es a la luna. En efecto, es el símbolo del pensamiento, pues es Atrena, ‘pensamiento’. Hécate, que también es la luna, simboliza las fases de la influencia de cada una. Por ello, su potestad es triple. Como símbolo de la luna nueva lleva el vestido blanco, las sandalias de oro y las antorchas encendidas.(6) La canasta que lleva sobre la cabeza simboliza el crecimiento de las plantas, que hace crecer a medida que su luz aumenta. La luna llena es representada con sandalias de bronce. Y, ciertamente, por su ramillete de laurel se puede comprender que se trata de su aspecto ígneo. En cuanto al símbolo de la amapola, designa su fecundidad y a su vez la multitud de las almas, psuchon que van a residir en ella como en una ciudad, ya que la amapola es el símbolo de la ciudad.

Refiriéndose a Eileitia, es la misma, y simboliza la fuerza generadora. Al igual que Artemisa, lleva flechas; es debido a la intensidad de los dolores del parto. Las Parcas también se refieren a estas potestades: Cloto a su potestad generadora, Laquesis a su virtud nutritiva y Atropo está al servicio de la inflexibilidad divina. Se le asocia también la virtud genética de las plantas, o sea Deméter, que está incluida en ella. La luna contiene también a Core. Se le asocia incluso a Dioniso porque a ambos les crecen cuernos y a causa del lugar de las nubes que está sometido a las partes inferiores.

Teniendo en cuenta que la virtud de Cronos era pesada, lenta y fría, se le ha atribuido la potestad del tiempo, cronon, y se le representa de pie, con los cabellos canosos, para expresar que el tiempo envejece.

Como símbolos de los instantes, chairon, están las Curetes, que hacen pacer al tiempo, pues el tiempo camina a través de los instantes.

En cuanto a las Horas, las del Olimpo pertenecen al Sol, abren las puertas del aire, mientras que las de los infiernos pertenecen a Deméter. Llevan la canasta llena de flores, símbolo de la Primavera, o de frutos, símbolo del Verano.

Al haber comprendido que la potestad de Ares era ígnea, le hicieron el causante de la guerra y sanguinario, capaz de perjudicar o de ser útil.

Y al haber observado que la estrella de Afrodita incitaba a la generación y que era responsable de la pasión de la procreación, la representaron con los rasgos de una mujer, dada su potestad generadora; de una mujer bella, por cierto.«El Astro de la noche, el más bello que hay en el cielo.»(7)

Le añadieron Eros para asistirla, en razón del deseo; esconde sus senos y su sexo, pues su virtud es la causa de la generación y de la nutrición; y si sale del mar, del elemento húmedo y caliente que se mueve en todos los sentidos, provocando espuma, afriontos, (de afros)(8), es para dar a entender veladamente que se trata de la semilla.

En lo referente al Logos que crea y expresa todas las cosas, es representado por Hermes. El Hermes en erección demuestra su vigor; indica también que el Verbo seminal penetra a través de todas las cosas. Además, el Logos resume el logos en el sol, que es Hermes, al igual que el logos es la luna que es Hécate y el logos en el todo que es Hermopan. En efecto, para todos ellos, es aquel que crea y que fecunda. Lo mismo ocurre con el dios semi griego de los Egipcios, Hermanubis. Y como el logos pertenece también a la potestad del amor, eroses, ésta se expresa por Eros. Por esta razón Eros es el hijo de Hermes y si es un niño es por la agilidad que demuestra para abalanzarse sobre las pasiones.

De Pan se ha hecho el símbolo del todo, pantos; los cuernos que le ponen son símbolos del sol y de la luna, y su piel de cervatillo indica las estrellas en el cielo o la variedad del todo.

10. El creador, que los egipcios denominan Knef, es representado por un hombre; tiene la piel oscura, lleva un cinturón, zonen, un cetro y alrededor de la cabeza una pluma real; todo ello indica que el logos es difícil de encontrar, ya que está escondido y no es luminoso, que es creador de vida, zoopoios, que es rey y que, finalmente, se mueve como el Nous, noeros. Por esto le crece, fusis, la pluma sobre la cabeza.

Dicen que este dios hace salir de su boca un huevo, del cual nace un dios que ellos llaman Ptah y los griegos Hefaistos. Enseñan que este huevo es el mundo. Se le consagra a este dios una vaca, ya que los antepasados bebían leche.

Hicieron la siguiente representación del mundo: es la estatua de un hombre que tiene los pies juntos y que está envuelto de la cabeza a los pies por un abrigo de colores variados; sobre la cabeza lleva una bola de oro; esto explica que no cambie de sitio, que la naturaleza de los astros es variada y que el mundo es esférico.

Algunas veces simbolizan el sol mediante un hombre en una barca; esta barca está colocada sobre un cocodrilo, krokos, ‘amarillo’. La barca indica el movimiento en lo húmedo mientras que el cocodrilo representa el agua potable en la cual el sol es llevado. De esta manera se representaba al sol haciendo un movimiento rotatorio a través de un aire húmedo y suave.

En cuanto a la virtud de la tierra, tanto celeste como infernal, la llamaron Isis a causa de la igualdad, isoteta, de la cual proviene el derecho. Según dicen, la celeste es la luna y la infernal es la que da fruto, aquella en la cual vivimos.

Deméter tiene el mismo poder para los griegos que Isis para los egipcios. Además, Core y Dioniso en Grecia son Isis y Osiris en Egipto. Es Isis quien nutre y educa lo que crece sobre la tierra. Y Osiris, para los egipcios, representa la fuerza fertilizante con la que uno se concilia mediante los cantos fúnebres, trenos, cuando desaparece en la tierra en el momento de la siembra y que nosotros asimilamos para nuestra nutrición.

También se le concibe como la potencia fluvial del Nilo, mas cuando se trata de representar la tierra infernal se le considera la potestad que produce los frutos; y si se trata de representar la tierra celeste, entonces Osiris es el Nilo, que se supone desciende del cielo. Los egipcios lo lloran también, dirigiendo buenas palabras a su potestad cuando decae y se pierde.

Isis, que se une a Osiris según los mitos, es la tierra de Egipto porque entonces la iguala, isoutai, concibe y produce los frutos; por ello la tradición enseña que Osiris es esposo, hermano e hijo de Isis.

En la ciudad de Elefantina se honra una estatua que representa un hombre; está sentado, es de color azul marino. Tiene una cabeza de carnero, una diadema real con cuernos de macho cabrío, coronada con un disco. Cerca de él se encuentra un jarro de arcilla, sobre el cual da forma a un hombre. El hecho de que tenga un rostro de carnero y cuernos de macho cabrío demuestra la conjunción del sol y de la luna en Aries. Es de color azul marino, ya que la luna en conjunción trae agua.

Se honra la segunda fase de la luna en la ciudad de Apolo. Está simbolizada por un hombre con cabeza de halcón que con su venablo abate a Tifón, representado él mismo por un hipopótamo. La estatua es de color blanco, lo que indica que la luna está iluminada. Su rostro de halcón muestra que su luz y su soplo provienen del sol. En efecto, los egipcios dedican el halcón al sol y lo convierten en el símbolo de la luz y del soplo a causa de la velocidad de su movimiento y porque se eleva hacia las alturas, allí donde está la luz. En cuanto al hipopótamo, indica el polo, polon, del poniente, ya que engulle a aquellos que permanecen a su alrededor, peripolountas. El dios que se honra en esta ciudad es, por cierto, Horus.

La ciudad que consagra un culto a la tercera fase es Eileitia: la estatua representa un buitre en pleno vuelo cuyas alas están compuestas por piedras preciosas; su forma de buitre simboliza la luna en su aspecto de generadora de espíritus, pues para ellos el buitre, que sólo representa hembra, es concebido del espíritu.

En los misterios de Eleusis, el hierofante está representado por la imagen del demiurgo, aquel que lleva la antorcha de la imagen del sol, aquel que está sobre la plataforma de la luna y el heraldo sagrado de la de Hermes.

Los egipcios admiten incluso un hombre en los cultos sagrados. De hecho, hay en Egipto una aldea llamada Anabis donde se honra a un hombre. En su honor se le ofrece un sacrificio y se queman víctimas en los altares; después de ello se ponen a comer lo que ha sido preparado para él como para un hombre.

De ningún modo tomaban a los animales por dioses, pero hacían de ellos imágenes y símbolos de los dioses. La prueba estriba en que inmolaban bueyes a los dioses en muchos lugares durante sus fiestas mensuales y sus cultos. Ya que no hay duda de que consagraban bueyes al sol y a la luna.

En Heliópolis, el buey que se consagra al sol se denomina Mnevis. Es mayor que los otros y es totalmente negro, principalmente porque la abundancia del sol ennegrece los cuerpos humanos. En comparación con otros bueyes tiene la cola y todo el cuerpo erizados tal y como el sol realiza su recorrido en el sentido inverso a las agujas del reloj, polo.

Tiene unos testículo muy grandes, porque el deseo pasional nace bajo la acción del calor y se dice que el sol fecunda la naturaleza.

Los egipcios han dedicado a la luna un toro que denominan Apis; también es negro aunque más que los otros, y si lleva los emblemas del sol y de la luna es, de nuevo, porque la luz de la luna proviene del sol. El signo del sol es la negrura de su cuerpo, así como el nudo bajo su lengua; el símbolo de la luna es que tiene dos protuberancias (en el lomo) divididas en dos partes.

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Notas de la introducción:

(1) J. Bidez. Vida de Porfirio, Gante, Lib. Cient. E. van Goethem, 1913. Reimpresión: Hildesheim, 1964.

(2) J. Bidez, Op. cit. p. 146.

(3) Pues bien, parece que ha habido dos clases de cristianismo: el más antiguo, elítico y secreto, sin contradicción con los ritos griegos de iniciación; el otro, posterior, popular y oficial, de una intolerancia total hacia todo lo que era pagano. Es lo que afirma P. Saintyves cuando dice a propósito de la cueva del Gólgota: «Los ritos de Adonis, me refiero al Adonis gnóstico, bajo su forma primitiva e iniciática, se perpetuaron de un modo verosímil hasta el reinado de Constantino, y cuando san Jerónimo nos dice que Adriano estableció allí el culto de Venus o de Astarté, hay que entenderlo como una protección concedida a una «secta cristiana» en detrimento de «otra», una «admitiendo» la gnosis, la iniciación secreta y los sacrificios sangrientos, «rechazándolos la otra» (P. Santyves Ensayo sobre las cuevas en los cultos mágico-religiosos y en la simbología primitiva, París, Emile Nourry, 62, rue des Écoles, 1918).

(4) Porfirio, Del antro de las ninfas en la Odisea, rec. A. Nauck, Teubner, 1886, p. 81. Filósofo de la escuela de Alejandría, Porfirio (233-304 d. de C.) fue discípulo de Plotino. Escribió la vida de Plotino, la de Pitágoras y numerosos libros contra los cristianos (véase Le Fil d’Ariane número 2, p.21).

Notas del texto:

(1) Turas d’epiteste bebeloy. Esta sentencia encabeza varios poemas órficos bajo la forma de Epiteste bebeloys. Se traduciría entonces: «Cerrad las puertas a los profanos», lo que sería más lógico.

(2) Después de este verso, Godfried Hermann inserta dos que no están en el Peri Agalmaton. «Zeus es un soplo ligero, Zeus es un impulso de fuego infatigable.»«Zeus es raíz del mar, Zeus es sol y luna.» Orphica recensuit, Godofredus Hermannus, Fritsch, Lipsiae,1805.)

(3) Cf. Louis Cattiaux: «La creación es como la imaginación de Dios coagulada por el Verbo» El Mensaje Reencontrado, Ed. Sirio, 1987, libro XVIII, versículo 21.

(4) E. des Places no lee phanos, ‘luminoso’, sino faneros, ‘visible’.

(5) Keras boran, de aquí su nombre Cer-bero. Ker significa: ‘destino’.

(6) Es extraño que la luna nueva reciba atributos tan luminosos. Quizá lo entenderíamos mejor con la ayuda de Dom Pernety: «es propiamente la materia al blanco, color que aparece en la obra antes que el rojo...» (voz: Diana del Diccionario Mito-hermético, Denoël, 1972). Quizá tengamos aquí la prueba de que Porfirio no habla de la naturaleza exterior.

(7) Homero, Ilíada; XXII, 318.

(8) Es además de la palabra ‘espuma’, afros, que proviene el nombre de Afrodita.

Democracia y Mundialización

Democracia y Mundialización

Uno de los tópicos más extendidos entre el pensamiento de izquierdas es que democracia y "globalización económica" son enemigos irreconciliables. Según esta tesis, la progresión del mercado global somete cada vez más a los ciudadanos a criterios estrictamente mercantiles cuya última instancia decisoria es la eficacia económica. Este planteamiento desemboca forzosamente en una reorganización de la sociedad conforme a criterios no democráticos, en los que la voluntad popular resulta usurpada por la mundialización. Semejante tesis ha calado hondo entre los intelectuales de izquierda de todo tipo, desde la ultraizquierda proterrorista y extraparlamentaria hasta la izquierda más moderada del ámbito socialdemócrata. La difusión de esta tesis desde la izquierda ha arrastrado a su vez al ala más populista de la derecha que no ve con buenos ojos ese extraño fenómeno al que todo el mundo denomina "globalización económica". El resultado es que una vez más nos encontramos con que partidos de derecha o de centro, o sectores de los mismos, se desenvuelven en la escena política con las categorías ideológicas de la izquierda.

Sin embargo ¿es verdadera la tesis planteada? Creemos que no. En realidad dicha tesis no es más que una ideología, en el sentido más peyorativo del término, destinada al consumo de masas, un simplismo harto discutible con el que la izquierda de siempre intenta alcanzar otra vez la hegemonía ideológica. Primeramente habría que determinar con precisión qué es mundialización y qué es democracia. En esta sección siempre hemos preferido el término "mundialización" al de "globalización" o al de "globalización económica" porque aquel refleja mucho mejor un proceso que es histórico e ideológico antes que económico. El economicismo marxista, que aún pervive encarnado en la "antiglobalización" oficial, es incapaz de percatarse de que la mundialización es un proceso que se da a múltiples niveles, todos ellos jerarquizados, uno de los cuales es el económico. Esta afirmación es tan evidente que, por su propio peso, los antiglobalización de Porto Alegre no han tenido más remedio que rendirse a la evidencia y asumir los aspectos ideológicos que les unen a la mundialización, para más tarde presentarse como reformistas de la misma y no como discrepantes o contradictores.

Por otro lado, ¿es realmente inocente la "democracia" en lo que respecta al nacimiento y creación de las estructuras transnacionales que han permitido el actual proceso de mundialización? ¿qué se entiende por "democracia"? En realidad ambas preguntas son similares. Para empezar, cualquier estudioso de la ciencia política sabe que el término "democracia" es vago y que ha sido empleado tanto por los comunistas que construyeron el muro de Berlín como por los gobiernos occidentales modernos. A fin de salvar este escollo, podemos suponer que por "democracia" se entiende aquel sistema regido por partidos políticos y sufragio universal. Puede que esta afirmación sea una simplificación excesiva pero también es cierto que no es muy distante del significado que manejan los medios de comunicación y los cronistas políticos de toda laya. En las democracias modernas, encontramos que el epicentro de la representación política y la encarnación de la voluntad popular es el partido político, una estructura que, para asegurar su éxito electoral, y por ende su supervivencia como sujeto activo, ha de concurrir a elecciones con una maquinaria electoral enormemente costosa y publicitada en los grandes foros de opinión construidos por los grandes cárteles de noticias.

Esta cualidad del partido político como único representante objetivo de la voluntad popular es además enormemente excluyente. A este respecto, obsérvese que en ningún país democrático se contempla otra representación ciudadana al margen de los partidos.

El doble resultado es que, por un lado, hoy por hoy, es imposible descender a la arena política sin un partido pertrechado con enormes sumas de dinero. Por otro lado, los partidos, tan solo por existir con éxito suficiente, son de alguna manera tributarios del mismo poder financiero e informativo que conforma la mundialización. A principios del siglo XXI es un hecho que la relación jerárquica entre instrumentos -o presuntos instrumentos- de representación de la voluntad popular y entidades transnacionales informativas y financieras es de abajo a arriba y no al revés.

Este dato pone en entredicho la afirmación de que mundialización y "democracia", tal y como hoy se entiende, son contradictorios. Este mismo dato implica además que los sostenedores de la tesis de partida han de batirse en retirada y retrotraer la democracia al campo de las utopías, en el que la verdadera práxis del ideal democrático emerge puro e inocente de toda culpa.

Semejante razonamiento sería un tema a investigar en otro artículo, pero de antemano podríamos decir que el reformismo de los "antiglobalización", el impulso que la mundialización recibe de los partidos occidentales al uso, y la evidente connivencia con la que en el occidente democrático se han ido construyendo las coberturas ideológicas y todas las estructuras transnacionales que hoy dan cuerpo a la mundialización, lleva a pensar que las democracias occidentales padecen hoy un proceso que han ayudado a construir desde el principio. Visto lo sucedido durante en el siglo XX, es muy razonable la sospecha de que la mundialización ha surgido de la democracia occidental como consumación lógica de ésta. Cualquier investigador de la génesis del proceso de mundialización debería manejar esta idea como hipótesis de partida para postular después que existen consideraciones de tipo ideológico por las que las sociedades demoliberales deberían acabar necesariamente en sociedades globales. De esto podríamos hablar en otra ocasión y escrutar los senderos por los que hemos llegado hasta la situación actual.

Por el momento puede avanzarse otra tesis, provocadora y sugerente a la vez: para constituir un verdadero movimiento antiglobalización es necesario rediseñar la actual democracia y abrir otros cauces de representación ciudadana al margen de los partidos políticos. Es muy posible que solo de esta manera pueda revitalizarse la sociedad civil y hacer que nuestros compatriotas vuelva a interesarse en la cosa política.

E.Arroyo

La epopeya del bosque, por Paulino Arguijo de Estremera

La epopeya del bosque, por Paulino Arguijo de Estremera

Rematamos con este artigo, unha triloxía de moito interese sobre o fabuloso mundo da árvore e  das fragas, xunto cós anteriormente publicados neste blogue- "El árbol en la cultura europea" de J.C. Arroyo e "El árbol y el bosque: significados y símbolos dentro del mundo indoeuropeo" de Federico Traspedra.    

La exaltación del bosque no pone de relieve la antítesis ciudad-campo, sino el principio de “un espacio marginal” frente al mundo de la sociedad organizada, ya sea ésta la ciudad, el castillo, la iglesia o la aldea. El bosque se manifiesta como lo propiamente salvaje, el caos sacral originario, frente al orden construido, cultivado y habitado por el hombre civilizado.

El historiador inglés Arnold J. Toynbee decía que, "la Historia, como el drama y la novela, es hija de la mitología.  Es una for­ma particular de comprensión y de expre­sión, donde -igual que en los cuentos de hadas de los niños y en los sueños propios de los adultos sofisticados- no está trazada la línea de demarcación entre lo real y lo imaginario".  Se ha dicho, por ejemplo, de La llíada, que el que empren­de su lectura como relato histórico halla en seguida la ficción, y que aquél que, por el contrario, la lee co­mo leyenda, halla la historia.

Desde este punto de vista, todos los libros de histo­ria se parecen a La Ilíada, ya que ninguno de ellos puede eliminar enteramente la ficción.  El simple he­cho de escoger, separar y presentar los hechos consti­tuye una técnica que pertenece al dominio de ésta... ".
En el año 407 las legiones romanas evacuaban la provincia de Britania, que comprendía la parte me­ridional de Inglaterra.  La Britania quedó entonces cortada de Roma por una doble causa: la ocupación de las Galias por tribus germánicas -la Galia era el camino entre la Britania y Roma-, y las invasiones de saxos, anglos y jutos en Inglaterra. El rey británi­co Vortigern los había llamado para que le ayudaran a contener la invasión de los furiosos pictos de Esco­cia y de los piratas irlandeses; pero los aliados no sa­lieron más de Inglaterra.

Entramos entonces en la era de las leyendas que si­guió a la era de la luz y el positivismo romanos en In­glaterra.  Con Arturo, que fue ante todo un héroe cristiano, el santuario de Avalón (la actual Glaston­bury) se convirtió en centro de un ciclo de leyendas y de poemas que trascendió a Europa.  La fraternidad de los caballeros de Arturo, que se congregaban alre­dedor de la tabla redonda para contemplar el Santo Grial en recompensa a sus nobles virtudes, fue sím­bolo y modelo de la universal caballería.  Y el cáliz sagrado, oculto entre la niebla, que se revelaba sólo a los ojos inocentes, fue sueño y anhelo oculto de la caballería cristiana medieval, su más acendrada espe­ranza, aunque no pasara de ser una leyenda céltico-­cristiana.   Muchas de aquellas historias de santos y de héroes, de duendes y de magos, se tejieron y destejie­ron con el correr de los años en los nuevos reinos europeos.   Las leyendas de los santos marcan una épo­ca, un episodio importante en la historia de Occiden­te, porque fueron como la esencia de la poderosa sín­tesis que se estaba preparando entonces en Europa. Y el nuevo sentimiento de Dios, que despertaba en el alma de aquellos pueblos recién convertidos, hallaba su expresión más diáfana en el terror cósmico y, al mismo tiempo, en el profundo anhelo de luz y de trascendencia que hay en esas imágenes de ánge­les y de santos, de héroes esforzados y de luminosas visitas de seres celestiales.

Chesterton compara al hombre de entonces con el viajero "que deja tras sí ciudades libres, campos li­bres, y se va internando en un bosque". Y la idea del bosque despertaba inquietud entre los contemporá­neos, no sólo porque los campos incultos ganaban te­rreno al agro romano y la feraz vegetación de Euro­pa comenzaba a borrar las calzadas y cercaba las vi­llas y ciudades, abriéndose paso entre aquellas cons­trucciones antiguas, que asomaban a veces como blancas osamentas entre la fronda, sino porque suge­ría algo que se fue evidenciando a medida que el or­den romano decaía: el sueño de la razón.

 

Era de antirrazón y leyendas cristianas

El bosque se había convertido en habitácu­lo de duendes y la tierra en "un laberinto de ciudades maravillosas, desconocidas pa­ra la Historia".  El hombre se encontró con que no sabía ciertamente en qué mundo vivía. "Pero recuérdese que a esta era de la magia había precedido la era de la razón". Y Roma aparecía como la única representación tangible de aquella herencia clásica, la única antorcha que alumbraba en aquella noche de los tiempos, y a la que el hombre cuerdo debía mirar para no ser traga­do por un mundo que se había vuelto loco.

"Un hecho fundamental gobierna toda la época -según refiere Chesterton-, y el penetrarlo no es imposible para un hombre de hoy, con sólo invertir su pensamiento.  Hay en la mente moderna una aso­ciación íntima entre las ideas de libertad y de futuro. De toda nuestra cultura surge la noción de que han de venir mejores días. Y los hombres de las edades bárbaras estaban convencidos de que se habían ido los días felices.  Creían ver la luz hacia atrás, y hacia adelante adivinaban la sombra de nuevos daños. Nuestra época ha presenciado la lucha entre la fe y la esperanza, que acaso debe ser resuelta por la caridad. Y en cambio la situación de aquellos hombres era tal, que esperaban, si vale decirlo, del pasado. Las mismas causas que hoy inducen a ser progresista, in­ducían entonces a ser conservador. Mientras más vi­vo se conservara el pasado, mayor posibilidad de vi­vir la vida justa y libre; mientras más se, dejara entrar el futuro, más ignorancia y más privilegios injustos habría que sufrir".

De ahí que la Iglesia estuviera destinada a repre­sentar un papel de primera importancia en aquel si­glo, en que se difuminaban y se perdían los contor­nos del Mundo Antiguo. "Porque el Papa era todo lo que había quedado del Imperio". Y el mundo se afe­rró entonces a lo único que había permanecido en pie en medio del caos.

Cuando cae el Imperio Romano, caen las ciudades y la razón. Se diluye la frontera entre la historia y la ficción, entre realidad y mito. Comienza una “era de leyendas” en que santos y sabios, caballeros y eremitas se retiran al bosque como lugar sagrado. Sus vidas se consgran a la penitencia, al misticismo, a la contemplación de Dios. En esta atmósfera se fraguará la simbiosis entre la herencia de la Europa Antigua y el ideal de trascendencia cristiana.

Aquellos embajadores de Roma, que se adentraban en los bosques por oscuros vericuetos o avanzaban por senderos de montaña, en medio de una geografía incierta, hasta aquellas aldeas perdidas, pron­to habrían de reconocer que "aunque en aquel hom­bre crepitaba un salvaje fuego terrestre, nada en él era innoble" y "que aquella alma brutal no carecía de virtud, pues también se inflamaba, y de una mane­ra que ya no se estila en las ciudades, por la causa del bien".

Había empero otro rasgo de la naturaleza de aque­lla alma, que desconcertaría no poco a los heraldos de los Papas.   No era otro que aquel sentimiento de antirrazón de que ya hemos hablado.   Según se desdi­bujaba la geometría clásica del mundo romano, bajo la salvaje vegetación de Europa, una muchedumbre de duendes, gigantes, fantasmas, trasgos... poblaba los montes y los prados.  El hombre se encontraba perdido en un fantástico laberinto.  Era como si, efec­tivamente, aquellos héroes de leyenda, de que daban cuenta los romances antiguos, combatieran en medio de encantamientos salvajes. "Asistimos a una des­humanización del universo que se encamina hacia un universo animalista poblado de monstruos o anima­les, hacía un universo mineralógico, vegetal". Si hay una época en que se confunde la historia con la le­yenda es ésta. Todo parece que se hubiera disuelto al final en una densa bruma, donde no fuera fácil des­lindar dónde empieza la fábula y dónde la realidad.

De aquella época histórica nuestra, la más primiti­va y la menos conocida, son sin embargo las más be­llas leyendas cristianas, que la fantasía popular tejió al hilo de las narraciones evangélicas; como aquella del Santo Grial, el cáliz bendito que José de Arima­tea llevó con la sangre de Cristo en peregrinación hasta las lejanas islas occidentales. En una de tantas versiones que se han hecho de la leyenda —"Quest del Saint Graal”—, Galaaz, hijo de Lancelot y Elaine, es educado por su madre y es conducido a la corte de Artús por un anciano vestido de blanco y pasa la prueba del Asiento Peligroso. Gallaz, en compañía de Perceval y Boores, triunfa en la búsqueda del Grial cuando llega a Cobernic, al castillo del Rey Tullido, en donde encuentra el cáliz sagrado. En la misa que celebra el obispo Josefés, hijo de José de Arimatea, Cristo crucificado sale del Grial y admi­nistra el sacramento de la Comunión. Galaaz toma la lanza de Longinos y cura al Rey Tullido al tocarle con la sangre que gotea de ella. Después, en el país de Sarrás, Galaaz, tras haber contemplado abierta­mente el misterio del vaso sagrado, muere en éxtasis y el Grial desaparece del mundo.  Perceval le sigue a la tumba un año después y Boores vuelve a la corte a contar lo sucedido.

 

Síntesis cristiano-pagana

En todas esas manifestaciones, fruto de una época en que lo maravilloso ejerció en los espíritus evidentes seducciones, hay una leyenda que hunde su raíz en un suelo pre­cristiano, pero que no es posible separar de la piedad popular de entonces. Lo so­brenatural y lo milagroso que son propios del cristia­nismo, se funden con lo maravilloso, en ese crisol cultural en el que se precipitan las creencias, las le­yendas, las hagiografías de los santos, y hasta las su­persticiones.

Todavía los Santos Padres de la iglesia, en la últi­ma etapa de la Edad Antigua, habían buscado en la filosofía clásica, argumentos para apoyar verdades de origen sobrenatural.  Pero éstos viven en un mun­do encantado en que la religión también tiene su lu­gar y no necesitan otros razonamientos. Hay ahí una sociedad agreste, intuitiva, en que las historias de sus héroes mitológicos se entretejen con las leyendas de los santos.  Si fue aquello una noche, lo fue más porque se acercaba a la aurora que al crepúsculo.

El hombre de la Edad Bárbara vive de continuo trasponiendo ese velo sutil que, casi imperceptible­mente, separa las cosas visibles de las invisibles. Lo peculiar de este período no fue tanto el reconoci­miento de las inevitables imperfecciones de su pro­pio mundo, cuanto la manera admirable como las asumió y reaccionó ante ellas.  Aquellos hombres no intentaban cambiar las cosas, ni tampoco se entregaban a un estoico fatalismo; simplemente miraban al mundo de la manera imaginativa y candoroso con que suelen hacerlo los niños. Vivían tan entregados a sus ensoñaciones, que apenas se daban cuenta del mal que les rodeaba. Sus espíritus de fuego conse­guían traspasar la materialidad de las cosas y, a tra­vés de ellas, contemplaban miríadas de ángeles y de santos.

Entre los celtas, el más célebre de aquellos monjes viajeros, Columbano (540-615) vive una auténtica odisea.   Columbano se lanza al mar desde la costa ir­landesa hacia el continente. De la Armórica pasa a la Galia. El rey burgundio Gontran lo invita a estable­cerse en Annegray, en los Vosgos. Jonás de Bobbio dice en la biografía que escribe del santo (640), que aquel paraje le gusta, pues se encuentra en medio de un bosque, es "un vasto desierto, una áspera soledad, un terreno rocoso".  Columbano debe no obstante abandonar Annegray y el monasterio vecino de Lu­xeuii proscrito por el rey Teodorico II, instigado por su malvada abuela Brunebaut. Después de haber errado largo tiempo, el anciano anacoreta llega a la Italia septentrional (613). Allí encuentra un lugar solitario en el bosque, Bobbio, donde trabaja como leñador y en la construcción del nuevo monasterio.

Para los eremitas occidentales será con preferencia el bosque, el lugar donde se retiren en soledad. Los eremitas insulares y marítimos constituirán una franja marginal, en este mundo templado, que, desde 500 a 1200 aproximadamente conoce una fase climá­tica favorable y, por tanto, un "retorno ofensivo de la selva". Entre esos bosques que entonces cercan Europa, como si se tratara del castillo de Macbeth, se distingue el de las Ardenas, "la selva por excelencia’ desde los tiempos celtas.  En esos bosques inmensos, el eremita de Occidente encuentra, como su homóni­mo de Oriente lo ha encontrado en el desierto de Egipto, el espacio infinito que puede contener el amor sagrado, el fuego místico. En el Occidente me­dieval hay un movimiento visible de huída hacia esas solitarias florestas. Aunque se trata de un movi­miento constante, las oleadas adquieren mayor in­tensidad en ciertas épocas, del siglo IV al VII, debido a la decadencia general de las ciudades, y del siglo XI al siglo XII, como consecuencia, en cambio, del hastío que se registra entonces por la vida urbana.

En la "Vida de San Bernardo de Tirón" escrita por Godofredo el Gordo a principios del siglo XII, hay un texto hagiográfico, en que el autor describe "Las vastas soledades" (vastae solitudines) que se encuen­tran en los confines del Maine y de la Bretaña; como "un segundo Egipto" (quasi altera Aegyptus) pobla­das por una "multitud de anacoretas", entre ellos un eremita llamado Pedro, que se alimenta de los "tier­nos retoños de los árboles" y se había construido una "casita" con "cortezas de árboles". Allí lo encuentran San Bernardo y otros hermanos, muy ocupado en llenar su despensa. Pedro va con sus cestos "al bosque que rodeaba por todas partes su morada, arranca rá­pidamente arbustos de espinas y zarzas y recoge fru­tos de nogales y otros árboles silvestres", casualmen­te "en el bueco de un árbol encuentra un enjambre de abejas y cera y miel en cantidades tales que podía pensarse que esas riquezas salían del cuerno mismo de la abundancia".

En al cartulario de Sainte-Foy-de-Conques (1065), hay un acta en la que consta que una comunidad mo­nástica fue a establecerse a un lugar en que "no ha­bía ninguna habitación humana salvo la de los bandi­dos de los bosques". Y, en su autobiografía, Guibert de Nogent (principios del siglo XII) cuenta la histo­ria de Evrardo de Bretevil, vizconde de Chartres, que en 1073 deja la vida mundana en busca de la so­ledad y se refugia en un bosque donde subsiste ha­ciendo carbón de leña. "Los bosques te enseñarán más que los libros. Los árboles y las rocas te enseña­rán cosas que no aprenderás de los maestros de la ciencia’ ’ dice San Bernardo a los jóvenes escolares.  Y es probable que la primera de esas lecciones aprendi­das en el bosque fuera la renuncia, como indicaba un siglo antes Pedro Damiano (muerto en 1072) en un sermón: "Lo hemos abandonado todo, esas son pa­labras que llenaron los bosques de anacoretas".

 

El bosque: Refugio y Templo sagrado

Pero el sentido simbólico profundo del bos­que se manifiesta también en la creación artística y en las grandes obras de imagi­nación del Occidente medieval. Así, en los cantares de gesta, en particular el "Monia­ge Guillaume" del ciclo de Guillermo de Orange, el bosque aparece como el lugar poblado de anacoretas, ocultos bajo "el alto boscaje" o "en el fondo del bosque enramado". También la selva está presente en obras de fines del siglo XII, como en "Re­naud de Montauban’ ("Los cuatro  hijos de Aymon”), o en "Girard de Roussillon’, en que el héroe errante por el bosque pregunta a un ermitaño si sabe de al­gún sacerdote en las cercanías.  "No", es la respuesta del anacoreta, que reconoce no haber encontrado allí "ni siquiera a un clérigo". Y es que la selva es con todo un lugar marginal incluso para la Iglesia, cuan­to más en la era de barbarie a que se refieren esos cantares de gesta. Pero, sobre todo, en la literatura cortesana, el bosque adquiere todo su sentido simbó­lico y su papel en la intriga, en particular, en la in­triga amorosa. El bosque es entonces refugio de ena­morados, como en Tristán e Iseo, o en "Aucassin et Nicolette". En la novela de Bérout, "Tristán’, la per­manencia de los amantes, locos a causa del filtro, en el bosque de Morois, se sitúa entre dos diálogos con el eremita Ogrin, el mismo que guiará el retorno de Iseo a la corte del rey Marcos. En los trovadores, el tema de la huída de los amantes al bosque se convier­te en una visión idílica, en que la selva aparece como un paraíso terrestre.  "Quiero hacerme eremita en el bosque -declara Bernard Marti-, siempre que mi dama venga conmigo. Allí tendremos mantas de bo­jas, allí quiero vivir y morir, abandono así toda preo­cupación".

También el bosque sirve de refugio a un hombre salvaje o a un loco, como en Yvain o El Caballero del León de Chrétien de Troyes (1180), en que el caballero Yvain, rechazado por su mujer por no cumplir una promesa que le hizo, pierde la razón y huye al bosque, donde encuentra un asilo a su locura. "Ron­da por el bosque como un hombre delirante y salvaje basta que se encuentra una pequeña cabaña muy ba­ja. Allí vive un ermitaño que en ese momento está ocupado en desbrozar el terreno. Cuando el eremita descubre a aquel hombre desnudo, se da cuenta de que no está en su juicio y corre a refugiarse en su ca­sita. Pero movido por la caridad, el buen hombre co­ge pan y agua y los coloca afuera, junto a una estre­cha ventana".

Las más bellas leyendas cristianas no son hijas de Roma (la Razón), sino resultado de la fusión de los relatos evangélicos con los mitos del bosque céltico. El ciclo artúrico, la leyenda del Santo Grial, son ejemplos de ello.

En el "Conte du Graal" también de Chrétien de Troyes, Perceval “perdió a tal punto su memoria que ni siquiera se acuerda ya de Dios" y será un ermitaño oculto en el bosque, que resulta ser su tío, quien con­tribuirá a dar un giro decisivo a su aventura.  Una novela posterior de Chrétien de Troyes, "Li Estoire del Chevalier au Cisne" (La historia del Caballero del Cisne), exhibe el caso de un hombre primitivo y sal­vaje, al que la vida selvática ha cubierto incluso de vellosidad animal. Un eremita acoge a esa criatura del bosque, lo "cristianiza" y lo educa, al punto de convertirle en un auténtico caballero que ganará la gloria con sus gestas. En otra novela, que gozará de gran popularidad al final de la Edad Media, “Valentin et Orson" un hombre salvaje de la selva, Orson, aca­ba convirtiéndose él mismo en ermitaño.

Los bosques, en el Medioevo, son la morada de hombres santos, los ermitaños, pero también de de­monios. Aunque en Occidente la figura del demonio no menudea tanto como entre los relatos de los pa­dres de Egipto, no faltan alusiones. Euquerio se re­fiere al Enemigo que merodea en vano alrededor de la ermita como un lobo alrededor del aprisco. En las hagiografías de los santos encontramos también ejemplos, como el del monje irlandés Ronán que se instala en Bretaña.  "Ronán se adentra en el desierto y llega al bosque de Nemet (o Nevet) en Cornouail­le".  Gracias a su virtud milagrosa consigue proteger a los vecinos de los lobos.  Pero eso suscita la cólera del demonio, que por intermedio de una campesina, la diabólica Keban, termina por expulsarlo del lu­gar.

Es el bosque para Occidente, lo que el desierto es para Egipto: un lugar apto para contener el amor sagrado, el fuego místico, el demonio y los demás seres que pueblan su mundo, como los duendes y las hadas.

En la literatura cortesana, el hombre salvaje apa­rece, ora, como una criatura inocente, de la clase que "comen raicillas; no conoce el vino ni ningún otro re­finamiento" como en la "Historia del Caballero del Cisne", ora, como un ser demoníaco.  En ocasiones, el bosque mismo se presenta como lugar de tentación y de prueba: es la selva "soutaine", la selva traidora, lugar de alucinaciones y de tormento, como sucede en "Perceval o el Cuento del Grial". Perceval, hijo de la "Dama de la Gaste Forét solitaire" y “criado salva­je” encuentra en el bosque su itinerario de inicia­ción y de prueba, de penitencia y de revelación.

En la novela de Chrétien de Troyes "Yvain o el Caballero del León", Yvain combate contra el "Mau­fe" (El Maligno) después de haber oído misa. El com­bate se libra en nombre de Dios, de Jesucristo, de la Virgen y de los Ángeles. Después encuentra el casti­llo de "Péme-Aventure" (la Peor Aventura), donde las muchachas cautivas viven condenadas al trabajo de la seda. En ese castillo hay también "dos hijos del diablo, y esto no es fábula, puesto que nacieron de -una mujer y de un Netun ". El héroe combate contra esos demonios "repugnantes y negros’, y reconquista la fuente sagrada, bajo un árbol maravilloso, a la que se asciende por una escalinata, custodiada por una capilla. Gracias a la intercesión de un eremita, Yvain recobra su condición humana, después de ha­ber librado al bosque del Maligno, y de haber reco­rrido él mismo su itinerario de prueba y de salva­ción.

El bosque es morada de ermitaños y de caballeros. Un paraíso o una prueba o ambas cosas a la vez.

En "Lohengrin’, Lothar, perdido en el bosque, se echa a dormir cerca de un manantial.  Al despertar encuentra a la bella Elioxe, de la que queda prenda­do al instante. Ella le profetiza que de su matrimo­nio tendrán un hijo del que surgirá la estirpe del fu­turo conquistador de Jerusalén, pero que ella morirá en el parto. Así sucede, y da a luz siete hijos mientras Lothar se encuentra en la guerra. Pero la perversa abuela de los niños, a cuyos cuidados quedan enco­mendados, ordena que sean abandonados en el bos­que y allí son socorridos por un ermitaño.

En el "Libre de I’orde de caballería’ de Ramón Llull, un escudero que se dirige a la corte del rey, donde ha de ser armado caballero junto con otros muchos, se extravía en el bosque. Encuentra al fin la celda de un ermitaño quien le revela, que él mismo, en otro tiempo, se había dedicado a las armas y a la caballería, antes de retirarse en soledad. Al conocer el propósito del escudero, decide instruirle en las obligaciones del estado al que está a punto de acce­der. Y a este fin, comienza a leerle un librito en el que se explica el significado de la caballería. Al final se lo regala para que lo lleve a la corte y lo enseñe también a sus compañeros de armas.

Un universo marginal

Siempre, en estos libros, el ermitaño, el caballero y el bosque aparecen enlazados por un invisible destino.  El bosque, en cuanto que se opone al "mundo" es decir a la sociedad organizada, constituye un espacio marginal, propicio a ese encuentro. En el Occidente medieval, en efecto, más que la oposición campo-ciudad, como se conoce en la antigüedad, "urbs-rus" de los romanos, con los desarrollos semán­ticos, "urbanidad-rusticidad" hay que buscar las di­ferenciación marcada por el bosque respecto del en­torno de la corte o el castillo: "el dualismo fundamental de cultura y naturaleza se expresa a través de la oposición entre lo que es construido, cultivado y habitado (ciudad, castillo, aldea) y lo que es propia­mente salvaje (mar, bosque, que son los equivalentes occidentales del desierto oriental), universo de los hombres en grupos y universo de la sociedad". En la misma medida en que el bosque es el paisaje propio de las leyendas de los santos occidentales, es el entor­no, la encrucijada de la literatura cortesana. Los ca­balleros de la Tabla Redonda se pierden en el bosque en busca de aventuras, como el ermitaño va allí en busca de soledad y santa contemplación.

“Los bosques te enseñarán más que los libros. Los árboles y las rocas te enseñarán cosas que no aprenderás de los maestros de la ciencia” (San Bernardo).

Hay un tercer personaje que entra en escena. Sir Lancelot encuentra en la selva un áspero refugio, al abrigo de las intrigas de Camelot.  Pero el rey mismo va de vez en cuando al bosque a dialogar con el ere­mita y a afianzar así su carácter sagrado y su legiti­midad. La sacralidad del bosque es una constante de esas aventuras, como el episodio de "el puente de cristal y la ermita" en "Pertesvaus”, en que un caballero encuentra en un bosque inmenso una ermita donde la pasión de Cristo vuelve a representarse visi­blemente. La conciencia de la sacralidad del bosque inspira tantas manifestaciones de la cultura de Occi­dente. No sólo la literatura, sino también las artes plásticas y la literatura consagran el bosque como un lugar privilegiado. El ideal "desértico" persiste a lo largo de toda la Edad Media, y es representado en la pintura, en la célebre "Tebaida’ del florentino Gerardo Starnina, entre otras obras. Pero es sobre todo en la arquitectura donde el bosque se manifestará en todo su simbolismo cristiano.  Sugero cuenta cómo para construir el armazón de la basílica de Saint ­Denis se adentra, desoyendo el consejo de todos, en el bosque de Yveline y cómo pasando a través "de so­tos, umbrías, breñas y zarzas espinosas" encuentra ár­boles bastante gruesos y grandes para hacer con ellos doce vigas. Y Oswaldo Spengler se refiere, en La De­cadencia de Occidente, a esa "impresión de selva" que producen las catedrales.   "El bosque infinito, soli­tario, crepuscular, ha sido siempre el anhelo oculto de todas formas arquitectónicas de Occidente".

La destrucción del bosque, de esos árboles admira­bles y casi paradisíacos que habían cobijado la santa contemplación del ermitaño y las aventuras del caba­llero, marca el fin de una época. El movimiento de tala y desmonte iniciado en el siglo X y que culmina en el XII, es el fin también de la "epopeya del bosque". El poeta normando Wace, en el "Roman de Rou"’ había evocado como algo remoto la fuente mágica representada por Chrétien de Troyes en el bosque de Bróceliande: "Pero no sé por qué razón allá solían ver hadas. Los bretones decían que las veían ya que había muchas otras cosas maravillosas, parques de azores y cantidades grandes de ciervos; pe­ro los aldeanos lo han dejado todo desierto.

Fui allí en busca de maravillas, vi la selva y vi la tierra, pero las maravillas que buscaba no las encon­tré. Loco me fui y loco regresé, loco fui allá y loco vol­ví.   Buscaba yo cosas que eran una locura y por loco me tengo".

 

El Ocaso del Lobo: Mitos y símbolos

El Ocaso del Lobo: Mitos y símbolos

Lobo, animal heráldico y legendario, sombra de este mundo y del otro en la noche negra, sombra que viene del ayer, último acento de poesía aldeana con emoción auténtica, última figura con misterio, con escalofrío mágico, con amenaza cósmica... Lobo, dientes blancos, ya he olvidado tu romance, ya he olvidado el poema en prosa de tu presencia antigua. Pero aún estás ahí ”             Vicente Risco 

                Existen en la Madre Naturaleza bellas y hermosas experiencias que nos inundan los corazones y los llenan pletóricamente de un gozo indescriptible. Entre dichas experiencias puede estar el contemplar el amanecer desde un bello bosque de carrascas y pinos con el fresco rocío de la mañana en la levantina sierra del Martés o bien fundirse en el ocaso del hermano Sol y aguardar al rayo verde en las costas de Finisterrae. La ascensión a una montaña de los Pirineos y alcanzar su cima en medio de un mar de nubes o bien pasear por un bosque atlántico otoñal y toparse con un  gran círculo de setas perfectamente dibujado sobre el caducifolio, lugar de reunión de hadas y elfos según nuestros cuentos populares europeos. Un día de tempestad desde un acantilado contemplando la furia de la mar océana o bien simplemente sentarse a la vera de un río, hasta olvidarse de uno mismo y quedar solamente ese eterno fluir del agua... contemplación en la acción, acción en la contemplación.

 

                En la alborada, en medio de la niebla oír aullar al lobo es otra experiencia que difícilmente se puede olvidar. Y es que alguien que ha escuchado al lobo aullar, y no digamos verlo frente a frente, también posee un bello e impactante recuerdo.  Este escritor, sensible a este tema que estamos tratando, lo ha expresado así: ”El aullar del lobo evoca, da cuerpo a un mundo de historias y consejas que viene de lo más remoto de los siglos hasta este momento mismo en que estamos viviendo. Viene de tiempos infinitamente lejanos, nos hace así como si quisiéramos recordar algo que no sabemos lo que es. No sabemos si es algo racial o algo cósmico, lo que se manifiesta en esta forma. ¿Qué almas o qué divinidades vengadoras animan las gargantas y los dientes de los lobos, centellean de noche en sus ojos, nos paralizan con su aliento e infunden en nuestro cuerpo escalofrío astral? El lobo es un enigma metafísico”[1] Lo cierto es que en el aullar del lobo, según etólogos y naturalistas, se juntan  varias necesidades internas del animal, pues le sirve como canto de guerra (de ayuda y auxilio) y de expresión colectiva de los sentimientos. Así nos describe un experto en la materia que estamos tratando, lo que realmente desde un punto de vista biológico es el aullido: “... cuando un lobezno o un animal joven de la manada se ha perdido, o cuando un miembro de la jauría se ve en peligro y necesita ayuda, pide auxilio con otras señales acústicas es el que llama y qué le ocurre. Los lobos le responden entonando a coro su canto de guerra y se apresuran a acudir en ayuda de su compañero para salvarlo del peligro. A partir de esa respuesta al compañero en estado de necesidad, se desarrolla el llamado “coro de la comunidad amistosa”.  El doctor Erik Zimen, un suecoalemán que se ha especializado en el estudio de los hábitos y costumbres de los lobos, informa: siempre en una manada se extiende un estado general de mal humor, un sentimiento de derrota o decaimiento y reina una época de rivalidad y enemistades acentuadas, que envenena el ambiente, el jefe de la manada entona ese “coro de aullidos”, como lo llaman los especialistas. De inmediato todos los demás miembros del clan intervienen en el coro. Aquellos que se encuentren alejados de la manda se aproximan a ella y, como en una danza social ritualizada, se establece un “contacto mutuo” entre los asistentes. Todos participan en ese contacto recíproco entre sí, pero al hacerlo se deben respetar de manera rigurosa todas las reglas de la etiqueta lobuna”[2]

 

                Desde que el ser humano es pastor y guardián de reses, el lobo siempre ha sido un gran rival, enemigo mítico y controvertido donde los halla, donde realidad y leyenda se entrelazan en complicidad.

He sido conocedor por tradición oral directa de un par de casos que han sucedido relativamente hace poco tiempo. Una historia contada por el familiar de un viejo amigo a orillas del padre Miño, en la “Raia” con Portugal y otra por una anciana a los pies de la sierra del Caurel (al sur de los Ancares). Ambas con grandes paralelismos, en puntos geográficos distantes entre sí, relataron encontronazos con un lobo cara a  cara, en medio de prados y bosques, donde al mirar a los ojos de este mítico animal, ambas personas quedaron como hipnotizadas, paralizadas, relatando ambas la belleza y el miedo que experimentaron. Al regresar a sus  lares pasaron cuatro y dos días sin comer ni hablar, respectivamente.

 

                De tradición oral ya escrita, recogida por amantes de la naturaleza y de la caza, en la mitad del siglo XX, conversaciones al calor de las lareiras del castillo de Doiras, de las pallozas  de los Ancares, así como en otros pazos y casonas galaicas, nos relatan casos prácticamente idénticos a los anteriormente descritos. Por ejemplo, un montañés a caballo se topó en medio de la niebla con un lobo, el caballo se quedó frío al igual que su jinete, que a golpe de tiros de escopeta, espantó al lobo. El caballo en dos días no comió nada y al montañés le blanqueó el pelo y se tiró dos días sin hablar. Así es una parte del relato que  un amante de la montaña y de la caza nos lo describe y  lo liga con otro testimonio de otro montañés: “ Fue en la montaña lucense. Se hablaba en torno al fuego de las eternas historias de lobos. Fuera fungaba el largo viento sobre el frío violín de la nieve, mientras la “palloza”[3] se estremecía por veces. -Una vez volvía desde Cabanas antiguas- dijo la voz de José Ramón do Quello- y hacía talmente una noche como la de hoy. En la revuelta de Degrada, que todos conocen, espantóse el caballo. Tenía los pelos como clavos y estaba todo él en un temblor, hasta que al fin se levantó de manos. Era el lobo.- ¿Cómo lo sabías, José Ramón?- No lo supe, en el entonces y creí que tenía la bestia algún mal grande, porque, como les dije, temblaba como una vara verde. Pero dime cuenta después, al llegar a aquel barranco grande que cae encima de Jantes. A la vuelta vide brillar los ojos del lobo y aún creo que había más de uno...Y tú, ¿sentiste algo?- Yo la verdad, como sentir no sentí más que el desasosiego del caballo, aunque algo me iba entrando también por el cuerpo. Era como un frío; aunque, hasta verlos, no supe que fuera debido al bafo del lobo...”Y prosigue:

“- Entonces, ¿se siente el lobo cuando éste se aproxima?- preguntó este último querido amigo. – Sí señor, que se siente – terció Pedro de Piornedo, que permanecía hasta entonces silencioso en un rincón del hogar, fumando su corta pipa montañesa y cortejando a la hija de Pepe do Quello.- A mí el pelo blanqueóme por ello. ¡P. Que los parió!” Y continúa el relato esta vez en boca de este último personaje: “...la tarde iba vencida cuando cogí el camino de Quindous. Había ya nieve en al sierra de Vilar y vino pronto la noche. Llevaba dos horas de caminar y de pronto sentí una friaxe que me hizo temblar los dientes y parecíame que la gorra se escapaba de la cabeza. Miré para atrás y no vi nada; a los lados, tampoco, pero cada vez tenía más miedo. (Una voz). -Talmente como si vieras la Santa Compaña... –Talmente. Hasta que, avistando ya Vilar, oí detrás como un soplido. Volvíme y eran dos lobos enormes que me seguían. Brillábanles los ojos y se iban acercando, uno por cada lado de la senda. Comenzaron a temblarme las piernas y no podía ya caminar, cuando me encontré a Sergio y a Eduardo de Degrada, que venían de la feria de Vega. Al acercarse, los lobos desaparecieron; pero yo ya no podía hablar y me tuvieron que ayudar a seguir hasta l aldea. Dos días estuve sin hablar y allí blanqueome el pelo, que antes no lo tenía... –Si no fuera por Sergio y Eduardo, comíante los lobos- sentenció Pepe do Quello, largándose otro trago- Fueron talmente enviados por Dios. -Los lobos cuando van tan sólo por las bestias, no son sentidos por los hombres. Éstos sí, porque iban malignos. Iban por devorarte –dijo un mozo de Suarbol”[4]

 

                 Hay otros ejemplos, en este caso de amistad lobo-hombre, donde un médico era acompañado por una manada de lobos en su asistencia a domicilio por los montes galaicos, así como de un maestro de escuela que siempre le acompañaba un lobo en su trayecto diario, espantándole a los perros salvajes...

Otro caso curioso podría ser en las antípodas europeas, en Grecia, donde se nos relata otro verídico caso de encontronazo con una manada de lobos... y  este caso con algún paralelismo nos recordará al flautista de Hamelin,  “El día 20 de Enero de 1977, mientras hacía el recorrido entre dos aldeas del monte Epiro, el cartero rural griego Achilles Samaros fue rodeado por una manada de seis lobos hambrientos. En el mismo momento en que iba a ser atacado por las fieras se le ocurrió la idea salvadora; tomó el cuerno especial que forma parte del equipo de los carteros rurales griegos y con el que anuncian su llegada en el campo y las aldeas y comenzó a hacer sonar las notas oficiosas: “ta-ta-ra-rí, el cartero está aquí”, que resonaron por el aire helado de la montaña. Los lobos empinaron las orejas, se quedaron quietos durante un momento y después se alejaron de allí sin haber tocado un solo pelo del cartero” Y a continuación nos ofrece la moraleja el narrador:  “¿Confirma este suceso verídico el antiguo proverbio alemán que dice que “hay que aullar con los lobos” si  se desea escapar sano y salvo cuando uno se ve en peligro de ser atacado y devorado por esas fieras que tan peligrosas resultan cuando, hambrientas se lanzan a cazar en manada?”[5] Y es que hay para todo, hasta en la literatura, desde el lobo malo del cuento de Caperucita Roja[6], la figuración literaria lobuna que Hermann Hesse nos relató en su conocido Der Steppenwolf [7] hasta el lobo bueno Akela que adopta a Mowgli, según nos cuenta R.Kipling en su famoso y bello “Libro de la Selva.                 

 

                Lo cierto es que el lobo es un animal muchas veces más racional que el propio hombre. Es un animal con sentido de clan, de jerarquía, respetando al viejo de su manada, monógamo generalmente: se han dado casos de que cuando uno de los miembros de la pareja ha perdido al semejante, abatidos y cazados,  la loba permaneció en el lugar del crimen toda la noche aullando y gimoteando, así como al ser cazada una loba y su piel expuesta en el interior de un corral, llegar el macho y rescatar dicha piel de sus cazadores. Son igualmente capaces de adoptar lobatos huérfanos, alimentan comunitariamente a las hembras lactantes y crías y se reparten sin violencia sus presas, hechos que en otras especies no sucede, (incluyendo a algún que otro homo sapiens). Esto nos lo ha demostrado el etólogo y naturalista Rodríguez de la Fuente[8], gran apasionado de estos bellos animales... muchos recordarán su magnífica serie de TV El hombre y la tierra.

 

                Cada invierno que pasa, los lobos en el mes de Diciembre se aparean (por algo los antiguos odinistas conocían dicho mes como Wolfmoon, Luna del Lobo) y con la llegada de la primavera los rebaños vuelven a los pastos de montaña, así como los pastores a dar batidas, poner cepos y venenos, de manera ilegal la mayor parte de las veces, diezmando así a este depredador que no simplemente devorador. La desaparición del lobo en la Europa occidental es una  triste realidad, con la excepción de Portugal y España.  Hoy en día son pocas las montañas y selvas europeas donde habita.

 

                En Alemania, después de la 1ª Guerra Mundial, se podría decir que desaparecen por completo, siendo relegados los escasos ejemplares a los zoológicos.  

 

                Otro caso es el de Francia, zona de gran tradición ganadera y lobera, por ejemplo entre 1818 y 1829 fueron abatidos un total de 10.789 ejemplares. Ello nos da una idea de la importante población que albergaron las tierras de los galos. Se cree que el último lobo abatido dentro de territorio francés fue en 1952, en la frontera con Italia en la zona de la Alta Saboya.

                El caso de Inglaterra es mayormente sangrante para nuestros amigos. Ya en los tiempos del conocido Enrique VIII la población lobuna quedó diezmada por completo. Las cacerías eran un tiempo de divertimento y la víctima en este caso era el lobo. Hoy en día se siguen realizando estas “diversiones” pero con su “ hermano pequeño”, el bello zorro. A comienzos del siglo XVI sobrevivían algunos ejemplares en el condado de York.

                Los últimos ejemplares en Escocia, sobreviven en un siglo de diferencia a sus hermanos del sur de la isla, siendo abatidos en torno al año 1680. Igual suerte corren en Irlanda, donde su persecución se sistematiza ya en los albores del siglo XIV y entre los años de 1770  y 1821 se cree que desaparecen por completo.

                Caso diferente es la Europa oriental,  gracias a Dios, donde la población de lobos es considerable e importante en Bielorrusia, Rusia y Ucrania, estimándose en torno a los 25.000 ejemplares de canis lupus albus y canis lupus arctos.  Un dato curioso es que finalizada la 2ªG.M. estas poblaciones fueron muy fluctuantes, transitando las zonas fronterizas con Finlandia, Rumania y Polonia.

                En Rumania existen poblaciones estables en las montañas de los míticos Cárpatos así como en el delta de Danubio, siendo en esta zona de marisma del Mar Negro donde se ha formado una especie singular de lobo, recibiendo el nombre de zorro de cañaveral. En el norte de Grecia, así como en Italia, (Abruzzos y zonas montañosas del sur de la península) igualmente existen poblaciones estables del canis lupus italicus.

                En los países escandinavos la situación es doble: por un lado está el país de los mil lagos, Finlandia, con una población normal, y por otro  Noruega y Suecia, que entre ambos países no suman ni siquiera una población de 50 ejemplares. Los planes de ambos gobiernos por recuperar este animal no han sido fructíferos y a los ojos de todos está como los canis lupus albus se extinguen de los bosques de coníferas nórdicos.

 

                Ahora vamos a echar un vistazo de cómo está la situación en nuestra península, que por extensión comprende a varios reinos, con sus sierras, montes, prados y valles. Con ánimo y alma de amantes de la naturaleza, como enamorados de las montañas, he pensado que ahora que estás leyendo este artículo, podríamos hacerlo más interactivo, así pues si coges un atlas de nuestra península, con el cual ir recorriendo las múltiples serranías de esta Celtiberia, podrás situarte mejor y de paso repasar esa geografía  que puede tengas ya un poco olvidada, para ir siguiendo los actuales hábitats del hermano lobo, como diría el sabio San Francisco de Asís.

 

                No hay duda, como veremos mas adelante, que alrededor del lobo ha sido creada una leyenda negra,  por ser un animal totémico con orígenes paganos. Esta deformación se la debemos a los “intérpretes “  del Cristianismo (sería injusto y  poco veraz decir que la culpa es del Cristianismo), se forma una aureola negativa, la  superstición  y la leyenda lo convierten en animal infernal. Así lo confirma el etnógrafo Vicente Risco, quien ve al lobo como “uno de los primitivos tótems de la gran raza Arya”, que al cabo del tiempo pasará a ser un auténtico demonio, no sucediendo en tiempos antiguos lo mismo con otros animales tan fieros como el oso, el lince o el jabalí. Ninguna de estas especies ha causado tal temor a nuestros campesinos y montañeses... y es que “los dioses de nuestros padres son nuestros demonios”[9]  Lo cierto es que en la Edad Media los pastores asistían con impotencia a los ataques de dichos animales contra sus rebaños. En el Camino de Santiago, ya los peregrinos invocaban al patrón de las Españas para que no surgiesen esas temidas hordas, esa manada en medio de las tormentas[10], y el bordón del peregrino era considerado un arma con doble sentido en aquella época, como sustento para el andar y como defensa contra el lobo y perros asilvestrados que  igualmente transitaban las cercanías de la Ruta de las Estrellas.

 

                Se cree que hasta el siglo XVI, los lobos habitaban la práctica totalidad de la península y podemos decir que sucede así hasta la primera mitad del siglo XIX, donde ya es excepción la fachada de la costa mediterránea. Ello tiene una lógica, por decirlo de alguna manera, ya que hasta esas fechas las armas de fuego, la aplicación de venenos y cepos no se empleaban generalmente. Anteriormente su persecución era realizada en formas de batidas y cacerías organizadas, levantando muros y fosos (loberas, cortellos, fojos,... diversos son los nombres que se les dan en la península) donde poder abatir al animal ya extenuado por la persecución de los hombres y sus canes.

 

                En el Levante, en la Sierra del Martés, el uso de los venenos terminó con los lobos, dándose incluso el caso de ser muertos 6 lobos en un mismo cepo. Hacia el año 1918 se cree que desaparecen por completo del Reino de Valencia.

 

                En los Picos de Urbión (Soria), entre 1950 y 1967 se dan los últimos avistamientos, creyéndose que entre esas fechas se produce su ocaso total. Igual suerte corren nuestros míticos animales en los Montes Universales y en la Serranía de Cuenca, donde se cree que alrededor del año 1910 fenecen.

Y en la Serranía de Albarracín  lo mismo sucede alrededor de 1945.

 

                Caso curioso es el de los Pirineos. Siempre imaginamos que son considerados espacios privilegiados de  bio-reservas, pero ello dista mucho de la realidad. Sabido es el reciente caso del exterminio del bucardo, por parte de la inconsciencia de cazadores y las autoridades pertinentes que lo consienten... ahora pretenden recuperarlo por medio de la clonación, y contra ello no tenemos nada que objetar, pero sí que reflexionar, ya que es muy, pero que muy triste, tener que recurrir a soluciones extremas cuando ello se pudo haber evitado... y es que es lo de siempre, mejor es prevenir que curar. 

Caso también escandaloso ha sido la desaparición del urogallo, en este caso en las montañas gallegas de los Ancares, donde han desaparecido casi por completo debido al infame y despreciable deporte (como lo quieren denominar algunos) de la caza. Pero volvamos a esos maravillosos paisajes de los Pirineos. En los Occidentales, o de Navarra a comienzos del siglo XX ya desaparecieron por completo, mientras que en los Centrales, o Aragoneses, en 1890 se daban por completo desaparecidos, siendo visto el último en las cercanías del Monte Perdido por el año de 1930. En los Orientales, o Catalanes perviven igualmente hasta principios de la primera década de siglo XX. Datos curiosos son que dada la abundancia de lobos en esta

zona de Catalunya, no solamente se combatía al lobo  materialmente con  el empleo de grandes mastines con “collares de punxes”,  sino que también espiritualmente se hacía con el rezo colectivo del  “Parenostre del llop”.

 

                En el Sistema Central, el empleo de venenos ya a finales del siglo XIX, hace que en las sierras de Madrid, Avila y Segovia, merme seriamente la población, dando por desaparecido el último ejemplar entre la década de 1950 al 60, mientras que idéntica suerte corren los caminantes de la noche en el Macizo de Gredos, entre 1960-69.

 

                Euskadi fue una tierra lobera por excelencia, incluso así lo atestigua la heráldica de Vizcaya, con el árbol de Guernika y los lobos.  Recordemos que a finales del siglo XIX habitaban por todo el territorio, a excepción de la zona costera. Se efectuaban misas propiciatorias en aquellas épocas para realizar las batidas organizadas. En el valle de Aránzazu ha sido observado el último allá por el año 1957 y hoy por hoy podemos decir que han desaparecido por completo de las montañas y valles vascongados.  

 

                Hasta aquí hemos visto la agonía de esta especie a lo largo y ancho de la península. A partir de ahora, podremos ver los actuales hábitats de nuestros amigos los lobos, que si bien no son muchos, por lo menos son considerables.

                Según el naturalista Ramón Grande del Brío[11], existen en la actualidad siete poblaciones considerables y  más o menos definidas, que a continuación exponemos:

 

1ª- Población gallega.- En casi todo su territorio hay lobos, si bien donde menos se encuentran es en las zonas costeras, especialmente en las Rías Baixas. Las montañas de los Ancares (oriente de Lugo, oeste  del Bierzo)  y del Caurel (al sur de los Ancares), la Sierra de San Mamede  y los Montes do Invernadeiro (al sur y este de Ourense), así como en la sierra galaico-portuguesa de Peneda-Gerês, son los actuales refugios y santuarios de este bello y feroz animal.

                 

                Siguiendo al sur del Reino de Galiza, entramos en el de Portugal, tierra lobera igualmente por excelencia hasta nuestros días, ya que incluso en la primera mitad del siglo XX era un animal común y habitual en toda la fachada atlántica (a excepción de la zona de Lisboa), que iba desde la desembocadura del río Minho hasta la del Guadiana. A partir de 1930, la fortuna se torció y este animal fue relegado a las sierras del interior del país y ya en 1960 se produjo un desmembramiento de la población, siendo ahora las zonas de Trâs-Os-Montes, Alto Douro y Minho las zonas más numerosas. Viseu, Vila Real y Bragança cuentan con pocos ejemplares y los hábitats actuales son con zonas fronterizas de Pontevedra, Ourense, Zamora, Salamanca, Cáceres, Badajoz y Huelva

 

Población astur-leonesa.- Comprende la zona sudoeste del Principado (Somiedo), compartiendo extensión hacia los Ancares. Al norte y oeste de León, Picos de Europa y estribaciones (Valle de Liébana y Saja-Nansa) y hacia el este con esporádicas visitas hacia Palencia.

 

                Hoy en día, como he podido comprobar personalmente en una reciente visita a las montañas de los Picos de Europa, la problemática del lobo sigue vigente, celebrando los pastores y ganaderos sus reuniones para presionar ante la administración y así conseguir batidas.  Parece que los gobiernos no son realmente conscientes de que la solución no está en el tema de indemnizar a los ganaderos, sino que es un problema mayor, de que los lobos no tienen ciervos, corzos, gamos, jabalíes,... presas suficientes como para que el ecosistema sobreviva de por sí.     

 

Población burgalesa.- Al norte de la provincia de Burgos, en zonas de páramos y valles de difícil acceso, con abundantes poblaciones de jabalí, corzo, es donde habitan nuestros amigos. En el valle de Arlanza y en la Sierra de la Mencilla, el lobo cohabita con otras especies como el buitre.

En Cantabria ha sido brutalmente perseguido.

  

Población zamorano-portuguesa.- Sin duda la población más numerosa, la zona más amplia geográficamente hablando de toda la península. Ello se puede deber a que es una zona con poca población de humanos y a la contra, existen considerables poblaciones de corzos, así como una importante cabaña ganadera. Comprende la espectacular comarca de Sanabria (antaño parte de Galiza... y es que la demarcación de “España dividida en provincias e intendencias” al igual que el modelo de Francia, allá  por el año 1833, por un Borbón nefasto, (como casi toda esta dinastía),siempre se “equivocaron” al demarcar a favor de Castilla, nunca de Catalunya o Galiza,...y perdón por este lapsus)  la ourensana comarca de O Bolo, Sierra de la Culebra, Monte Teleno y montes Aquilianos (estos últimos en la comarca de O Berzo,  igualmente antaño gallega)

 

Población salmantino-portuguesa.- La Sierra de Gata posee una población precaria y residual y en la Sierra de Tamames se cree que entre 1950 y 1976 se extinguió la población, dándose incluso casos curiosos, como jabalíes destruyendo camadas de lobos.

 

                Hoy en día la población estable se sitúa entre el sudoeste de Salamanca  y Beira Alta.

En la Serra da Estrela, en Portugal (donde encontramos las cotas más altas del vecino país), se conserva población considerable, que está siendo combatida por medio de la estricnina.

 

Población extremeña.- Hay una serie de últimas poblaciones en las sierras de San Mamed y San Pedro.

Debemos tener en cuenta de que cuando se habla de “ultimas poblaciones”, se refiere hasta 10 camadas conocidas y localizadas por diversos naturalistas y aficionados a este tema.

Igualmente en la comarca de las Hurdes, zona de  gran tradición lobera, existe al día de hoy una población muy exigua. En estas duras tierras de los hurdanos, al lobo se  le considera un animal portador de misterio, al igual que en otras muchas comarcas de la península.

 

Población andaluza.- Ya han pasado años desde que los Duques de Medina Sidonia reclutaban con ordenanzas  (voluntaria e involuntariamente) hombres capaces de empuñar armas para dar batidas en sus enormes fincas y cotos para barrer de lobos esas zonas... rondaba el año de 1585. Comienza a declinar la población lobuna en la Serranía de Ronda a principios del siglo XX y hasta el primer cuarto del XX en Sierra Nevada. Las constantes  batidas y los cepos  han exterminado la población... y es que ya queda para la anécdota y el  recuerdo los tiempos de cuando los lobos estaban a las puertas de la ciudad de Granada, allá por el invierno del año 1492, cuando los Reyes Católicos derrotaban al subsidiario reino nazarita. 

 

                Existen poblaciones estables en la Sierra de Santos (entre Córdoba y Sevilla), al oeste de Huelva lindando con el Algarve, en Jaén en la  Sierra de Cazorla y al este ya en Murcia, en la Sierra de Alcaraz, fundamentalmente, así como grupos que realizan incursiones en las abundantes reservas cinegéticas que sirven como “cotos de caza”, en donde hay importantes poblaciones  de corzos, jabalíes y ciervos.

 

                Según las conclusiones del 1ºCongreso Hispano-Luso sobre la situación y conservación de las poblaciones de lobo en la Península Ibérica, celebrado en Soria en noviembre del año 1997, nuestro hermano lobo tanto en Portugal como al sur del río Duero, es especie estrictamente protegida, mientras que al norte del río Duero, es especie cinegética. Y este al parecer es  parte del último censo que se ha realizado que a continuación os ofrecemos:

.-En Sierra Morena no existe constancia de grupos reproductores ni de la presencia de ejemplares. En Extremadura, igualmente hay ausencia de grupos reproductores.

.-En Galiza, hay una generalizada tendencia a la baja constante, en Asturies, datan la estabilidad hasta el año 1995 y en el Parque Nacional de Covadonga solo hay un único grupo reproductor.

.-En el norte de Portugal hay unas 45 manadas estables, mientras que al sur del Duero, solamente 8 manadas distribuidas en dos núcleos poblacionales.

.-En Aragón se han observado lobos, pero no existen constancias fiables.

.-En la Sierra de la Culebra (Zamora) hay unos 35 grupos reproductores.

.-En Euskadi se han observado en la franja occidental, limítrofe con Burgos.

 

                Y este es un breve repaso del actual panorama celtibérico del canis lupus signatus, nuestro lobo ibérico. Como dato a tener en cuenta es la presencia en la toponimia peninsular de múltiples referencias a este bello y enigmático animal. Con una  considerable dosis de paciencia podemos bucear  y rastrear en un buen mapa para descubrir que existe fundamentalmente al norte y  noroeste de  las Hispanias  un montón de topónimos que hacen alusión directa al lobo. He aquí algunas muestras de dicho rastreo: En el Pirineo oriental, encontramos por ejemplo el pico Serrat des Loups;  cerca de Los Monegros tenemos Cantalobos;  en Soria está el río Lobos, en cuyo espectacular cañón moran buitres; en Cáceres, cerca de Monfrague está la Casa del Lobato; en Sanabria la aldea de Lobeznos; y es particularmente en Galiza y norte de Portugal donde encontramos mayor número de topónimos referentes al lobo, bien derivados del latín, bien derivados del germánico. Recordar que wolf  es lobo en alemán (así como en inglés) y su plural es wölfe (y se pronuncia la  ö como u), o sea, lobos, manada de lobos. Esta aportación con casi  absoluta seguridad se debe a la presencia sueva en esta esquina del noroeste peninsular, donde conformaron reino independiente de los visigodos por un periodo de 150 años. Así pues tenemos al  norte de Portugal en el parque natural  de Montezinho  la aldea de Fresulfe; en el distrito de  Viana do Castelo, tenemos Fojo Lobal y Gondufe; en el de Viseu, Labo do Lobo y Nandufe y en A Guarda, Pena do Lobo; ya en tierras galaicas propiamente dichas tenemos en Ourense el  ayuntamiento de Lobeira; en el concello de Castrelo do Val, Gondulfes; en la Ribeira Sacra, Gulfaríz; en el concello de Taboada, Gondulfe; en de Valadouro, Frexulfe; en A Estrada, Matalobos; en Barbadás, Cova do Lobo; en Aranga, Barranco da Loba... otros topónimos  de origen suevo son Vilargundurfe, Aldurfe, Ulfe, Friolfe... Y esta abundancia de topónimos no es extraña, algún autor  ha sugerido la hipótesis de que Galicia es país de lobos, ”GALYCIA, puede con mayor probabilidad significar Tierra Lupina o Lobosa, de Ga, en dialecto dórico tierra, y Lycia, adjetivo de terminación femenina, lobosa o de lobo”[12]        

 

                 En la heráldica de nuestra península, aparece en varios escudos de armas, así como otros animales tótem como el jabalí, el oso, el toro, el cuervo y el águila, principalmente. Evidentemente que a lo largo de las hidalguías  vasca, navarra, gallega, portuguesa, aragonesa, catalana, valenciana, castellana, leonesa, extremeña, andaluza, asturiana, cántabra... hay claras muestras de representaciones del animal que estamos tratando, para ello y como curiosidad, decir que en heráldica el lobo significa ferocidad, inteligencia, valor, camaradería... A ello podríamos añadir que es devorador de espíritus malignos.

 

                Ahora iremos haciendo un breve repaso por el simbolismo del lobo[13] a lo largo de diversas tradiciones europeas, aunque no se debe olvidar que como símbolo y tótem también lo encontramos, dentro de la tradición de los Pieles Rojas así como a lo largo de la  interesante tradición chamánica siberiana. Así pues podemos decir que es un principalmente un símbolo propio de Eurasia.   

 

                Comenzaremos pues diciendo que en nuestra península desde tiempos remotos y lejanos, el lobo es considerado como en el resto de los pueblos indoeuropeos, un animal con una faz dual, positiva y negativa, por motivos totalmente lógicos y comprensibles. Por un lado se le admira y respeta y por otro se le teme. Desde Cantabria hasta Jaén, desde Trâs-Os-Montes hasta Murcia, para los pintores de las cuevas rupestres, el lobo es un animal al que dignan representándolo junto a otros animales. Ejemplos de ellos son representaciones en cuevas de la Aquitania, así como de Andalucía (Los Arcos en Jaén y Tajo de las Figuras en Cádiz). Las antiguas tribus y clanes de celtíberos, igualmente lo representan en sus monedas, escudos y vasijas de cerámica, tal es el ejemplo de que los ilegertes así lo hicieron en sus  escudos y  en monedas de plata (siglo II a.C.) en cerámicas numantinas los guerreros se cubren con pieles de lobos, así como en otras de Teruel (s. III y II a.C.) También han aparecido representaciones en urnas cinerarias encontradas en Albacete. Mientras tanto dentro de las tribus del norte de la península, los representan en estelas pétreas, por ejemplo en Ponga (Asturies) y en Zurita (Cantabria).

 

                Ya en la Grecia clásica, el lobo también tiene su importancia dentro de la Tradición Helénica, y casi siempre será como animal relacionado con Apolo, el dios que se retira al país de los hiperbóreos durante los meses de invierno en un carro tirado por cisnes y flanqueado por cuervos y lobos (curiosa analogía con Wotan - Odín, como veremos después). Su madre, Leto, tiene dos mellizos con Zeus. La esposa del Gran Dios, Hera, llena de celos, los persigue con cólera. Apolo (el Sol) y Artemisa (la Luna), conseguirán junto con su madre Leto, refugiarse en el país de Licia (el país de los lobos). Posee Apolo entre sus varios epítetos, el de Licógenes, o sea, el nacido de lobo. Hay una leyenda en la que un lobo es señal del dios hiperbóreo, (por ejemplo en la de Celanor y Dánao), otra en la que el dios aparece transformado en lobo (por ejemplo en la de Cirene, la ninfa de Tesalia) y una en la que el dios envía a una loba a alimentar al héroe Mileto, (fundador de la ciudad que lleva su nombre) ya que éste es hijo del dios y su madre Acacálide lo abandona en el monte por temores. Y existe una leyenda con gran similitud a otra que todos conocemos: Parrasio y Licasto eran hijos gemelos de Zeus y de la ninfa Filónome. La madre los abandonó en un monte y una loba los amamantó hasta que un pastor los recogió, al crecer los gemelos obtuvieron el trono de Arcadia.   

 

                Y esta leyenda griega nos trae grandes paralelismos con la de Rómulo y Remo, los fundadores de la Urbe Eterna. Dentro de la Tradición Romana, ya desde sus orígenes primordiales la loba tiene una importancia más que trascendental, pues es ella la que ampara, amamanta y protege a los hijos gemelos del dios Marte (cuyo animal consagrado es el lobo) y de la vestal Rea Silvia. El rey Amúlio, por temores a la diosa Vesta, ordena que sean abandonados a las orillas del Tíber. El resto de la historia ya la conocemos. La loba capitolina  fue enseña, tótem y símbolo de Roma con la Monarquía y la República, y ya con el Imperio fue sustituida por el águila imperial. En la Tradición de Roma existían las Fiestas de la Lupercalia, que eran fechas dedicadas a la purificación, donde se celebraban ritos y ceremonias en las cuales el espíritu del lobo tenía su presencia. En torno al 15 de Febrero, aproximadamente, 2 jóvenes se introducían en la cueva “Lupercal”, insuflándoseles el espíritu del animal, para alejarlo de los  fecundos rebaños y así preservarlos de peligros. Es un dato curioso a tener en cuenta, pues lupa es loba en latín, y los Padres de la Iglesia de entonces, para menospreciar y censurar dichas fiestas, dieron el sentido vulgar del término, relacionándolo con lupanar, el lugar donde las  prostitutas o lobas ejercían el oficio más antiguo del mundo (según se dice). Así se dilapidaba al lobo como animal pagano. Esta idea es recogida de otro pueblo del Mediterráneo, en este caso los hebreos, que solamente ven en él una criatura infernal puesto que así es tratado en el Antiguo Testamento[14]. 

 

                En la Tradición Céltica el lobo también tiene su protagonismo: “Los druidas aseguraban, según Cesar, que los galos descendían de un dios infernal o nocturno, que llevaba a la espalda una piel de lobo. Este dios fue, casi seguro, originariamente un lobo, pues además, en el tiempo de los romanos  lo identificaron con Silvanus, cazador de lobos y antiguo lobo por lo tanto. Y también parece que el nombre del héroe irlandés Cuchulainn viene del nombre de lobo”[15]  Esta idea la recoge V.Risco de otro estudioso del mundo céltico, como es H.D´Arbois de Jubainville. Efectivamente, el lobo es considerado por los antiguos celtas como un ser procedente del  Otro Mundo, ya que para ellos primero fue la noche y luego el día, tal como nos relata Julio Cesar en su “De Bello Gallico”, la muerte precede a la vida, así como el padre precede al hijo e igualmente los dioses oscuros y tenebrosos preceden a los dioses luminosos.  La leyenda del héroe CuChulainn, recogida dentro del ciclo del Ulster, nos cuenta que es hijo del dios Lugh (que por cierto, este dios se hace acompañar por dos cuervos) y se le conoce por ser el guerrero más poderoso de todo el Éire ya que de pequeño, se enfrentó al lobo con poderes del herrero Culann. “Siendo niño accidentalmente se enfrenta con el monstruoso perro del herrero Culann, animal con poderes sobrenaturales capaz de enfrentarse a cien guerreros a la vez”.[16] Y de ahí su nombre, Cu (perro) y Chulainn (de Culann). Aunque si  bien es cierto que los animales de los celtas por excelencia son el jabalí, el ciervo, el águila, y el salmón (como así lo atestigua la leyenda de Tuan McCairill[17] ), además del buey y del perro, el lobo no deja de tener su importancia como animal sagrado. En el caldero de Gundestrup, vaso celta-ligur hallado en Dinamarca, se nos describe una serie de iniciaciones  por diversos dioses (Cernnunos, Dagdé,...) en el cual el dios Cernnunos es acompañado por un ciervo y un lobo mientras porta en sus manos un torques y una serpiente[18]. Otra representación de un dios céltico, esta vez hallado en la antigua Galia, Sucellus, el dios del martillo, porta en su mano una cabeza de lobo.

 

                Pero es en la Tradición Germano-Nórdica  donde el lobo alcanza un protagonismo más que relevante. El dios Wotan-Odín es acompañado por sus dos cuervos (Hugin y Munin, reflexión, pensamiento y memoria, recuerdo) y por sus dos lobos (Geri y Freki, valor, coraje y espíritu, libertad) a los cuales el mismo Odín alimenta de su propia mano. Los antiguos odinistas creían que un buen augurio era el encontrarse con un lobo. Así como es compañero del rey de los dioses del panteón escandinavo y germano, igualmente es el enemigo que acabará con el mundo, a través del dios maléfico y tenebroso que es Loki (representación de la envidia-avaricia, el odio, la ceguera espiritual-ignorancia) y un hijo de este es el Lobo Fenrir (junto con la serpiente del Mitgard y Hel). Es conocida la leyenda o profecía del fin del mundo para los nórdicos, tal como nos lo relata la Edda[19]: “Pérfidos hijos tuvo Loki. Y todos esos hermanos son poderosos, pero ¿por qué no mataron los Ases al lobo, si esperaban daño de él?...En tanto respetan los dioses su santuario y sus lugares de tregua que no quisieran ensuciarlo con la sangre del lobo, aunque digan las profecías que será quien mate a Odín”. Todo ello desencadenará en el Ragnarök, el lobo Fenrir se librará de sus ataduras, la serpiente del Mitgard subirá a la tierra y hará compañía a su hermano. Se quemará el cielo y la tierra después de la muerte de Odín y de toda la humanidad, pero habrá regeneración. A esta época actual se le conoce como la Edad del Lobo. De nuevo encontramos aquí el  concepto profundamente indoeuropeo de la doctrina cíclica de los tiempos, frente a la lineal de las religiones monoteístas. He aquí la explicación de un autor versado en estos interesantes temas: “... la Edad del Bronce de Hesíodo, que en una cierta medida corresponde a la “Edad del Lobo”, no sólo en la Hélade, sino también entre los celtas y en las razas nórdicas, ha tenido un doble significado. La similitud, tanto inconsistente etimológicamente, como interesante en tanto que señal, entre lobo y luké, luz, ya hace referir al lobo al principio luminoso y también a Apolo, el dios hiperbóreo. Por otra parte, el Lobo expresa una naturaleza feroz, salvaje, “inferior”. En tal sentido, en la Edda la época del Lobo se relaciona con el Ragna-Rökk, es decir, el período en el cual el poder de los Asen, de los héroes divinos, declina... El paso del Lobo del significado (luminoso) a otro (inferior) expresa por lo tanto la involución... Los símbolos aluden, de nuevo, a la profunda dinámica de las fuerzas de la raza que ascienden, caen, se unen o chocan en vicisitudes prehistóricas” [20] Otra función “maléfica”, simbólicamente “involucionista” por parte de los lobos dentro de la mitología nórdica, es la de ser los perseguidores y devoradores del Sol y de la Luna, tal como se acaba de explicar e interpretar. Así es como nos lo relata la Edda: “Entonces dijo Gangleri: Rápido viaja Sol, y parecía que está asustada, y no apresuraría más su marcha si temiese la muerte. –Entonces responde Hár: No es extraño que vaya deprisa; cerca va quien la persigue, y no tiene más salida que escapar. –Entonces dijo Gangleri; ¿Quién le causa tantas fatigas?- Hár dice: Hay dos lobos, y el que va tras ella se llama Skoll; la asusta y quiere cogerla. Y se llama Hati (que significa, “el que odia”) hijo de Hródvitin, el que corre delante de ella y quiere coger a Luna, y así habrá de ser. -Entonces dijo Gangleri: ¿De que linaje son los lobos? - Hár dice: Una giganta llamada Gýg vive al este del Midgard en el bosque que llaman Járnvidur (que significa, “Bosque de hierro”) La vieja giganta engendra muchos hijos de gigantes, todos ellos en figura de lobo, y de ahí vienen éstos. Y se dice que el más poderoso de ese linaje se llama Mánagarm (que significa “Lobo de Luna”), se alimenta con la vida de todos los hombres que mueren, y tragará la luna y rociará su sangre el cielo y todo el aire. De ahí que el sol perderá su brillo y los vientos estarán intranquilos y rugirán aquí y allá”[21]. Sobre este pasaje en particular, algún autor lo ha asociado con el solsticio de invierno, con un período que acaba y otro que se inicia, con las Tinieblas que dejan paso a la Luz: “En la tradición escandinava, cuando el Ragna-rok, el lobo Skoll devora al Sol, antes de ser devorado, sin embargo, el astro diurno da a luz un nuevo sol para continuar su obra vital”[22]  Un poco más delante de este trabajo, veremos que no solo en la mitología nórdica aparece esta figura de los lobos como perseguidores de Helios y de Selene.

 

                Los guerreros germano-nórdicos y célticos, según  diversos testimonios que sabiamente recogió y estudió Georges Dumézil,  poseían una auténtica naturaleza animal, que bien podía ser merced al don de la metamorfosis o bien debido a una herencia monstruosa, a una maldición. “Los berserkir cuyo nombre significa “con envoltura (serk) de oso” son aquí el ejemplo clásico. Correlatos terrestres de los einheriar que rodean a Odinn en el otro mundo, los primeros berserkir míticos le servían  cuando gobernaba el Upland sueco”.[23] Esta “imposición” de pieles de lobo para atemorizar al enemigo, no solo era conocida entre los pueblos celtas, sino también entre los pueblos germánicos, que eran denominados “úlfhednar”. “Al igual que otros tantos pueblos (indoeuropeos) al parecer los antiguos germanos no apreciaron dificultad alguna en atribuir a un mismo hombre diversas almas y por otra parte, la forma exterior sería considerada como la característica más neta de la personalidad”[24]  Los métodos de metamorfosis de estos guerreros, solían ser al atardecer con el fin de entrar en combate.  

                                Ulfila, el  primer traductor de la Biblia al gótico, también debe su nombre al lobo. Adaptó el futhark antiguo, o sea el  alfabeto rúnico según su conveniencia. Para algunos este Ulfila es un personaje mítico, y así como Fenrir era el “antiguo lobo” del ciclo pagano, Ulfila sería el “nuevo lobo” del ciclo cristiano. De nuevo según la teoría evoliana, la “Luz del Norte” era vencida por la “Luz del Sur”. Y por último anotar que no debemos de olvidarnos del héroe Beowulf, conocida obra épica anglosajona del siglo VIII, que debe su nombre al lobo, este príncipe de Jutlandia que lucha contra el dragón.  Recientemente ha servido el nombre de lobo como seudónimo literario a Heinrich  Himmler, como Wulf Sorensen.  

 

                Creo que podemos observar e intuir que nos encontramos ante un animal muy particular, con una gran significación simbólica exotérica y esotérica que otros animales no poseen (excepto el águila, el búho, el toro, el jabalí, el oso...)[25]. El lobo es al mismo tiempo un animal solar y lunar, luminoso y tenebroso, un auténtico símbolo que es capaz de conducirnos y transmitirnos una determinada creencia según la tradición en que nos introduzcamos y procuremos lo incognoscible.

 

                Igualmente dentro de la Tradición Cristiana Europea, el lobo tiene su particular simbolismo y su característica significación hermética. El cordero (Agnus Dei), símbolo por excelencia del Cristianismo Medieval, así como la figura del Pastor, tienen como lógico antagonista al lobo. De hecho en su interpretación exotérica, el lobo es considerado como animal infernal. Prueba de ello son por ejemplo las interpretaciones en la Divina Comedia de Dante Alighieri, donde un lebrel arrojará a una loba a  los infiernos, que simbólicamente el traductor de la obra al castellano la representa con la avaricia: “Perseguirá a la loba de ciudad en ciudad hasta que la haya arrojado al Infierno, de donde en otro tiempo la hizo salir la Envidia”[26]. J.Evola al respecto nos ofrece otra interpretación más de carácter esotérico que exotérico: “...la loba y la prostituta representarían a la Iglesia Católica... la loba y la prostituta se referirían a una involución o degradación correspondiente sobrevenida en el principio de la autoridad espiritual”[27].

                La figura del lobo devorador, es general en toda la Europa del Medioevo, imagen alegórica que representarán los maestros canteros (cagots) en  los capiteles de nuestras iglesias románicas. Por ejemplo,  cerca de A Coruña, en Santa María de Cambre, una joya de románico galaico, tiene un par de magníficas cabezas de lobo devorando a hombres en la puerta de la nave derecha (hoy ocultados a la vista por una puerta que da paso a la sacristía). Y caso curioso es que en las provincias de Burgos, Palencia y Santander, hay una multitud de iglesias románicas que poseen  curiosas representaciones de este polémico animal en actitudes devoradoras: Frómista, Santillana del Mar, San Millán de Lara, Jaramillo de la Fuente, Santa María del Valle, San Pantaleón de Losa, Santa María de Piasca y San Pedro de Tejada, siendo esta última ermita, la que posee los capiteles más enigmáticos. “Por nuestra parte pensamos que la serie de representaciones escultóricas en que aparecen lobos en actitud de devorar a seres humanos o a animales guarda relación con el código esotérico de los maestros canteros de todas las épocas, desde los druidas hasta los tiempos modernos"[28] Más que interesante anotación de este naturalista y biólogo, pues deja puertas abiertas a la profunda comprensión de este mítico animal. El ser devorado por el lobo, no deja de ser una muerte ritual y alegórica que conducen al Ser a estados de conocimiento de orden superior. Así pues tendría una lógica todo lo que hemos leído hasta ahora: para que exista la luz en el interior, primero hay que reconocer que estamos en tinieblas y para adquirir el Conocimiento, hay que aplastar la ignorancia y asumir nuestro propio infierno, primero somos devorados y lógicamente morimos, para posteriormente renacer a la vida real y libre de falsas ilusiones.  Sabemos que las representaciones esculpidas en piedra en nuestras iglesias y catedrales románicas, son libros abiertos y cerrados, que están para ser leídos y comprendidos por aquellos  que puedan comprender. “...los maestros canteros de obras levantadas a lo largo del Camino de Santiago, asociados en gremios y cofradías, recibían el nombre de Hermanos de Jacques mientras estuvieron vinculados al quehacer constructivo de los caballeros templarios... se constituían en depositarios del saber de la piedra o técnica de la arquitectura de iniciación. Y no olvidemos que aquellos sé autodesignaban con el nombre de lobos. Y por lo demás, en uno de nuestros viajes a Bretaña, recogimos una leyenda en la que se habla de lobos asociados al levantamiento de los megalitos de Carnac y Locmariaquer; se consideraba a los lobos como seguidores de un antiguo mago, maestro cantero. Allí en el ámbito de los dólmenes y alineamientos y en otros lugares de Bretaña, descubrimos indicios de un posible culto al lobo”[29] El lobo se convierte pues a través de la piedra en un catalizador de energías cósmicas y de un profundo significado iniciático.  

 

               

Relacionado con el Camino de Santiago está el lobo, como podemos leer y precisamente desde el origen de la leyenda jacobea: esa figura ahora es la mítica Raiña Lupa (la Reina Loba), reina pagana que se opone a que los restos de Santiago el Mayor descansen en tierras galaicas. Así interpreta a breves rasgos un historiador la leyenda del Apóstol Santiago: “En la leyenda del Apóstol son visibles los rastros del culto al sol. La reina Lupa (el lobo es símbolo del sol que devora a la luna, representada a su vez por la loba) aconsejó a los discípulos del Apóstol fuesen a Duio (Finisterre) a pedir licencia a Filotro, gobernador de la tierra, para enterrar el sagrado cadáver. Concédele éste y les envía en son de burla al Pico Sacro en busca de los bueyes –otro símbolo del astro diurno- que guarda el dragón, que debe destruirlos y que sin embargo los respeta. Por fin, vencidos todos los obstáculos, los discípulos del Apóstol dejan a los bueyes que indiquen el sitio en que debe dársele sepultura”[30] Y curiosamente, la Puerta Santa  de la catedral de Compostela está orientada con aguda y extrema precisión hacia el Pico Sacro (relacionada igualmente con dicha reina, posible puerta de acceso al interior de una montaña sagrada) y la fachada de la catedral está orientada con idéntica precisión hacia los Montes del Pindo (Olimpo céltico y lugar mítico de enterramiento de la Raiña Lupa,  dentro del castillo o castro en el que ella moraba, montaña sagrada donde se realizaban ritos de fertilidad. En uno de sus riscos, justamente en el de Penafiel, hay una inscripción hecha por mandato de la Curia compostelana, que advierte del riesgo de ser excomulgado por realizar ritos de origen pagano)  y justamente en la misma dirección está Finisterre, fin de la Ruta de las Estrellas y ocaso del Astro Rey, donde según la creencia druídica, iban a parar las almas de los muertos.

 

                Y concluyendo, no podemos por menos afirmar que este símbolo pagano y cristiano al mismo tiempo, se ha entrelazado en sugestiva complicidad de una forma tan mítica y misteriosa, que hasta ha producido en nuestra mitología popular e incluso en la realidad un fenómeno más que curioso  y digno de estudio como el de la licantropía. Desde antaño los hombres a lo largo y ancho de Eurasia, en diversos ritos de pasaje, ora en solsticios, ora en ceremonias propiciatorias se han cubierto con pieles de lobos, han querido insuflarse de su espíritu, de valor, de buena y sana camaradería, de ferocidad, de sagacidad... El hombre ha querido parecerse al enigmático caminante de la noche y también ha temido sus aullidos bajo la luna llena (conjurándose con oraciones especiales para tales ocasiones, tal como se han podido recoger en diversas partes de la península: en la región portuguesa de Tras-Os-Montes, Euskadi, Catalunya, Galiza...) y el hombre al final en la soledad y profundidad del bosque, se transforma en lobo: en Euskadi se le conoce como el Guizotso (gran enemigo del benévolo  genio del bosque Basajaun); en Asturies es el llobusome; en Extremadura es el lobisón; en Galiza y Portugal es el lobishome(y en algunas zonas de Galiza, concretamente en A Costa da Morte, el vakner[31])en Castilla es el hombre-lobo; en Francia es el loup-garou; en Alemania es el werwolf; en Grecia es el lycocantzari... Lo cierto es que han existido realmente registrándose varios casos  en determinadas zonas de nuestra península así como de otras partes de Europa (sobre todo en Francia (Lyon) y en Alemania (Worms), por citar dos casos más que conocidos). El último caso conocido y mayormente difundido sucedió en la comarca da Límia (Ourense) donde Manuel Blanco Romasanta, asesinó a varias personas, no sabemos si realmente por ser enfermo mental o bien por ser un auténtico licántropo... recogido en su sumario del juzgado de Alhariz está la historia acontecida en 1932. De dicho suceso se realizó la película llamada “El bosque del Lobo”.

 

                 Otra figura,  mal relacionada con el  mundo de la licantropía es la de los encantadores de los lobos. Quizás estos hombres y mujeres hayan tenido la facultad de transformarse en lobos, de vivir y cohabitar con ellos, de amansarlos y a veces se les haya identificado con licántropos (lejos de la imagen poco certera que nos han ofrecido llena de sangre y terrorífica la industria del cine americano con sus versiones clásicas y modernas del hombre-lobo)  ya que en realidad la figura del encantador de lobos ha existido y se le ha conocido en diversos lugares cómo: saludadores en Euskadi; saludadoras en Andalucía; loberas en Castilla; peeiro dos lobos en Galiza; pijeiras en Portugal... Mujeres y hombres que se les ha relacionado con la magia negra, de que los demonios intervenían  a través de los animales y estos eran azuzados contra los rebaños de ovejas, pero que en realidad lejos de creencias supersticiosas, no dejaban de ser personas con poderes ocultos y en gran relación con ese tótem tan fuerte y tan vivido por otras muchas personas que es el lobo... siempre al llegar la noche. Esa “maldición”, a veces se transmitía de forma biológica, de padres a hijos, a veces a través de u hechicero/a. Estas son las dos clases de personas que tienen el poder, la desgracia, la divinización, el malfario o maleficio, según se mire, de “conectar con su tótem”. Aquí la sangre tiene su importancia, como se describe a continuación: “... la sangre es donde reside el alma, y la sangre es donde obra la fuerza mágica, ese poder difuso y misterioso... fuerza que reside en las ceremonias mágicas, en los encantamientos, en los maleficios, en el mal de ojo, en el enmeigamiento, en el sacrificio, en el tabú, en el fetiche, en el amuleto, en el tótem y por estar en el tótem, por eso tiene tanta fuerza aplicada por el padre para punir su propia sangre  cuando su propia sangre se revuelve contra él, contra el representante actual del tótem. Entonces el padre libra esta fuerza poderosa e irresistible, que hiere como una centella y en este caso en particular, cambia la naturaleza por ser “hadado”, le muda la especie y lo convierte en una bestia feroz como echándolo fuera de la casta, no solamente de su sanguinidad, sinó de la casta humana por indigno de pertenecer a ella... De ahí que se rediman los hombre-lobo por la efusión de la sangre, porque en la sangre era donde estaba el encantamiento lurpio...”[32]    

 

                Espero que este pequeño estudio sobre tan controvertido animal ayude a las personas que lo lean, a tener una concepción más profunda, inclusive mítica y de un símbolo profundamente indoeuropeo, y que piensen que no existe una protección tan especial para especie tan polémica, sino más bien “una guerra fratricida entre el bípedo pensante y nuestro magno símbolo terrestre llamado lobo”, como decía un viejo amigo.

 

                Creo que fue Nietzsche quien dijo que “en un mundo de borregos prefería ser lobo”, y también “sed como lobos: fuertes en solitario y solidarios en la manada” …  no dejan de ser unas grandes sentencias razonables y certeras...  que cada uno interprete como mejor le parezca.

 

                Y para concluir os ofrezco esta bella y reivindicativa prosa para meditar y reflexionar, llanto por una naturaleza que poco a poco algunos destrozan por culpa de su gran ignorancia... y es que nunca comprenderán que hijos de la tierra son todos los seres vivientes, absolutamente todos y de poco fiarse son las ideologías y también alguna que otra religión, que sobreponen y anteponen al hombre y sus ficticias necesidades por encima de los animales (sean divinos o infernales) sea al precio que sea... y esperemos que algún día llegue a comprenderse que el ser humano es el Hermano mayor que debe respetar, cuidar y aprender de sus otros hermanos, solamente así puede volver a ser humano.

 

                Frente al “Pragma”, ante la acción enfebrecida que devora como Saturno a sus hijos, ha venido a posarse en torno a la ciudad la lección del “Mythos”. El águila y el lobo abatidos han querido portar el ejemplo de la fábula, ligada a la ágil y eterna naturaleza en cuya república, afortunadamente no existe vulgo. ¿No querrían anunciarnos el águila y el lobo, con su vuelta antigua a la antigua tierra, la necesidad de ciertas permanencias por el camino sin sosiego de nuestros atroces días? Frente a las tremendas ciudades de hoy que crecen verticalmente sin cuidado ni reposo, sin fuentes y sin cánticos, águila y lobo traerían de consumo el parte de la naturaleza ultrajada. La primera desde las nubes con la embriaguez que da el azul del aire, transportaría en sus poderosas alas un crisma para la alegría ausente y para la hermosura muerta de las apretadas y tristes ciudades de hoy. La loba soturna que brúa a la luna su libre canto de amor y de sangre, traería desde la hondura de las edades el severo mensaje de la tierra que el pobre hombre de hoy ha olvidado. El pobre hombre de hoy aprendiz de brujo que quiere destruirla en nombre de la civilización y de la técnica, en la hora apocalíptica cuyo solo nombre hace estremecer a los ángeles. Traería su mensaje aquilino y celeste antes que el ardor de la vida se convierta en una llaga purulenta: antes de que la savia se cuaje y de que la canción se trueque en inútil sollozo desgarrado”[33]

Federico Traspedra

 

 

 



[1] “Obras Completas”, Vicente Risco. Ed.Galaxia 1994 (Vigo). “Libro de las Horas”, pág. 226

[2] Hay que aullar con los lobos, Vitus B. Dröscher, Ed. Planeta, (Col. Al filo del tiempo), 1984, Barcelona. Pág. 12-13

[3] Las pallozas son construcciones de origen prerromano, célticas. Su localización se encuentra en las antaño remotas e inaccesibles montañas lucenses de Os Ancares y de O Caurel. Son construcciones de planta ovoide (como los castros), de dimensiones considerables como para albergar una familia en la planta superior de la vivienda y los animales en la inferior. La última familia que habitó una palloza en Os Ancares, data del año 1974.

[4] Viaje por los montes y chimeneas de Galicia de J.M. Castroviejo y Álvaro Cunqueiro. Colección Austral, Espasa Calpe, 1986. Madrid. pág. 143-145.

[5] Op. cit. Vitus B. Dröscher, pág. 11.

[6] Alguien ha sugerido la hipótesis de que el cuento de los hermanos Grimm, tiene una interpretación “hermética”, “velada”, “esotérica”. Al parecer el lobo en el cuento, representaría la noche que devora al sol (la niña rubia, die  Sonne, el Sol en alemán es femenino, con su capa roja –y el rojo con todo el significado hermético que posee-). Igualmente el lobo sería el invierno que devora la era solar, la primavera –las viandas que porta Caperucita son las ofrendas de Mayo- para luego ser rescatada del interior del lobo, de su estómago -¿... será una iniciación?

Para ello se puede consultar el libro de J.C. Cooper, Los Cuentos de Hadas.  Alegorías de los mundos interiores. Ed. Sirio, Barcelona, 1986.

[7] “... ¿Y el lobo estepario eres tú? ¿Eso eres tú? – Sí, soy yo. Yo soy un ente que es medio hombre y medio lobo, o que al menos se lo figura así”  El lobo estepario”, de Hermann Hesse, Alianza Editorial, Madrid, 1976.

[8] “Enciclopedia Salvat de la Fauna”, Felix Rodríguez de la Fuente. Tomo 6/Eurasia y Norteamérica (Región Holártica). 1970. (Madrid)

[9] Op.cit., Vicente Risco, pág.787 y 785.

[10] Curiosa es la comparación entre el dios Thor y Sant-Yago, al cual se invocaba en medio de las tormentas. Para ello, se puede consultar el magnífico e interesante libro de Antonio Medrano, La Lucha con el DragónEd.YataY, 1999, (Madrid), pág-311

[11] Todos los datos de carácter estadístico están extraídos de su libro “El lobo ibérico: Biología y Mitología”  Ed.Hermann Blume, 1984. (Madrid)

[12] Domingo García de Robles, artículo “Galicia, Etimoloxía do seu nome”, incluido en el libro “Pensamento Galeguista do Século XIX”, de Francisco Fernández del Riego, Ed.Galaxia, 1983 (Vigo), pág.49.

[13] Para ampliar conocimientos sobre este tema, ver “Il Simbolismo del Lupo” de Christhope Levalois. Ed. Arktos. (Carmagnola)

[14] En las profecías de Isaías (Cap. XI) sobre el carácter de la llegada del reino del Mesías, dicho profeta para explicar con parábola la instauración del espíritu de conocimiento y temor de Yavé, determinados animales “demoníacos” ya no causarán más daño ni harán mal. “El lobo habitará con el cordero, la pantera se acostará junto al cabrito; ternero y leoncillo pacerán juntos, un chiquillo los podrá cuidar”

[15]Op.cit. Vicente Risco, pág.787

[16] “Los grandes mitos celtas y su influencia en la literatura” de R. Sainero, Edicomunicación, 1988. (Barcelona) pág.10

[17] Ver de H.D´Arbois de Jubainville “El ciclo mitológico irlandés y la mitología céltica”, Edicomunicación, colección Visión Libros, 1986. (Barcelona)

[18] Op.cit. A.Medrano, pág.54.

[19] “Gylfaginning” en “Textos Mitológicos de las Eddas”  de Snorri Sturluson, Ediciones Miraguano, 1987. (Madrid)

[20] Julius Evola, en el artículo “La Tradición Nórdico-Aria”, editado en la colección HIPERBOREA, nºVII, pág. 59-60.

[21] Snorri Sturluson,  Op. cit. pág. 24.

[22] Christophe Levalois, La Tierra de Luz. Simbolismo del Norte y del Origen Ed. Obelisco, Barcelona 1989, Pág.67.

[23] Georges Dumézil. “El Destino del Guerrero. Aspectos míticos de la función guerrera entre los indoeuropeos” Siglo XXI editores.  México 1990. Pág.171

[24] Op.cit. Georges Dumézil, pág.172

[25] Este significado ambivalente igualmente lo poseen  otros animales. Cabe aquí  destacar lo siguiente: “...el paralelismo que la figura del dragón en cuanto símbolo del ego presenta con otros animales reales o fabulosos; el tigre, el cocodrilo, el jabalí, el lobo, el oso, el león, el toro o el búfalo, por lo que hace a los primeros; el grifo, el minotauro, el cancerbero, la medusa y otros por el estilo, en lo que se refiere a los segundos. Pues evidentemente el dragón no es el único animal representativo del ego”. Op. cit. Antonio Medrano. pág.204  

[26] “Divina Comedia” de Dante Alighieri, Espasa Calpe, colección Austral, 1999. (Madrid)  pág. 96

[27] “El Misterio del Grial” de J.Evola, Plaza&Janes, colección Otros Mundos, 1975. (Barcelona) pág. 78

[28] Op.cit. R. Grande del Brío, pág. 274.

[29] Op.cit. R. Grande del Brío, pág. 273.

[30] “Galicia (I)” de Manuel Murguía. Ed. Xerais de Galicia, 1982. (Vigo) pág.133

[31] “El vakner era un ser que estaba al acecho, y tal  y como vemos en el antiguo nórdico, la voz varar, lobo pudo ser el origen del vakner. Ahora bien, no podemos descartar tampoco la raíz indoeuropea wagh; su significado no parece corresponder, en principio, con la características de un lobo; este animal ni grita, ni retumba ni lloriquea, a no ser que se entienda por lloriqueo su aullido lastimero…No podemos rechazar que el vakner fuera un lobo; la etimología propuesta es sensata, aunque no concuerda plenamente con la descripción que tenemos. Por otro lado, no se nos ocurre una explicación clara de cómo una palabra de origen nórdico era utilizada por la zona de Finisterre y alrededores para r4eferirse al lobo ¿Será quizá un arcaísmo germánico que se conservó en las creencias populares? Fernando Alonso Romero “Historias, leyendas y creencias de Finisterre” Briga Edicións, Betanzos 2002. Pág.61  

 

[32] Op. cit. V. Risco. Pág. 785-786.

[33] Op.cit. J.M.Castroviejo, en el capítulo “La muerte del Mythos”, pág.159-160.

Friedrich Nietzsche: a transformación do home

Friedrich Nietzsche: a transformación do home

En “Así habló Zaratustra” Nietzsche hace referencia a tres transformaciones del espíritu: cómo el espíritu se transforma en camello, el camello en león y, finalmente, el león en niño. El camello representa el momento de la humanidad que sobreviene con el platonismo y que llega hasta finales de la modernidad; su característica básica es la humildad, el sometimiento, el saber soportar con paciencia las pesadas cargas, la carga de la moral del resentimiento hacia la vida. El león representa al hombre como crítico, como nihilista activo que destruye los valores establecidos, toda la cultura y estilo vital occidental. Y el niño representa al hombre que sabe de la inocencia del devenir, que inventa valores, que toma la vida como juego, como afirmación, es el sí radical al mundo dionisíaco. Es la metáfora del hombre del futuro, del superhombre.

“Mas ahora decidme, hermanos míos: ¿qué es capaz de hacer el niño, que ni siquiera el león haya podido hacer? ¿Para qué, pues habría de convertirse en niño el león carnicero? Sí, hermanos míos, para el juego divino del crear se necesita un santo decir “sí”: el espíritu lucha ahora por su voluntad propia, el que se retiró del mundo conquista ahora su mundo”.

“Debéis buscar vuestro enemigo y hacer vuestra guerra. Debéis amar la paz como medio para nuevas guerras, y la paz de corta duración más que la larga. Decís que es la bondad de la causa la que santifica la guerra; yo digo: es la bondad de la guerra lo que santifica toda causa”. “¿Quién alcanzará algo grande si no tiene la fuerza y la voluntad de infligir grandes sufrimientos? Saber sufrir es poco: hay mujeres y esclavos que han destacado como maestros en este arte. Pero no sucumbir ante los ataques de la angustia íntima y de la duda turbadora cuando se causa un gran dolor y se oye el grito de este dolor, esto sí es grande”. “El hombre superior se distingue del inferior por la intrepidez con que provoca la desgracia”

 

Presentación do blogue TERRA E POVO

Presentación do blogue TERRA E POVO

Desde as brumosas terras do norde da península celtibérica, onde as conciencias esvaen-se e dispersan-se có vento, un pequeno fato de persoas suman-se ao proxecto europeista  de TERRA E POVO. Desde esta  sacrosanta terra nosa  que olla para o Atlântico e alén nós, irmá das outras terras do FINISTERRAE ( Irlanda, Bretaña, Escócia...) queremos fazer a nosa modesta contribución ao espallamento dun ideário galeguista,  nacionalista europeu e de inspiración tradicional. É ista outra pedra mais, a galega, que quer  re-construir ese castelo chamado Europa junto das máns dos casteláns, dos cataláns, dos escoceses, dos bretóns, dos irlandeses, dos letóns, dos croatas, dos daneses, dos vascos, dos serbios...  Estamos para remover as almas e conciencias dos que se acheguen a nós.

 

 Algúns ollarán con excesivo academicismo algúns artigos, máis  non é isa a sua función nen intención final, senón a de oferecer có rigor preciso unha Cosmovisión indoeuropeia, unha serie de conceitos- ora ben sexan sobre história, sobre política, sobre direito, sobre antropología,  sobre mitologia, etc- para que fiquen ben explicados, sempre fuxindo do intelectualismo pedante ou da demagogia imperante. 

 

 O Amor polos nosos Devanceiros e polo noso Povo, polas nosas tradicións indoeuropeias e  pola nosa Terra é o motor imaterial dos autores dos artigos que figuran neste bloque de TERRA E POVO, con artigos em lingua galega, castelán e português. 

 

 Grazas aos Deuses non somos funcionários que nom funcionam (liberados sindicais ou en excedência)  nen temos afan proselitista vaticanista como os parvos, ignorantes e escuros que moran nas doutrinas monoteistas, ben sexan das esquerdas “progres”ou  das direitas “centristas” , do Islam “salvador” ou do Israel “redentor”.

 

Como dixo o poeta e xornalista minhoto Joâo Verde, “amo à minha terra e tenho-a endeusado como a um bom filho” e é por iso, simplesmente que amamos a nosa terra , ao noso povo e as suas tradicións,  neste mundo da quantidade e da globalización, do neoliberalismo de mercado e do internacionalismo neo-marxista.

 

“O povo que abandoa a sua tradizón non ten direito à existencia” dixo-nos o grande pensador galego don Vicente Risco, e seguindo fielmente a sua liña de pensamento, qual “fío de Ariadna” para non ser desorientados, que sirvan estas páxinas para aportar luz à conciencia e forza ao espírito , que sirvan para recoñecer e auto-afirmar a nosa identidade (galega-hispánica e europeia) nos tempos do hibridismo multiétnico.    

N.R.   

NÓS, somos

NÓS, somos

Asociación cultural

TERRA e POVO

 

1º.-A NOSA TERRA, O NOSO POVO.

Terra e Povo é unha asociación cultural galega, identitaria e europeista, que naceu co obxectivo principal da defensa da nosa identidade europea e tamén da promoción do estudo e a difusión da heranza étno-cultural do noso povo europeo, asi como dos vencellos etno-culturais entre os nosos irmáns da antiga Gallaecia, ora Asturias e León ora do norte de Portugal, ora dos países célticos de Bretaña, Éire, Escocia, Gales, Cornualles e Illa de Man.

Terra e Povo considera a Europa como a nación a construir nun futuro, que xa é presente. A actual configuración do equilibrio mundial fai que só os grandes bloques xeopolíticos  sexan capaces de ser protagonistas da historia, centros efectivos de poder e decisión e á súa vez asegurar aos seus habitantes ser actores políticos e non simples observadores obedientes às ordes e intereses alleos á sua realidade e á sua vontade. Seguindo as teses de Guillaume Fayé, economicamente tamén propugnamos a creación de grandes espazos autocentrados autosuficientes, capaces de rachar coa actual dinámica tendente a un uniformado e único Mercado mundial, cun poder e dirección en moi poucas mans - que se traduce tamén no poder e dirección económico-político do planeta.

Cremos, como consecuencia do anteriormente dito, que é necesaria a construción da entidade política da Europa unida desde Compostela até Vladivostock.

Recuperando a nosa mais antiga e completa forma política, cremos na constitución desta unidade baixo a forma de Imperium, de integración superior na diversidade, rexeitando a forma dun macro-estado “xacobino”, e discutindo a fórmula de Unión Europea que, ora ben, apoiamos en certa medida, mais denunciamos a sua deriva burocrática e mundialista ademais da sua sumisión à Nova Orde Mundial e a súa ausencia case total de vontade política e militar no mundo.

Alén destas consideracións,  o noso anceio é a construción dunha Europa, una e unida, por motivos de orixe e identidade común. Para nós, a unidade de Europa baséase na súa esencia propia, a modo de imperativo categórico, e cremos que debe ser unha unidade real, baseada en valores inmutábeis e non en circunstancias cambiantes.

A unidade da Europa deriva fundamentalmente da identidade e heranza común de todos os povos e países que a forman, todos eles herdeiros dos povos indoeuropeos que, desde o seu núcleo noreuropeo inicial se extenderon polo noso continente, e posteriormente tamén por outros, dándolle ao mesmo a forma e a natureza polas que ainda se diferencia do resto do mundo. Algunhas excepcións puntuais remítense tamén a núcleos mais arcaicos saidos antes do fogar común, pero sen dúbida algunha, pertencentes tamén à mesma realidade etnocultural, ou a certas invasións alóxenas que en realidade deixaron pouco mais que algúns xentilicios  e linguaxes dos que a sua verdadeira natureza ainda hoxe en día é discutida.

 

 

 

2º.-O NOSO ESPIRÍTO.-

            Cremos na reafirmación dos valores e principios comúns a todas as relixións indoeuropeas e denunciamos os valores alóctonos que se teñen introducido na Europa por relixións orixinarias das zonas desérticas do Próximo Oriente. Recoñecemos que o Catolicismo e outras formas de Cristianismo europeo absorberon en moitos casos os valores e os principios propios da nosa heranza, que se converteron, en grande e boa parte, do íntimo sentir relixioso de moitos europeos.

Mais nestes tempos convulsos, parafraseando a Friedrich Nietzsche, afirmamos con el, que precisamos agora de mulleres e homes valentes e previsores, os cales non é posible que xurdan da nada, moito menos da area e do lameiro da civilización actual e da formación das grandes cidades. Precisamos homes que sexan capaces intelixentemente de estar contentos de continuo cunha actividade invisíbel, en silencio, sós e decididamente. Homes e mulleres que sentindo un impulso procuren precisamente aquilo que é preciso superar neles propios.

Denunciamos a presenza na nosa terra de forma relixiosas con vontade de expansión política e totalmente alleas à nosa tradición e historia, que frecuentemente serviron como base ideolóxica para o ataque da nosa Grande Patria europeia. Do mesmo xeito denunciamos a actual pseudorrelixiosidade, baseada simplesmente no “ben-estar persoal” e dirixida a  todo tipo de inadaptados, que co nome e baixo o amparo da chamada New Age, neutraliza e neurotiza a moitísimos concidadáns.

 

3º.-O NOSO EUROPEISMO.-

Terra e Povo, enmarcado dentro do movimento identitario europeo, maniféstase a favor da defensa das persoalidades propias de cada unha das “patrias carnais”, que forman a nosa grande Europa. Nun mundo con forte tendencia ao individualismo -ese egoismo en estado puro-, nunha sociedade que esquece o pasado e a realidade dos povos en beneficio da universalización da persoalidade global e do mercado único, é a nosa obriga axitar as conciencias e disipar brétemas.

En absoluto  apoiamos a idea de que cada etnia europea chegue a converterse nun estado propio e “independente”. Consideramos que a independencia é a capacidade de exercer un papel na historia e no mundo acorde à propia vontade, sen dobrarse aos intereses de ningunha potencia allea, pois somos conscientes que Europa non precisa de micro-estados independentes, polo contrario “interdependentes” para facer frente ao seu futuro cara a Nova Orde Mundial, que é o grande poder tiránico internacional.

Inspirados no amor à Terra e a Tradición e nos nosos intelectuais da nosa cultura galega, con predilección pola da Xeración NÓS, e polos tradicionais conceitos da política europea, eclipsados pola cegueira desta Modernidade, manifestámonos contrarios a calquera idea uniformizadora e centralista de Estado e esiximos a cada un deles, a adopción dunha composición interna respetuosa coa pluralidade que integra.

Manifestámonos a favor do proceso de unificación europea a realizar por cada un dos Estados actuais, no mantemento das persoalidades e realidades propias de cada comunidade étnico-histórico-lingüistica. Di  Otero Pedrayo que as culturas nacen e morren na historia, coexisten e sucédense, interfírense mutuamente na superficie  pero no fondo cada unha garda un sino de seu, propio, inalienábel.  E como dixo Vicente Risco, diremos que o tan actual e cansinamente “cantado” até a saciedade “hibridismo das culturas”, a sua mestizaxe, é a esterilización da persoalidade individual e colectiva dun povo, en estado mental de decadencia.

 

 

 

4º.-A NOSA REALIDADE SOCIO-CULTURAL.

Nestes tempos nos que non se pode falar do “arraigo” ou “memoria colectiva”, cremos que toda persoa nace como herdeiro: Non hai identidade dos individuos ou dos povos sen ter en conta o que os produciu, a fonte orixinal da cal provén. Estamos ao igual que Alain de Benoist, a prol do “dereito à diferenza” e contra todos os racismos.

A diferenza é a única forma de fuxir dun duplo erro: o primeiro pregoado pola neoesquerda, que consiste en crer que a “fraternidade común” ou “alianza de civilizacións” realizarase sobre as ruinas das diferenzas, a erosión das culturas e a homoxeneización das comunidades; o segundo, pregoado polos neolibearais e neoconservadores,  que consiste en facer crer que o “renacer” da nación farase inculcando aos seus membros (autóctonos e alóctonos) as “virtudes do Estado”.

Co gallo de que precisamos inmigrantes para sanear as nosas contas da Seguridade Social, os políticos entonan o tan mallado canto de que eles serán os que paguen as nosas pensións, mais o que non cantan é que eles tamén envellecen e que loxicamente no futuro demandarán todos os dereitos e servizos do Estado, mais ¿cando “a panacea da inmigración” para sanear as nosas pensións non funcione porque toda a cidadanía se verá obrigada a contratar plans privados de pensións (tal como acontece agora), que é o que acontecerá? Se hai excesiva inmigración, ¿ non haberá salarios mais baratos, maior precariedade laboral e menor  poder adquisitivo e consecuentemente  disminución da natalidade? ¿Quen sae beneficiado de todo isto?

O verdadeiro debate non reside na falsa premisa de “racismo-antirracismo”, que distorsiona o verdadeiro asunto. A cuestión está entre os que odian a diferenza e pretenden eliminala, mediante a desaparición de toda diferenza ou identidade nunha mestizaxe etno-cultural universal. Mais cumpre lembrar con Álvaro Cunqueiro que “iso que chaman “o universal” non existe, todos somos xente cun pais ao fondo ou xente totalmente desarraigada, xente que non se adhiere a nada. Canto mais é un do seu tempo e do seu pais, cando un é mais do seu espello e da sua paisaxe, ten entón as maiores posibilidades de ser Verdade, de ser verdadeiro e entón chegar à maior cantidade de almas humanas”. Nós, gostamos das diferenzas  de almas e espíritos. Nesa diferenza, reflexo das distintas formas humanas de estar no mundo, é onde reside a verdadeira riqueza da humanidade.

 

           5º -A NOSA REALIDADE POLITICO-ECONOMICA

                       Cremos na Defesa da nosa terra e do noso hábitat mediante unha etica tradicional, inspirada polos pensadores da Tradición ou Sophia Perennis (Julius Evola, R. Guénon, Jean Mabire, Jean Haudry, etc)     , pois consideramos a natureza como un santuario sacro, no que o home é o lugar onde o Céu e Terra encóntranse.

Cremos nunha  política económica responsábel, un socialismo identitario fronte o consumismo e a “cultura do ben-estar”. Terra e Povo concibe a política e a  economía como uns instrumentos ao servizo da comunidade e non a comunidade como un instrumento ao servizo da  política e a economía, como acontece na sociedade actual, na que todo xira arredor de parámetros económicos. O sistema actual de mercado está construido de xeito que o círculo de produción e consumo ten que xirar indefinidamente e a unha velocidade crecente pois doutro modo o sistema resintese podendo cegar até o colapso. A relación produción–consumo, pechouse sobre sí propia. Xa non depende das necesidades reais da comunidade, nen da capacide do entorno de soportar o nivel de produción que o sistema precisa. Prodúcese e consúmese, simplesmente para manter en movimento o ciclo do sistema.

Terra e Povo denuncia a tiranización da globalización da economía, pois baixo as “caretas de Entroido” de “axudas ao desenrolo”, traslada os seus centros de produción a países con man de obra moitísimo mais barata, favorecendo a explotación en ditos países e unha taxa de desemprego artificial nas comunidades de orixe.

A globalización tamén é responsábel doutro fenómeno ainda mais desgradábel: a inmigración ilegal, que non é senon a táctica dos novos caciques para abaratar a produción. Este fenómeno é en realidade unha “importación” masiva de man de obra ben barata por parte dos países industrializados, en condicións de auténtica escravitude. E os sindicatos, na sua linguaxe  ávidos de “novos proletarios”, acollen como auga de maio a unha “competencia” desleal que servirá de novo viveiro de votantes aos partidos da esquerda.   A inmigración ilegal é unha lesión para a dignidade e os direitos dos traballadores, tanto estranxeiros como locais.

Situámonos en oposición dialéctica como consecuencia de todo o anterior, à Nova Orde Mundial, aos seus valores e principios que impón á forza en todo o orbe, polo que defendemos a resistencia ao proceso de uniformización planetaria.

A mellor vacina e defensa contra esa Nova Orde Mundial é a loita polo mantemento da nosa identidade, heranza ,cultura e lingua, considerando como noso calquera movemento identitario xurdido na Europa. Terra e Povo irmánase así -real e operativamente- a outros movimentos; Mouvement Regionaliste d´Bretagne ,  Tierra y Pueblo, Terre et Peuple, Causa Identitária, etc.

Perspectivas Identitarias

Perspectivas Identitarias

La nacionalidad

El europeísmo que sostiene TERRA E POVO surge de una concepción integral del hombre
—como ser natural, cultural y espiritual—, de forma que dicha concepción debe ser considerada como el principio fundamental del que parte toda nuestra línea de pensamiento. Así, pues, el problema de las naciones y estados europeos, y de Europa misma, de su unidad y diversidad, de lo que es y de lo que queremos que llegue a ser, lo enfocamos desde el punto de vista de esta antropología integral.

El concepto de nacionalidad ha sufrido enormes cambios a través de la Historia. El nacionalismo actual está basado fundamentalmente en las ideas republicanas nacidas de las revoluciones francesa y americana (siglo XVIII). Esta nacionalidad, legalista e igualitaria, contiene errores básicos: 1º, la nacionalidad se concede por ley sin atenerse a consideraciones objetivas de origen, ascendencia o pertenencia de la persona respecto a un determinado pueblo; 2º, se tiende a homogeneizar todas las partes del conjunto "nacional" marcado por fronteras históricas totalmente discutibles, producto de manejos dinásticos, guerras, alianzas o tratados tomados sin pensar en la comunidad popular y sólo en la ambición territorial o política; y 3º, el estado es concebido como esencia de la nación, de forma que aquel sustituye al pueblo en la formación de la nacionalidad. Esta tendencia legalista e igualitaria tiene su sublimación en las ideas ultraliberales del capitalismo global: mundialismo y “patriotismo” constitucional.

Desde nuestra visión integral del hombre sostenemos que la variedad humana, la diversidad étnica y cultural de los pueblos, es una realidad objetiva —evidente y empíricamente constatable— y positiva, que debe respetarse para el bien de toda la humanidad y de cada país. Precisamente manteniendo esta diversidad, logrando que cada comunidad popular ahonde en su identidad y se mantenga fiel a su propia idiosincrasia, es como se puede alcanzar el mayor grado de estabilidad nacional y de progreso material y espiritual. Así, pues, desde una visión integral del hombre reivindicamos la identificación entre el concepto de nacionalidad y la pertenencia al pueblo correspondiente. El pueblo es la instancia previa para la existencia de toda sociedad civilizada: preexiste al estado y a sus leyes. Se entiende por pueblo el conjunto de hombres de un mismo origen étnico, o sea, que tienen una lengua, unos valores culturales, unos hábitos sociales, unos antepasados, unas tradiciones, etc., comunes. El estado es sólo un instrumento del pueblo para autogobernarse y sobrevivir. Por tanto, todo pretendido derecho propio del estado que tienda a justificar por "destinos históricos" el sometimiento de otros pueblos a un igualitarismo estatista es totalmente contrario a nuestro europeísmo. TERRA E POVO reclama que se conceda a cada pueblo el derecho a conformar su propia comunidad nacional dentro de la unidad de todos los pueblos europeos y propugna la total identidad de los conceptos de "patria" o "nación" y "pueblo", considerando miembros de una nación a todos —sin distinción de sexo, clase, ideología o religión— los que pertenecen al pueblo que la conforma. De ahí que, en modo alguno nuestro nacionalismo deba entenderse en el sentido hegeliano de nacionalismo estatista —a falta de una expresión mejor, al nuestro podríamos llamarlo nacionalismo étnico— y sí, en cambio, como una rotunda posición antiimperialista: nuestra idea de nación es contraria al dominio de varios pueblos por otro, y por tanto contraria al imperialismo, al colonialismo y al internacionalismo mudialista, tendencias que, precisamente en el presente momento histórico, impulsan el proceso que llamamos globalización.

La Europa con futuro

Nosotros llamamos Europa a la comunidad de los pueblos europeos y al proclamarnos europeístas nos situamos en la perspectiva de una futura organización de los pueblos europeos, que nada tiene que ver con la actual Unión Europea. Por tanto, ideológicamente hablando, toda definición geográfica de Europa como unión de algunos países asentados en un territorio concreto —el continente llamado "Europa" o parte de este—, o toda idea excluyente respecto a algún pueblo europeo o comunidad de origen europeo, desvirtúa nuestra concepción de Europa, es contraria a nuestro europeísmo y, por ello, la rechazamos de modo rotundo. Por ejemplo, buena parte de la población norteamericana es de ascendencia europea y —aunque casi totalmente alienada por el capitalismo— forma parte de esa Europa, pues en modo alguno debe confundirse el poder capitalista que ha convertido USA en el imperio del mal con su población de origen europeo, que un día se integrará en Europa.

Ni la unión de los intereses económicos de la finanza mundialista, ni la supeditación a un sistema económico, político y defensivo pretendidamente "occidental", podrán ser la base de la futura Europa. Nuestra Europa debe ser entendida como un sólido y armonioso bloque de pueblos autogobernados, y no como una nueva forma de rígida unidad imperial. Si este bloque ha de poseer una estructura política unitaria, federal o confederal, será la dinámica histórica la que lo propicie en su momento. Sólo en aquellas cuestiones que conciernan a la supervivencia de la comunidad europea en su totalidad, debe existir una unidad centralizada (por ejemplo, en defensa, relaciones exteriores, política demográfica, territorialidad, persecución de la delincuencia, planificación macroeconómica, etc). Pero es evidente que por razones geopolíticas realistas ese bloque europeo debe empezar realizándose en aquellos pueblos más cercanos territorial y culturalmente. En este sentido la continuidad geográfica del continente europeo es un paso previo ineludible para una posterior integración de todos los pueblos europeos. Por las mismas razones geopolíticas debe evitarse una atomización de Europa en microestados políticos, que debilite su fuerza, especialmente mientras las circunstancias actuales de lucha por la supervivencia prevalezcan. Por ello la unidad defensiva europea es fundamental. En definitiva, reivindicamos una Europa sólida, suficientemente flexible y articulada, soberana y beligerante en el mundo, sobre la base de una comunidad de naturaleza étnico-cultural por encima de geografías y de obsoletas fronteras históricas.

España —al igual que Francia, Reino Unido, Bélgica, Suiza, Italia, Yugoslavia y otros países europeos— es heterogénea y pretender uniformarla de acuerdo con una perversa idea liberal de democracia o de una, igualmente perversa, idea "fascista" de nación, es un puro y simple etnocidio al que nos opondremos siempre y con todas nuestras fuerzas. No obstante, toda actuación política está mediatizada por la realidad y la realidad actual europea indica que el camino para llegar a esa Europa de los pueblos es largo y exige pasos intermedios muy ponderados. La mutación del actual "nacionalismo" al nacionalismo étnico, a corto plazo es imposible. La sustitución de las fronteras históricas por una unión de pueblos autónomos pasa por un previo entendimiento entre las estados actuales, una difuminación del cerrado "nacionalismo de fronteras" actual, una concienciación de la realidad de los pueblos que componen Europa, y todo ello sólo será posible en el ámbito de una revolución profunda en Europa, de un cambio de paradigma ideológico. Por tanto, en este camino iniciado respetamos la situación actual de las "patrias" históricas, trabajando para que se vayan imponiendo poco a poco los criterios identitarios desde una antropología integral, apoyando las autonomías progresivas —sobre todo en materia administrativa, cultural y educativa— que sirvan para poner de relieve los hechos diferenciales e inculcar en la población una conciencia étnica y un auténtico sentido de identidad colectiva. En muchos casos las autonomías sólo responden a procesos de descentralización, como es el caso español con cuatro nacionalidades bien definidas y, sin embargo, 17 autonomías. La descentralización político-administrativa en aras de una más eficiente labor de gobierno de un país es siempre discutible, pero del todo insuficiente si sólo sirve para enmascarar la falta de voluntad de adecuar las estructuras políticas del estado a la realidad humana
—étnica, cultural y lingüísticamente diversa— sobre la que se asienta.

Sin embargo, somos conscientes de que la historia, como gestora de la realidad, ha hecho que en algunos casos las nacionalidades originarias sean difusas o muy complejas, creando fuertes identificaciones que no se corresponden con la realidad étnica: en estos casos es tan absurdo no aproximarse paulatinamente a esa realidad étnica como pretender detener violentamente la inercia histórica y abrir las puertas al caos social o a la confrontación entre europeos, como lamentablemente sucede en algunas regiones de Europa (País Vasco, Irlanda del Norte, los Balcanes, el Cáucaso...). En este sentido, los movimientos que plantean su autonomía contra los demás pueblos, que invocan el odio, desprecio o rencor contra otros pueblos europeos (no distinguiéndolos de sus gobiernos), que no se muestran solidarios con los problemas de todos los pueblos, sólo constituyen la máxima manifestación antieuropeista, y en la mayoría de los casos no son más que marionetas en manos de la derecha burguesa o del marxismo residual, bajo una máscara nacionalista. Condenamos estas actitudes y toda tendencia separatista, entendiendo por separatismo la falta de cooperación entre los pueblos europeos. No puede considerarse separatismo los deseos de autogobierno de los pueblos europeos, sino el odio, el rencor o la falta de solidaridad entre ellos: los problemas de carencia de recursos de un pueblo europeo deben ser solucionados por la ayuda incondicional y total de la comunidad de pueblos europeos, no fomentando la emigración masiva, que empobrece la región aún más, sino creando allí las bases para un desarrollo sostenible.

Naturalmente, TERRA E POVO se opone a la inmigración masiva e incontrolada de extranjeros, fomentada por el neoesclavismo capitalista, y denuncia la miseria económica, cultural y social que el capitalismo genera en los pueblos de los que parten las actuales olas migratorias. Europa deberá revisar sus leyes de extranjería y establecer una legislación común que garantice tanto la integridad étnica de los pueblos europeos como el máximo respeto a los extranjeros residentes, y también sustituir las perversas políticas de "integración" promovidas hoy por la maquinaria capitalista, por otras más justas y realmente solidarias de cooperación y ayuda al desarrollo de los países pobres o empobrecidos. En cualquier caso la mayor amenaza para la supervivencia de Europa, no viene del exterior sino de los propios europeos: la bajísima tasa de natalidad de la población europea compromete seriamente su futuro. La ideología materialista e individualista que fomenta —una vez más— el capitalismo, aleja al hombre europeo de su natural y tradicional modo de vida, lo hace esclavo del dinero y profundamente egoísta. Por ello un "europeísmo" que no de prioridad a la defensa de la vida, de la unidad familiar, del vínculo matrimonial, a la promoción de la mujer, de la maternidad... —como el que se fomenta desde la UE—, corre en la misma dirección que el capitalismo y está condenado al mismo final.

G.L.D. (Ethnos2000)